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pineraLA DEMOCRACIA DE SEBASTIAN PIÑEIRA Y EL HORROR DE LA DICTADURA DEL GENERAL  PINOCHET
Por Jean Georges Almendras

-Buenas tardes queridos hermanos: mi  nombre es Manuel  Salinas Letelier y vivo en Suecia desde el día que la ONU me sacara de Chile cuando la dictadura de Pinochet me expulsara de mi país,  esto fue en enero de 1977…y -treinta y siete años después-  quiero dar a conocer un testimonio de lo que me pasó a mí y a miles de otros compañeros en las cárceles y centros de torturas.
En esos términos el chileno Salinas Letelier, radicado en Suecia,  nos enviaba un correo mail a comienzos del  mes de noviembre. Y como si él adivinara que una pregunta era inevitable, agregó:
-¿Y por qué ahora? Porque  yo estaba leyendo en la página Internet, sobre Chile y había en todos los medios de comunicación propaganda para el mandatario de turno de Chile, un tal piraña o perdón Piñeira. Este hombre está utilizando las catástrofes que nos pasan a menudo a los chilenos para aparecer como el bueno de la película, cuando tiene el alma más negra que la “bestia”. Hay muchos chilenos que no conocen a este funesto presidente que fue un adelantado seguidor de  Pinochet que aplaudía las fechorías que este hizo con la democracia chilena. Al leer tanta mentira de este presidente me dio rabia y entonces algo me dijo que tenía este testimonio que dar…
El golpe de Estado en Chile fue el 11 de setiembre de 1973. Una siniestra, nefasta y perversa confabulación de la CIA –del gobierno norteamericano- tendiente al derrocamiento del demócrata Salvador Allende. Un tema ya conocido por el mundo. Un tema que –lamentablemente- ha dividido y aún divide al pueblo chileno. Tanto es así, que treinta siete años después, un ciudadano de ese país decide hacer público su dramática experiencia a merced de las fuerzas golpistas, por aquellos estremecedores días de setiembre del 73.
Un doloroso tramo de la historia chilena, en el que no faltaron las víctimas, en el que sobraron los prepotentes y las crueldades, cuando no la traición y el terrorismo de Estado, con el alto costo de vidas, entre filas de un pueblo que poco pudo hacer para neutralizar una verdadera infamia.  
Y si en estos días, en este 2010, un ciudadano chileno siente desde lo más profundo de su ser abrirse a la opinión pública para que se conozca lo que le tocó vivir en aquellos tiempos, siendo su disparador la figura del actual presidente Sebastián Piñeira ( en democracia) , no somos los indicados para darle las espaldas a ese sentimiento, porque nos consta, que nosotros -por esencia y por naturaleza-  también estamos muy distantes de ser partícipes de esa dictadura y de otras que tiñeron de sangre no pocos pueblos sudamericanos, entre ellos el uruguayo. Entonces, siendo que este ciudadano nacido en aquellos lares cordilleranos todavía  guarda en sus entrañas la rabia, el dolor y la impotencia sufrida en esos días del terror pinochetista, nos conforta compartir ese sentimiento con los lectores de Antimafiadosmil y nos conforta serle útil en esa inquietud; inquietud que otros no  tuvieron la oportunidad de expresar por haber sido literalmente masacrados por los cobardes golpistas que les cercenaron sus vidas, truncándoles su lícito derecho a disentir de la fuerza bruta de los traidores a la patria. Una traición que en nuestros días todavía algunos tienen la osadía de reivindicar. Y cuesta aceptarlo. Un ejemplo de esta descarada postura tuvo como protagonistas a un grupo de chilenos residentes en Ginebra , Suiza,  precisamente el  11 de setiembre de este año -según lo divulgado por las agencias internacionales- cuando  llevaron adelante una marcha recordando el golpe encabezado por Pinochet , recordando además, como una victoria, el crimen del presidente  Salvador Allende, elegido democráticamente.
