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El crimen ha levantado una ola de críticas contra la inseguridad y ha cerrado filas en torno a la causa de Pablo, en un escándalo que ha movido los cimientos de la misma estructura de gobierno.
Pasaron más de dos meses del atentado mortal contra la vida del periodista Pablo Medina, y la Policía no tiene rastros del presunto criminal que ordenó silenciar al hombre de prensa posiblemente en represalia por la serie de publicaciones que le comprometían en el tráfico de drogas.
Se trata de Vilmar Acosta, quien, según denuncias de su propio entorno, juró vengar con sangre una publicación a dos páginas del corresponsal del diario ABC Color de Asunción que desnudaba la vinculación del ex intendente de Ypehú con la producción y comercialización de marihuana.
El nombre de Acosta fue señalado desde el primer momento después del crimen como el presunto culpable moral, lo cual ha sido comprobado con documentos por la fiscalía interviniente, que en base a las evidencias recolectadas ordenó la detención de “Neneco” para rendir cuentas sobre el asesinato de Pablo Medina.
La escasa información que se maneja en torno al presunto asesino indica que estaría oculto en algún lugar del Brasil, bajo la protección de la mafia.
Sin embargo, otras fuentes aseguran que se encuentra en Paraguay, en el mismo departamento de Canindeyú de donde es originario, protegido por políticos de alta gama ligados al narcotráfico (narcopolíticos).
Familiares de Medina llaman la atención sobre la ineficacia de la Policía para encontrar a Acosta.
“En este país se sabe todo”, dijo en su momento Pablo Medina, padre del periodista del mismo nombre, tras llamar la atención por lo que considera “falta de voluntad” para detener al asesino de su hijo.
Fuentes consultadas por La Mira coinciden en que la suerte de Acosta está echada, desde el momento que las evidencias le complican en el crimen, y su detención podría significar más problema que solución para la mafia que maneja el tráfico de drogas.
Pablo Medina, de 53 años de edad, fue asesinado a tiros luego de una emboscada que le tendieron dos hombres que se movilizaban en moto en un camino de tierra de las afueras de Villa Ygatimi, departamento de Canindeyú.
En el atentado también falleció la joven Antonia Almada, quien según los datos oficiaba de asistente periodístico de Medina.
A más de “Neneco”, el Ministerio Público señala como supuesto sospechoso del crimen a Avilio Manuel Espíndola, quien de acuerdo a los informes no registra pedido de captura en su contra, a pesar de las evidencias que pesan en su contra.
El crimen de Pablo Medina desató un escándalo de proporciones en el ambiente político paraguayo, y en especial en el ámbito legislativo, luego de que ganara estado público la vinculación de ciertos parlamentarios con personas dedicadas al tráfico de drogas.
El período de vacaciones se produce en un momento especial de las investigaciones.
Muchos creen que es el momento oportuno para “congelar” la causa y direccionarla al opareí, tal como ha venido ocurriendo históricamente en eventos donde está en juego la “dignidad” del poder.
http://www.lamira.com.py/destacados/la-policia-no-encuentra-a-asesino-de-pablo/

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