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fieralibrotorinoPERSECUCION DE LOS JUSTOS: UN VIEJO GUION
Sopla una agradable brisa de primavera en este día límpido y luminoso que hace de marco
a esta importante cita. Después de unas horas de viaje, Maria, Mara, Valter, Antonio y yo llegamos al Lingotto de Torino, a la XXIV edición de la Feria del Libro, un evento dedicado a la cultura nacional e internacional.
Una exposición italiana de excepción para autores y editores, acogida en una ciudad que entre arte, cultura y magia tiene mucho, demasiado que contar.
Pero hoy no tendremos tiempo para dedicarle ni a ella ni a su historia. Con paso ligero recorremos los pasillos del viejo establecimiento Fiat, que hoy se ha convertido en un centro comercial con sus áreas para congresos, el centro comercial, los hoteles y las rampas helicoidales, uno de los más grandes centros multifuncionales de Europa. Del techo descienden imágenes históricas, iconos del pasado industrial y del capitalismo italiano que ahora son parte integrante de una identidad que nos pertenece. Una sucesión de diapositivas trazan en un bosquejo rapsódico el alba y el decline de un imperio que dentro de un denso enredo de escándalos, juegos de poder, intrigas nacionales e internacionales atravesará guerras, crisis económicas y conflictos sociales por más de medio siglo. Es imposible entrar en el alma de estos lugares en este fragmento de tiempo; pero después de todo no es éste el motivo por el que estamos aquí. En pocos minutos, entre bromas y una breve pausa para un café, llegamos al pabellón tres. El área puesta a punto para la ocasión ya está rebosando de gente.

Hay muchas caras jóvenes entre el público que representan las futuras generaciones que se rebelan a una herencia basada sobre la resignación, la ley del silencio y compromisos. Los relatores, después de un breve saludo, ya ocupan sus asientos. La fuerte emoción que se siente preanuncia algo especial de verdad. Hoy Lorenzo Baldo y Giorgio Bongiovanni presentarán junto a Anna Petrozzi el libro “Gli ultimi giorni di Paolo Borsellino” (Los últimos días de Paolo Borsellino), al lado de un hombre de excepción, un verdadero icono de la antimafia: el Jefe de los Fiscales de la República de Turín Gian Carlo Caselli. Un hombre cuyo calibre queda delineado por una vida al servicio de la justicia: miembro del CSM (Consejo Superior de la Magistratura) desde el 86’ hasta el 90’, en el 91’ es nombrado magistrado de Casación y recibe el cargo de Presidente de la Primera Sección de la Corte de Asís de Turín; desde el 93’ es Jefe de los Fiscales de la República en la Fiscalía de Palermo. En el 99’ es Director general del Departamento de la Administración Penitenciaria y desde marzo 2001 es representante italiano en Bruselas en la organización comunitaria Eurojust contra la criminalidad organizada. Y finalmente, en el 2008 es nombrado Jefe de los Fiscales de la República de Turín con voto unánime del Consejo Superior de la Magistratura.
Su presencia, en vísperas del traslado de la redacción de AntimafiaDuemila a Palermo, perfuma de recompensa por todo el empeño y el trabajo realizado por la redacción en estos años.
Una presencia que gratifica los esfuerzos hechos. Una presencia que halaga y al mismo tiempo fortalece. Que anima y empuja a seguir adelante y a resistir.

Anna Petrozzi, jefe de redacción de la revista AntimafiaDuemila y moderadora del encuentro, toma la palabra y da inicio al evento:

(...) En la primera parte del libro, gracias a la agenda dejada por el mismo juez y gracias también al testimonio de aquellos que permanecieron cerca de él, se recorre la lucha contra el tiempo que el juez emprende para descubrir móviles, ideólogos, ejecutores del atentado de Capaci. Una lucha contra el tiempo porque Paolo Borsellino era consciente de que el TNT había llegado también para él, era consciente de que sería el siguiente. Y a pesar de ello no se preocupó de tutelar su vida, sino que intentó hasta el último momento buscar la verdad. En la segunda parte del libro en cambio, son las investigaciones las que hablan. Todo el trabajo llevado a cabo por la magistratura de Caltanissetta en particular, pero también por otras fiscalías, para intentar descubrir por que razón fue asesinado Paolo Borsellino tan rápidamente después del juez Falcone. Un tema que hoy es de gran actualidad, porque nuevos elementos y nuevos enredos han emergido, haciendo, de esta manera, que la muerte de Falcone y Borsellino asumiera un significado particular que va mucho más allá de la simple guerra entre mafia y Estado. Y al jefe de los fiscales Caselli, quien ha vivido en primerísima línea los años inmediatamente sucesivos a los atentados como Jefe de los fiscales de Palermo, quisiera preguntarle su parecer en relación con todos los elementos, que resultan evidenciados también en el libro, que han salido a la luz precisamente detrás de ese atentado. Un inquietante cuadro que delinea una acción de despistaje de hombres del Estado y que nos remite después de casi veinte años a una pregunta importante “¿Por qué fue asesinado Paolo Borsellino?”