Pero no quedó allí el descaro, porque también la prensa se hizo eco de las expresiones de la hija de Augusto Pinochet.  En efecto, 37 años después de la sangrienta  y artera acción militar contra la democracia chilena, Lucía Pinochet Hiriart –de 67 años de edad-  afirmó:” durante esa gestión de mi padre, lo que se hizo con Chile fue lo mejor y Chile es lo que es,  gracias a mi padre”
Ahora bien,  en cuanto al actual presidente, éste también se refirió al golpe de Estado, señalando que la caída de Salvador Allende “fue el desenlace  previsible, aunque evitable, de una democracia que venía enferma”.
Nosotros no compartimos esa idea; basta con haber vivido esos años de dictadura, allá tras los Andes o acá en el Uruguay para comprender que siempre los “demócratas” de turno, justificarán el baño de sangre y los avasallamientos, con las expresiones típicas de los lacayos del Norte. No compartimos cuando se habla de una democracia enferma, porque la democracia que ejerció  Salvador Allende fue ultrajada por mentalidades extraviadas y ajenas completamente a los intereses populares. Si se quiere los enfermos eran ellos, los golpistas; los criminales de un hombre íntegro, que  apoyado por su familia y sus más directos amigos y colaboradores, optó por no  entregarse a los usurpadores.
Hoy Sebastián Piñeira está sentado donde está sentado porque la democracia que alguna vez fue ultrajada, quebrada y avasallada, fue recuperada  y fue instaurada sobre cimientos de sangre de chilenos honestos y fieles a su patria. Sabrá Piñeira  -únicamente él, en su fuero más íntimo- si sus manos están entintas o no de la sangre de los compatriotas que los dictadores eliminaron de las faz de la tierra y si su ideología es propia y transparente o solo una continuación más de aquella –procedente del Norte y desarrollada por la CIA- que maquinó el golpe a la Casa de la Moneda, en Santiago de Chile, en aquel lluvioso día 11 de setiembre de 1973.
En ese contexto Manuel Salinas Letelier nos deja su testimonio, entregado a nuestra redacción a comienzos de noviembre pero fechado el  2 de octubre del 2007; un testimonio, seguramente muy estremecedor y muy crudo, pero  que resume fielmente al lector de nuestros días –y en términos de denuncia-   todo sobre el terror de aquellos días.
“Mi nombre: Manuel José Salinas Letelier. Soy uno de tantos compañeros que han sufrido en carne propia lo que es la brutalidad de la mente fascista, especialmente la de los equipos de torturadores. Quiero dejar este testimonio para que junto a otros relatos de estos casos se pueda escribir un gran libro que denuncie  la crueldad de la gente de derechas incluyendo a gran parte de los que se llaman cristianos y demócratas”
“Quiero dar a conocer mi situación durante el tiempo que estuve en los centros de torturas y campos de concentración de la junta militar fascista chilena. Recuerdo que la tortura psicológica comenzó inmediatamente después del golpe. Los bombardeos en algunos lugares específicos de Santiago, el paso constante de los helicópteros y aviones con sus vuelos rasantes, especialmente en aquellos barrios donde vive la clase obrera consecuente, las patrullas de soldados por las calles. Los allanamientos, los balazos por las noches, especialmente después del toque de queda, ponía la carne de gallina. Para que decir cómo afectaba a los niños”
“A lo mío. A los dos días después del golpe se nos citó por bando militar a que nos presentáramos a nuestro lugar de trabajo. Cuando llegamos a”MADECO”, que es como se llama la empresa donde yo trabajaba, vimos con sorpresa que se había hecho cargo de la fábrica un ”ex militar” que trabajaba en MADECO desde hacía mucho tiempo. También colaboraban con él varios compañeros de trabajo (unos 10) que también llevaban algún tiempo en la empresa, algunos de ellos desde principios de la administración Frei. Supimos más tarde que eran militares cumpliendo misiones de civil en la empresa, esto para vigilar los movimientos de los trabajadores. ¿Desde cuando venían los agentes de la burguesía chilena en conjunto con la CIA norteamericana preparando el golpe contra el movimiento liberador que crecía cada año más?”
