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diamantes_mugabePIEDRAS PRECIOSAS PARA PAGAR GUERRAS
La guerrilla angoleña obtuvo más por los diamantes que por la ayuda de EEUU y Sudáfrica - La Liberia de Taylor financió el conflicto de Sierra Leona
LALI CAMBRA - Ciudad del Cabo - 06/08/2010
Un dicho muy difundido en los años noventa sobre la guerra civil que arrasó Angola: "El Gobierno tiene el petróleo, pero [la guerrilla de] UNITA, los diamantes". Muchos. Se calcula que la organización de Jonas Savimbi consiguió más dinero mediante la venta ilegal de diamantes que el recibido desde Sudáfrica y EE UU, países que respaldaban a esta guerrilla. En Sierra Leona, los rebeldes del Frente Unido Revolucionario (RUF) iniciaron el comercio con diamantes a mediados de los noventa. Los intermediarios operaban desde y con apoyo de la vecina Liberia. Presidía entonces Charles Taylor.
Los conflictos en Angola y Sierra Leona sirvieron para bautizar como diamantes de sangre las piedras preciosas de países en guerra cuya venta financia los conflictos bélicos. Desde 2000, los países productores de diamantes se han comprometido en el Proceso de Kimberley, que certifica que las piedras que llegan al mercado internacional proceden de fuentes legítimas. Sin embargo, la credibilidad del Proceso de Kimberley se ha visto dañada en el último año. Zimbabue permanece en el acuerdo pese a haberse documentado abusos por parte de su Ejército contra los mineros y la población local.
Ya lo dijo Naomi Campbell. Los diamantes en bruto son piedras pequeñas y sucias. Fáciles de transportar y con un valor inmenso: los expertos calculan que solo en 1999 los rebeldes de UNITA controlaron 228 millones de euros en piedras. Los diamantes procedentes de la República Democrática de Congo (RDC) suponen más de 53 millones de euros anuales. Los compradores utilizaban para llegar a la mercancía redes regionales, países vecinos y connivencias de líderes que apoyan a los rebeldes.
Los diamantes se pagaban generalmente en metálico, aunque en ocasiones se establecía una relación triangular que no oculta el canje de diamantes por armas. Las armas luego recorrían el mismo camino que los compradores de diamantes. En el caso de Angola, a través de Zaire (hoy RDC), República Centroafricana, Namibia, Sudáfrica o Congo-Brazzaville. Desde este país se hacían pasar parte de los diamantes que llegaban a Bélgica, donde se halla el mayor centro de tallado de piedras de Europa, en Amberes.
Congo-Brazzaville no tiene minas de diamantes. En el caso de Sierra Leona, la Liberia de Taylor era el sitio de paso obligado, opina el analista Christian Dietrich. En la conflictiva RDC, comerciantes libaneses llegaron a principios de 2000 con permiso de Uganda y Ruanda, según Dietrich. No pocas de las piedras congoleñas llegaron a Europa con el origen falsificado: la producción de diamantes en la vecina República Centroafricana es de 46 millones de euros anuales, pero las importaciones a Europa en 2000 triplicaron tal cantidad.
Fue ese año cuando la industria del diamante temió un boicoteo del consumidor: se popularizaba el concepto de diamante de sangre. Los países mineros (el 55% de la producción procede de países africanos que, a excepción de Sudáfrica y Botswana, apenas disponen de industrias de corte y pulido, por lo que deben exportar) iniciaron el Proceso de Kimberley, que se pondría en marcha en 2003. Se trataba de que los Gobiernos otorgaran una certificación sobre el origen limpio de los diamantes. Es un proceso que depende de la voluntad y capacidad de los Estados de controlar sus fronteras y su mercado interno.
Importante es que los centros de comercio internacionales compren diamantes certificados. Pero la credibilidad del Proceso de Kimberley -que asegura que el comercio con diamantes de países en conflicto ha caído de un 3% a un 0,2% en los últimos años- ha encajado un duro golpe por su incapacidad de lidiar con la Zimbabue de Robert Mugabe. En 2006 se descubrieron diamantes en Marange, en el este del país. El Ejército, según Human Rights Watch, acordonó la zona en 2008 y forzó a civiles a buscar las piedras pistola en mano. Las ONG denunciaron el asesinato de cientos de mineros. Y pese a que los investigadores del acuerdo Kimberley denunciaron la situación, Zimbabue no fue expulsada. Solo se suspendió, en noviembre, la exportación desde Marange. El mes pasado se reanudó la exportación con condiciones. Una muestra de la incapacidad del Proceso de Kimberley para controlar la producción.
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