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africa_01QUIEN COMPRA EL AFRICA
Millones de hectáreas de tierra han terminado en manos extranjeras. Así se destruye el futuro del Continente Negro.
¿Cómo detener este asalto? Se discutirá en la feria internacional “Salón del gusto”.
A ésta carrera por el acaparamiento de las tierras de medio mundo la llaman el colonialismo del nuevo milenio. Los nuevos colonos utilizan aviones en lugar de barcos.
Y para adjudicarse hectáreas y hectáreas de terreno fértil no se sirven del fusil, sino de maletines llenos de dinero. El territorio de conquista preferido es una vez más, el Continente africano, con sus inmensos Estados y sus gobiernos desgastados por la corrupción. Pero tampoco desprecian a la América Latina, Malasia, Indonesia e incluso los ex Estados comunistas de la Europa oriental, Ucrania a la cabeza. Pensar que antes del 2008, el año de la crisis alimenticia global, la agricultura ya casi no le interesaba más a nadie. Quienes se encargaron del uso de las tierras de los países en vías de desarrollo fueron las habituales ONG y luego China, la cual mucho antes que los demás hizo del África su cofre de recursos naturales. Pero el ascenso vertiginoso de los precios de materias primas, incluso agrícolas, convenció a muchos Estados, así como también a muchos inversionistas, a adjudicarse abundantes cantidades de terreno en casa ajena. Según las estimaciones del IFAD (International Day for the Eradication of Poverty), más de 20 millones de hectáreas de tierra han sido adquiridas en los últimos dos años por entidades extranjeras, mayormente en África y Sudamérica. En total más de 50 millones de hectáreas han sido víctimas del “acaparamiento”.
Se trata de tierras utilizadas desde hace siglos por las poblaciones locales, pero a las cuales les falta una prueba formal de propiedad, elemento que deja la mano libre a quien quiere sacar una ventaja personal. En casos tristemente famosos como los de Etiopía, de Malí y de Sudán, los gobiernos no han tenido escrúpulo alguno en vender lo que consideran como terreno público al mejor postor, cobrando personalmente las ganancias. El resultado es el ulterior empobrecimiento de la población de un continente en donde de cada cuatro habitantes pobres, tres viven en los campos de los que dependen totalmente para su subsistencia. “La adquisición de las tierras por parte de inversores extranjeros destruye la agricultura familiar y construye un sistema de propiedad que excluirá para siempre a los habitantes”, explica el profesor Antonio Onorati, presidente del “Centro Internacional Crocevia”, quien hablará del tema en la reunión de las comunidades de Tierra Madre de este año: “No por casualidad de los mil millones de personas hambrientas que existen en el mundo, 800 millones son pequeños productores, de los cuales 600 millones son agricultores”.
Aquellos que se convierten en ricos a costa de ellos son sobre todo los acólitos de dictadores como el etíope Meles Zenawi y el líder de Sudán Omar Al-Bashir, luego gobiernos de Estados como Mozambique y Malí, donde se puso a la venta incluso una zona con tres cementerios (sistemáticamente desmantelados, con el beneplácito de las almas que allí descansaban). Finalmente están los compradores que Onorati divide en tres categorías: los gobiernos y sus instituciones, los inversionistas especulativos privados, o semi-privados y los inversores nacionales, una realidad en rápido crecimiento.
Entre los gobiernos más activos estaban el de la India y China, pero esta última bajo la presión occidental, en ocasión del G8 en L'Aquila, anunció que había terminado con la campaña de adquisiciones. La posición de Arabia Saudita y de Libia es diferente, conscientes de tener enormes reservas petrolíferas, pero que se extienden a lo largo de territorios desérticos, se metieron en el ajetreo de la compra de territorios. Hoy la Libia de Kadafi posee más de 400.000 hectáreas de tierra en Malí, a través de un brazo de su fondo de inversiones soberano, el “Libia Africa Investment Portfolio”, mientras el “King Abdullah Initiative for Saudi Agricultural Investment Abroad” ayuda a las sociedades sauditas en países con un gran potencial agrícola.