“Bueno, a mi caso concreto: el día 14 de Septiembre de 1973 se nos hizo trabajar en aseo general de la fábrica. A eso de las 10 de la mañana se hicieron presentes militares de la aviación en cantidad muy numerosa y armados con pertrechos de guerra. Se nos dijo que desde ese momento quedábamos a cargo de ellos y que teníamos que pasar a una plaza que queda al lado de la fábrica. Llegamos al lugar que se nos había designado y se nos rodeó de militares apuntándonos con sus armas y también pusieron en lugares estratégicos armamento pesado. Todo esto para causarnos un miedo tremendo ya que nadie sabía lo que pasaría. Tambien se sabía que en el hospital Barros Luco habían sido fusilados varios trabajadores de aquel recinto hospitalario. Al poco rato se hizo presente un oficial de la aviación el cual nos habló con palabras amenazantes y groseras. Nos dijo que de ahora en adelante en Chile mandaban las fuerzas armadas y que no se permitirán más actos de indisciplina de los trabajadores y que en las fábricas y sindicatos no se hablará más de política, que los trabajadores teníamos que hacer lo que se nos mandaba por que era lo único que sabíamos hacer y que de donde habíamos sacado que podríamos gobernar, cuando eso lo hacen las personas inteligentes. Después empezó a leer una lista de compañeros, unos 280 a 300, los cuales ponían contra las paredes de la empresa. Todos empezamos a creer que a aquellos compañeros los fusilarían ahí mismo, ya que lo habían hecho en otras partes. A medida que iban leyendo la lista se apoderaba de nosotros una angustia y una incertidumbre inmensa. Cuando este oficial terminó de leer la lista, dijo “todos esos huevones no trabajarán más en MADECO” y que ellos los pondrían en el lugar que se merecían, ya que eran ”guerrilleros” y políticos, etc.”
“Yo no caí en esa redada ¿porqué? Nadie lo sabe, ya que yo era miembro del concejo de administración de la empresa durante el último año de la Unidad Popular. También era de conocimiento de casi todos los compañeros que trabajaban en MADECO de que yo era dirigente del partido político que yo pertenecía y que además había sido dirigente sindical en el gremio gráfico. También era delegado de sección en MADECO”
“No me tomaron ese día ¿andaría tan al lote la cosa o era algo premeditado? Esto me hizo pensar y andar con más cuidado cuando hacía mi trabajo político clandestino, especialmente cuando tomaba contactos. Algo parecido había  ocurrido con el presidente del sindicato, también miembro de mi partido. A él lo soltaron al otro día que fue llevado a la FACH.  Luego siguieron los frecuentes allanamientos en la población MADECO, lugar donde yo tenía mi casa. Cada semana se dejaban caer militares de la FACH o de los aparatos de seguridad de la junta facista. Estos bandidos (no los puedo nombrar con otro nombre) allanaban, vejaban, robaban y se llevaban detenidos a más y más compañeros. El presidente del Sindicato y yo seguíamos sin ser molestados, pero sí que nos habíamos dado cuenta de que nos vigilaban. ¿Que pasaba? Es algo que nos dimos cuenta después de ser detenidos y que explicaré más adelante.”
“Yo seguí trabajando clandestinamente durante todo el tiempo que transcurre desde el golpe hasta el día de mi detención. Recuerdo que ese día llegué a mi casa más o menos a las 4 y media de la tarde. Inmediatamente detrás de mi llegaron 2 tipos que me habían seguido desde el mismo MADECO (uno de estos hombres era nada menos que el famoso guatón  Romo) después supe que este tipo había sido contratado por el capitán de ejercito de apellido Daisller que se había hecho cargo de MADECO. Eso si que no supimos nunca que funciones desempeñaba este energúmeno (Romo) en la empresa pero es fácil adivinar a qué se dedicaba.”
