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UNA IMAGEN VIVA VALE MAS QUE MILES DE PAGINAS ESCRITAS

Giorgio susurra estas palabras mientras está por cumplirse en su cuerpo, una vez más, el milagro de la sangración.
Estamos en Pordenone, en la habitación de la dulcísima Carla, a donde poco a poco llegan algunos de los hermanos y hermanas del Arca Alea. Se ponen en silencio alrededor de este cabezal que acoge el sacrificio de Cristo y el sacrificio de Giorgio. Algunos se emocionan, otros permanecen atónitos y en sus caras se refleja lo que la mente humana se pregunta de frente a lo que no es capaz de comprender: ¿Por qué?
La respuesta la da Giorgio mismo con un hilo de voz debido al dolor:
“Una imagen viva vale más que miles de páginas escritas”.
Para llamar a sus hijos hacia la última oferta de redención, el Padre, el monarca de esta pequeña provincia del universo, ha enviado un Evangelio viviente que indique el camino hacia el cambio, que vuelva a escribir con su vida un lenguaje nuevo, que explique el nuevo pacto entre los hombres de este planeta y el máximo referente de nuestro sistema solar y la nueva alianza con otros seres que habitan las otras habitaciones de la casa del Padre.
Una palabra nueva y antigua que proyecta al hombre hacia el único futuro posible que no está hecho de este desarrollo o de este progreso que ciegamente se dirigen hacia la auto-destrucción, bien si es el alba de una nueva civilización pacífica y científicamente evolucionada que poco a poco estará en condiciones de alcanzar el equilibrio intelecto y espíritu, emoción y sentimiento, tecnología y paz, ley y justicia, desarrollo y ambiente... hasta la próxima puesta de sol y el próximo amanecer.
“¿Lo ves que la muerte no existe?”, respira despacio Giorgio mientras habla a Antonio, hermano y amigo encontrado de nuevo, que con su esposa Lores nos han atendido como si fuéramos sus hijos.
Miro los estigmas sangrantes que he visto muchas veces pero que cada vez me enseñan algo nuevo e intento comprender lo que quiere decir.
Desde la muerte de Jesús-Cristo y de su resurrección todas las cosas han muerto y renacido, se ha perdido la ocasión de la redención que lava la culpa y ha renacido una nueva posibilidad para muchas personas, lo que ha sucedido en el cuerpo de Cristo sucede aún hoy continuamente: flagelación de los inocentes, martirio de los justos, crucifixión de los puros y de los honrados, la muerte para este mundo y la resurrección a una nueva vida. Con el rechazo de la redención la humanidad ha atraído hacia si misma el calvario y lo vivirá de nuevo hasta el fondo, hasta el último respiro, hasta que los muchos llamados recogidos por los mensajeros enviados por el Padre decenas de veces con decenas de rostros y de lenguajes distintos para volver a llamar a la fe, a la esperanza y a la justicia, no se reúnan delante del sepulcro, en la espera de que con el retorno prometido de Jesús Cristo se cumplan la resurrección y redención de todos los que heredarán el nuevo Cielo y la nueva Tierra por haber creído en El, por haber puesto en práctica su principal enseñanza: ama al prójimo como a ti mismo.
Mi mente vaga velozmente raptada por estos pensamientos que intentan componer todas las enseñanzas recibidas una vez más durante estos tres días de Pascua y las pequeñas realizaciones de estos años que nos empujan a comprender, a superar nuestros límites, nuestras debilidades.
De frente al crucifijo que tengo ante mis ojos miro a Giorgio y me sorprende siempre la completa entrega de su cuerpo, disponible sin ninguna condición a vivir de nuevo la tortura, la violencia, la ignominia, la arrogancia, la ceguera, la ignorancia con la que la humanidad se ha condenado a si misma.
Pienso en cuantas veces me permito de sentirme cansada o harta y en cuantas veces me he quejado por el cansancio o por el sacrificio que ahora, sin embargo, me parecen ridículos.
Veo ese Giorgio, maestro a menudo severo y exigente, que se deshace con la dulzura de la aceptación, de la serenidad de ese sí pronunciado a la Madre Celeste hace casi veinte años, de la conciencia de ese cuerpo que le pertenece cada vez menos.
Como si me hubiese oído Giorgio susurra: “Yo he venido aquí para servir y serviros”.
Disponibilidad y Servicio. No se necesita nada más para combatir esta lucha hasta el final, nada es más fácil que olvidar y rechazar absorbidos en la prisa cotidiana, debilitados por la limitación de la materia.
Disponibilidad y Servicio he visto en mis hermanas y en mis hermanos de Pordenone que han organizado con una precisión impecable la estancia de Giorgio, de su familia y de quien lo ha acompañado. La conferencia del sábado por la tarde, con mucha afluencia como siempre, con un público atento, preparado, que sigue sin dificultad los temas más complejos sobre la esencia del espíritu, lo que demuestra la tarea llevada a cabo en el tiempo con atención de todo este grupo dirigido, literalmente, por el querido Domenico. Con el mismo amor y dedicación el domingo, después de la sangración, ha sido preparada la comida en el Arca Alea, en el cortil exterior cubierto con un telón para repararnos de un vivaz y agradable viento y del abrazo cálido y amoroso del Sol que nos ha acompañado constantemente durante todo el tiempo de esta misión.
Antes de la comida preparada y servida por las hermanas nos reunimos en una oración personal, silenciosa y compartida, para recibir el pan y el vino bendecidos por los estigmas y ofrecidos por Giovanni Bongiovanni y Mara Della Coletta.
Hemos comido con intensa emoción espiritual con el fruto del trabajo de todos, sencillo y abundante así como la Gracia Divina ha predispuesto prodigar a sus hijos que desean aprender a servir y a buscar la verdad.
“Siempre habrá alguien que busca la verdad. Nadie la detendrá jamás”, ha susurrado una vez más Giorgio desde su Gólgota con la sonrisa en los labios y los ojos llenos de orgullosa beatitud.
Nos ha sido enseñado: “Beatos los que creerán sin ver ni tocar”.
Pero en estos tiempos oscuros, donde la desesperación atenaza millones de seres humanos y el delirio del mal triunfa en las almas perdidas, el Cielo acude en ayuda: “Una imagen viviente vale más que miles de páginas escritas”.
Con profunda devoción al Maestro de los Maestros que ilumina todos nuestros días y alimenta la esperanza de Justicia.

Anna Petrozzi
Porto Sant’Elpidio, 1º de abril 2008

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