Esta página web utiliza cookies de carácter técnico propios y de terceros, para mejorar la navegación de los usuarios y para recoger información sobre el uso de la misma. Para conocer los detalles o para desactivar las cookies, puedes consultar nuestra cookie policy. Cerrando este banner, deslizando esta página o haciendo clic sobre cualquier link de la página, estarás aceptando el uso de las cookies.

Italiano English Português Dutch Српски
giorgioalmendras Movilizarse en Paraguay para decir basta al narcotráfico, aliado de los poderes del Estado
Por Jean Georges Almendras

Paraguay. Un país. Asunción. Una ciudad. Su capital. Calor húmedo. Una ciudad viviendo su rutina. Un pueblo sudamericano del 2014. Y en ese pueblo, los buenos y los malos de la sociedad humana. Conviviendo, en una suerte de destino inevitable, que esta vez, desde el 16 de octubre, se tiñó de sangre, en la región de Canindeyú. Más concretamente, en los caminos de tierra de Villa Ygatimí, en un área territorial fronterizo con Brasil, conocido como Ypejhú. La víctima ha sido un periodista: Pablo Medina y una de sus asistentes: Antonia Maribel Almada Chamorro. Ambos, asesinados a balazos disparados con armas de alto poder destructivo. Dos familias han sido destruidas. Dos familias que viven su  dolor en soledad, pero que también es nuestro. La impotencia también es nuestra. Porque somos periodistas libres, como Pablo Medina y su asistente Almada.
Transcurridos 30 días de aquel cobarde ataque los investigadores ya lo han aclarado, pero sorprendentemente no hay detenidos. Una noticia que ya se ha extendido por toda la tierra paraguaya y por todo el mundo. Una situación insólita, si se quiere, pero no por ello irregular, y absolutamente reñida con el Estado de Derecho. Pero los hechos superan las palabras. El autor ideológico del doble crimen y sus sicarios son mafiosos de la zona. Simples lacayos de un poder oculto en las sombras de las calles y los poblados paraguayos. Simples soldados de un sistema criminal protegido y custodiado (o preservado) ¿Por el sistema político? ¿Por funcionarios corruptos del Estado paraguayo?.
Transcurridos 30 días de aquel cobarde ataque nos dimos cita en Asunción. Todos los periodistas antimafia disponibles, de Italia, Argentina, Uruguay y Chile. Viajamos miles de kilómetros para rendirle en su tierra un sentido homenaje al colega caído en el cumplimiento del deber. Un sentido homenaje a un servidor de la verdad. A un profesional de los medios de comunicación que se comprometió  con la causa de la denuncia del narcotráfico, en su tierra. En una zona de riesgo. En una zona en la que los narcomafiosos campean impunemente.
Pablo Medina era nuestro amigo. Nuestro compañero de lucha. En el 2005 tuvo la oportunidad de encontrarse con nuestro director Giorgio Bongiovanni en Asunción. En el encuentro nos habló de su hermano Salvador, asesinado en el 2001. Un encuentro revelador que selló una amistad y un vínculo profesional.
En las primeras horas de la tarde del 16 de octubre la noticia de la muerte de Pablo Medina nos conmocionó a todos. Fue una sacudida indescriptible. Un verdadero terremoto. Un terremoto que marcó un camino. Un camino de mayor unión con Pablo, mucho más allá de la muerte. Y trascendiendo su desaparición física, los ideales de Pablo y su obra de denuncia demoledora se fortalecieron con la dinámica y la perennidad propia de los luchadores que no conocen límites para alcanzar y divulgar la verdad, aún en condiciones de riesgo.