La palabra pasa a Giancarlo Caselli que con una breve premisa nos hace partícipes de la amistad y de la gran estima que ha madurado en los años hacia los autores del libro. Porque amistad, estima y respeto unen y rodean a los hombres justos que se sientan esta noche en este palco. Hombres que han hecho de su integridad, del sentido de la justicia y del amor hacia el prójimo la fuente inagotable de su propia fuerza.

“Ante todo buenas noches a todos y gracias por vuestra presencia. Debo hacer una premisa, por un sentido de deber hacia vosotros. Soy amigo de Bongiovanni y de Baldo, nos conocemos desde hace mucho tiempo y tenéis que estar informados de esta amistad. (...)”

El Fiscal procede después a la presentaciòn del libro:

“Este libro es un libro que informa y en este tiempo nos ayuda a comprender, ofrece algunas claves de lectura, algunos puntos de referencia, aunque no logren desenredar una madeja enredadísima, por lo menos ayudan a no perdernos del todo en un laberinto que a veces resulta más bien complicado. Un libro que forma e informa, pero al mismo tiempo, bajo muchos aspectos, muchas, muchísimas páginas, preocupa, desconcierta, indigna, inquieta. Son muchos los interrogantes que este libro sucita y muchos los interrogantes que, hoy por hoy, quedan aún sin respuesta, es muy meticuloso, documentado y analítico el análisis y la reconstrucción que Bongiovanni y Baldo han elaborado.
Es un libro que se presta a la atención, un libro por el cual, sin retórica, hay que agradecer a los autores y editores. Y concluyo así mi premisa que, os ruego que me creais, no es por formalidad, no es tanto por decir las cosas de siempre.
Los dos atentados, el de Falcone en Capaci y el de Paolo Borsellino en Via D’Amelio, en lo que concierne a los ejecutores materiales, han tenido hasta hoy historias diferentes. Del atentado de Capaci y de la muerte de Falcone, de los hombres y mujeres que estaban con él, a nivel de ejecución material, se sabe todo. También yo, que entonces era Jefe de los fiscales en Palermo, he tenido un rol en la identificación de los autores materiales de este atentado, porque el 22 de octubre del 1993 Santino Di Matteo, arrestado por la Fiscalía de Palermo por muchos homicidios que había cometido en el territorio de nuestra competencia, pide de hablar conmigo. Llego a Roma, a una sede de la DIA (Dirección Investigativa Antimafia) alrededor de la una de la mañana. El interrogatorio inicia a la una y media y termina a las seis de la mañana. Hago de papel absorvente, grabo una palabra detrás de la otra todo lo que Santino Di Matteo va diciendo. En substancia era el primer mafioso que revelaba todo lo que desde el punto de vista investigativo y judicial se podía desear saber sobre el atentado de Capaci porque él estaba allí, estaba presente entre los ejecutores materiales y por lo tanto estaba en condiciones de decir, como hizo esa noche, nombres, apellidos, direcciones, roles, encargos, antes y después del atentado. Y por su colaboración, muchos lo recordarán, Santino Di Matteo pagaría sufriendo una represalia por parte de mafiosos que nada tenía que envidiar a los nazis. Porque la mafia, Cosa Nostra, secuestró al hijo de trece años de Santino Di Matteo, lo tuvo prisionero durante dieciocho meses y lo mata: todo ésto solo porque era hijo de su padre, el primer arrepentido de mafia que reveló el secreto de los secretos de Cosa Nostra, el ataque al corazón del Estado.
En lo que se refiere al atentado de Via D’Amelio y a la muerte de Borsellino, también en este caso se sabe todo de los hombres y de las mujeres que estaban con él. Mientras respecto a los ejecutores materiales parecía que se había arrojado luz con las revelaciones de Scarantino. Sin embargo, leyendo el libro, y lo aprenderéis con ricas particularidades, las perplejidades y las dudas se han multiplicado progresivamente en medida exponencial. Actualmente, los interrogantes sobre la credibilidad de Scarantino y por lo tanto de la verdad aunque fuera solo plausible de las cosas que dijo, son de dimensiones colosales.