“Estos dos funcionarios del S.I.M – Servicio de Inteligencia Militar- que llegaron detrás de mi, a mi domicilio, tocaron a la puerta y abrió mi mujer, preguntaron por mí y pasaron adentro sin que nadie les hubiere hecho pasar. Cuando me vieron me dijeron que tenía que acompañarlos a la fiscalía militar para hacer una declaración porque un tal Beto Gavilan me habría nombrado en un interrogatorio. Este compañero era nuevo en MADECO al tiempo del golpe y yo apenas lo conocía. Yo les dije que yo no sabía quienes eran ellos y que se identificaran. El que hacía de jefe (Romo) me mostró un carnet, que por supuesto no alcancé a leer por entero, lo único que leí fue Ministerio de Defensa. A continuación me dijeron que eran miembros del S.I.M. y que tenían orden de llevarme para dar una declaración y que esto no duraría más de una hora. Realmente yo no quería ir pero no pude hacer nada ya que afuera de la casa esperaba una camioneta grande en la cual habían unas cuatro personas más. Después me di cuenta que estaban armados con armas cortas y largas. Cuando subí a la camioneta me di cuenta que iba otro trabajador de MADECO, que no había sido nunca militante político y no se metía en nada. Con este compañero nos trasladaron a otro lugar de San Miguel al parecer para buscar a otro detenido, el cual no estaba. Después se dirigieron por Gran Avenida hacia el centro de la capital. Cuando habíamos pasado 10 de Julio, pararon la camioneta y nos dijeron que por motivos de seguridad nos tendrían que poner una venda en los ojos, lo que hicieron con tela adhesiva que se usan en los hospitales. Dieron vueltas por la ciudad para desorientarnos, pero después supimos que nos llevaron a la calle Londres, allí nos bajaron y cambió de inmediato el trato. Nos bajaron a empujones y golpes por todas partes y para que cuento el vocabulario”
“Nos subieron por una escala estrecha hasta un 2º piso y allí nos preguntaron los nombres, militancia, dirección, etc.  A mi me subieron a otro piso y me pusieron en una silla amarrado de las manos y los pies. Después me bajaron por una escala y me tuvieron en otra pieza donde habían muchos otros prisioneros. Esta pieza estaba ubicada cerca de donde torturaban, puesto que escuchábamos los gritos desgarradores de la gente a las cuales torturaban”
“A cada rato pasaba un guardia que nos vigilaba y nos pegaba patadas en las canillas y nos decía una sarta de garabatos de grueso calibre (como es la costumbre de los señores oficiales del ejército chileno), después venía otro y con su fusil hacía como que pasaba la bala y nos ponía el cañón en las sienes y apretaba el gatillo. Todo esto iba causando un efecto de temor y rabia en mí.  Después de un buen rato me sacaron la tela adhesiva de mis ojos y me pusieron una venda ancha y me tuvieron siempre amarrado de pies y manos a la silla. En un momento que eché la cabeza para atrás me di cuenta que podía ver por un hueco que quedaba en la venda al lado de la nariz y vi a varias personas que estaban en las mismas condiciones que yo. Vi a varias mujeres y a algunos muchachitos de unos 13 o 14 años que también los tenían amarrados y también vi al frente mío a Juan, el presidente del sindicato MADECO, que lo habían tomado unas tres horas antes que a mí”
“En la posición antes descrita pude ver algunas caras de la gente que nos cuidaba. Eran puros muchachos de unos 20 años. De vez en cuando aparecía una persona mayor, bien vestida que era uno de los jefes. Se notaba a las claras que era un oficial porque hablaba en forma amenazante y les decía a sus subordinados que a estos h…….  había que demostrarles quien es el que mandaba en Chile”
“También había un guardia al que le pusimos el tonto del laque, ya que pasaba por las piezas donde nos tenían y golpeaba con el laque las paredes, las sillas, nuestras cabezas, las costillas, en fin donde cayera”
“Tarde en la noche vino un guardia que me dijo ”sabís porque estay aquí huevón”, no, le dije, y eso quisiera saber yo! paf! Un combo y me dijo” vos estay aquí por el plan ”Z” y aquí te vay a cagar”. Yo creí que esa martingala se la decían a todos los que caían prisioneros pero cuan equivocado estaba, saben porqué, porque tenían que justificar la gran falacia del plan Z.”