Entre los inversores privados, justamente los fondos especulativos en busca de nuevos rendimientos  son los actores más astutos, (y exaltados) de este negocio del nuevo milenio. No sólo fondos del Golfo, como Al-Qudra Holding de Abu Dhabi, sino también occidentales como BlackRock and Emergent Asset Management y Henriques. “En el 2005 la población africana se duplicará, y por más escaso que pueda ser, igualmente duplicarán su consumo”, explica Onorati: “En los próximos 20 años África será uno de los mercados alimenticios más prometedores del mundo.
Quienes también se han dado cuenta de esta posibilidad fueron las elites locales – desde las brasileras a las malayas – que, aliándose quizás con una contraparte extranjera, aprovechan de su posición social para realizar grandiosas ganancias. Un caso interesante es el de una sociedad de inversión americana que a través de su colega Jarch Management obtuvo el alquiler de 400.000 hectáreas de tierra en el sur de Sudán. Para hacerlo compró una participación del 70% en una sociedad sudanesa controlada por el hijo de un general del ejército que a su vez había obtenido las tierras del gobierno.
No es sólo la seguridad alimenticia la que empuja hacia la progresiva concentración de la propiedad de las tierras. Entre otras causas también está la utilización constante de los biocombustibles que les permiten a las multinacionales devastar los bosques de medio mundo para dar espacio a infinitas extensiones de palmares: 12 millones de hectáreas sólo en Malasia e Indonesia.
Y finalmente, las lógicas de una economía global que marginan a los pequeños productores que no tienen las infraestructuras y los conocimientos, para desarrollar una agricultura a gran escala. El mismo Banco Mundial en su último informe asumió una actitud ambivalente hacia el fenómeno: por un lado señala su preocupación por el fenómeno, pero por otro apoya a los inversionistas públicos y privados en nombre de una mejor utilización de los territorios. “La extremada concentración de las tierras es una de las principales amenazas de estos años”, explica Onorati. Y ningún país es inmune. “En Italia el 3% de los terratenientes posee el 48% de las tierras, un porcentaje similar al mexicano”, agrega: “Precisamente entre el año 2000 y el 2007 Italia perdió más del 30% de sus empresas agrícolas, todas por debajo de las 30 hectáreas”.

Tierra Madre y sus productos.
Del acaparamiento de las tierras el profesor Antino Onorati hablará en la cuarta edición del encuentro mundial de “las comunidades del alimento de Tierra Madre”, que se desarrollará en Turin desde el 21 al 25 de octubre, durante la feria del Salón Internacional del gusto (www.salonedelgusto.it).
Tierra Madre, nacida en el 2004 por iniciativa de la asociación Slow Food (http://es.wikipedia.org/wiki/Slow_Food, es una red de personas en el mundo empeñada en reforzar las producciones locales que salvaguardan el medio ambiente, la diversidad biológica y la dignidad de agricultores y trabajadores del sector alimenticio. Durante la reunión 42 cocineros italianos se alternarán preparando platos típicos que utilizan los productos de asociados alimenticios de Slow Food: lo recaudado será devuelto a los asociados chilenos del pescado de la Isla de Robinson Crusoe y de la gallina de los huevos azules, ambos afectados por el terremoto de febrero de 2010.
Cada asociado Slowfood trabaja por el cuidado y la promoción de una alimentación tradicional en el mundo. Este año los asociados africanos incluirán los dátiles del oasis de Siwa en Egipto; el café selvático del bosque de Harenna y la miel blanca de Wukro en Etiopía; las ortigas secas del bosque de Mau, la sal de caña del río Nzoia, el yogurt con las cenizas de West Pokot y el zapallo de Lareein Kenya; el arroz Dista del lago Alaotra y la vainilla de Mananara en Madagascar; el echalote de Dogon en Malí; el aceite de Argan, el azafrán de Taliouine, la sal de Zerradoun y el comino de Alnif en Marruecos; la bottarga de mújol de Mauritania y los jugos de fruta salvaje de las islas Saloum a lo largo de Senegal.
Por Federica Bianchi - 15 de octubre de 2010
Extraído de: L'Espresso

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