Y también en este caso la reconstrucciòn de Bongiovanni y Baldo es muy precisa (...) La reconstrucción sobre Scarantino ha sido recientemente objeto de debate, contradicha–parece ser debidamente comprobada según el estado actual de las actas, una vez debidamente comprobados los hechos- por parte de un arrepentido famoso, muy conocido en los últimos tiempos, de nombre Gaspare Spatuzza. De todos modos el tema también en lo que se refiere a los ejecutores materiales está todavía abierto.
Pero del tema de los ejecutores materiales, pasamos al de los ideólogos. Lo mismo por el atentado contra Falcone como por el de Borsellino, la incertidumbre domina soberana, en el ámbito de la investigación de la negociación o de las negociaciones que, según una cierta orientación, pudiera haber sido más de una inmediatamente después de la muerte de Falcone, o después de la muerte de Falcone y de Borsellino; o después del arresto de Riina; o mientras en el horizonte se perfilaban nuevos personajes políticos; o en medio de los atentados del 93’, o incluso entre el intento y por suerte fallido atentado contra el Estadio Olímpico del 93’-94’; con el problema del “papello” (lista de peticiones de Riina al Estado) y del arresto en estos últimos tiempos de Massimo Ciancimino por calumnia. Un problema complicado, particularmente controvertido que el libro no ha tenido tiempo de registrar, porque ha sido escrito y publicado hace un poco tiempo. (...)
Sobre los ideólogos hay muchas opiniones. Bongiovanni y Baldo, que son personas que saben asumirse sus responsabilidades, ofrecen una reconstrucción atenta, orientándola en ciertas direcciones en preferencia de otras. Yo estoy profesionalmente acostumbrado a detenerme en el perímetro de los hechos comprobados, y quizás reflexionando de consecuencia, también de hechos comprobados o comprobables, privilegiando el teorema conocido como la cuchilla de Occam. Es decir que cuando hay más posibilidades, el teorema de la cuchilla de Occam dice que la más sencilla, que es la que corta como una cuchilla el nudo enredado quizás es aquella que tiene más probabilidades, por lo menos, de acercarse a la verdad. Los atentados de Capaci y de Via D’Amelio, y éste es un dato incontestable, hay que insertarlos en una secuencia que merece nuestra atención. Una secuencia que inicia el 9 de agosto del 91’ con el homicidio de Antonio Scopelliti, magistrado de la Fiscalía Antimafia de la Corte de Casación y que había sido encargado, y estaba trabajando para ser Ministerio Público en el maxiproceso instruido por Falcone y Borsellino. Pocos días después del homicidio de Scopelliti, Giovanni Falcone, colaborador del diario de esta ciudad, escribirá en el diario La Stampa de Turín un artículo anexo, claro, explícito: “Scopelliti fue asesinado porque debía ser fiscal en este proceso”. Es decir que la verdadera secuencia de muertos empieza con Scopelliti, en la sentencia de Casación habría emitido el fallo y no se quería que lo hiciera, se deseaba un cierto fallo por su parte. Y sigue después con el homicidio de Lima, con el atentado de Capaci y con el atentado de Via D’Amelio. Y sucesivamente en septiembre del 92’ es asesinado Ignazio Salvo. Este volumen de fuego, leo en la relación del Presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia Pisanu, tiene un mismo común denominador. Salvo Lima es castigado como principal representante del grupo político que no había sabido garantizar las tutelas necesarias en el maxiproceso. “Por qué son asesinados Falcone y Borsellino? Qué hay detrás del ejecutor material del homicidio? Salvo es asesinado y Pisanu lo afirma en su informe, porque también en este caso se trata de una rendición de cuentas que ya había golpead a Lima y apuntado como blanco a varios hombres políticos todos ellos culpables de no haber sabido salvar a Cosa Nostra de los efectos devastadores del maxiproceso. Capaci y Via D’Amelio: siempre según Pisanu, necesidad de atenuar los resultados del maxiproceso de la legislación antimafia, Capaci y Via D’Amelio: más o menos idéntico el enfoque mafioso-terrorista aunque algunos aspectos fundamentales de este atentado quedan todos por ser aclarados todavìa.
