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Primer Congreso Argentino
sobre la lucha contra la Mafia y la Corrupción

Ciudad de Rosario, 22 y 23 de junio 2006


Ponencia de Giorgio Bongiovanni

La primera persona que lo ha afirmado fue el juez Giovanni Falcone y hoy son muchísimos los expertos de nivel internacional que estan de acuerdo en decir que “el crimen organizado constituye un peligro para las democracias modernas, por la extraordinaria capacidad que tiene de acumular enormes riquezas y de condicionar a las instituciones”.
Para hacernos una idea de la entidad del problema quisiera presentar algunos datos más bien recientes. Es necesario hacer presente que no es para nada sencillo hacer un cálculo sobre la facturación de las mafias, debido a la naturaleza oculta de por sí de su patrimonio, de todas maneras muchos estudiosos están de acuerdo sobre algunas cifras.
En mi país, Italia, el ex-Procurador Nacional Antimafia Piero Luigi Vigna ha declarado que la facturación de las mafias italianas es de alrededor de 200 mil millones de las viejas liras italianas al año, que corresponde a un 9.5 del Pil (Producto interno bruto) italiano.
Esto solo en Italia.
Sin embargo el fiscal auxiliar nacional Antonio Laudati en una entrevista que concedió a nuestro periódico ANTIMAFIA Duemila, hace apenas un par de años, explicaba que el balance de las grandes mafias: la rusa, la colombiana y la italiana superan el balance de por lo menos 150 países que forman parte de la ONU. Tomando en consideración que los países que forman parte de la ONU son menos de 190, es fácil entender el poder de las grandes mafias sobre todo de los narcotraficantes en los países pequeños o en vía de desarrollo.
Por lo tanto este es un primer dato: algunas organizaciones criminales tienen una disponibilidad de dinero y un balance superior que la mayor parte de los estados del planeta.
Otro dato muy significativo es que estos balances han aumentado la facturación diez veces más del valor inicial en los últimos años. Por ejemplo se calcula que gracias al tráfico de cocaína se obtiene un beneficio de la inversión de 1 a 5, es decir que a una inversión de 100 millones para la compra de cocaína corresponde una ganancia de 500 millones en una semana una vez colocada en el mercado del consumo.
Un aumento de 10 veces más del capital inicial es un resultado que ninguna multinacional económica en la historia ha conseguido obtener. Las organizaciones criminales cuentan con un factor de crecimiento absolutamente extraordinario.
El salto de cualidad que ha permitido que las mafias se conviertan en auténticas potencias económicas ha sido sin duda su capacidad de volverse internacionales y transnacionales. Por internacionalidad se entiende la capacidad de un grupo criminal de actuar directamente no solo en el territorio del Estado en el que ha nacido, sino también en el extranjero (se puede pensar en la ‘ndrangheta, la mafia calabresa, presente en Francia, Alemania, Australia). Mientras por transnacionalidad se entiende la cooperación entre grupos criminales de distinta nacionalidad con el fin de gestionar con mas eficacia determinados mercados criminales.
Estas dos características han permitido a las organizaciones criminales de tipo mafioso un proceso progresivo de globalización que ha tenido lugar mucho más rápido de lo que lo han hecho países enteros, por no hablar de la justicia y de sus instrumentos.
Viene espontaneo preguntarse cómo se ha podido llegar a niveles de este tipo.
Las causas.
Las razones fundamentales por las cuales el sistema mafioso se extiende de esta manera se puede resumir con una sola palabra: corrupción.
Si una persona tiene a su disposición mucho dinero, incluso el criminal más cruel, no tendrá necesidad de intimar o de matar, le basta comprar. El problema es que hoy todo se vende, todo tiene un precio y esto determina una capacidad de mando y de condicionamiento en cualquier ambiente social sin limitaciones. Esto sucede como es obvio debido al bajísimo nivel de ética y de moralidad que la subcultura de estos años ha producido en todo el mundo.
Esto no se limita a la corrupción directa, que ya es grave por si misma, de funcionarios, políticos, empleados de banco y cualquier otra figura que haya sido inducida con el dinero a infringir la ley, sino que se extiende hasta alterar todo el mercado y el sistema económico sobre los que se basan también las democracias más modernas.
El procurador Laudati define este proceso “mimetización empresarial”. Significa que si la criminalidad dispone de mucho dinero a la fuerza tiene que diversificar las inversiones y por lo tanto puede emprender actividades tanto lícitas como ilícitas. Lo que permite a los jefes de mimetizarse y de entrar en los ambientes de la economía. Está claro que nadie aceptaría una financiación por parte de un narcotraficante, pero cuando alguien se presenta como el titular de una sociedad de import-export y ofrece “dinero fresco” seguramente se acepta.
Es obvio que esto altera el mecanismo de la competencia, se contamina el mercado, se compran los bancos, se compran los periódicos, se compran las televisiones, se puede influir sobre el mecanismo electoral del voto, en pocas palabras, se manipulan los instrumentos fundamentales de la democracia y esta es la alarma más grave.
Las mafias han desarrollado una capacidad empresarial paralela a la legal que es capaz de crear una especie de “zona gris” donde, según algunos estudios llevados a cabo por importantes economistas de la Universidad Bocconi de Milán, algunas actividades económicas “nacen o se nutren gracias a inversiones de capitales, que tienen origen ilegal, en la economía legal. Es más, en algunos casos “parece ser que a menudo los empresarios no contrarrestan la infiltración de capitales criminales, sino que incluso lo aprecian y lo solicitan.”
De hecho, si las economías criminales no pueden someterse a las normas de la economía legal, crean otras nuevas y más ventajosas para todos. Por consiguiente, explican los expertos: “obligados a “unirse al coro”, los empresarios legales no se han quedado atrás. El modo nuevo de obtener beneficios se ha difundido, pero las consecuencias no las han pagado las empresas, sino el sistema económico en su complejo”. Y si en un primer momento el riesgo era altísimo solamente en las zonas caracterizadas por un sistema económico débil, actualmente el fenómeno se ha extendido y difundido de tal forma que las “acciones anti-competitivas de las organizaciones criminales se convierten en un modelo a imitar y, lo que es más grave aún, aceptado socialmente”.
Efectivamente los medios de los cuales las mafias se sirven para multiplicar su facturación son los mismos de los que se sirven los grandes grupos económicos y financieros que se han visto implicados en escándalos últimamente tanto en Italia como en el extranjero: dumping, especulaciones en la bolsa, falsedad en el balance, violación de libros de contabilidad y de los costos de transferencias, fraudes, evasiones fiscales a través de filiales off-shore y de sociedades anónimas, sustracción de créditos públicos y mercados falsificados, etc.
Así como los caminos del lavado de dinero de procedencia ilegal son los mismos de los que se sirven grandes sociedades para soslayar la ley, los terroristas para financiar los atentados o los traficantes de armas.
Para hacer algunos ejemplos el procurador Laudati ha explicado que el 70 % de todas las transacciones financieras que tienen lugar todos los días en el mundo pasan por los países con banca off-shore, es decir, que esquivan cualquier posibilidad de verificación.
Los países off-shore son muchísimos y no están situados solo en los maravillosos paraísos tropicales, sino que se encuentran también en el corazón de Europa. Su rol de “escudo” consiente de proteger grandes capitales de origen legal e ilegal lejos del control tributario de los estados para después volver a incorporarlos en el circuito financiero bajo otras formas.
Tal mecanismo ha generado en estos últimos años un fenómeno alarmante que ha dado lugar a una forma de solidaridad entre los magnates de las finanzas, evasores fiscales, políticos corruptos y criminalidad organizada, generando un volumen de ventas exorbitante.
Nos encontramos de frente a una propia y verdadera “economía criminal” que como se ha dicho varias veces el escritor americano Noam Chomsky es un “acto de agresión y de control en perjuicio sobre todo de las economías de los Países en vía de desarrollo”.
En pocas palabras, este es el mecanismo que consiente el buen funcionamiento de un capitalismo controlado que compromete gravemente la realización de la democracia en muchas naciones, dejándolas fuera de la competencia leal y obligándolas a servir de las formas mas disparatadas a las super potencias.
Un circuito de negocios internacional donde no existe distinción entre los capitales mafiosos y los demás, donde el dinero de un Berlusconi o de quien por él se une a las ganancias de Riina o de Provenzano o a las de Manuel Escobar junto con los de la familia Bush, o con las de la familia de Bin Laden.
En las cajas fuertes off-shore además de las ganancias del hampa van a terminar también los bienes de las holdings, de las compañías de inversiones, de las sociedades editoriales y de las multinacionales. Estas últimas, en los años ’70, eran solo algunos cientos, actualmente se piensa que son alrededor de 63.000 que controlan 690.000 filiales en el extranjero.
Entre los distintos casos clamorosos hay uno que vale la pena de citar por cuanto es absurdo.
Existe una pequeña isla en el Canal que es prácticamente un escollo en medio del océano, cuenta con 500 habitantes, dos carreteras, cuatro o cinco tractores, dos autos todo terreno… en esta isla tienen sede 9.987 sociedades comerciales y tres ciudadanos de Sark, presumiblemente dedicados a la agricultura y al pastoreo, son administradores delegados de 1.600 sociedades cada uno de ellos; hay quien tiene menos, pero tres tienen este récord. Después hay 700 sociedades de seguros, 1.200 bancos … obviamente Sark es un país “duty free”. Ante la protesta de ECOFIN quien vigila para que se apliquen las normas anti-lavado de dinero el gobierno del Reino Unido ha respondido que el territorio en cuestión es una posesión privada de la Corona por lo cual no está sometido al respeto de las normas anti-lavado de dinero. Ha añadido también que sucede lo mismo con Gibraltar, Andorra, Principado de Mónaco, Liechtenstein, San Marino, Ciudad del Vaticano.

