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¿QUIENES SON LOS VERDADEROS MAFIOSOS?

Un día en El Águila entre las víctimas del terremoto y de la inconsciencia criminal
De Anna Petrozzi y Lorenzo Baldo

Son ojos vacíos los que miran en silenciosa espera. Los agujeros, las ventanas sin cristales que se recortan en los armazones de las casas que han quedado en pie revelan el instante en el que la vida se ha suspendido. Como espejos rotos reflejan la incógnita a quien los observa estupefacto y se pregunta: ¿y ahora que será de nosotros, de la gente, de las familias, del trabajo, del futuro?
Después del llanto, del dolor, del desaliento es el tiempo del mañana, que se cierne sobre los campos de desplazados del Águila y de las pequeñas localidades limítrofes más como nubes negras y cargadas de lluvia que llenan el cielo de estos días que como un horizonte sereno.
Confusión, incertidumbre, informaciones escasas y contradictorias, la esperanza de que las ruinas de la propia casa sean todavía salvables y el mal presentimiento de que no se pueda volver más a los propios orígenes.
El ánimo humano es particular frente a la presencia de la muerte y del miedo, hay quien se dice contento y no osa lamentarse porque le basta estar vivo y tener todavía a su alrededor a sus seres queridos, aunque haya esperado días y días antes de tener un lugar donde repararse y los mínimos servicios, y a quien no le es fácil retener las lágrimas porque se ve obligado a estar en una tienda fría en la que entra agua por el techo y por el suelo. Hay quien se enfada y quien sonríe, quien saluda y quien se sienta en silencio con la cabeza entre las manos. Toda la humanidad está aquí, todos nosotros, todos los que pudieran ser llamados a afrontar una prueba como esta.
No sé quien en este día larguísimo constata con luminosa sencillez que el hombre ya no está en sintonía con la tierra y no presta atención a sus mensajes.
Pero sí que la tierra aquí, en el centro de nuestra probada Italia, había mandado bastantes mensajes en los últimos meses que quedaron sin escuchar.
Pero sí que la tierra ha hablado bastantes veces en los últimos cien años, pero nosotros, nada, soberbios.
Construir, construir, ganar, ganar, acumular, acumular... cueste lo que cueste, incluso la vida de nuestros propios hijos, de nuestro futuro, precisamente.
¿Y de quién es la responsabilidad?
Quizás un poco de todos. Distraídos, complacientes y egoístas, lo bastante como para no darse cuenta de que a quien nos gobierna se le han escapado las cosas de la mano, o que es conscientemente criminal.
Construir sin respetar las leyes, sin observar las normas de seguridad, sin predisponer planes de evacuación ni campos de emergencia ¿es una subvaloración o un delito?
297 muertos se han contado hasta ahora además de una cantidad impresionante de desplazados, ¿Superficialidad u homicidio?
¿Se puede reconstruir, deprisa y corriendo, sin contestar a estas preguntas?
Alguien ya ha pensado que si. En el silencio piadoso en un lunes de pascua celebrado entre las ruinas, máquinas enormes trituran y desmenuzan casi a polvo los fragmentos de casas, de paredes, de recuerdos y sobre todo de pruebas. Elementos fundamentales para descubrir y comprender si la casa del estudiante, el hospital y los edificios recién construidos reestructurados y que se han derrumbado como si nada han sido construidos según los criterios aptos para una ciudad que esta posada a lo largo de las franjas de tierra más inestables.