Entonces es evidente. Los atentados del 92’ pueden haber tenido muchas causas. Una causa segura es la venganza póstuma contra Falcone y Borsellino por parte de Cosa Nostra como castigo, por el óptimo trabajo que habían realizado con el maxiproceso. Pero también una venganza contra políticos pertenecientes a la corriente andreottiana (de Andreotti) que no habían respetado los pactos. Yo creo que es importante, y no se hace bastante o no se hace nada al respecto, recuperar las sentencias relativas al proceso Andreotti, liberando del oblío, de las mistificaciones, de la tergiversación de la verdad en la que están aún hoy prisioneras al fin de explorar, quizás indirectamente, las motivaciones, los ideólogos, aquellos que se quedaron en la sombra, en lo que se refiere a los atentados precisamente de Falcone y Borsellino. Según mi opinión, el no recuperar estas sentencias, es un lujo que no nos podemos permitir si queremos encontrar la verdad. Pero los magistrados obviamente tienen un rol decisivo en el descubrimiento de la verdad. En este bonito libro de Bongiovanni y Baldo hay un pasaje que os quiero leer, un libro que se enlaza con la actualidad, con los problemas de hoy, no sólo de carácter magistrativo-judicial, sino también de carácter político-judicial, “la magistratura es cada vez más debilitada por leyes que tienen como objeto debilitarla. Y mientras este órgano no tenga garantizado en pleno su mandato constitucional sin interferencias políticas, mientras el requerimiento de Justicia y Verdad no pertenezca capilarmente a toda la sociedad civil, los ideólogos de los atentados de Estado no serán descubiertos”. Pero el tema no se puede no extender agradeciendo Bongiovanni y a Baldo por haberlo planteado. Descubrir los ideólogos significa penetrar el lado obscuro de la mafia, las complicidades, los encubiertos, lo que es cada vez más difícil. El lado obscuro es también el político-económico de las distintas mafias y por lo tanto investigar, repito, es siempre más difícil ontológicamente y por una serie de resistencias que se contraoponen. Ontológicamente porque las mafias, para hacer mejor sus negocios, deben a la fuerza entablar relaciones con comerciantes, agentes inmobiliarios, funcionarios de bancos, funcionarios de administraciones públicas, administradores públicos, políticos, escribanos, abogados, magistrados. Y entonces las cosas están así, la zona gris vuelve cada vez más esfumado el límite entre lo legal e ilegal; y es siempre más difícil ontológicamente, objetivamente, estructuralmente, determinar cualquier tipo de delito, desde los ideólogos de los atentados a los perfiles económicos políticos de las actividades criminales mafiosas. Además todo esto es difícil también porque están involucradas, y es muy verosímil que lo estén, fuerzas económico-políticas, centros de poder desviados, personas potentes. Precisamente porque los potentes ponen en el campo todos los medios que tienen y que no es poco, para despistar, obstaculizar, impedir a una magistratura autónoma e independiente. Si fuera disminuida la autonomía y la independencia de la magistratura, lo hemos leído en las palabras escritas por Bongiovanni y Baldo, la esperanza, aunque sea sólo la esperanza de resolver los problemas ligados al perfil político económico de la criminalidad mafiosa, quedaría hecha pedazos. Y sin embargo, y termino con ésto, nos las tenemos que ver con la ‘reforma epocal’ de la justicia que más allá de la pomposa denominación, no es de la justicia en si, sino de los jueces. Una reforma que tiene como objetivo clave, transparente y de rigor la lucha contra la independencia de los magistrados. Presentando esta reforma nuestro Presidente del Consejo ha dicho públicamente en una conferencia de prensa “si esta reforma hubiese estado en vigor en aquel periodo ‘Mani Pulite’ no hubiera existido”. A este punto no necesitamos nada más para saber cual es el verdadero objetivo de esta reforma. Ha sido declarado específicamente, públicamente, por quien está en la sala de dirección. Los jueces corren el riesgo de ver disminuir sus medios y espacios de intervención.”