¿Entonces cómo es posible contrarrestar este sistema?

La solución no parece ser para nada fácil. Para afrontar un problema de esta importancia habría que contraponer un sistema sobrenacional. El mandato de arresto internacional y la confiscación de los bienes, medidas que nacieron juntas sobre la base de un método que nos enseñó Giovanni Falcone, que fue el primero en realizar este análisis de tipo económico sobre la criminalidad. Y también fue el primero en comprender que las mafias ya desde finales de los años ochenta estaban por dar el salto de calidad cuando, después de enterarse de la cotización en la Bolsa del grupo Ferruzzi, dijo: La mafia ha entrado en la Bolsa.
Su idea era la de golpear las mafias a través de sus patrimonios para que se volvieran improductivas, por ello sería importante alinear el contraste patrimonial al estrictamente “militar”.
Hoy en Europa, aunque se hayan dado pasos adelante con el mandato de arresto, sobre el secuestro y sobre la confiscación de los bienes estamos muy atrasados.
Los distintos estados efectivamente han opuesto resistencias, surgen varios problemas pertinentes al sistema bancario, en las investigaciones patrimoniales de la tutela fiscal del ahorrador.
En realidad, la sensación que se percibe con claridad es la de que no hay una verdadera voluntad de resolver el problema, es mas, se percibe lo contrario.
El caso italiano es un emblema en este sentido. Los escándalos se subsiguen continuamente. A partir del caso más clamoroso que ocurrió en los años ochenta y que se concluyó trágicamente con el asesinato de Roberto Calvi, pasando por los de 1992, que cancelaron una clase política completa que había cedido a la corrupción, hasta los casos más recientes como el crack Parmalat y la escalada al banco “Antoniano Veneta”. Para terminar con la última trágica implicancia del mundo del fútbol italiano avergonzado justo antes de la víspera de la competición mundial.
El fiscal auxiliar de Milán, Francesco Greco, uno de los miembros del pool de magistrados que en 1992 investigó sobre “mani pulite” (el sistema de sobornos a los políticos), durante un convenio que tuvo lugar el pasado 3 de junio, ha dado una imagen con mucha precisión sobre la situación de mi país, que seguramente es solo la expresión de una emergencia mundial y sobre todo ha denunciado la falta de una toma de conciencia por parte de la política que ha hecho poco o nada por lo que concierne a medidas directas que lleven a una verdadera solución de la cuestión.
Ha dicho que desde hace años en Italia, existe un problema de criminalidad económica que se difunde. A partir de “Tangentopoli” la política ha dado la impresión de preocuparse más por quitar poderes a la magistratura que de luchar contra la criminalidad económica. Ninguna ley contra la corrupción, 600 en cambio las modificaciones al código penal que complican el trabajo de los Tribunales. Hoy vivimos en una especie de voluntariado. Incluso nos han quitado los e-mails. El Tribunal de Milán roza el milagro. Pero incluso en esta especie de voluntariado hemos conseguido afrontar problemas graves en un tiempo bastante rápido. Se dice que la magistratura se ha ocupado de temas que no le competen, pero la magistratura ha intervenido cuando el sistema político e institucional y las agencias de control no lo han hecho, o quizás eran conniventes”.
Greco hace el ejemplo del caso clamoroso de la gigantesca compañía petrolífera americana Enron que hace 5 años arruinó a miles de ahorradores. Ahora, después de cinco años de instructoría los responsables Kenneth Lay y Jeffrey Skilling han sido condenados y arriesgan respectivamente 30 y 185 años de cárcel. (La sentencia será emitida en septiembre de este año).
En Italia existe el peligro que hubieran podido salir libres, sobre todo con la nueva ley Cirielli que ha disminuido a la mitad el tiempo de prescripción del delito. Para explicar la entidad del daño Greco dice: “En lo que concierne al caso Parmalat (para el cual se han constituido parte civil 75.000 ciudadanos) sabía que tenía a disposición 15 años, ahora tengo solo siete y medio y me tienen que bastar”. El fiscal responde a la pregunta de un periodista sorprendido por la cantidad de tiempo: “Si tuviéramos a disposición hombres y medios lo conseguiríamos en seis meses”.
Si por una parte las mafias han desarrollado una capacidad de enriquecimiento y de infiltración del tejido social gracias al poder intimidatorio, por la otra parte han conseguido volverse así de peligrosas para la democracia porque han encontrado terreno fértil donde poder proliferar. Y sobre todo no existe de parte de todas las fuerzas en campo una verdadera voluntad de arrancar de raíz un paradigma de corrupción que de hecho consiente a quien posee la riqueza de mantener intacto ese sistema de poder que marca la gran diversidad entre el nord y el sud del mundo, asegurando el dominio y el bienestar solo a una parte de la humanidad.
La razón más profunda está en efecto justo en el estilo moral que con el pasar del tiempo se vuelve cada vez más labil, a nivel individual y por lo tanto a nivel social.
Las soluciones enunciadas por quien no se ha rendido nunca a la degradación ética, humana y espiritual del hombre, son de dos clases: estrictamente prácticas, como han sugerido algunos magistrados de varias formas.
En efecto, siempre Greco proponía hacer que la justicia se convirtiera en un momento de reactivación de la economía echando mano a los fondos embargados y confiscados durante las investigaciones. Los cuales sin embargo permanecen bloqueados y no se tienen noticias de ellos.
O de naturaleza cultural. Y en este caso llevan la voz cantante los componentes de la sociedad y les toca un rol especial a los educadores, periodistas, medios de comunicación que tienen el deber de denunciar a los corruptos con el fin de que la mala costumbre poco a poco ya no se acepte más como algo normal y no vaya adelante el mensaje que dice que dado que “lo hacen todos” lo ilegal se vuelve legal. Lo cual crea una atmósfera que tiende a justificar cualquier comportamiento y la crisis del fútbol italiano es otra señal evidente del nivel ínfimo que nuestras sociedades han alcanzado.
Solamente reeducando las nuevas generaciones a la legalidad, haciendo comprender a los ciudadanos como la criminalidad que hoy está lejana del ser solo violenta, pero que hoy es también y sobre todo económica les perjudique en su cotidianidad, se podrá adelantar mucho.
Para concluir quisiera repetir las palabras de otro gran magistrado italiano que ha sacrificado la vida para restituir a la justicia y a la legalidad su verdadero significado.
El juez Paolo Borsellino escribía así en sus apuntes:
Es necesario que cada uno de nosotros recupere el sentido ético de la vida, el conocimiento de que no se puede perseguir el bienestar para ventaja personal o familiar en perjuicio de los demás; que es este el deber moral principal de nuestro tiempo al nivel de todo el planeta”.
¡Entonces! Queridos amigos, ante este cuadro dramático no se puede decir mucho más. Me permito solo de hacer dos preguntas. Una a los laicos y una a los creyentes de las tres religiones más grandes del mundo: cristianos, musulmanes y hebreos.
A los laicos pregunto: ¿Estamos de frente o no a una nueva forma de imperialismo criminal donde a menudo los dominadores entrelazan sus intereses en perjuicio de los más débiles y de los más pobres?
A los creyentes pregunto: ¿Tenemos que buscar todavía el rostro del Anticristo? ¿Tenemos que interpretar todavía las Sagradas Escrituras o Satanás ha conseguido condicionar las mentes y el Espíritu de muchos, muchísimos hombres?
A vosotros las respuestas. Gracias por haberme escuchado.

