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“¿POR CUÁNTO TIEMPO MÁS…?”

¿Por cuánto tiempo más tendremos que escuchar grandes discursos sobre el hambre en el mundo, pronunciados en congresos y por las mismas bocas que consumen ricas comidas en sus lujosos banquetes?

Cuando los poderosos de la tierra dejen de vestir los hábitos de la hipocresía y del engaño, para usar los de hombres de poder sí, pero de un poder temporal que les ha sido concedido para que gobernasen con justicia y responsabilidad, para garantizar lo necesario a todos y lo superfluo a nadie…
Hasta que esto no suceda, no habremos cambiado las cosas…

¿Por cuánto tiempo más tendremos que escuchar la voz de una cierta Iglesia que habla de paz, de pobreza, constituyendo ella misma uno de los estados entre los más ricos del planeta, bajo cuyo poder han sido cometidos los crímenes más horrendos y que en muchos casos se perpetúan todavía hoy y a menudo en perjuicio de los más pequeños? La misma Iglesia que junto a almas maravillosas esconde y protege a la peor especie de individuos: los pedófilos.

Cuando se comprenda que la “Iglesia”, aquella verdadera, es la mejor parte que está en cada uno de nosotros, es la humanidad libre de dogmas, libre de las divisiones religiosas, reunida bajo un mismo credo… “somos todos hijos de un único Padre que cada día ilumina el maravilloso planeta que nos hospeda… la madre Tierra.”
Hasta que esto no suceda, no habremos cambiado las cosas…

¿Por cuánto tiempo más tendremos que vivir con el temor, con la sospecha de que detrás de un gesto aparentemente amoroso, detrás de esa particular mirada dirigida a uno de nuestros pequeños, en realidad se esconde un oscuro pensamiento, una intención diabólica que muy a menudo se convierte en realidad?
Los niños representan el único lugar sagrado que aún nos queda, ellos son la parte limpia e inocente de nuestra especie.
Permitir profanarlos cotidianamente, en todas las formas, significa “apagar la única luz”, que todavía le queda a disposición  a la humanidad para vislumbrar un futuro.
Hasta que esto no suceda, no habremos cambiado las cosas…

¿Por cuánto tiempo más tendremos que asistir al lento aniquilamiento de nuestros jóvenes bajo el efecto del alcohol, de drogas químicas y virtuales, un uso que a menudo esconde la necesidad de aislarse de una cotidianeidad vacía, estéril, incapaz de transmitir los aspectos verdaderamente importantes de la vida?

Una sociedad engañosa que le da valor a aquello que no lo tiene, dejando al espíritu hambriento de los nutrientes indispensables para él, hecho de emociones verdaderas, de gestos nobles y sinceros, hecho de promesas mantenidas, atenciones y altruismo desinteresado, solidaridad y comprensión… un alimento hecho de amor… y la visión de un futuro posible, que valga la pena vivirlo.
Hasta que esto no suceda, no habremos cambiado las cosas…

¿Por cuánto tiempo más tú joven hombre fomentarás tus más bajos instintos y le permitirás a tu espíritu que retroceda hasta el punto de reunirte con la manada, con la intención de humillar, de usar la violencia en contra de tu par, quizás a una joven mujer, a una compañera tuya, por la cual nutrías atenciones no correspondidas…?
Abusando de ella no has cambiado el estado de las cosas, tú no has vencido, no has demostrado tu fuerza o tu valentía… haciendo esto has permitido que venciera tu incapacidad de controlar el instinto, ha vencido tu incapacidad de aceptar y manejar un rechazo, ha vencido tu incapacidad de una conquista leal.
Hasta que esto no suceda, no habremos cambiado las cosas…

Cambiar las cosas no es imposible… cada uno de nosotros tiene la capacidad de hacerlo, la posibilidad de reconquistar el derecho de ser llamado “hombre”…
“Un día el lobo apacentará con el cordero”… así dijiste hace 2000 años, en espera de que esto suceda… sea hecha Tu voluntad Señor…

María S.
Una madre
Ascoli (Italia)
11 de diciembre de 2009

 

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