Concluye su intervención con la condena al ataque desarrollado en estos últimos tiempos contra los magistrados comprometidos en primera linea. Un ataque infamante que recalca, recordando el periodo de los atentados, lo que él define un viejo guión.

“El prefacio de este libro la ha escrita Antonio Ingroia: un bonito prefacio que se funde con la belleza del libro. Vosotros sabéis que contra Antonio Ingroia en estos días, en estas horas, se ha puesto en marcha una campaña loca de ataque, de deslegitimación. El pretexto instrumental es el caso Ciancimino, un caso seguramente intrincado, seguramente controvertido. Y por lo tanto pueden haber opiniones, evaluaciones diferentes. El primero que nos lo recuerda es Ingroia. Pero son de otra categoría las cosas que debe padecer Ingroia. En este caso se trata de insultos, de agresiones vulgares, de flechazos groseros con la intención de golpear mediaticamente, políticamente, a un magistrado honrado y a sus colegas con él, quien comete el único error de cumplir con su trabajo meticulosamente. Nuestra Italia está perdiendo, junto a la decencia, la capacidad de usar las palabras según su justo significado. Giuliano Ferrara ha osado pedir en contra de Ingroia la aplicación del art. 289 del Código Penal, el que castiga el atentado contra los organismos constitucionales. Es el mismo Ferrara el que precisa, para quien fuera necesario, que este artículo castiga con diez años de prisión a quien conspira contra el Estado.
Un guión viejo... El mismo Giovanni Falcone, hablando de las dificultades estructuralmente vinculadas a los problemas de los colaboradores de la justicia, hipotiza que en realidad no se desea arrojar luz sobre los demasiados inquietantes misterios de matriz político-mafiosa, para no verse involucrado uno mismo. Los arrepentidos mafiosos deben ser tratados siempre con extrema cautela y es justo ser “desconfiados”, pero sin prejuicios. Porque en el momento en el que los prejuicios se manifiestan, dan lugar a formular la sospecha de que alguien tema de caer involucrado en las revelaciones que se perfilan. Pero Ingroia es otro amigo y puedo permitirme de decirle, si ésto le puede consolar, que el verdadero objetivo no es él. Se le echa fango encima para hacer volar esa reforma epocal de la que yo hablaba antes. Atacar a un magistrado conocido, estimado, irreprensible como Antonio Ingroia es como construir en vidrio una situación para favorecer la aprobación de esta reforma que implica una reducción drástica de los espacios y de los poderes de intervención de la magistradura al servicio de la colectividad. Y es precisamente debido a estos fines que cuando se trata de Ingroia es difícil establecer la verdad, es como luchar contra quien invoca comisiones de investigación para demostrar que la magistratura es una asociación para delinquir o contra quien tapiza la ciudad con carteles obscenos que dicen ‘fuera las BR (Brigadas Rojas) de las fiscalías’. La verdad en esta vertiente es condición de la cualidad de nuestra democracia.
Y ahora concluyo con la parte final del libro que es muy bonita. Son recuerdos conmovedores, palabras que no suenan nunca como retóricas, palabras sencillas pero profundamente verdaderas en su sencillez, conmovedoras, de amigos, colegas, familiares de Paolo Borsellino. En particular su hermana Rita y su hijo Manfredi entrevistado por los autores del libro. También yo quiero citar como hacen algunos de estos hombres interpelados por Bongiovanni y Baldo, una frase de Borsellino. La frase quizás más conocida, la frase que seguramente habéis oido leer por lo menos una vez, pero que es la quinta esencia del pensamiento de Paolo Borsellino. Y con esta frase quisiera terminar. La frase que Borsellino pronuncia a los tres días de la muerte de Giovanni Falcone, durante una ceremonia en una iglesia organizada por los Scout de Palermo en recuerdo de Falcone. Borsellino sabe muy bien, lo hemos oido decir antes, y lo veremos directamente o indirectamente en muchas páginas del libro, que está por tocarle a él e intenta no perder ni siquiera un minuto del tiempo de vida terrena que le queda; y aún en esta situación que para él es difícil seguramente, encuentra la fuerza, la valentía de pronunciar estas sombrías palabras, por la situación en la que son dichas y por lo que sabemos que está por suceder, pero en fin palabras extraordinariamente bonitas, conmovedoras. “La lucha contra la mafia, el primer problema que hay que resolver en nuestra tierra estupenda y desgraciada, no debe de ser sólo una saltuaria obra de represión, sino un movimiento cultural y moral, incluso religioso que involucre a todos, que tú te acostumbres a sentir la belleza del fresco perfume de libertad que se contraopone al mal olor del compromiso moral, de la indiferencia, de la contigüidad y por consiguiente de la complicidad”.
Gracias. Pero gracias a Giorgio Bongiovanni y a Lorenzo Baldo porque con su libro nos ayudan a saborear este perfume de libertad.”

La luz en los ojos de todos nosotros deja transparentar la emoción suscitada por estas palabras concluyentes. Y después de un largo aplauso Anna se dirije a uno de los autores del libro, Lorenzo Baldo.

“Mil gracias al Doctor Caselli que ha inserido perfectamente la vicisitud de Paolo Borsellino tanto en aquellos años del pasado como en los años del presente. Quisiera preguntarle a mi colega Lorenzo Baldo, que ha seguido meticulosamente como ya se ha dicho, las actas de la investigación, las intrigas vividas también personalmente sobre otro de los grandes misterios que nos presenta la historia de Paolo Borsellino, que es el que se refiere a la agenda roja. Esa agenda roja que Paolo Borsellino llevaba consigo, siempre, en los últimos días de su vida y que misteriosamente desaparece con una prontitud increíble, pocos instantes después de la explosión del TNT en Via D’Amelio. Lo cual constituye uno de los elementos del misterio: alguien logra llegar hasta el coche de Borsellino en llamas, a abrir la puerta y secuestrar su maletín y a hacer desaparecer la agenda que estaba dentro. Quisiera que tú hablaras de tu investigación y de la del director respecto a esta agenda, que es lo que ha surgido seguidamente y cuales son tus consideraciones respecto a este elemento que falta en la verdad de la muerte de Paolo Borsellino”.

El vicedirector de la revista AntimafiaDuemila continúa con la presentación del libro refiriendo algunos de los misterios dentro de los cuales se celan los ideólogos ocultos de los atentados y sobre las anomalías de las investigaciones que durante demasiados años han garantizado la impunidad.