Giorgio Bongiovanni.

 

Ponencia del Dr. Antonio Ingroia
(Fiscal del Tribunal Antimafia de la ciudad de Palermo)

LAS NUEVAS ESTRATEGIAS DE LA MAFIA Y LAS PERSPECTIVAS DE LA ANTIMAFIA EN LOS AŇOS 2000

Que es la mafia hoy, cuales son sus estrategias y sus objetivos?. Cual es la consistencia del poder mafioso en los años 2000?. Y cual es el balance y las perspectivas de la antimafia en Italia hoy?.
Estas son las preguntas de fondo a las cuales es necesario intentar responder preliminarmente si se desea dar un cuadro atendible de la historia reciente y del estado actual de la confrontación mafia-antimafia.
No es fácil resumir en pocas páginas y explicar a un público, que no conoce directamente el fenómeno de la mafia siciliana, la historia y las dinámicas recientes de la estrategia de aquella que ha sido ciertamente – durante una cierta fase histórica – la más temible y potente organización criminal del mundo.
Y es aún más difícil para mi mantenerme a una distancia crítica de los hechos de la historia reciente de la mafia siciliana, porque es un hecho, que la mayor parte de la gente lo percibe desde lejos, pero que yo sin embargo lo percibo de muy cerca. Momentos vividos con rara intensidad, momentos fuertemente ligados a eventos que tienen una causa, de los cuales a veces he sido testigo, otras veces “actor”. Y esto porque mi historia personal se entrelaza con la historia colectiva, social e institucional de la enfrentación mafia-política. Porque me he ocupado y me ocupo de mafia y de antimafia ahora ya desde hace más de 10 años. Desde ese ya lejano 1988 cuando conocí a Giovanni Falcone, magistrado-símbolo de la antimafia, con quien empezé mi aprendizaje profesional presenciando los interrogatorios y sus investigaciones como observador y alumno. Y volví a ocuparme de esto a principios de los años 90, cuando siendo fiscal auxiliar en la ciudad de Marsala, tuve el honor de encargarme de mi primera investigación de mafia bajo la coordinación de mi jefe de Oficina en aquel entonces, otro gran magistrado-símbolo de la antimafia mundial, Paolo Borsellino. El maestro, el amigo, el “hermano mayor” Paolo Borsellino a quien yo he seguido de cerca en sus últimos años de vida y de carrera, primero en Marsala y después en Palermo, hasta el trágico epilogo del verano ’92, cuando Paolo Borsellino perdió la vida, junto a los policías de la escolta, lacerado a causa de una auto-bomba aparcada delante del portal de la casa de la anciana madre de Borsellino, ese maldito domingo 19 de julio 1992 había ido a verla como todos los domingos. Y a partir de ese día, he seguido a ocuparme de mafia y de antimafia, participando y asistiendo a muchos “eventos que tienen un fundamento en nuestra historia reciente, como la experiencia del “método Falcone-Borsellino”, el terrible periodo de los estragos, el periodo del “rescate” en el Tribunal que heredó ese método, bajo la dirección del nuevo Procurador de Palermo Gian Carlo Caselli. Rescate que inició el 15 de enero del 1993 con la captura de Totó Riina, el principal artífice de la estrategia desestabilizante mafiosa, evento que marcó el inicio de una nueva fase, de un período único, quizás irrepetible.
Periodo terrible y período excepcional al mismo tiempo. Período terrible porque fue el período de los estragos: después de los del 1992 que laceraron Palermo y el corazón de los italianos, en aquel 1993 siguieron las bombas y los atentados en el norte de Italia- provincias que nosotros sicilianos llamamos el continente- en Roma, Florencia y Milán. Las bombas de la impotencia del Estado democrático, que habían puesto de rodillas al Estado italiano, el que se demostró incapaz de reaccionar, un país al borde del colapso, que veía detrás la amenaza de un propio y verdadero “golpe mafioso”.
Sin embargo, ese año marcó también un período excepcional, el período del rescate, de la “nueva primavera siciliana”, que no fue solo local, sino nacional, la revolución de la Italia de la legalidad. A la indignación por la secuencia de estragos feroces, a la indignación por el insuficiente empeño antimafia por parte de las Instituciones, sobre todo de aquellas políticas, que habían condenado al aislamiento y a la muerte a otros hombres y mujeres como Giovanni Falcone, su esposa Francesca Morvillo, Paolo Borsellino y los policías de sus escoltas, se fue alineando y terminó por prevalecer, una actitud positiva de empeño y de petición de empeño antimafia colectivo que pronto dió sus frutos. Finalmente, como consecuencia a una gran reacción por parte de la opinión pública, el Estado respondió con una fuerza a la par con el grandísimo desafío que la mafia había puesto en acción: los resultados no se hicieron esperar. Nació un extraordinario activismo legislativo y operativo, que se concretizó con la rápida aprobación de algunas importantes reformas antimafia y con el empleo de hombres y medios (incluso el empleo del ejército en Sicilia para colaborar con las fuerzas de la policía con el fin de contrarrestar el poder mafioso en el territorio), que ayudaron a los magistrados a hacer frente a la emergencia mafiosa.
Nosotros, los magistrados que por protesta habíamos presentado nuestras dimisiones del Tribunal del Distrito Antimafia, retiramos las renuncias y nos empeñamos aún más, también para honrar el sacrificio de tantos servidores del Estado que habían caído (Falcone y Borsellino fueron solo los últimos de una larga serie). Y he aquí que la nueva estrategia global, el empeño solidario y colectivo dió en pocos años resultados que no se habían obtenido en décadas: desde el arresto de Riina al de los más peligrosos prófugos, al desmantelamiento de estructuras militares enteras de Cosa Nostra en el territorio, a la identificación, embargo y confiscación de patrimonios enormes de los mafiosos, que después se han dejado para ser administrados por cooperativas de jóvenes; seguido del aumento del fenómeno de la disociación de las filas de las organizaciones mafiosas, hasta el punto de llegar a ser un fenómeno de masa, a la realización de un regímen penitenciario “distinto” para los mafiosos que hiciera posible cortar cualquier contacto con la organización fuera de la carcel y asi impedir a los jefes de mafia que continuaran dirigiendo desde la carcel los tráficos ilegales; a la identificación de los autores materiales y de los organizadores de los estragos y de los hechos de sangre más graves ocurridos en estos últimos años, hasta llegar a “sacar a la luz” las relaciones de la mafia con la sociedad siciliana y nacional en todos los niveles, incluso políticos y de la alta finanza.