Si no hubiese sido por dos cronistas de raza, Angelo Venti y Pietro Orsatti y sus colaboradores, la magistratura no hubiera sabido nada.
Los jueces, desplazados, duermen en coche y la policía judicial, como todas las otras fuerzas de policía subordinada a la Protección Civil, está encargada solo de vigilar y mantener el orden público. Nada de investigaciones.
Pero comprobar las responsabilidades no es solo una cuestión judicial. Es pretender la verdad, es regalar el sueño que merece a quien ha muerto bajo los escombros y dar al pueblo italiano un poco de dignidad. Hacer algo de forma que nadie se de por contento, de que no se deje comprar con la limosna o con la perspectiva de una casa nueva completa (¡además quién sabe para cuántos!) construida con los escombros y el pasado de lo propios conciudadanos mezclada con arena de baja calidad y cemento poco o para nada armado.
Que no se pierda tiempo con las investigaciones, ya ha dicho el premier- hay que reconstruir, new town, (nueva ciudad), y hacerlo en tiempo record para demostrar a los líderes del mundo que vendrán a hacer el banquete en medio de los escombros una mezcla adecuada de ruinas arranca-lágrimas y una rapidísima construcción.
Mientras escribimos un grupo de indómitos ciudadanos y voluntarios se comprometen a vigilar, a descubrir como se mueven los buitres que ya han olido el gran negocio.
El procurador nacional antimafia Piero Grasso ha lanzado la alarma de infiltraciones mafiosas, suscitando la habitual indignación que se eleva cuando se osa suponer que la criminalidad organizada haya superado el umbral de los territorios que le han sido confiados para su gestión.
¿Pero qué diferencia hay entre el dinero mafioso reciclado y reinvertido en construcción de baja calidad y en la construcción de baja calidad como inversión para ganar más dinero legalmente?
¿Es más criminal un mafioso que mata para ganar o un constructor que para ganar mata?
¿Cuál es la línea de demarcación del nivel criminal, si no el resultado del delito?
Además de las infiltraciones mafiosas tendríamos que preocuparnos también de las infiltraciones empresariales. Y a fin de que no las haya, ni unas ni otras, se debe dar lugar a un control cerrado, detallado, implacable y para hacerles caminar derecho deben tener terror de las sanciones pesadísimas y de condenas ejemplarizantes, de investigaciones minuciosas y de una exigencia de eficiencia por parte del ciudadano que no se pueda negociar.
Claro, esto significa agilizar las burocracias y afinar los métodos de asignación de los contratos, confiar el trabajo a gente de fiar y responsable, y pretender.
Pretender que no haya despilfarros, que no haya errores, que no haya ladrones. Ladrones de honradas ganancias, ladrones de proyectos y ladrones de vidas vividas y de otras todavía por vivir.
Todo esto puede suceder solo si expertos e investigadores pueden cumplir libremente y rigurosamente con su deber y si la información desarrolla su rol de perro guardián y no sucederá de seguro si periodistas no alineados con las comunicaciones oficiales son echados fuera por el jefe de turno del campo que se irrita inmediatamente apenas una familia damnificada insiste para que veamos y fotografiemos las condiciones en que viven.
Y el carabiniere de guardia, con pocas ganas y un poco perplejo, nos acompaña forzadamente a la salida, pero lo hace muy lentamente dándonos la posibilidad de hablar un poco con la gente, que pregunta, quiere saber lo que sucede afuera y que se acerca a nosotros nada mas pasar los límites con unos ejemplares de nuestro periódico.
Ha pensado Angelo en informarles. Se ha inventado una redacción en una pequeña estructura de madera detrás del campo de rugby que aquí se ama casi más que el fútbol. Nos las arreglamos al azar y es eufemismo. Ha instalado dos computadoras y una impresora desde donde todos los días sale impreso “Sollevati Abruzzo” (recupérate Abruzzo), una hoja de dos caras que recoge las noticias que nunca se leerán en los periódicos y que no se escucharán nunca en los noticieros y que se  reparte a la gente, a los  únicos verdaderos protagonistas de la tragedia.
En la página web www.site.it ha publicado un artículo que recuerda un molesto antecedente en la tierra de Abruzzo. En diciembre 2007 el entonces vicepresidente de la Comisión parlamentaria antimafia Beppe Lumia se permitió de denunciar públicamente las infiltraciones mafiosas en el lugar mencionando las presencias sospechosas de individuos como Enrico Nicoletti, testaferro de la banda de la Magliana y de capitales mafiosos de ilustres procedencias de Ciancimino y de Provenzano, reinvertidos en actividades locales.
Su intervención desencadenó la reacción furiosa de Nino Zangari, socio de Lapis, en conjunto con los hermanos Ricci en la gestión de la compañia Alba d'Oro, presente al público.
Zangari explicó que Lapis, condenado en primer grado por lavado de dinero y registro ficticio de bienes junto a Massimo Cianciamino, hijo de Don Vito, se había comportado con él como un gentil hombre y que el poco dinero recibido de “estos individuos” había llegado “solo” mediante transferencias.
Pero parece que la Fiscalía ha considerado estos indicios “de poca importancia” suficientes para poder solicitar en marzo de este año la detención de Zangari y de los Ricci “para evitar que se llevaran a cumplimiento ulteriores y más complejas operaciones empresariales, desde el punto de vista de cantidad y económicas, financiadas con capitales de procedencia ilegal”.
Ante las quejas del empresario que continuaba gritando que “se avergüence”, Lumia respondía con un análisis que refleja perfectamente la anomalía de nuestro país donde la desmañada subestimación, la canallada y las malas intenciones provocan aún muertes como en el más atrasado de los mundos.
Lumia, actualmente senador, ha contestado diciendo: “Me sucede a menudo el escuchar por toda Italia ese mecanismo de que “un mal común a todos, trae alegría”,  “Yo he crecido con la idea de que todos tengan que hacer algo y no delegar a otros las responsabilidades. No sabía que Ud. hubiese sido también asesor”, continuaba diciendo Lumia, “este es un mal completamente italiano, no solo suyo, el de transbordar entre la función política y societaria gestionando servicios de gran relieve como el gas”.
No es tanto la infiltración mafiosa de por sí, sino más bien la metodología típica del comité de negocios que abre a las mafias y sobretodo a sus capitales y se finge de olvidar de dónde proceden... de la droga, del tráfico de armas, del terrorismo, de los estragos.
Así es, no sirve de nada llorar encima. A un pueblo orgulloso y digno como el de Abruzzo, como el de L' Aquila, sirven hechos, no slogans y desfiles. Sirven prevención, reglas y control. Para que no se repita una segunda Irpinia los ciudadanos de L'Aquila, los jóvenes aguilanos, tienen que asumir el cargo y la responsabilidad de defenderse, de defender su propios intereses participando activamente en la reconstrucción de su propia vida. Controlando, interpelando a los órganos investigadores y a los periodistas. Los que lo son de verdad, comprometidos y cercanos también en medio de la tragedia humana como Angelo Venti y los chicos y chicas que colaboran con él.
Mientras tanto, para recordarnos que el tiempo de los chacales ha terminado, ahí está siempre ella, la tierra, que nunca ha dejado de temblar.

Anna Petrozzi y Lorenzo Baldo

24 de abril 2009

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