“Gracias a todos. Lo primero que deseo es expresar mi profundo agradecimiento al Juez Caselli por las palabras que nos ha dedicado. Pienso que por nuestra parte ha sido un grandísimo honor poder escribir este libro. Y por ello soy muy grato a Aliberti, que nos ha dado la posibilidad de realizar este proyecto el cual nos ha marcado profundamente y nos ha consentido en parte de desdeudarnos, en la medida que podamos con nuestro trabajo, ante un gran hombre como Paolo Borsellino. Dicho ésto, contesto a la pregunta de Anna. La historia de la desaparición de la agenda roja de Paolo Borsellino increiblemente toca muy de cerca nuestra redacción. En el 2004 recibimos de una fuente nuestra que consideramos fiable una llamada por teléfono que nos informaba de la existencia de una fotografía donde se ve a un carabiniere, que la fuente misma identifica con el nombre de Giovanni Arcangioli, quien se aleja de Via D’Amelio llevando en la mano el maletín del juez Borsellino. Decidimos inmediatamente de no hacer un scoop a nivel periodístico, sino de prover inmediatamente la información a la autoridad judicial de Caltanisetta, precisamente a la DIA. Inmediatamente se pone en marcha la máquina judicial que verificará la veracidad de la información: efectivamente ese día Arcangioli estaba de servicio en Via D’Amelio.
Después de nuestra señalación se lleva a cabo una verdadera irrupción donde estaba el fotógrafo para tomar la foto en donde se ve al carabiniere que tiene en la mano este maletín. Desde ese momento inicia la investigación judicial. El carabiniere es inscripto en el registro de los investigados por robo agravado, por falso testimonio al fiscal. Y aún más increible es que después de un ballet esquizofrénico a través de papeles jurídicos donde primero resulta investigado, después absuelto nada menos que por Casación, se pondrá incluso en duda que dentro del maletín estuviese la Agenda Roja. A pesar de que los mismos familiares de Paolo Borsellino, aquel 19 de julio, en la residencia estival del juez en Villagrazia di Carini, declararon haber visto la agenda roja en la mesa. Y cuando el padre va a Via D’Amelio la agenda ya no está en la mesa. Y bien, el juez de Casación ha tenido de verdad el coraje, en el sentido negativo del término, de poner en discusión la existencia de la misma. El carabiniere termina absuelto y el caso cerrado, pero en el libro nosotros hemos incluído todos los testimonios de las personas involucradas en este misterio. Testimonios que filtran un misterio real y concreto. El mismo juez Ayala prové cuatro versiones diferentes, declarando inicialmente de haberse rehusado de tomar con su mano la bolsa que un oficial de los carabiniero le ofrecía; sucesivamente afirmará que ya no está tan seguro de que el hombre, aunque estaba con uniforme, fuese un oficial de los carabinieri y después del hallazgo de la fotografía cambia completamente la versión y afirma que ha tomado él el maletín del asiento trasero. Pero que el carabieniere ha mentido es un hecho. Los jueces lo dicen y en mérito a ésto hemos escrito pasajes completos de la ordenanza del GIP (Juez investigaciones preliminares) que lo demuestran. (...) Y podríamos añadir todo lo que está saliendo a la luz en este momento con Gaspare Spatuzza, el nuevo arrepentido de la mafia que habla de un exponente de los servicios secretos que estaba presente en el garaje mientras se está llenando de explosivo el fiat 126. Estos son elementos que deberían hacer descender a la plaza, sin descanso, a pedir justicia y verdad por todos los mártires de los atentados 92’ y 93’ y por todos los misterios de Estado que han constelado nuestro país. No podemos permitir que estas, como dice nuestro primer ministro, sean consideradas viejas historias por las cuales no merece la pena despilfarrar dinero. Nosotros debemos pretender que la justicia llegue finalmente a la verdad. Como dice Antonio Ingroia, las fiscalías de Palermo y de Caltanissetta han llegado a la antesala de la verdad, pero son continuamente atacadas, deslegitimadas, aisladas, corremos el riesgo de que de una vez por todas no se llegue a la verdad completa. Entonces para evitar que todo ésto quede en el misterio y para evitar que en nuestro futuro haya, todavía, una clase dirigente connivente, corrupta y mafiosa, como lamentablemente lo es bajo algunos aspectos, nosotros debemos pretender verdad y justicia y apoyar a los magistrados que están dando la vida por nosotros.”.

Anna Petrozzi pregunta al director Giorgio Bongiovanni:

“Director, Lorenzo ha recordado algunos elementos muy importantes que están saliendo a la luz en las recientes investigaciones. Gaspare Spatuzza habla de una figura misteriosa, que no conoce, que estaba presente dentro del garage mientras llenan el cochebomba que después matará a Paolo Borsellino y a los jóvenes de su escolta. Una verdadera anomalía según las reglas de Cosa Nostra. Y además este carabiniere, Giovanni Arcangioli, que da vueltas por Via D’Amelio pocos instantes después de la explosión: todas las contradictorias declaraciones sobre la desaparición de la agenda roja; la acción de depistaje Scarantino. Estos son sólo los últimos indicios que remiten a una sospecha que siempre ha sido bastante evidente, en lo que se refiere a los atentados de Capaci y Via D’Amelio; pero también cómo justamente decía Lorenzo, a atentados anteriores arquitectados por esos centros de poder ocultos y centros desviados que Giovanni Falcone llamaba ‘del Estado’. ¿Cual es su opinión cómo periodista respecto a estos hechos y a que Estado deben hacer referencia los jóvenes que hoy observan nuestro país? ¿Y cual es el equívoco en el que se puede caer cuando se habla de complicidades institucionales?