Este es el salto de calidad que se dió en esos años que nos daba a quienes vivíamos la experiencia directamente la sensación de estar cercanos, si no a la derrota definitiva de la mafia, de cierto si a un drástico y duradero redimensionamiento de la misma. Teníamos la convicción fundada de que pudiera hacerse realidad, en un tiempo no lejano, una de las más famosas afirmaciones de Giovanni Falcone: “la mafia es un fenómeno humano y como tal ha tenido un principio y tendrá un final”.
Han sido años turbulentos que han visto eventos que han marcado nuestras vidas y que se han quedado impresos en nuestras mentes, en una especie de carrera frenética hacia metas que parecían cercanas: las colaboraciones importantes, las verdades sobre los estragos, los ideólogos ocultos de los estragos, las relaciones mafia-política, mafia-economía y demás.
Después, en aquel torrente en crecida, imprevistamente, la corriente pareció cambiar de dirección y por consiguiente subir el río hacia la fuente se volvió cada vez más difícil. A medida que las investigaciones alcanzaban niveles más altos, a medida que salíaan a la luz complicidades y amistades embarazosas, a medida que se evidenciaba la voluntad de no detenerse en la búsqueda de la verdad, aplicando integralmente el principio de igualdad de todos los ciudadanos frente a la ley, aumentaban las resistencias, los obstáculos y las dificultades eran cada vez más difíciles de superar. El camino se hacía cada vez más escarpado, más en subida. Y nosotros nos sentíamos cada vez más solos. Dificultades y resistencias legislativas, dificultades y resistencias operativas, dificultades y resistencias ambientales, en pocas palabras, el clima mutó. Esa magistradura, a la cual con buena voluntad se le había concedido un “poder” para contrarestar la emergencia de la estrategia subversiva desestabilizante mafiosa, quizás estaba “exagerando”. Un viejo cliché, de todas formas, porque en un cierto momento también había sucedido lo mismo al pool de Falcone y Borsellino y su aislamiento había tenido lugar cuando el “pool” estaba rozando los “santuarios” de las relaciones entre mafia y potencias económicas sicilianas. También Falcone y Borsellino en la segunda mitad de los años 80, una vez agotado el incentivo del maxiproceso a la mafia militar y cuando estaban ya en marcha las grandes investigaciones sobre las relaciones de alto nivel, empezaron a ser “percibidos” como “adversarios políticos”. E inmediatamente se lanzó una campaña mediática de desinformación y de descrédito: era necesario transformarles de “heroes de la antimafia” en “profesionales de la antimafia”. Y esto es lo que sucedió, diez años después, a Caselli y a los magistrados, como yo, que trabajamos con él en Palermo en esos años. La historia se repite. Historias de ingratitudes institucionales”. Pero también la historia de una “gran oportunidad perdida”, la gran ocasión de poder vencer la guerra contra la mafia, una guerra que en un cierto momento, el Estado ha dado la impresión de querer perder o por lo menos de no querer ganar: extraño deseo de empate, de un “nada”, como si se tratara de consagrar una tregua silenciosa a distancia.
Porque lo que sucedió fue exactamente esto: la estrategia desestabilizante de “cosa nostra” fue derrotada y la mafia se vió obligada a replegarse en la sombra renunciando a estragos y a homicidios de alto nivel para volver a actuar en el territorio clandestinamente y a invadir el mundo de los grandes negocios para recuperar poder económico y volver a contratar las relaciones de fuerza con el poder político. La mafia de Bernardo Provenzano, el nuevo “jefe de los jefes” que sucedió a Totò Riina demostró que había hecho tesoro de su propio pasado y de sus propios errores y por tal motivo adoptó una estrategia más prudente que ha dado sus frutos.
También porque no se ha hecho lo mismo por la otra parte, por parte del Estado. Aquí no se ha hecho tesoro del pasado y de los propios errores, es más… la sensación es que se haya caido en los mismos errores. Falcone decía que el error principal en la manera de hacer frente al problema mafia era de naturaleza político-cultural: significa perder: ya hacer frente a la mafia como si se tratara de un problema de orden público, actuando con un gran empeño antimafia en la fase de emergencia criminal y bajando la presión en los momentos de éxtasis.
Parecía que la reacción habida hacia el periodo de los estragos del 92 – 93 nos hubiera inmunizado de errores de este tipo. Y sin embargo no ha sido así.
En estos últimos años en Italia, se ha hablado a menudo de Cosa Nostra como de “mafia invisible” o de “mafia sumergida”. Es positivo aclarar el significado de estas definiciones para evitar cualquier malentendido. Efectivamente son términos con los cuales no se quiere aludir a una mafia ahora ya inofensiva o, incluso, derrotada definitivamente. Todo lo contrario. La mafia, hoy, de cierto no cuenta con la misma terrible eficiencia militar de los primeros años Noventa, la cual se manifestó tragicamente con los estragos del ’92 de Palermo (que para nuestro país fue algo parecido al 11 de setiembre 2001 de New York: Giovanni Falcone y Paolo Borsellino como nuestras Torres Gemelas destruídas) y con las bombas del ’93 de Roma, Florencia y Milán. La mafia, sin embargo, a pesar de los duros golpes recibidos durante los años que siguieron a los de los estragos, hoy no es “invisible” porque ha sido derrotada: su “invisibilidad” es el fruto de una estrategia bien precisa y particularmente insidiosa.
La mafia, efectivamente, después de haber puesto en práctica y haber exhibido con esos estragos una violencia y una estrategia sin piedad de ataque frontal, se ha visto obligada a soportar una reacción eficaz por parte del Estado (prófugos arrestados como jamás había sucedido antes, ya sea por la cantidad como por el rango criminal, entre ellos, los autores materiales de dichos estragos; bienes mafiosos embargados por un valor de decenas de miles de millones, propios y verdaderos arsenales de armas requisados). Y ha soportado también el periodo de los procesos, la mayor parte se han concluído con duras condenas. Y así es que la mafia, golpeada duramente, elige poner en práctica una especie de “estrategia de la tregua” con el fin de hacer olvidar cuan peligrosa es. No más estragos, no más homicidios de alto nivel, reina el espíritu de mediación en lugar del enfrentamiento abierto. Bernardo Provenzano, jefe indiscutido del nuevo período, adopta la técnica del “cono de sombra”, con el objetivo de volver invisible la organización, de sumergirla. Y para protegerse mejor de eventuales nuevos colaboradores, hace más fuerte la estructura, más compartimentada, de manera que cada afiliado conozca solamente a los mafiosos más cercanos a él mismo y a sus jefes directos pero no el organigrama de la sociedad criminal. Las decisiones las toman una cumbre cada vez más pequeña, una clase de “directorio” formado por los hombres más confiables. Se recurre a las armas solamente como extrema ratio y, por consiguiente, disminuye el número de delitos que se cometen. Y la mafia ciertamente no ha renunciado a los sistemas tradicionales, comprobadamente eficientes, para confirmar y consolidar el control del territorio y recuperar el consentimiento (aunque sea coactivo) o por lo menos la tolerancia (adoptando por ejemplo la regla de “pagar menos, pagar todos” en el sector de los chantajes, que se ha ampliado, pero que resulta ser menos excesivo para un solo empresario).
