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sonnenfeld_01LA HISTORIA DE KURT SONNENFELD, EL HOMBRE QUE EN EL GROUND ZERO HA FILMADO AQUELLO QUE NO SE DEBE SABER
New Yor 11 de Septiembre de 2001 , la protección civil interviene inmediatamente. Las torres todavía no han sido impactadas, pero ellos, los equipos de socorro están allí desde ayer. 10 de septiembre, para uno de los tantos extraños simulacros que adornan el escenario, de la jornada destinada a cambiar el mundo. Se suma a los equipos Kurt Sonnenfeld, un camarógrafo muy especializado.
Una historia alucinante, la suya, que parte de los miasmas de Ground Zero, pasa por un terrible drama en Colorado llegando a un exilio en Buenos Aires. Una historia que en Italia es casi desconocida. El ha comentado en un libro publicado en Argentina, intitulado “El Perseguido”.
Después de los mega-atentados del 11de septiembre de 2001, en medio de las ruinas, es tiempo de socorro, pero también de documentación en crudo. La FEMA, protección civil de Estados Unidos, decide que un documentalista ampliamente laureado que hizo fotografías  en el lugar en el que hasta hacía poco se alzaban las Torres Gemelas. Es Sonnenfeld.
No es ciertamente un novato. La FEMA lo había llamado para documentar otras situaciones críticas y catastróficas, secretamente. Incluso había trabajado en lugares donde se depositaban, desarrollaban y transportaban armas nucleares, biológicas y químicas. Las incumbencias del FEMA está en el corazón de una formidable y opaca constitución material, en la cual la seguridad militar está en el centro de misteriosos y complejos procedimientos.
Sonnenfeld comenta que “cuando ocurrió el terrible atentado del 11 de Septiembre, el gobierno de Estados Unidos cerró toda el área y los predios del World Trade Center, toda la parte sur de Manhattan y fue prohibido el ingreso de cualquier tipo de equipamiento de filmación. Solo a dos personas en el mundo les fue concedido acceder para documentar cuanto había sucedido.
“Yo fui una de estas personas con  acceso total y absoluto” al WTC.
“Yo debía documentar cotidianamente, con mi videocámara, hora por hora y luego en base a los rígidos parámetros que me habían sido impartidos, poner a disposición de las cadenas informativas mundiales, quince o veinte minutos de imágenes”, recuerda el profesional, que añade: “debía entregar todas estas horas de filmación, para las investigaciones que se suponía estaban procediendo.”
Sonnenfeld continuó su trabajo para Ground Zero, por cinco semanas. Pero a causa de una trágica cadena de eventos subsiguientes, nunca más entregó las filmaciones.
En una reciente entrevista en la Rete Voltaire, Sonnenfeld hizo notar las anomalías que percibió inmediatamente:
“Repensándonos hubieron muchas cosas en el Ground Zero que no cuadraban. Mi aviso fue extraño, cuando me comunicaron que iría a New York incluso antes de que el segundo avión impactara la Torre Sur, cuando los medios todavía hablaban de un “pequeño avión¬” que colisionó con la Torre Norte; una catástrofe, hasta que punto de dimensiones demasiado reducidas, como para poder interesar al FEMA. ¡En cambio el FEMA fue movilizado en pocos minutos, mientras fueron necesarios diez días para enviarlo a New Orleans, después del huracán Kathrina, a pesar de los numerosos preavisos! Fue extraño que todas las videocámaras estuviesen severamente prohibidas dentro del perímetro de seguridad del Ground Zero, que toda la zona fuera declarada “escena del crimen”, pero luego todas las “pruebas” dentro de la escena del crimen fueron removidas y destruidas con gran rapidez. “¡Finalmente me resultó muy extraño que el FEMA y las otras agencias federales, se hubiesen posicionado ya en su centro de operaciones, en el Muelle 91, el día 10 de septiembre de 2001, el día anterior a los ataques!”