El director de AntimafiaDuemila responde exponiendo algunas fases de la negociación entre mafia y Estado. Una negociación que considera más apropiado definir ‘acuerdo’ entre la criminalidad organizada y parte del Estado.

“Gracias a todos vosotros. También yo me asocio a mi colega y amigo Lorenzo, agradeciendo al Procurador Caselli por la amistad y la estima que siente hacia nosotros.
Nuestro periódico nace hace diez años, lo digo de verdad y sin retórica, de un grupo de amigos que después se convertirán en colegas y periodistas que buscaban la verdad. En el momento en el que emprendimos y perseguimos esta iniciativa Giancarlo Caselli era y es uno de nuestros puntos de referencia. Pero antes de contestar a tu pregunta, en mérito a esas sombras que se celan detrás de los atentados quisiera recordar un gravísimo atentado contra la Constitución y la magistradura, según mi parecer, uno de los más graves cometidos en estos cientocincuenta años de nuestra República: la ley creada para bloquear la candidatura, que yo creo a ciencia cierta terminaba con elección segura, de Giancarlo Caselli como Jefe de los Fiscales Nacional Antimafia. Una ley contra personam que nuestro Parlamento ha tenido la cara dura de no desmentir la clara intención, impidiéndole que concurriera a ese encargo.
¿Pero porque no se quiere que Giancarlo Caselli sea elegido? Porque para esos ideólogos constituye un obstáculo gordo, una gravísima preocupación. Y siempre según mi juicio muy personal, si hubiese coordinado la Fiscalía Nacional Antimafia habría logrado junto a las otras fiscalías de Caltanissetta, Palermo, Florencia y demás a hallar ese hilo conductor que aún hoy no logramos hallar, o del cual hemos formulado sólo hipótesis.
Es decir que ésta era la única manera de detener a Caselli. Y quisiera también recordar otra tentativa de detener a Caselli, que él no menciona por modestia, en el 94’ con un mísil tierra-aire y en el 95’ con un coche bomba. O sea que estos poderes se mueven junto a Cosa Nostra para matar a un símbolo. Y no sólo ésto. Porque Caselli representa al Estado, el verdadero, el Estado que quiere encontrar la verdad. El magistrado Caselli es el Estado que busca la verdad. Y éste es un detalle importante sobre el cual nosotros debemos reflexionar para comprender bien como han ido las cosas.
Estoy de acuerdo con el Procurador en que hoy hay otro magistrado que es el blanco: Antonio Ingroia. Y con él sus colegas Di Matteo y la fiscalía de Caltanissetta. Son el blanco porque están tocando el nervio, quieren identificar a los ideólogos, a esos personajes que en aquel momento negociaban con Cosa Nostra. Aunque más que negociación yo lo llamaría acuerdo entre la criminalidad organizada y partes de nuestro Estado, no el verdadero. Sino el Estado de aquellos hombres políticos que ocupan indignamente cargos acreditados y de los que yo tengo una duda razonable de que estén entre los ideólogos.
No tenemos que olvidarnos, sin entrar en tema de juicio, que nosotros, aunque nos acusen de ser justicialistas y catastrofistas, somos garantistas.
Pero no podemos tampoco callarnos, o fingir olvidar que un cierto senador Marcello Dell’Utri ha sido condenado a siete años de cárcel en apelación, es decir en el segundo grado de juicio por implicación externa en asociación mafiosa y es investigado actualmente por implicación en atentado. Nosotros no podemos olvidar estas cosas. Nosotros no podemos hacer como si nada si el fundador del partido más fuerte, que tiene el más alto porcentaje de votos en Italia está prácticamente a un paso de la cárcel. Nosotros no podemos hacer como si nada pasase. No podemos hacer como si nada si nuestro Premier afirma que los magistrados son el cáncer de nuestra democracia sólo porque buscan la verdad.
Y que ciertas partes de los servicios secretos han trabajado para ese Estado que es el anti-Estado; los servicios secretos que sirven al poder, que teóricamente tendrían que servir al Estado, los órganos predispuestos para dirigir este país, pero que de hecho no es así. Ahí está el drama desconcertante. Aunque gracias a Dios están las excepciones como Gianni De Gennaro que es un icono de la antimafia.
¿Qué significa si es verdad, y es verdad, que Caltanissetta está a un paso de la verdad, que un hombre de los servicios secretos está ahí mientras se llena de TNT el Fiat 126 que explotaría al día siguiente en frente de la casa de la madre de Borsellino? ¿Qué significado tiene para nuestro país, para la democracia? ¿Donde está la verdad? ¿Donde están los criminales y donde están las personas honradas, donde empieza la criminalidad y donde termina el Estado? Esto es lo que debemos intentar comprender. Así que yo estoy de acuerdo con Lorenzo. Nosotros queridos ciudadanos de Turín, queridos amigos de Palermo, de Catania, todos nosotros tenemos que impedir, y os lo digo con todo el corazón, que estos amigos nuestros sean asesinados. Nosotros lo debemos impedir, debemos hacer de escudo. Debemos impedir que se hagan saltar al aire a Caselli, Ingroia, Di Matteo, Gozzo, Lari. Porque si sucede de nuevo una cosa como ésta esta vez la culpa será nuestra porque no les hemos defendido. La culpa es nuestra, porque nosotros ahora la verdad la sabemos. Nos lo dicen todos los días que los magistrados son el cáncer de nuestra sociedad. Ni siquiera en los tiempos de Falcone y Borsellino la situación era tan grave. Aunque todavía no han hecho saltar en el aire a nadie, desde el punto de vista político y social la situación es mucho más grave. Yo me he quedado desconcertado de verdad al ver en la primera franja horaria noctura en Raiuno las fotos en primera plana de los dos magistrados que están investigando sobre la negociación mafia y Estado: Ingroia y Di Matteo. ¡Es algo inaudito! Esto es lo que debemos evitar. Qué sean apuntados con el dedo, aislados, deslegitimados, abandonados por todos, asesinados. ¡Lo tenemos que evitar ahora! Porque, insisto, y perdonad la retórica, tenemos que impedirlo, de lo contrario la culpa será nuestra. Será hipocresía pura y no servirá de nada ir a llorar sobre sus ataudes...