Después de unos años, la mutación de la estrategia de la mafia se ha entendido como fin de la mafia. Y he aquí otra vez la subestimación, los atrasos, los pasos atrás, la desatención, la baja de presión, incluso la eliminación del problema mafia, la cual se ha aprovechado puntualmente e inexorablemente, volviéndose más fuerte y potente a nivel económico, político y militar. Un sistema de poder, el mafioso, que ha sobrevivido a su peor momento de crisis y que durante los años a seguir se ha vuelto más fuerte, hasta el punto de poder afirmar, sin temor a que nos desmientan, que hoy “las mafias” (no solo la siciliana, sino también la “campana”, de la Region italiana “Campania” y sobre todo la “calabrese”, de la Región italiana “Calabria”, son fuertes como nunca en la última década.
En este contexto se han desplegado las más duras campañas de desinformación y de agresión contra los magistrados quienes no han hecho más que lo que normalmente cualquier magistrado debiera hacer, es decir, intentar aplicar la ley de manera imparcial, sin reservar un trato favorable a los potentes, aplicando el principio constitucional de la igualdad de todos los ciudadanos frente a la ley. Campañas que han llegado al vértice cuando han sido aprobadas algunas leyes que tenían como objetivo el de limitar el poder de los magistrados. En algunos casos se ha llegado al punto de promulgar leyes sacadas de casos judiciales individuales o para penalizar a algún magistrado en particular (c.d. “leyes ad personam” y “leyes contra personam”, como esa ley que tenía como objetivo impedir que un magistrado como Gian Carlo Caselli fuera nombrado Procurador Nacional Antimafia, porque se le consideraba culpable de haber puesto bajo proceso a algunos hombres políticos potentes y famosos por relación con la mafia).
No se trata de una historia completamente nueva, es un deja vu. El objetivo es siempre el mismo: castigar a quien ha osado aplicar la ley igual para todos, violando la regla que no está escrita según la cual hay algunos que son más iguales que otros y por lo tanto hay que tratarlos de forma distinta.
Por que un deja vu?. Porque, para quedarnos en el tema de la magistradura antimafia, muchos en Italia hoy recuerdan con emoción figuras desaparecidas de magistrados-mártires como Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, pero pocos están dispuestos a recordar que Borsellino, por ejemplo, a quien todos habían apoyado cuando se trató de nombrarlo Procurador en Marsala, fue duramente atacado por parte de hombres políticos y de “politicólogos (periodistas que comentan hechos políticos), cuando denunció durante una intervención en público y en un par de entrevistas, el bajón de la presión en la lucha contra la mafia y el desmantelamiento del pool antimafia. Y Borsellino fue atacado también porque había violado otra “ley que no estaba escrita”, esa que dice que “la ropa sucia se lava en familia”: Ay de quien lo hacía a través de intervenciones públicas. Sin embargo, explicó Borsellino años después, “el pool antimafia tenía que morir así, ante la opinión pública, no en las habitaciones secretas del poder. Y así fue que Falcone, a quien todos aplaudían cuando mandaba bajo proceso a asesinos y traficantes de la mafia, pero a quien muchos atacaron apenas dió inicio a los procesos contra algunos “cuellos blancos”. Es siempre la misma historia desgraciadamente, que parece que se repite ciclicamente, a pesar de todo.
Y hoy? Hace dos meses, Bernardo Provenzano, después de 43 años de prófugo, ha sido arrestado en una casa de campo en Corleone, el pueblo donde nació. Un hecho importante e histórico, pero no capaz de cambiar la fisonomía de la mafia y de sus estrategias.
Es difícil formular hipótesis ahora sobre el futuro de la mafia y de sus estrategias y establecer un balance definitivo de un periodo tan importante y complejo. Toca en el futuro por ejemplo, la decisiva batalla para contrarrestar el fenómeno de la globalización de la economia mafiosa a través del mercadomás grande de la economía ilegal. El desafío más importante del futuro está en la capacidad por parte de los Estados y de las legislaciones nacionales de renunciar a un pedazo de “soberanía nacional” a favor de reforzar los instrumentos supranacionales de contraste a la criminalidad transnacional. Pero un desafío no menos importante del futuro es el de conseguir derrotar el fenómeno mafioso, transformar la economía ilegal en economía legal.
En este sentido, una señal tangible de progreso lo representa la “otra Sicilia” y la “otra Italia”, esa parte del país que se ha puesto del lado de los magistrados incluso en los años más difíciles y que nunca ha cedido. La Sicilia de los jóvenes que trabajan en cooperativa en las tierras confiscadas a la mafia y que comercializan pasta, vino y aceite producido en esas tierras, sustraidas a la economía mafiosa y que han sido transformadas en tierras de la legalidad. La Sicilia de los párrocos -coraje que trabajan en los barrios más difíciles de Palermo. La Sicilia de los profesores y de los estudiantes que todos los días realizan con entusiasmo en las escuelas de todos los niveles muchísimas iniciativas antimafia.
La Italia de muchísimas asociaciones de voluntariado que han creado en todo el territorio nacional una cultura concreta de la legalidad y un empeño auténtico antimafia para construir de verdad otra Italia.
Para dar más fuerza a esta Italia “nueva” y de la legalidad es necesario el apoyo de la opinión pública nacional e internacional. En particular, estoy convencido de que es posible enfrentarse a un poder mafioso cada vez más internacional solo mediante un movimiento antimafia internacional, un movimiento antimafia que se traduce en iniciativas internacionales para obtener por parte de las Instituciones internacionales compromisos concretos precisos y acciones concretas. Por esta razón estoy convencido de que depende de todos nosotros y de todos vosotros el que se haga realidad la profecía de Falcone (la mafia, como fenómeno humano, ha tenido un inicio y tendrá un final), aunque se trate de un contexto internacional así de complejo, cada uno de nosotros puede tener un rol y tiene una responsabilidad. El final de la mafia depende de cada uno de nosotros, ciudadanos del mundo.