”Aquí me quiero detener un poco para decir que si, que hubo un plan Z. Es el mismo que llevaron a la práctica las fuerzas de la reacción chilena con los militares a la cabeza. Este plan tuvo padres putativos y que son  ”Guzman, Rodriguez y Onofre Jarpa”. Ellos cuando hablaron del plan Z en sus medios de desinformación dijeron que en este plan, los rebeldes o sea los trabajadores iban a matar al presidente, a personalidades políticas, a militares, a ecleciasticos y a gente inocente. Hay que ver o mejor dicho leer en toda la prensa mundial de aquellos días siniestros y ahí está la prueba de que el plan Z es el que ellos llevaron a cabo. Acaso no mataron al presidente, acaso no mataron a militares leales a la democracia, acaso no mataron a sacerdotes que estaban al lado de los pobres, acaso no mataron a personalidades, acaso no mataron a gente inocente, incluso yo digo que a todos los que ellos mataron son inocentes, pues no cometieron ningún delito. El único delito fué gobernar para un Chile mejor, al servicio de todos los chilenos.”

“Vuelvo a mi estadía en la calle Londres. En el transcurso de la noche pasaban guardias y cuando notaban que estábamos dormitando nos pegaban con lo que fuera y nos decían burlonamente..¿y voz porqué no dormís huevon”. En otra oportunidad que eché la cabeza para atrás vi como dos de estos energúmenos manoseaban a una muchachita, a la cual le pusieron una pistola en la sien. Después vino un guardia que se acercó a mi y me dijo: ”estate tranquilo que aquí no te harán nada”, luego me desamarró y me dijo que fuera a tomar agua. El mismo me guió para un baño, el cual era la caracterización de la inmundicia. Tomé muy poca agua, pues me dio asco. Luego me trajo otra vez a la silla y me amarró de nuevo y fue menos fuerte y me dijo que al otro día sería trasladado y que si me portaba bien no me pasaría nada.”
“Llegó la hora del traslado. Nos subieron a una camioneta cerrada. Las mismas que se compraron durante el gobierno de la U.P. para la empresa pesquera Arauco.  Empezó el viaje; cuando subimos a la camioneta nos dijeron que nos iban a dejar a algún lugar de Santiago, en libertad. Esto me parecía imposible por lo que me había dicho el otro guardia en la noche. El viaje duró unas tres horas, al rato empecé a oír el rumor del mar. Me inquieté puesto que había escuchado que a muchas personas las habían embarcado hacia alta mar y eran lanzadas al agua.”
“La camioneta siguió, y como a los tres cuartos de hora se paró. Nos hicieron bajar. Eramos unas 13 personas entre hombres y mujeres. Seguíamos con la vista vendada. El lugar donde estábamos era un campamento donde se encontraban militares. Nos recibieron a culatazos, empujones y patadas. Nos pusieron contra una empalizada con las manos levantadas y las piernas abiertas y nos empezaron a traginar y nos quitaron todas nuestras cosas. Serían como las 7 de la tarde cuando nos metieron a unas piezas de madera. A mi me pusieron en una pieza con unos  8 compañeros más. Este lugar queda ubicado al lado de un río y hace mucho frío, nos traen una frazada a cada uno. Más bien parecían telas de cebollas, por lo delgadas. La pieza es una media agua abierta por todos lados. Como a las 9 de la noche se acerca un militar, abre la puerta y nombra al presidente del sindicato MADECO y a mí. Nos dice que salgamos y nos lleva a unas carpas, lugar donde tienen la comandancia del campamento. Allí nos amarran las manos atrás muy apretadas y nos ponen unos capuchones de lona, a pesar de estar con la vista vendada. Nos suben a una camioneta y nos llevan al regimiento que queda a unos 5 minutos del lugar. Allí nos bajan y nos espera el ”comité de recepción” como le llamaban a un grupo de milicos que eran los encargados de ablandarnos; nos pegaron culatazos, patadas, combos, etc. en todas partes del cuerpo, y para que les cuento el vocabulario de los ”valientes soldados chilenos”. Después de esto nos hacen bajar por unas escalinatas muy estrechas. Cuando íbamos bajando nos decían dobla a la izquierda y ahí estaba la pared con la cual nos estrellábamos. Después llegamos a unos pasillos que estaban todos mojados, por todos lados se sentía gotear agua. Después me metieron a un cuarto muy estrecho, en el cual cabíamos apenas 4 personas paradas, el cual tenía sobresaliente de las paredes unas cañerías por las cuales salía agua gota a gota por varios agujeros que estas tenían.”