Mientras comienzan a presentarse estas dudas Sonnenfeld trabajó a paso sostenido. Otras dudas todavía más fuertes surgirían más adelante, como veremos. Mientras inmortaliza horas y horas de escenas del desastre.
Un acontecimiento terrible irrumpe en su vida, algunos meses después. Lo cuenta el mismo Sonnenfeld: “Poco después de haber cumplido con el servicio en el Ground Zero del WTC, donde casi tres mil vidas fueron truncadas, mi mujer tomó la drástica decisión de suicidarse en la mañana del 2 de enero de 2002.”
“Primeramente lo atribuí a su cuadro depresivo. Desgraciadamente provenía de una familia marcada por el suicidio. Las autoridades procedieron con la investigación formal pertinente, la cual estableció mi inocencia. Todas las pruebas, incluida una pequeña carta suicida escrita de puño y letra, incontrovertibles pruebas forenses, además de las declaraciones bajo juramento, de policías y testigos en la corte, intentaron suicidarse”, explicó el documentalista, que en la entrevista de la Rete Voltaire ha recordado incluso que la mujer “tenía un diario en el que registraba sus propósitos suicidas.”
La carta suicida de Nancy Sonnenfeld tiene algo de críptico, a decir verdad: “¿Qué hay más bello que el amor y la muerte?” con la palabra “amor” tachada. ¡Kurt por favor busca ayuda!
Las desgracias de Kurt continuaron todavía. Hasta el límite de la tortura. “Durante la detención fui golpeado brutalmente”. En la estación de policía de oficiales me estrangularon, impidiéndome respirar, en el mismo momento en el que otro oficial me daba varias patadas en la ingle y luego me inyectaron una sustancia química corrosiva en las fosas nasales.”
El escrito de Sonnenfeld describe como luego cayó a tierra, a tiempo todavía de recibir más golpes, antes de ser abandonado en el piso, casi sin respiración, las manos atadas detrás de la espalda y por lo tanto imposibilitado de quitarse la sustancia irritante que le caía por la cara.
Las pruebas que lo justifican no bastan, la detención del imput del gobierno duró seis meses. “Durante este tiempo las autoridades me confiscaron irregularmente la casa y cambiaron la cerradura.”
Por lo que dice Sonnenfeld, a pesar de las “pruebas aplastantes que demostraron que lo de mi mujer había sido un suicidio, la acusación vio que no habían elementos a mi cargo y pidió mi absolución. El juez estuvo de acuerdo plenamente sobre mi inocencia y me fue concedida.”
Una vez liberado, después de haber perdido todo, cansado de tantos abusos, Sonnenfeld inició una causa a la policía y a las autoridades de la ciudad por arresto arbitrario, coerción ilegal y tortura, detención arbitraria, difamación, uso excesivo de la fuerza, violación de los derechos humanos y civiles. Sonnenfeld habla públicamente a las autoridades y las critica en los medios de comunicación.
A sus denuncias le subsiguen ulteriores procedimientos: “Entonces noté autos parados frente a mi casa para observarme; ciertas veces cuando regresaba las alarmas habían sido desactivadas, la policía me puso bajo custodia sin motivo. Tuve que permanecer en casa de algunos amigos en otra ciudad. Pero su domicilio fue violado, sin que nada fuese robado.”
La presión y la apariencia de un ensañamiento personal en contra de él aumentan.
Sonnenfeld abandona el estado de Colorado, donde había nacido y crecido, sin que esto frene la persecución. “Fue en aquel momento que algunos de los amigos que tenían parientes aquí en Argentina, me propusieron venir y darme la llave de uno de sus departamentos en San Bernardo (sobre la costa Atlántica de la provincia de Buenos Aires)”, recuerda Sonnenfeld.