Antonio Ingroia

 

Ponencia de Leonardo Guarnotta
(Presidente del Tribunal de la ciudad de Termini Imerese de la provincia de Palermo)

LA LUCHA CONTRA LA MAFIA (ASOCIACIÓN PARA DELINQUIR)
“COSA NOSTRA”.
LA EXPERIENCIA DEL POOL ANTIMAFIA
DE LA OFICINA DE INSTRUCCIÓN DEL TRIBUNAL DE PALERMO

Un saludo cordial a todos los que han intervenido y un sincero agradecimiento al Dr. Juan Alberto Rambaldo por la invitación, que de verdad he apreciado mucho, para participar como expositor en el “Congreso Internacional en la lucha contra la Mafia y la Corrupción” y por el privilegio y el honor, que van más allá de mis modestos méritos, de haberme invitado como representante de la magistradura italiana a este gran simposio de autoridades y en esta noble y gran nación.
Pasando ahora al tema de mi exposición y para entender mejor y con más profundidad los hechos que ahora trataré, es necesario que de algunas informaciones y precisiones de naturaleza técnico-profesional.
De hecho, es necesario, precisar que durante el período del pool antimafia, estaba vigente el precedente código de procedimiento penal que contemplaba dos formas de instrucción de los procedimientos penales: el sumario – que era competencia de los magistrados del Tribunal de la República (llamados fiscales) y estaba reservado a algunos tipos de delitos que incluían investigaciones de rápida resolución - y la otra formal, en manos de los magistrados de la oficina de Instrucción del Tribunal y reservada para todos los demás delitos que importen investigaciones más largas y complejas.
Durante el curso de una instrucción formal, el fiscal colaboraba con el juez instructor a quien presentaba sus peticiones en objeto, por ejemplo la audiencia con los testigos, nombramiento de los peritos, emisión de la orden de comparecencia o de captura y una vez concluídas las investigaciones, formulaba sus peticiones definitivas, sobre la absolución o encausamiento del imputado ante el Tribunal o ante la Corte de Asís y enviaba su requisitoria al juez instructor, quien, sobre la base de los elementos fruto de la investigación realizada emitía, según los casos e incluso independientemente de las peticiones del Fiscal, la sentencia de absolución o la orden de encausamiento del imputado o de los imputados para responder de los delitos impugnados.
La oficina de Instrucción de los procedimientos penales ha continuado activa hasta la entrada en vigencia, el 28 de octubre 1989, del nuevo código de procedimiento penal que contemplaba la supresión de la misma, dejando las investigaciones procesales en manos de la Oficina del Tribunal de la República, dentro del mismo Tribunal. De esta forma la indagatoria que antes era escrita y secreta, se convertía en pública y oral, como lo es todavía hoy, dado que, mientras antes la prueba se formaba dentro de las oficinas cerradas del juez instructor y después pasaba a manos del juez de vista, ahora, la prueba se forma en el procedimiento contradictorio de ambas partes en una vista ante un tercer juez, por encima de ambas partes, según las normas del así llamado “proceso justo”, introducidas recientemente en el art. 111 de la Constitución.
Hecha esta premisa necesaria con respecto a los procedimientos, ha llegado el momento de hablar del tema central de mi exposición para explicar porque y como ha sido constituído el pool antimafia, un órgano judicial que no estaba contemplado dentro del código de procedimiento penal vigente en ese período.
La iniciativa fue de dos consejeros responsables de la Oficina de Instrucción del Tribunal de Palermo, primero el difunto Dr. Rocco Chinnici (asesinado por la mafia el 29 de julio 1983 por manos de Giovanni Brusca, potente “hombre de honor” de la “familia” de San Giuseppe Jato) y después su sucesor, el inolvidable Dr. Antonino Caponnetto (fallecido en el 2002), quienes concibieron y pusieron en práctica el proyecto, totalmente innovador, de poner a cargo de las investigaciones relacionadas con el fenómeno de la criminalidad organizada de tipo mafioso a un grupo de jueces de forma que, trabajando en estrecha relación entre ellos, fuera posible intercambiarse noticias e informaciones continuamente sobre las indagaciones de las cuales cada uno de ellos se estaba ocupando y así cada uno de ellos tendría conocimiento del patrimonio de noticias que los demás colegas habían obtenido cada uno por su cuenta.
La estrategia que se pretendía poner en práctica era, por consiguiente, la de formar un grupo de magistrados, al principio verdaderamente reducido, que intentara por primera vez restablecer, respetando totalmente las normativas penales-procesales, el predominio del derecho y de la legalidad contra la violencia, la arrogancia y la insolencia ahora ya intolerables de la criminalidad común y, sobre todo, de la mafia, es decir de la Asociación para delinquir denominada “cosa nostra” como después se sabrá gracias a las declaraciones de Tommaso Buscetta, colaborador histórico de la justicia, “hombre de honor” carismático de la “familia” palermitana de Porta Nova.
Antes de ese momento, de hecho, se conocía de forma fragmentaria y parcial la organización y como funcionaba “cosa nostra” y, por consiguiente, la acción represiva y de castigo por parte del Estado era esporádica y discontinua y miraba sobre todo a atacar, con resultados claramente decepcionantes (basta pensar en las numerosísimas absoluciones por insuficiencia de pruebas con las cuales, en los años 60 y 70, se concluyeron los procesos de Catanzaro y Palermo a cargo de cientos de mafiosos) las manifestaciones criminales en su individualidad, considerándolas bajo una óptica subdividida y descontextualizada del concepto unitario del fenómeno mafioso, que efectivamente estaba subvalorado, quizás inconcientemente, pero de cierto culpablemente, por parte de quien hubiera debido encargarse y preocuparse de que si era verdad, como realmente es verdad, que alguien decía que la mafia no existía.
Sin embargo, en marzo del 1973, Leonardo Vitale, el llamado proto-arrepentido había delineado, en un acta de informaciones sumarias firmada por el entonces comisario de la Policia del Estado Bruno Contrada, el organigrama de la asociación mafiosa de ese período, diciendo nombres y apellidos de muchos amigos y de personas cercanas a las mismas, como por ejemplo Vito Ciancimino, que después será elegido alcalde de Palermo, así se adelantaban por más de diez años las buenas, pero aún más numerosas y precisas revelaciones de Tommasso Buscetta.
Pero Leonardo Vitale no había sido considerado totalmente compos sui y fue condenado por los delitos cometidos y confesados e internado en un manicomio judicial del cual fue dado de alta en diciembre del 1984, mientras no se emprendió ninguna acción judicial contra las personas a las cuales el mismo habia hecho alusión.
Unos dias después de su regreso a Palermo, la mafia castigó con la muerte su “traición”.
Volvamos al pool anti-mafia de la oficina de instrucción de Palermo y, en particular, a su constitución y formación inicial. Diré que entré a formar parte del pool en marzo del 1984, porque me había llamado Antonino Caponnetto para trabajar al lado de los colegas Giovanni Falcone, Paolo Borsellino y Giuseppe Di Lello, quienes ya habían emprendido el camino juntos.
Así, he tenido el privilegio de trabajar mucho tiempo, muy de cerca y con unas condiciones difíciles con colegas verdaderamente fuera de lo normal y de vivir con ellos y gracias a ellos una experiencia judicial única e irrepetible que me ha enriquecido a nivel profesional y me ha marcado profundamente a nivel humano.
Un aporte grande y determinante para las investigaciones que el pool antimafia llevaba adelante lo dieron las colaboraciones de Tommasso Buscetta, Salvatore Contorno, Antonino Calderone, Francesco Marino Mannoia, hombres de honor que han pasado a estar de parte del Estado y que tomaron esta decisión porque no creyeron ya más en “cosa nostra” y comprendieron que no valía la pena rendir honores a los principios de una organización que había revelado su verdadera cara criminal de la peor especie y en cuyos “valores” (obviamente se entiende en sentido negativo) ya no se reconocían.
Pero atención, para evitar cualquier malentendido, tengo que subrayar que no se debe pensar que alguno de los que antes he mencionado ha sido presionado para colaborar, porque se quedo fulminado en la “via de Damasco” o porque se convenció por razones de ideales, o que se ha unido a “cosa nostra” con el presupuesto erroneo de que se trataba de una organización que defendía a los más débiles.
Queremos solamente precisar que la degeneración de los principios tradicionales de “cosa nostra” (las llamadas “reglas del juego”) y la toma de poder por parte de crueles y feroces asesinos (los “corleoneses” de Salvatore Riina, Bernardo Provenzano y Leoluca Bagarella) sin ningún vinculo solidario sino el de la ganancia, les han llevado a comprender que el respeto de la ley del silencio ya no tenía sentido.
Y la experiencia madurada a este respecto nos convenció de que teníamos razón en pensar que ahora ya la llamada ley del silencio era cada vez menos el fruto de una adhesión convencida a una subcultura y, cada vez más, el fruto del terror, del miedo, de la violencia y de la intimidación por una parte y del propio interés egoista y de objetivos utilitarios por la otra.
Las declaraciones de Tommasso Buscetta, Salvatore Contorno, Antonino Calderone y Francesco Marino Mannoia, avaladas por las pruebas objetivas adquiridas, han hecho posible por un lado, romper el muro de la ley del silencio, que ha representado uno de los pilares maestros de la existencia misma de “cosa nostra” desde hace más de doscientos años y por otra parte adquirir un conocimiento real del fenómeno mafioso en su totalidad, permitiendo así de subir el telón de un escenario que hasta ese entonces se había solamente imaginado, intuído o entrevisto.
