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CRONICA DE SUDAMERICA (JUNIO 2008)
EL VIAJE DE VUELTA
Empieza el viaje de vuelta. Vuelvo a la “bonita Italia”, en el noreste de Italia próspero y productivo, en la región del Friuli-Venezia-Giulia, coronada con estupendas cimas alpinas, a la ciudad de Pordenone siempre vestida de fiesta. Esta mañana, el tráfico de las 8 de la mañana es fluido, las vacaciones de los estudiantes han empezado desde hace tiempo. Aparco tranquilamente mi coche en el estacionamiento municipal, un obrero está terminando de quitar la hierba poco crecida de los pequeños jardines de geranios, recuerdo que el mes pasado estaban los tulipanes. Observo este detalle, aquí me parece así de importante. Me siento un poco aturdida, el huso horario sudamericano me hubiera hecho dormir cinco horas más. Mi mente se dilata en esta sensación rara del tiempo, con las manos firmes en el corazón y vuela a Sudamérica, porque quiere contar un poco, solo un poco, porque el tiempo pasado con los hermano y hermanas, de cualquier modo que se cuente, expresa su valor solo cuando se vive…
…Estábamos en Buenos Aires antes de partir, una ciudad grande de veinte millones de habitantes, donde autobús, coches, taxi, ambulancias, coches de la policía se mueven al ritmo de un continuo fragor de motores y de sirenas y donde las personas están histéricamente atareadas en caminar. Mirta me había aconsejado que tuviera bien de la mano a Elisa y bien sujeta la bolsa. Giorgio, absorto en mil pensamientos por sus innumerables actividades, se deja llevar también por la confusión y sigue caminando, no se da cuenta de haber pasado el restaurante donde nos teníamos que encontrar todos para comer, así sus piés han tenido que soportar un poco más el dolor de las heridas pisadas. Cuando nos lo dice deja asomar una sonrisa debajo de la barba que todavía no había tenido tiempo de afeitar. Quería ir con Domenico al barbero, pero las actividades que cumplir no le han dado el tiempo. “¡Gracias Barba!”, así le dice el mendigo por la limosna que le ha dado.
Hoy paseo por la calle principal del centro histórico de Pordenone, me paro delante de un escaparate para admirar una bonita chaqueta de piel. Cuesta 250 euro. En Montevideo Gonzalo trabaja en el “pulmón sudamericano” de la obra de Giorgio, es padre de tres niñas espléndidas. Mientras estábamos sentados a la computadora, él trabajando para la página www.giorgiobongiovanni.it, me cuenta que en Uruguay el sueldo mensual puede ser unos 250 euro. ¡La chaqueta de piel! Llego a la entrada del banco donde trabajo desde hace 21 años, que paga mi trabajo con bien… “5 chaquetas”, ¡a veces 6!
Falto desde hace tres semanas y media, solo dos colegas me abrazan, los demás trabajan y no pueden perder tiempo. En la sociedad en que vivimos no nos fiamos los unos de los otros, se han perdido las relaciones, las relaciones con los vecinos, desde niños se nos educa a ver a los demás no como hermanos o hermanas, sino como competidores. El miércoles 25 de junio, el día de la despedida de Giorgio, nos habíamos abrazado con los hermanos del Arca “Un Punto en el Infinito”, con los brazos tendidos. Las miradas conmovidas. Cuando estábamos por subir al taxi, una hermana me pide que vuelva. Todavía escucho las palabras que me ha dicho en español pero que he entendido bien: “Vuelvan, por favor, vuelvan”… y con la emoción que te sube a la garganta un hermano nos decía: “Esta es vuestra familia”… “Estad cerca de Giorgio”. Giorgio había dado a los representantes las últimas directivas, había dado el permiso también a una señora nueva de crear un arca nueva, en otro lugar, no hay límites a las arcas, lo importante es que haya mas de una persona. Algunos consejos más y alguna recomendación como un verdadero padre de familia. El rostro de Giorgio es sereno, quiere dar consolación y seguridad y le ayuda la llama de la vela encendida para iluminar la sala, dado que la luz eléctrica tardaba en volver. “Pasarán cosas atroces, pero que nadie se mueva de su propio país, el espíritu tiene que estar siempre alegre y sereno”.
Alegres y serenas las niñas, Sonia Tabita y Elisa, cuando con alegría, con mucha inocencia y pureza, nos regalan un baile y una canción. Habían ensayado a la perfección los días que han pasado en la habitación de la casa de Montevideo. Sonia Tabita pasaba ahí la mayor parte de su tiempo, a estudiar, a jugar con Soledad, con su madre, es un sacrificio de verdad también para ella. En esos veinte días ha podido disfrutar de la compañía de una amiguita. Los niños se divierten más cuando están entre ellos.