{gallery}marchaparaguay{/gallery}
 
Y esos riesgos, de los que tantas veces habló Pablo, alcanzaron su nivel mortal en aquella fatídica tarde del 16 de octubre, porque Pablo fue emboscado. Fue entregado a sus asesinos por personajes de la oscuridad que le soltaron la mano, dejándolo expuesto y a merced de las fauces de la cobardía mafiosa. Aquel día, Pablo estaba sin custodia policial. ¿Por qué estaba sin custodia policial siendo que era ya voz populi que sus escritos habían ya despertado a la fiera de terrorismo mafioso? ¿Por qué Pablo Medina quedó desprotegido? Pablo confiaba en la empresa de la cual era funcionario desde hace más de 15 años. Pablo sentía que su vida estaba en riesgo, pero también sentía que tenía ciertas garantías por el solo hecho de ser integrante del staff periodístico de uno de los diarios más importantes del Paraguay: ABC Color. Pero de pronto, en medio de su rutina por los territorios linderos con Brasil, recabando información para señalar, con pruebas y evidencias, a los involucrados en el narcotráfico, Pablo seguramente levantó una tapa de la cloaca del mal, hallando en su interior a personajes influyentes (o partícipes) de los sistemas de poder, que no titubearon en accionar los mecanismos apropiados para dejarlo totalmente vulnerable. Y fue así que ese día las balas asesinas fueron disparadas sin  piedad, porque había que silenciar al entrometido, que tuvo la osadía de inmiscuirse en asuntos que pondrían ventilar sin cortapisas, el connubio entre los sistemas de poder del Estado Paraguayo y el hampa del narcotráfico, descansado en la impunidad reinante.
Pero dar muerte a Pablo Medina, y a quien lo acompañaba como su asistente, fue la mayor de las pruebas de la solidez de sus denuncias y el mayor de los errores cometidos por los mafiosos, porque eliminarlo significó abrir las puertas del escándalo y la gota que desbordó el vaso, que puso al descubierto una historia de corrupción y de narcotráfico, asentada impunemente (quizás, gracias a los silencios  y a los desvíos de los poderosos de turno) en la sociedad de Canindeyú con socios muy poderosos en Asunción del Paraguay.
A treinta días de la muerte de Pablo Medina, y mientras los diarios, radios e informativos de televisión, destinan sus primeras páginas y sus primeros bloques de noticias a la muerte de Pablo (con las idas y venidas de las investigaciones a cargo de la Policía y de la Fiscalía) se van sucediendo allanamientos que permiten incautaciones de marihuana y la confirmación de nombres y apellidos de ideólogos, y de responsables materiales del doble crimen. Pero hay más, porque el escándalo se va acentuando e instalando minuto a minuto, y día a día, en los círculos estatales de poder y en el sistema político, desatando inevitablemente, incertidumbres políticas e interrogantes por doquier. ¿Están detenidos los prófugos que han sido identificados y mostrados en diarios y canales de televisión? Para nada. De eso ni hablemos. Y es lo que hace más grave toda la situación.!! Cuánta impunidad!!
Y como  decíamos al comienzo, el vendaval desatado por las garras del poder mafioso, con el costo de dos vidas, nos movilizó íntegramente. Tanto, que organizamos una movilización ciudadana para el martes 18 de noviembre, a las 18 y 30 horas en la Plaza de la Democracia, en pleno centro de la capital paraguaya.
“En repudio de la muerte del periodista Pablo Medina. Justicia Ya. Por el esclarecimiento del asesinato de Pablo Medina y de todos los periodistas asesinados por la narcopolítica instalada en el país. No a la impunidad. Protección al periodismo libre” fueron los titulares del tríptico que repartimos en las calles de Asunción.
Los altos índices de humedad y las altas temperaturas en Asunción  no fueron obstáculo para que los colaboradores y los periodistas de las redacciones de la web Antimafia, de Chile, Argentina, Italia, Uruguay y Paraguay, llegados a tierras guaraníes, volantearan y pegaran afiches, día y noche.  Mucho esfuerzo y mucho amor, por la causa que nos convocaba, se fue desplegando por la ciudad para dar forma a la difusión. Recorrimos diarios, radios y canales de televisión encontrándonos con dirigentes de sindicatos de periodistas y de otros ámbitos. Entablamos contactos a diferentes niveles. ¿Objetivo? Interactuar con el pueblo paraguayo y convocarlo al encuentro.
Pero el capítulo más emotivo, más dramático y más sensible de todos los preparativos de la movilización de la Plaza de la Democracia lo constituyó el encuentro con la familia de Pablo, nada menos que en la zona de Curuguaty y en Coronel Oviedo. Hablamos con su hija mayor. Hablamos con sus padres y con sus hermanos. Y abrazarlos a todos ellos, fue un golpe a nuestro corazón pero al mismo tiempo un bálsamo. Fue como sentir a Pablo. Fue como volver en el tiempo y verlo abrazado a nuestro director Giorgio Bongiovanni en el Congreso Antimafia de Rosario, Argentina, en el año 2009, o en la casa de Omar Cristaldo cuando en el 2005 nos habló de la muerte de su hermano Salvador y de toda su campaña de denuncia al narcotráfico. Por aquellos días le dimos nuestra fuerza, nuestro afecto y nuestro apoyo. Comenzaba una amistad entrañable. Por estos días solo nos resta su memoria, su reconocimiento y los frutos de su perseverante denuncia.
Sus padres: Angela y Don Pablo revivieron con lágrimas la tragedia; recordaron sus años de la infancia y las vivencias de los días previos al atentado. Y pidieron justicia por la muerte de Pablo y por la de sus hijos Salvador y Salomon,  también asesinados por la mafia.  Dyrsen, la hija mayor de Pablo, tuvo la fortaleza suficiente como para hablarnos de su indignación por el crimen y de los pormenores del ataque, sin dejar de recordarlo como un padre maravilloso, pleno de valores y de convicciones para desmantelar  corrupciones.
El día de la movilización se corrieron los velos de la verdad ciudadana y el estrado instalado en un ala de la Plaza de la Democracia fue el estandarte desde donde  reclamamos  justicia para Pablo Medina y Antonia Almada.
Pancartas extendidas entre árboles y columnas del alumbrado público lanzaban a los cuatro vientos consignas enérgicas y sin diplomacias: “No temo las acciones de los malos, temo al silencio de los buenos” y “Aquel que tiene miedo, muere todos los días. Aquel que no tiene miedo, muere una sola vez”, fueron algunas de ellas.
Juan Carlos Paolini, argentino, abrió la movilización. Luego, con Giorgio Bongiovanni llevamos cada una de las instancias del encuentro y cada uno de los oradores se tomó su tiempo para compartir sus reflexiones. Reflexiones profundas apuntando al repudio de los criminales, marcando su cobardía y subrayando con rabia las negligencias del Estado para dar captura a los asesinos.
{gallery}entrevista{/gallery}