El aplauso fragoroso no amortigua el grito de este hombre justo. Un grito que quiere despertar las conciencias de quien todavía se arroga el derecho de poder quedarse indiferente. O de quien se refugia en la convivencia bajo la ley del silencio, o de quien se afana con inútiles apologías para después ampararse detrás de la cómoda coartada de la impotencia. Palabras duras que disipan cualquier duda sobre la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene el deber de asumirse. Con esta última apelación, llegamos al final del evento. Anna formula la última pregunta al Procurador Caselli:

“Se han hecho afirmaciones muy duras, muy importantes. Desde nuestro punto de vsita, desde nuestro pequeño punto de observación como redacción de AntimafiaDuemila consideramos que este momento sea muy grave de verdad y muy peligroso, incluso peor bajo algunos aspectos. Quisiéramos saber si Ud. comparte este pensamiento y si se siente de poder hacer una comparación entre estos dos periodos”.

Gian Carlo Caselli:
“No puedo decir si hoy es peor, si hoy es como entonces, o que quizás hoy sea incluso mejor. No. Cada estación tiene sus característica, cada estación tienen sus elementos específicos y las comparaciones la verdad no sirven de mucho. Pero comparación o no comparación, me parece un hecho indiscutible que estamos viviendo un momento difícil, incluso turbio en lo que se refiere a ciertas investigaciones y a ciertos problemas de carácter que van más allá del perímetro investigativo judicial. Al mismo tiempo que me parece poder decir sin optimismos formales que no hay nada de irreparable y que podemos salir de esta situación, basta que por ejemplo se deje trabajar a los magistrados honrados y competentes de Palermo o de Caltanissetta y también de Florencia. Si es necesario con observaciones críticas que sean fundadas sobre argumentos. No sobre vilipendios, sobre la agresión y ciertamente algunas de las cosas que están aconteciendo que Bongiovanni y yo en particular, pero creo todos nosotros, en esta parte de la sala compartimos.

Termina aqui la noche. Otro grito de justicia ha sido lanzado. El grito de hombres justos, testigos de la verdad, que luchan por la defensa de valores inestimables, universales.
Hombres sedientos de ideales que ignoran la farisaica hipocresía de quien, en esta devastadora deriva ética de nuestro país, busca de deslegitimarles, aislarles, matarles. Hombres que, contra un poder que se ha convertido en cáncer con metástasis, viven el valor de la resistencia moral con gran valentía. Estos son los hombres que nosotros tenemos el deber de defender. No podemos permitirnos el lujo de quedarnos en silencio. Debemos descender a la plaza, protestar, hacer de escudo. Tenemos el deber de no dejarles solos, porque si fueran asesinados, como afirma Bongiovanni, la culpa será nuestra. No podemos permitirnos que este guión, y el de todos los mártires, se repita. Porque estos son los hombres que con su humildad nos indican el camino de Cristo. Imitando un guión antiguo. Donde un Hombre, el Hijo de Dios, es dejado sólo. Ese Cristo que denunciaba a los poderosos y defendía a los débiles. Ese Cristo que a pesar de la persecución nunca se ha rendido y que con un sublime acto de amor ha dado la vida. Pero es siempre ese Cristo que, a pesar de que muchos no Le reconozcan, no es solo misericordia. Es también Justicia.

Sandra De Marco
San Giovanni di Polcenigo (PN)
21 de mayo 2011

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