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CONMOVEDOR TESTIMONIO

Quisiera contaros una experiencia que he vivido gracias al regalo de un hombre que ha elegido llevar consigo grandes sufrimientos por amor a la humanidad, Giorgio Bongiovanni.
Había visto y escuchado a Giorgio el sábado 5 de diciembre en ocasión de una Conferencia que se desarrolló en Pordenone con el título: “LOS PLANES DEL PODER: ¿Qué futuro nos espera?”
Sus palabras con respecto a los graves problemas ético-sociales… que los poderosos del mundo han reforzado, gracias también a nuestro silencio apático y derrotista, me han envuelto en un vórtice de pensamientos, por toda la tarde y toda la noche hasta la mañana siguiente.
Había apenas descubierto la existencia de una parte de mi, ávida de verdad y de justicia, que estaba desilusionada en el aspecto práctico; quizás muchos se sintieron así, ya que repetidamente le preguntaron a Giorgio ¿qué podían hacer para combatir o convertir el egoísmo de los poderosos? con la única respuesta de que no le correspondía a él dar las soluciones al problema, sino que nos tocaba a nosotros defendernos con la unión creciente de nuestras fuerzas. Quedé muy impactado también de las personas que lo rodeaban, porque expresaban esa humildad, honestidad, confianza y alegría en el dedicarse a los demás, en una concentración tal que embriaga el alma de todo bien para el mundo; no sentía ningún tipo de necesidad, solo la de compartir cada instante de mi jornada con todos ellos… ¡tendría mucho que decir de él todavía, pero no quisiera extenderme demasiado!
Al día siguiente Bongiovanni nos esperaba en casa de unos amigos, para concederles una charla en privado a dos amigas mías. Después de haber esperado casi una hora en buena compañía nos dijeron que Giorgio no podía hablar porque estaba sangrando de las heridas en las manos y en los pies, condición que lo debilita mucho físicamente; mientras nos prepararnos para partir nos avisaron que Giorgio quería que nos acercáramos y así asistimos a su dolor. En la habitación había personas que lloraban alrededor de Él, como en la escena de una película, la cama manchada de sangre y el cuerpo y la mirada evidenciaban el sufrimiento. Inicialmente pensé en una puesta en escena y entonces me acerqué a Su mano izquierda para observar de cerca las heridas; cuando me di cuenta de la realidad de los hechos miré el rostro de Giorgio sufriente pero amoroso al mismo tiempo. Su voz era un dulce sonido para cada palabra, incluso cuando le preguntó a la hija ¿cómo se llamaban esas luces pequeñas? y la niña dice “las luciérnagas” y entonces Él dijo “Vosotros sois mis “luciérnagas” a todos los presentes.
Cuando comencé a darme cuenta de que en Giorgio parecía haber compenetrado el espíritu de Jesús, viéndolo sufrir por mí, me vinieron a la mente algunas palabras del Evangelio, donde el Maestro decía que quien será misericordioso obtendrá misericordia, entonces pensé en mostrarme como tal para ser reconocido y salvado. Como el pensamiento que había tenido al principio me había disgustado y hecho sufrir, en ese momento no tuve el valor de tocarlo para consolarlo. Solo después de haber aceptado el pedido de su hija de darle energía y pensé que ese sufrimiento experimentado también por mí merecía por lo menos ser reconocido con mi deseo de darle energía para que deje de sangrar y sufra menos. En ese momento  el Maestro también me preguntó mi nombre, haciéndome tan feliz que no pude contener las lágrimas.
Recuerdo algunas frases pronunciadas “el dolor abre las puertas del amor”, “todos verán nuevamente al Señor”. Después de haber invitado a Casimiro a que le estrechase la mano de amigo verdadero, respondió a su pregunta confirmándole que había apenas abrazado a Jesús.
Cuando Giorgio se sintió mejor y dejó de sangrar, yo estaba completamente inmerso en un río de emociones inexplicables. Desde entonces le cuento esta verdad mía a muchas personas, con la esperanza de que cada vez en mayor número se unan a Giorgio, para contribuir a liberar a la humanidad de las injusticias que la oprimen.

Luigi Sabatino
14 de diciembre de 2009

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