Hablaron: Federico Enciso, de la Federación Nacional de Estudiantes Secundarios; el Senador Luis Alberto Wagner; el  Dr. Juan Alberto Rambaldo, juez argentino y a su vez redactor de la web Antimafia argentina; el periodista Antonio Pecci, de Periodistas en Alerta; la Dra. Katia González, Presidenta de la Coordinadora de Abogados del Paraguay (quien además convocó a los presentes a entonar el himno nacional paraguayo); el sacerdote Francisco Oliva; y el Fiscal Penal del Ministerio Público del Paraguay y redactor de Antimafia Paraguay, Dr. Jorge Figueredo.
Nos tocó después leer una muy sentida adhesión del escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano: “Quiero sumar mi nombre a las declaraciones de repudio a las ejecuciones de periodistas y campesinos que están sembrando de horrores mi entrañable tierra paraguaya. Quienes conocemos y amamos ese país sabemos por experiencia que es el terrorismo practicado por el poder el que se enmascara para asesinar impunemente a los que defienden  sus acosadas tierra y su libertad de expresión”
Giorgio Bongiovanni fue mucho más enérgico. Con la fuerza  que requiere la denuncia pública, encaró a los poderes del Estado para que actúen en consecuencia y para que  eviten que el manto de la impunidad caiga sobre el caso Medina. Y luego, fue presentando a cada uno de los familiares de Pablo Medina.
Dyrsen, su hija mayor, fue directa: reclamó justicia y tuvo sus palabras para los propietarios del diario ABC Color, en el que trabajó su padre. Frontalmente les prohibió la utilización de la imagen de Pablo, con fines lucrativos y especulativos. Dos hermanos de Pablo lo recordaron e insistieron en el pedido de justicia. Tras minutos amargos reflejados en los rostros de los integrantes del grupo familiar, Giorgio Bongiovanni dirigió su mirada a las cámaras de televisión para conminar a los asesinos a entregarse a las autoridades y a que señalen la identidad de los verdaderos ideólogos del doble crimen. Claramente un desafío. Un reto al mal. Un reto al crimen organizado, convencido de que detrás de los criminales identificados hay mandantes poderosos ligados a los poderes del Estado. Fueron palabras dichas con firmeza y con rabia. Palabras que eran suyas y también  nuestras. Bien nuestras.
A las 24 horas de conocerse la noticia de la muerte de Pablo Medina, el fotógrafo Giorgio Barbagallo, de Sicilia, Palermo, realizó un documental sobre Pablo Medina. Una realización breve pero contundente. Una realización bosquejada desde el alma y dirigida al alma. Un verdadero homenaje a la vida de Pablo Medina y a su obra de comunicador comprometido con los valores de justicia. Una realización documental que cerró el evento, cosechando emociones y sensibilizando corazones para transformarlos en gritos. Gritos, reclamando justicia.
El pueblo paraguayo no acudió masivamente a la Plaza de la Democracia ¿Por qué? Porque  el miedo impera, aún. ¿Quizás sea más cómodo redoblar esfuerzos, pero en el anonimato?  Creemos que ya es hora de manifestarse. Salir a las calles y a las plazas y ser coherentes con la dignidad humana. Es momento de poner punto final a las arbitrariedades de los poderosos. Es el momento  de darles respuestas firmes y de denunciarlos públicamente.
En los minutos que siguieron al cierre de la movilización, un canal de televisión interceptó el paso a Giorgio Bongiovanni y lo entrevistó en directo. Sus palabras llegaron a los paraguayos. Entonces, la lucha al crimen organizado quedó planteada. Y ahora, ya no hay marcha atrás. Sea todo por Pablo Medina, por Antonia Almada, y por todos aquellos que han sido víctimas. Porque ellos, están vivos. Más que nunca.
20 de Noviembre 2014
 

DVD - Boletines

mensajes secretos es

unalagrima2

boletineslink

Sitios amigos

220X130 mystery

ban3milenio

ILSICOMOROA

bannersitoarca

Sitios relacionados

delcielo box logofunimanuevo2015
lavida box  crop box
catania3 revelaciones box

Libros

ilritorno1 TAPA LIBRO laira
cop dererum1 humanidadtapa
books2 TAPA100
libroicontattiuniti139