Llegado allí con la intensión de estar allí solo algunas semanas, el tiempo de hacer decantar las horrorosas presiones y tensiones, en cambio Sonnenfeld se detuvo más tiempo, hasta conocer a Paula, mujer con la cual se casaría en el 2003. Una nueva vida que recomienza en Argentina y que en las intensiones de los recién casados debía continuar en los Estados Unidos. Era necesaria la visa de Paula. Y la Embajada de los Estados Unidos interpuso obstáculos burocráticos. El tiempo de espera lo utilizaron para solicitar una visa permanente para ella,  una mujer combativa que sabe de requisitos para la emigración. De hecho es abogada, consultora legal de una asociación que se ocupa de mujeres inmigrantes refugiadas en Argentina, para la AMUMRA.
Kurt hace  tiempo de hacer los primeros pasos como productor independiente. Entre junio y julio de 2004, luego de haber entregado un videoclip con imágenes exclusivas a un productor, fue detenido por algunos agentes de Interpol. Sobre su persona existe un pedido de extradición por parte de los Estados Unidos.
Para Sonnenfeld “en los Estados Unidos tuvo lugar una audiencia secreta y se decidió pedir mi extradición, diciendo que después de más de dos años, de improviso habían encontrado nuevas pruebas”.
“¿Cuáles?”
“Dos detenidos condenados, que a cambio de una reducción de las condenas infligidas, dicen que yo les había confesado que mi mujer no se había suicidado. Ignorando a tal punto mi absolución y todas las pruebas del suicidio”,  explica Sonnenfeld: “reinventaron el caso y construyeron estas presuntas nuevas pruebas”.
La orden de arresto enviada a las autoridades argentinas es muy insistente, en más puntos, en el solicitar que sean secuestrados, confiscados y expedidos a los Estados Unidos todos los objetos y documentos del documentalista.
“En el proceso originario, mi casa permaneció por seis meses en manos de las autoridades de los Estados Unidos. ¿Entonces que vienen a buscar seis años más tarde?”, se indigna.
“La extradición es un pretexto falso. Destinado a reconducirme a suelo norteamericano y ponerme bajo su órbita de control. Obviamente me están persiguiendo por el temor que ciertos funcionarios del gobierno norteamericano tienen respecto de las informaciones que tengo en mi poder y de lo que he sido testigo”, declara el hombre de los documentos secretos.
En sustancia lo que sostiene Sonnenfeld es que su versión de los hechos “se contrapone a la versión oficial de lo sucedido el 11/9”, porque “pongo en discusión las razones que justifican la así llamada Guerra contra el terrorismo”.
Kurt Sonnenfeld pasó siete meses en la cárcel de devoto. Otra que permisos para viajar a Estados Unidos, ahora se trata de evitar el retorno. La mujer embarazada, en medio de tanto estrés, pierde el bebé. Es negada la extradición. En marzo de 2005 el juez federal argentino Daniel Rafecas nota las irregularidades y las “sombra en este caso” y la total falta de garantías sobre el hecho que – en el caso que fuese extraditado a Estados Unidos -  no se le aplique la pena de muerte.
“Desde el momento de mi liberación las persecuciones, las personas que me sacaban fotos, las amenazas y las llamadas telefónicas, fueron un factor constante de molestia. Somos perseguidos regularmente como si estuviésemos en suelo norteamericano”, se lamenta Sonnenfeld exasperado.
El gobierno estadounidense apela contra la primera decisión del juez Rafecas y la Corte Suprema de Justicia Argentina no concede la extradición. Por segunda vez el magistrado ratifica su decisión y niega una vez más la extradición.  
“La decisión del Dr. Rafecas señaló la CUARTA vez que una Corte analiza el caso orquestado en mi contra y decidió a favor mío. Con la intensión de poner fin a esta prolongada injusticia. Pero una vez más el gobierno de los Estados Unidos apeló la decisión y hoy mi caso se encuentra en manos de la Corte Suprema de Justicia Argentina”, explica Sonnenfeld. En tanto le ha sido asignada a la familia un servicio de escolta, que interviene las 24 horas”.