Pero ¿cuál es la definición del término “mafia” a la luz de las complejas investigaciones que se han realizado?
Mas allá de los estereotipos que derivan de “lecturas” o de “interpretaciones” periodísticas, televisivas o cinematográficas del fenómeno, que pueden dar un significado mistificante del mismo, la definición del término mafia, como se deduce de las declaraciones de los primeros colaboradores de la justicia, es la que hemos considerado oportuno de introducir en la sentencia-ordenanza del 8 de noviembre 1985 (que dio vía libre al proceso llamado “maxi-uno” en contra de alrededor de 470 “hombres de honor” que se celebró en Palermo a partir del 10 de febrero 1986 hasta el 16 de diciembre 1987) donde escribimos: este es el proceso a la organización mafiosa llamada “cosa nostra”, una peligrosísima asociación criminal que con la violencia y la intimidación sembró y siembra muerte y terror”.
Pero¿qué es, entonces, “cosa nostra”?
El renovado empeño indagatorio en manos de profesionales más calificados y que tienen a disposición técnicas de investigación mas sofisticadas, nos permitió una aproximación correcta al fenómeno mafioso, inspirado en la necesidad reconocida de encuadrar los episodios criminales específicos en la lógica y en la dinámica de la organización criminal de la cual estas son expresiones.
En este contexto se introduce la colaboración de algunos imputados de extracción mafiosa que hizo posible verificar la validez de los resultados obtenidos, ofreciendo al mismo tiempo una llave luminosa sobre el interior del fenómeno mafioso y dando un impulso mayor a las investigaciones.
Así hemos podido sostener en la sentencia de primera instancia pronunciada por el Juez Instructor(Sentenza Ordinanza) del 9 de noviembre 1985 (y en las tres sucesivas) que “cosa nostra” es una asociación criminal particular que no ha sido, y no lo es tampoco hoy, una organización criminal comun, mas bien un propio y verdadero “Estado” ilegal que actúa dentro del Estado legal.
“Cosa nostra” es una organización articulada y compleja pero con una unicidad sustancial, con rigurosas “jurisdicciones” y con un control total de las actividades económica-criminales en los territorios de los cuales se considera “soberana”.
En otros términos “cosa nostra” consta de una estructura estática con una linea rigurosamente verticista y piramidal y con un epicentro en Palermo, sede del organismo directivo y deliberativo de la asociación, denominado “Cupula” o “Comision”, cuyos miembros (los distintos jefes de los distritos) eligen las estrategias a seguir para mantenerse en vida y para la gestión de la asociación y deciden los delitos más graves, para tutelar los intereses de toda la organización.
Contrariamente de lo que se cree ha sido posible comprobar que la mafia isleña (de Sicilia) no es una estructura formada por asociaciones independientes y a menudo en contraste entre ellas, sino más bien una organización, que aunque sea articulada y compleja, goza de una unicidad sustancial, por lo cual los conceptos como el de la “germinación espontanea del fenómeno mafioso” no corresponden a “cosa nostra”.
Uno de los resentimientos no vedados, de los cuales hemos dado testimonio en la Ordinanza Sentenza del 8 de noviembre 1985, es fruto de haber constatado que la opinión discordante de otros magistrados había roto en el pasado el frente unitario de las investigaciones, haciendo que la lucha contra la mafia fuera más débil.
En la disposición que hemos mencionado antes: “no haber sabido captar hasta hoy la unicidad del fenómeno, no obstante sus complejas articulaciones, ha impedido de atribuir los datos que emergían de las investigaciones de distintos hechos criminales hacia una sola causa”.
Pero además del organismo directivo y deliberativo, es decir la “Comision Provincial”, la estructura “estatal” de la organizacion tiene también un territorio, rigurosamente dividido en zonas geográficas.
Dicho territorio, salvo muchos otros territorios externos en Italia y en otros Estados (no hay que olvidar que la mafia es un fenómeno criminal internacional) se identifica con Sicilia y esta dividida, según el tamaño, en provincias, distritos y familias.
Los organismos que están en la cumbre de “Cosa Nostra” son por consiguiente las Provincias que se coordinan entre ellas a través de un organismo de conexión, llamado Región.
La más estructurada organicamente de todas las provincias es la de Palermo, gobernada por una “Comisión” provincial, que ha tenido siempre la posición principal de respeto respecto a las demas.
Pero “cosa nostra” tiene también una población, formada por “hombres de honor” (asi se llaman los miembros de la asociación) miembros de las distintas “familias” (grupos de soldados que actúan en cada uno de los muchos barrios de Palermo), reclutados mediante una rigurosa selección, basada en comprobar las “cualidades” criminales de los que estan por enrolarse.
Antes de ser considerado formalmente “hombre de honor” (y de consecuencia permitirle de conocer totalmente la organizacion, su estructura y sus normas de comportamiento), un “hombre de honor” vigila atentamente al “aspirante enrolado” durante mucho tiempo, observa y estudia su personalidad, su comportamiento y las “cualidades” que demuestra en acciones criminales, como por ejemplo, robos, atracos, incendios y demás.
Una vez comprobado que la persona tiene todos los requisitos para entrar de lleno en la organización, el hombre de honor pide al jefe de su propia familia la autorización para “tenerse esa persona consigo” y de consecuencia que participe en acciones criminales que se cumplan para beneficio de “cosa nostra”.
La categoría de los reclutados (es decir las personas destinadas a convertirse en “hombres de honor » es muy importante para la continuidad misma de « cosa nostra ».
Efectivamente uno de los principales motivos de la fuerza y de la continuidad histórica de « cosa nostra » es precisamente el hecho de que esta organización, incluso durante los períodos de fuerte represión judicial y del arresto de muchos jefes y « hombres de honor »es capaz de reemplazar sus propios ejecutivos, a traves de la categoría de los « afiliados ».
En conclusión « cosa nostra » cuenta, por decirlo de alguna manera, con un “ordenamiento jurídico” constituído por normas de comportamiento que todos los asociados deben de respetar indefectiblemente y que están garantizadas mediante un sistema de sanciones que dependen de la gravedad de las violaciones (suspensión, expulsión, muerte).
Para verificar las eventuales responsabilidades, « cosa nostra » lleva a cabo “investigaciones” rápidas y a fondo, de manera que no se pueda cometer ninguna acción en el territorio de una “familia” sin que la organización sepa, casi en tiempo real, los motivos y los autores, de manera que pueda analizar el caso y, si es necesario, aplicar las sanciones necesarias.
El único organismo de justicia para todos los hombres de honor es la Comisión.
Esta es en general la estructura interna de « cosa nostra » que ha permanecido sustancialmente inmutable hasta hoy.
Para volver al tema del trabajo realizado por el pool antimafia, puedo decir que las complejas investigaciones realizadas han tenido como objetivo los años setenta y los primeros años de los 80 hasta el 1987: junto con la eliminación de magistrados y funcionarios del estado las sentencias-ordenanzas emitidas por el pool han tenido en consideración las “actividades” de “cosa nostra” como el tráfico de sustancias estupefacientes, el secuestro de personas, atracos, extorsión mediante la imposición del “pizzo”, es decir, del pago de cantidades de dinero a los comerciantes, empresarios y profesionales que realizan sus actividades en el territorio que esta bajo la “jurisdicción” de las numerosas “familias” mafiosas que actuan en Palermo y su provincia.
Las investigaciones del pool antimafia han hecho posible echar luz sobre la llamada guerra entre la mafia que se combatió entre el 1980 y el 1983 en el curso de la cual fueron asesinados por manos de los corleoneses de Riina y Provenzano, “hombres de honor” adversarios, como Stefano Bontate y Salvatore Inzerillo, además de otros muchos delitos atroces, una bárbara cadena de venganzas que ensangrentó la ciudad de Palermo en nombre del predominio hegemónico de una facción de la mafia, la del clan de los Corleoneses.
Desgraciadamente, estos delitos fueron considerados con indiferencia durante demasiado tiempo, objetos del consumo delictivo, como si fueran una consecuencia natural de un juego violento que, no obstante todo, tenía que suceder o, todavía peor, con la satisfacción del cinismo, como si esos pobres cuerpos estrangulados, desfigurados, encapuchados o deshechos en el ácido, asesinados de la manera más atroz, no pertenecieran también ellos a la comunidad humana y no fuera el deber de la sociedad civil impedir esa masacre.
Por lo tanto, el mérito más grande de la actividad incesante, compleja, articulada y difícil de las investigaciones del pool antimafia ha sido el de definir una vez por todas, la estructura interna de la organización mafiosa “cosa nostra” y este planteamiento ha sido reconocido en la sentencia de Casación del 30 de enero 1992, con la que se elaboro la sentencia sobre el primer gran proceso al Ghota mafioso.
