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planeta01GUERRA A LA TIERRA. LOS CONFLICTOS EN EL MUNDO POR LA CONQUISTA DE LOS RECURSOS
Que las guerras son un deplorable atentado contra la vida de personas indefensas, es evidente. Que la calidad de vida de los ciudadanos sobrevivientes de los territorios en guerra, empeora a causa del impacto ambiental generado por los conflictos, también se sabe.
Por lo demás, las guerras destruyen los recursos del planeta, los recursos comunes. Para quien está interesado en conocer más a fondo los “números” del impacto ambiental de los conflictos, le aconsejamos un artículo del año 2004, de Luca Mercalli disponible en la página PeaceLink, en el cual el meteorólogo explica cuánto petróleo nos ha costado la guerra por el petróleo y cuántas emisiones perjudiciales para la atmósfera de CO2 han sido emitidas. Sólo en la guerra de Kosovo la OTAN consumió lo equivalente al 7% de la producción mundial de petróleo, dice Alberto Negri en un reciénte artículo del 24 de febrero, publicado en el periódico on line “Sole 24 Ore”, bajo el título “Las guerras que contaminan”, en el cual se habla de uranio, de síndrome del golfo, de soldados enfermos. Por lo tanto, recursos del planeta puestos en riesgo por las guerras. Pero hay más.
Son los mismos recursos la principal causa de los conflictos, como explican los periodistas de PeaceReporter (el periódico on line que trata temas internacionales) en el volumen que indicamos más abajo. A través del relato de algunos “casos modelos”, en el libro se evidencia cómo desde siempre la carrera por los recursos, la apropiación de los recursos es la verdadera causa de las guerras que hay en el mundo, que en realidad son una única gran guerra que el hombre le ha declarado a la Tierra. «En 3358 años (desde 1496 antes de Cristo hasta 1861) han habido 3130 años de guerra y 277 de paz, es decir 13 años de guerra por cada año de paz. Y el motivo ha sido siempre el mismo. La conquista, la depredación de riquezas ajenas», subraya Maso Notaraianni director de PeaceReporter. Paralelamente no se debe olvidar que existe un mercado que se debe mantener, un mercado que no conoce crisis, es más, que a menudo ha servido para salir de períodos económicos difíciles: lamentablemente no es la “green economy”, sino el mercado de las armas.
«En el año fiscal 2008, según el Ministerio de Defensa estadounidense, el volumen de negocios fue de 32 mil millones de dólares, con respecto a los 12 mil de 2005». El territorio afgano está minado de minas sobre las cuales a diario vuelan personas (adultos y a menudo niños), que tienen que seguir trabajando en ese país y arreglárselas para comer, para vivir. Los recursos en un país como Afganistán están representados por las esmeraldas del valle del Panjshir, que han servido por años para financiar guerras y armar ejércitos, por los cultivos de amapolas y cannabis, para producir opio y hashish y ahora también por la madera. Utilizada primeramente como fuente de calefacción en los duros inviernos afganos y ahora convertida en un producto de un floreciente comercio «y es un monopolio de los señores de la madera que usualmente son también los señores de la guerra». La madera “por medio de burros”, llega a Pakistán y es comprada nuevamente por las empresas extranjeras que luego hacen los negocios. Y las selvas están desapareciendo.
Mientras tanto Kabul (y sus suburbios) atestada y contaminada, se ha convertido en un inmenso basurero  con residuos bélicos de todo tipo, dejados por batallas ya olvidadas, que se suman a los deshechos sólidos urbanos que dejan los ejércitos occidentales que compran los productos exclusivamente en el exterior (Pakistán, Emiratos Árabes): la guerra quita recursos y sólo agrega problemas, porque en el País, como es de intuir, la gestión de los deshechos con el ciclo integrado, está lejos de realizarse. Guerras declaradas que cada tanto pasan en los noticieros, como las afganas por ejemplo, y guerras menos conocidas como la que se están combatiendo desde hace décadas en el Delta del Niger, por el petróleo. Blood Oil, petróleo ensangrentado en Nigeria, como los diamantes de Sierra Leona.
El bonny light nigeriano es un producto de calidad, que contiene una baja cantidad de bióxido de carbono,  por lo tanto muy deseado por los mercados estadounidenses y europeos, donde las normas ambientales imponen la utilización de combustibles cada vez menos contaminantes. Toda Nigeria, no solo el Delta del Niger, con el dinero acumulado con el petróleo tendría que ser un país rico (gana alrededor de 1,5 mil millones de dólares por semana) y en cambio en el índice de desarrollo humano de la ONU aparece en el puesto número 154, porque los beneficios son a favor sólo del 1% de la población.  «No es una casualidad que Nigeria se haya convertido a nivel internacional en el estereotipo de todo lo que puede causar una gestión petrolífera fallida: corrupción endémica, falta de democracia, contaminación, criminalidad y en los últimos años, incluso las rebeliones armadas» remarcan los autores.