Dentro de una situación que para cualquiera sería extenuante, los conyugues Sonnenfeld dan muestra de una gran fuerza psicológica: “Estamos luchando contra la superpotencia mundial, un auto que no se detiene, cierto delante a los sentimientos y el dolor del hombre común.”
“Todos sabemos que las autoridades norteamericanas han mentido y falsificado las pruebas sobre quienes poseían armas de destrucción masiva, o sobre los lazos entre Sadam Hussein y Bin Laden, para justificar sus continuos ataques a Irak. Han tratado de engañarnos acerca de la existencia de cárceles clandestinas alrededor del mundo y la tortura de quienes eran detenidos. Y si bien todos sabemos la verdad, las atrocidades continúan”, afirma Sonnenfeld con tono de indignación, que luego empuja a algunas consideraciones más preocupantes: “Cada momento que comparto con mi familia, cada vez que salimos a la vía pública, cuando una de mis hijas me abraza, yo se que podría ser la última vez. Cada mañana me despierto y pienso que podría ser el último día junto a mi familia”.
Son muchos los puntos en los que Sonnenfeld pone en cuestionamiento, sobre puntos delicadísimos de la verdad oficial sobre el 11 de septiembre. En la entrevista a la Rete Voltaire dice: “se pide que creamos que las cuatro ‘indestructibles’ cajas negras,  de los dos jets, que impactaron las Twin Towers, no hayan sido nunca encontradas, porque se vaporizaron completamente, es más yo he hecho algunas tomas de las ruedas de goma del tren de aterrizaje de los aviones, que quedaron casi intactos, así como de los asientos, parte del fuselaje y una turbina, que no se habían vaporizado para nada. ¡Por esto encuentro demasiado extraño que tales objetos puedan haber quedado intactos, de un desastre que ha transformado gran parte de las Twin Towers en un sutil polvo. Y tengo serias dudas sobre la autenticidad de una “turbina de jet”, demasiado pequeña como para pertenecer a un Boing!
Lo que sucedió en el Edificio 7 es además increíblemente sospechoso. Tengo el video que muestra que las montañas de ruinas eran extremadamente pequeñas”.
El mismo edificio, nunca mencionado en la investigación de la Comisión sobre el 11/9, íntegramente controlada por un fiel a Bush Philip Zelikow.  
Sonnenfeld describe la extrañeza de muchas imágenes registradas por él, que demuestran por ejemplo que un gran despacho blindado de los servicios secretos, en el Edificio 6 apareció inexplicablemente vacío de documentos, como si alguien hubiese intervenido antes de los ataques.
Para Sonnenfeld ahora es difícil asegurar. Incluso algunos recursos materiales comunes y cotidianos, en el trabajo y en la familia, en ausencia de un cuadro jurídico consolidado y de los documentos para su condición de ciudadanía.
A la batalla de Kurt y Paula se han unido también algunos nombres de gran peso en la sociedad civil argentina, partiendo del ganador del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, hasta una galaxia de asociaciones forjadas en la batalla por la verdad y los derechos humanos, desde los tiempos de los desaparecidos incluidas las Madres de Plaza de Mayo.
Junto a esta prisa por un caso jurídico particularmente penoso, para sus protagonistas, el hecho de que Kurt Sonnenfeld y su libro alzan cuestiones importantes, en merito a la necesidad de una nueva investigación sobre los hechos del 11 de septiembre: el testimonio interno de un ojo muy poderoso y electrónico como el de Sonnenfeld, junto a otros documentos audiovisuales y no solo eso, certifican la anomalía de una jornada, el 11 de septiembre, que para ciertas estructuras no era tan inesperada.

De Pino Cabras – de Megachip
2 de septiembre 2009

Leer además:

- http://www.sott.net/signs/editorials/signs20060913_KurtSonnenfeldFEMA27sWhistleBlower.php

- http://blogghete.blog.dada.net/post/1207098305/FUGA+DA+NEW+YORK

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