“Los minutos pasaban. De pronto me viene a buscar un milico y me lleva a otra pieza y me manda que me desvista, cuando estaba sin ropa me traslada a unos aposentos más grandes donde se escuchaban gritos aterradores. Justo cuando entramos a este aposento me llega una tremenda patada en mis genitales que me hace caer de rodillas al suelo, el dolor que siguió a la patada fué tan fuerte que no encuentro palabras para describirlo. Debo decir antes de seguir con el relato algo que se me olvidaba: que cuando me metieron en este aposento de tortura me hicieron sacar toda la ropa. ¿Uds. vieron las fotos que recorrieron el mundo de los prisioneros de Irak? Bueno, en Chile era pan de todos los días. Esas cosas se hacían diariamente con todos los compañeros que fueron torturados, no importaba si eran mujeres, ancianos, niños. Para estos energúmenos éramos enemigos de la patria y había que eliminarlos a todos”
“Después de esa patada que fue una de las torturas más suaves de las que me hicieron, me colocaron en la ”paloma”, que consistía en amarrarnos los pies en el suelo a unas argollas que están empotradas a éste y los brazos te lo amarran a un larguero que cuelga de una roldana que a su vez cuelga del techo. Con un complejo aparato como de grúa te empiezan a estirar hacia arriba, y te estiran y estiran los dolores son aterradores y a pesar de estar sufriendo esto te aplican corriente en los testículos, en el pene, en el ano, en los pies, en fin, por todos lados, y ahí pasan los minutos que parecen una eternidad, y lo único que tu quieres es que te maten de una vez, lo peor de todo, es que todo esto lo hacían sin preguntar nada, y cuando uno preguntaba por que me pegaban me contestaban que yo sabía y que tenía que cantar no más. No sé cuanto me tendrían en este tormento pero me pareció que fueron horas. Después escuché que uno de los torturadores le decía a su jefe:”este parece que salió duro no ha dicho nada que nos aclare algo”. Entonces el jefe le dijo sácalo, y a la parrilla. Mientras me desamarraban me empezaron a golpear por las piernas, en los brazos, en la espalda, en fin, por donde cayera. Al rato me acostaron en lo que parecía un somier de campaña, todo de latón (esto es lo que ellos llaman ”la parrilla”),los brazos hacia atrás y los pies amarrados en el otro extremo del catre. En esta posición empiezan a aplicar corriente. Para qué decir los dolores que se sienten: son terribles. El que aplicaba la corriente era tan energúmeno que disfrutaba haciendo esto. De pronto, escuché al que hacía de jefe de estos bandidos, que me decía:”sabis huevón, así que vos soy el jefe del plan ”Z” de San Miguel”. Como es natural yo negué esto. Después, me preguntaron por mis subordinados: los nombres, las direcciones, los lugares donde nos conectábamos, los contactos con los dirigentes del partido, ah, y las armas donde las teníamos fondeadas. Me decían que ellos lo sabían todo. Así que teníamos que hablar y cooperar para terminar luego.”