De esta manera, se pudo constatar indiscutiblemente y definitivamente que “cosa nostra” es un verdadero poder criminal que actúa como anti-estado dentro del Estado, atenta contra su seguridad y lo ofende gravemente cometiendo delitos crueles que tienen como objetivo privarlo del trabajo de sus fieles servidores (policías, magistrados, funcionarios públicos) y minar los cimientos de la administración de la justicia, del orden constituido y de la seguridad pública en algunas zonas de nuestro país, de manera que el rol de las Instituciones de la República parezca debilitado, o incluso dividido, con efectos subversivos contra las Instituciones mismas y contra la sociedad civil.
No obstante esta situación real y dramática, eramos conscientes de que no era necesario adoptar medidas escepcionales, en el sentido de una derogación a los principios fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico, sino más bien medidas especiales políticas, administrativas y legislativas, las cuales, siempre respetando los principios constitucionales, permitieran a la magistradura y a las fuerzas del orden de contrarrestar mas adecuadamente y de eliminar la amenaza que la criminalidad organizada representaba para el orden constituído y para la seguridad de los ciudadanos.
Estábamos totalmente convencidos de que emprender una empresa de esa envergadura no podía ser solamente de la magistradura y de las fuerzas de policía, sino que tenía que ser el fruto de un esfuerzo compartido, concorde y solidario por parte de todas las componentes de la sociedad civil.
No servirían de nada la prevención y la represión sin una profunda y sentida revolución moral, para ello el Estado tendría que garantizar un nivel de seguridad y de operatividad adecuado.
Nuestro Legislador hizo un tesoro de la experiencia madurada por el pool antimafia del Tribunal de Palermo, organismo instituído de facto, ya que no estaba previsto por nuestro ordenamiento jurídico, y consciente de los resultados apreciables obtenidos gracias a la técnica y a los metodos de investigación puestos en acción por dicho organismo, emitio medidas oportunas mediante las cuales:
Otorgó a la Oficina del Ministerio Público(fiscal) que corresponde al Tribunal de la capital del distrito de Corte de Apelación, en cuyo ámbito ejerce el juez competente, la cognición de los delitos, consumados o intentados, de asociación para delinquir de tipo mafioso, de secuestro de persona con fines extorsivos, de los delitos cometido, valiéndose de las condiciones previstas por el articulo 416 bis del cdigo penal, es decir facilitar la actividad de las asociaciones previstas por dicho artiículo, de los delitos de asociación para delinquir con la finalidad al tráfico de sustancias estupefacientes; la constitución de la Dirección del Distrito Antimafia (D.D.A.) en algunos Tribunales de la República, en la que ejercen su función magistrados elegidos por sus aptitudes específicas así como por su experiencia profesional, asi como había sido cuando se constituyó el viejo pool antimafia de la oficina de instrucción que fue suprimida; la institución de la figura del Procurador Nacional Antimafia que tiene la funcion de dar impulso y coordinar las actividades de indagación en todo el territorio nacional en relación a los procedimientos para los delitos indicados en el articulo 51, coma 3 bis del código de procedimiento penal, con el objetivo de asegurar la conexión entre las diversas Autoridades Judiciales que tienen que ver con las indagaciones concernientes al mismo delito o más personas implicadas en procesos que competen a dichas Autoridades, que a menudo desconocían la una de la otra por falta de comunicación o de intercambio de informaciones; la constitución de la Dirección de Investigación Antimafia (D.I.A.), un grupo de cooperación recíproca formado por expertos calificados que pertenecen a la Policía de Estado, al arma de los “carabinieri” y a la Policía de finanzas, que actúan estrechamente en contacto con los Tribunales de la República.
La aprobación de una ley gratificante para los colaboradores de la justicia, los llamados “arrepentidos”, cuyas declaraciones contribuyan de manera determinante a conocer la dinámica interna de “cosa nostra” y a individualizar miembros de dicha organización así como personas responsables de graves hechos de sangre daño de magistrados, policías y funcionarios del Estado, los denominados “delitos exclusivos”.
Es decir que el poder politico, finalmente, habia tomado conciencia de la impostergabilidad de la adopción de medidas adecuadas con el objetivo de detener la difusión de la criminalidad común y la de tipo mafioso, después de haber considerado que la ramificación profunda y difundida del poder mafioso en los ganglios vitales del tejido socio-político-económico imponía la exigencia, ahora ya inevitable, de pasar, del campo a menudo estéril y sin frutos, de la denuncia político-moral sin salidas institucionales y de la cultura de delegar a otras personas, al plan de los análisis y de las propuestas técnico-jurídicas para fundar una política criminal moderna que supiera articular la respuesta institucional en todos los niveles del sistema normativo.
En estos últimos años la lucha contra la mafia ha sido caracterizada por vicisitudes alternas que han visto el bárbaro homicidio de los colegas Giovanni Falcone y Paolo Borsellino y los atentados con dinamita en Roma, Florencia y Milan, ideados por la cumbre mafiosa, pero también el arresto de prófugos de la clase de Salvatore Riina, Leoluca Bagarella, y último, Bernardo Provenzano, considerado el jefe indiscutible de “cosa nostra”, arrestado el 11 de abril de este año, después de casi 43 años de prófugo, gracias al trabajo sofisticado y preciso del servicio de inteligencia y al esfuerzo perdurabley admirable de un puñado de policías de la jefatura de Palermo, muy calificados y especializados, coordinado por los magistrados de la Dirección del Distrito Antimafia del Tribunal de la República de Palermo.
El arresto de estos “hombres de honor” de la cúpula de “cosa nostra” y la tarea continua de saneamiento del territorio de la imposición sofocante del “pizzo” (soborno), es decir, el pago de cantidades de dinero por parte de comerciantes, empresarios y profesionales a los mafiosos, no deben hacer creer que la lucha contra “cosa nostra” este por ser vencida finalmente.
La sociedad italiana no se librara de este cancer, de esta zizaña infectada, de esta corrupción perversamente arraigada en su tejido socio-económico-político mientras siga siendo auto-indulgente y tolere con facilidad dentro de si misma actitudes paternalistas, clientelares, conformistas, conservadoras, ilegales y no legales, en pocas palabras, actitudes mafiosas y paramafiosas.
Por esta razón la partida, es decir, la lucha contra la mafia, se juega en la cotidianidad de las relaciones humanas, en las escuelas, en las facultades universitarias, en los hospitales, en las oficinas públicas, en las empresas comerciales, en los bancos, en las cosas que elegímos, individuales o colectivas, sin excluir las elecciones políticas.
A este propósito, desgraciadamente, nos llegan señales contradictorias porque junto a personas que encarnan sin lugar a dudas la cultura de la participación activa, sobreviven personajes que representan esa forma de ver y de vivir la vida que no se diferencia para nada o casi para nada, a la filosofía de la mafia, personajes demasiado parecidos antropologicamente a los Provenzano y para quienes los valores y las normas son espejos de colores o, en el mejor de los casos, ideas retóricas para discursos oficiales.
Para terminar mi exposición, permitidme de dedicar un pensamiento lleno de emoción a los colegas Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, asesinados por manos de la barbarie mafiosa, los cuales administraron la justicia en nombre del Pueblo Italiano prodigando los tesoros de sus inteligencias, de su gran equilibrio, de su altísima profesionalidad y de su gran humanidad.
Los insustituibles e irrenunciables valores de justicia, legalidad y respeto de los derechos humanos por los cuales los inolvidables colegas han sacrificado el bien supremo de la vida, constituyen el testamento moral que todos nosotros deberíamos de cumplir.
Y el mejor modo para recoger el mensaje que nos han dejado es el de hacer nuestro deber cada dia, no importa cual sea el rol, modesto o importante, que cada uno de nosotros tiene en la sociedad, a pesar de los obstáculos, de las presiones, de las dificultades, de las adversidades diseminadas en nuestro camino, porque yo creo firmemente que el verdadero sentido de la dignidad de un hombre esta en hacer nuestro deber siempre y a pesar de todo.
Si no somos capaces de seguir su fulgido ejemplo, si seguímos prestando atención solo a nuestros intereses y permanecemos indiferentes ante lo que sucede a nuestro alrededor y que no nos toca o no nos daña personalmente, fingiendo de no ver u oir, el sacrificio de Giovanni Falcone y de Paolo Borsellino y también de los demas 25 magistrados asesinados durante treinta años por parte del terrorismo y de la criminalidad mafiosa, habrá sido en vano y será como si murieran por una segunda vez.
Concluyo mi exposición con el debido y sincero homenaje a la tierra de Argentina que, en tiempos pasados, ha acogido con amistad y con gran disponibilidad, a miles de inmigrantes italianos, quienes hoy constituyen una tercera parte de la población argentina y contribuyen al progreso y al desarrollo de esta noble Nación que comparte con Italia su origen esencialmente latina y católica.
Muchas gracias a todos vosotros y buena suerte.

Leonardo Guarnotta

 


 
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