Las distorsiones causadas por el descubrimiento del Oro negro en países que no están preparados democrática ni socialmente, son analizados en el volumen, pero no hay dudas de que el petróleo ha sido el medio para mantener a largo plazo en el poder de Nigeria, primero regímenes militares y luego pseudo democráticos, que han gobernado con la represión. Luego se quiso sacar grandes provechos del petróleo en detrimento del ambiente: oleoductos que no están enterrados, estructuras vetustas, mantenimiento inexistente, son la causa del derrame de crudo en las aguas o en los terrenos.
Y luego está el fenómeno del gas flaring, «o sea, la combustión del gas natural, que en el momento de la extracción del crudo se libera junto con el petróleo. La combustión provoca la liberación en la atmósfera de millones de toneladas de anhídrido carbónico y gas invernadero»...Los grupos armados del Med (Movement for the emancipation of the Niger Delta) solicitan derechos para las comunidades locales, es decir que parte del aprovechamiento del crudo debe quedar en el territorio. Sabotajes, secuestros, operaciones de bunkering (pinchado de oleoductos para extraer el crudo para revenderlo en el mercado negro), son los medios con los cuales los guerrilleros se “sientan en la mesa de negociaciones”, pero no siempre es una operación a la Robin Hood: algunos grupos guerrilleros, según explican los autores, le guiñan un ojo a  políticos corruptos y a mafiosos locales, queriendo mantener en definitiva el status quo.
Los cronistas de  Peacereporter, se trasladan de continente a continente para recoger datos, a través de la experiencia directa o de entrevistas, sobre algunas guerras por los recursos, verdaderos saqueos a las poblaciones locales, realizados para garantizar los elevados niveles de vida del Norte del mundo, induciendo al lector atento a repensar en las consecuencias de ciertos comportamientos que tienen lugar en sitios distantes de los conflictos. El famoso batir de alas de la mariposa es una constante en los relatos que vienen de los territorios de los distintos países.
En este sentido América Latina ha pagado un alto precio: ya desde hace siglos. A través de las colonizaciones comerciales han padecido al mercado global, Venezuela, Colombia, Argentina, Perú y también Bolivia, la malla negra en las economías latinoamericanas. Pero el futuro podría cambiar para este País gobernado por Evo Morales, el presidente indio. Parece que Bolivia aloja en su territorio el 50% de la producción mundial de litio, metal presente en las baterías de los teléfonos celulares, de las computadoras y que se utiliza en las baterías especiales, en los autos eléctricos e híbridos: este metal podría convertirse en la alternativa de la gasolina. El litio que se encuentra, sobre todo en las salinas de los altiplanos de Bolivia (pero también está presente en otros países sudamericanos, así como también en China), podría ser el medio para el rescate económico de Bolivia.
El tejido social presente en el País se ha demostrado que está preparado para hacer valer las razones de la población, como sucedió durante la “Guerra del agua”, o en la del Gas, a pesar de haber pagado un alto precio con la sangre. Ahora el litio boliviano despierta gran interés: desde Obama a los rusos de Gazprom, desde la China al Japón, están todos haciendo fila para cerrar acuerdos con el País sudamericano. El pueblo tiene plena confianza en su presidente y no deberían repetirse los saqueos del pasado. ¿Pero qué efectos producirá “la operación litio”? Desde el Ministerio de Minería surgen algunas dudas: más autos eléctricos disminuirán las emisiones de CO2 a la atmósfera, pero las instalaciones de producción emitirán enormes cantidades de anhídrido sulfuroso y quemará una gran volúmen de combustibles fósiles a lo largo de la cadena. Mientras las grandes organizaciones ambientalistas demuestran perplejidad por la operación “auto limpio”, a causa del impacto de las centrales eléctricas alimentadas a carbón y de los limitados efectos positivos sobre la producción de CO2 de la potencial renovación del parque automotriz, los estudios y las investigaciones continúan, para entender cuánto litio hay en Bolivia. Por ahora parece que hay plena conciencia de que el recurso del litio tenga que ser utilizado a través de los criterios de sustentabilidad y con recaídas económicas para el país: el camino de la nacionalización de los recursos naturales de Morales, parece haber dado algunos frutos.
Entre las contiendas para acapararse los recursos naturales del planeta no podía faltar el del agua. Alrededor del mundo son muchos los conflictos sobre este tema, pero el más conocido es el israelita-palestino, que hemos citado muchas veces incluso en “greenreport” y que los cronistas de Peacereporter relatan con riqueza de detalles a lo largo de decenas de años.
La administración ecuánime de los recursos hídricos en Tierra Santa y según la opinión de muchos observadores, no es la consecuencia de un acuerdo de paz entre israelitas y palestinos, sino la base de un acuerdo para conseguir en esa área el objetivo de los “dos pueblos en dos estados”, con iguales derechos y deberes.
«Cuando hayáis volteado el último árbol, cuando hayáis pescado, cuando hayáis contaminado el último río, entonces os daréis cuenta de que el dinero no se puede comer»: las palabras de Toro Sentado que introducen el volumen, desgraciadamente son más verdaderas y actuales que nunca.

AA.VV. Ediciones Ambiente Srl, PeaceReporter, 2009

http://www.greenreport.it/_new/index.php?page=default&id=%204235

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