“Recuerdo que esto fue el 17 de Enero por la noche. Nos sacaron para las torturas como a las 8 de la noche de ese día y siguió hasta como las 5 de la mañana del 18 de Enero. Cuando estos energúmenos estaban terminando esta sesión de tortura, uno de ellos revisó mis pertenencias y encontró mi carnet de identidad, y al revisarlo se dio cuenta que yo estaba de cumpleaños y le dijo a su cumpa, oye, este huevón está de cumpleaños, démosle el regalo, ya? Y empezaron a aplicarme nuevamente corriente en la parrilla. Lo hicieron con tanta intensidad y no se por cuanto tiempo, que yo me estaba yendo de este mundo. Recuerdo que de repente se me borró todo y apareció algo como un túnel y yo caminaba por él, y mientras más avanzaba se hacía más luminoso; cuando estaba por llegar a lo que parecía el final del túnel sentí como que alguien me empujó para  atrás y ahí sentí voces como de pelea y gritos. Al rato logré coordinar lo que se gritaban y uno le decía al otro: ”viste que la cagaste huevón, ahora el jefe nos va castigar a todos. El nos dijo que ninguno de estos que están aquí se tiene que morir y vos mataste a este huevón que no ha cantado nada todavía. Anda a buscar al médico”. Cuando llegó el médico me revisó por todas partes y les dijo que yo no estaba muerto y que se habían librado por poco. Me tuvieron un buen rato acostado en una camilla y después me trasladaron al campamento y me entraron a la pieza que nos habían metido el día anterior. Al cabo de un tiempo, y ya un poco recuperado me subí la venda que tenía todo el tiempo sobre los ojos, porque así nos tuvieron por cerca de un mes. Claro que cuando estábamos solos nos levantábamos la venda para poder mirar.  Bueno, como decía, cuando me subí la venda vi muy cerca de mí al compañero Ramírez (el presidente del sindicato), que estaba en las mismas condiciones que yo, y con muchos hematomas por todas partes. Yo me empecé a examinar mi cuerpo y me dí cuenta que no tenía un solo lugar de mi que no estuviera morado, se dan cuenta, todo el cuerpo morado”
“Nos tuvieron descansando dos o tres días y después nos volvieron a llevar al Regimiento, a otra tanda de torturas. Esta vez se repitieron la parrilla, los golpes, la corriente y también nos hicieron pasar por otras torturas tan salvajes como las anteriores. Por ejemplo el potro, donde para ponerte en este trozo de tronco te descoyuntan entero y te amarran de manos y pies con las piernas y los brazos todos descoyuntados. Esto es algo inenarrable. Sólo los que lo han sufrido saben el tremendo martirio que se sufre. Después me colocaron en ”el piguelo”. Esto consiste en que te cuelgan de manos y pies a un chuzo que está atravesado a dos pilares. Lo fatídico de esta tortura es que las muñecas de las manos te las amarran de tal manera que si te mueves pareciera que éstas se te están rompiendo en mil pedazos, y los muy bandidos te aplican corriente por todas partes.”
“Me recuerdo, que después de dos o tres sesiones de torturas, un día trajeron los milicos un equipo médico con 2 enfermeras y éstas nos empezaron a examinar cuando nos vieron a Ramirez y a mi. Una de ellas se puso a sollozar y la otra le dijo:” así  que te dan lastima estos bandidos”. La que estaba sollozando le contestó: ”no te das cuenta que esta gente también son seres humanos y mira como están de maltratados”
“Yo quería detallar estos hechos (las torturas), no porque sea masoquista, sino para que se sepa lo que son capaces de hacer los lacayos del imperio cuando les amenazan los intereses a sus patrones de la derecha o lo que es peor aún, los intereses del imperio yanki”
“Ahí en Tejas Verdes se usaron muchos otros tipos de torturas. Yo me recuerdo de algunas más que me  hicieron a mi como: clavarme en el cuello con alfileres, quemarme con cigarrillos, hacerme el submarino, el telefonazo, meterme un palo de escoba por el culo. Mejor no volver a revivir más las tantas formas de torturas que hacen los ”valientes soldados” ¿de la patria de Buch?.”
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Hoy se viven días de democracia en Chile. Hoy parecerían estar muy distantes esos crueles episodios. Hoy una víctima de esa sangrienta dictadura –Manuel José Salinas Letelier-, sumido en la rabia, nos trae a la memoria todo ese barbarismo. Un barbarismo, que según sus palabras, se le  vino a la mente (para divulgarlo) a partir de la realidad de nuestros días: en democracia y en la  presidencia  de Sebastián Piñeira…según Salinas, un seguidor de Pinochet. ¿usted que opina?.

10 de noviembre 2010

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