No se puede vivir bien sin un amigo, se dice que “quien tiene un amigo tiene un tesoro”. Pero ese tesoro no tiene que estar cerrado en el cofre, Cristo nos enseña a abrirlo y a donarlo, con fe. De lo contrario terminamos encerrándonos en casa, solos, lejos de todos. En el Centro Espiritual de Pedro Romaniuk, pocos se conocían, por lo menos eso parecía, pero después era como si estuviéramos en nuestra casa. Guirnaldas formadas de distintas flores entrelazadas por un solo hilo: el amor más profundo hacia la Misión. Domenico me hace recordar ese encuentro, cuanto nos había tocado la gruta con la Virgen, la pirámide de unos 20 metros de altura, donde Don Pedro ayuda a curar a las personas física y espiritualmente, a través de la energía canalizada por una antena colocada en la parte más alta que llega a siete piedras iluminadas de distintos colores y que corresponden a los siete chakras. La mañana gris del 28 de junio daba al amplio galpón una atmosfera gris y húmeda. Lo iluminaban los espíritus elevados de Giorgio, Don Pedro, Raúl Bagatello, Chantal Hulin, Omar Cristaldo, Georges Almendras, Juan Alberto Rambaldo, Luis Ayala, Domenico Santín y otros que detallaban armoniosamente sus testimonios en la obra. Sentíamos dentro todo lo que se decía, las emociones que nacían de las filmaciones, porque nos hacían tocar la dura realidad de Paraguay, esperanzas que nacían por las obras realizadas en el dispensario médico, en el comedor de Villeta y por el nuevo proyecto de la casa familia, consolaciones que florecían del documental que ensalzaban las enseñanazas de Jesucristo y que Giorgio repite ya desde hace mucho tiempo. Todos estábamos ahí para dar las gracias solo a un Hombre. Con las lágrimas que descendían por su cara a menudo, lágrimas de alegría y de orgullo por el resultado obtenido, Giorgio abraza a sus “discípulos” uno a uno, hombres de buena voluntad y de valor. Después de 1260 días un arco de fraternidad y de comunión se había consolidado y se perfilaba hacia el Cielo límpido y soleado. Sonia Alea estaba profundamente conmovida.
“María corrió desde el lugar donde estaba llorando apenas Marta le dijo “El Maestro está aquí y te llama”. Feliz cuando Jesús nos llama al júbilo del espíritu dejando las lágrimas.
Cuanta dedicación, servicio y amor dona Sonia Alea a Giorgio. En casa ella está atenta a cualquier cosa que le pueda pedir, llamada que se repite incluso a voz alta, porqué también Sonia tiene muchas cosas que hacer. Cuanto amor vuelca en ella el “Caliz Viviente”, a ella le pide la fuerza femenina necesaria para proseguir la misión por la cual vive, por la cual ha venido a la Tierra.
“Querida, Yo he venido a la Tierra para esto… donde quiera que me den la posibilidad de hacer y de hablar yo no miro a la cara a nadie, dejo a un lado cualquier cosa que esté haciendo y hablo… hablo de Cristo, del Anticristo, de los Seres de la Luz, de la Segunda Venida, de los niños que mueren de hambre, de la Madre Tierra, de las profecías…”. Giorgio llega al hall del Hotel Cottage en Motevideo, donde nos hemos alojado por 18 días, para ayudarnos con el idioma al momento de pagar la cuenta en la reception y después de unos minutos, recibe la llamada de una TV “espiritual” argentina que le esperaba para una entrevista detallada al día siguiente en el Hotel Bauen de Buenos Aires. Giorgio me había respondido. No solo porque le había confesado que en ese momento había sentido mucha fuerza y determinación en el expresar Sus Verdades en un contexto, que aunque se conozca, es distinto de donde la gente habla normalmente.
No es fácil describir lo que sentía. Era como si una fuerza estuviera tejiendo, estuviera creando una red de pensamientos negativos, que se entrelazaban hábilmente siguiendo un esquema lógico. Esa fuerza de la mente hubiera podido, una vez al final, volverse en la fuerza que podía invertir la ruta de mi camino. Creo que en todas las familias haya momentos bonitos y otros menos y que nos sintamos libres de expresar de verdad lo que sentimos en nuestra propia casa. Es ahí que se desahogan las emociones, nuestros sentimientos, a veces la rebelión y el choque con quien vive con nosotros. Giorgio y Sonia nos han recibido en su casa de Montevideo, eramos huéspedes pero no hemos sido tratados como tales. Eramos también nosotros parte de la familia. He visto a Giorgio trabajar duro, noche y día, le he visto reñir duramente a quien trabaja en la obra y después decirle “te quiero”, le he visto gritar a Sonia Tabita porque no estaba bien sentada a la mesa, y después pedirle un beso, le he visto pretender inmediatamente las cosas hechas, le he visto disfrutar por un partido de futbol, le he visto preferir una causa mejor que otra, le he visto sentirse orgulloso del comedor Un Rayo de Luz, que de la nada ahora está todo nuevo, le he visto sangrar abundantemente y después decir “ahora me levanto”.
Giorgio, ahora que estoy en casa, estoy desterrando los pensamientos que atenazaban mi mente. He recibido la respuesta. Tu estás siempre en casa. Cuando estas solo, cuando estás con tu familia, cuando estás con tus colaboradores, cuando vas a cenar fuera, cuando hablas en las conferencias, cuando compras el billete del avión, cuando visitas un comedor, cuando viajas, cuando sangras, cuando estás con Cristo. Tu marcas tu presencia, no eres un icono. A ti te pedimos las respuestas a las preguntas que ni siquiera sabemos que tenemos que hacértelas. Recibimos de ti el ejemplo para cumplir nuestro deber en la misión, desde el más pequeño hasta el más grande, “la rosa quiere ser rosa, y el barrendero quiere ser barrendero”, decía un sabio chino. Y si por algún breve momento nos perdemos distraidamente, aunque no siempre sea de color de rosa, recuérdanos el deber por el cual también nosotros hemos venido a la Tierra… para retornar a casa.
Carla Gabriele Pordenone 3 de julio 2008
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