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Eugenio Riganello
HISTORIA DE UN CAMINO HACIA LA UNIDAD

Me encuentro con el maestro de yoga en Capo Colonna, en su refugio, hay un aire de paz y el silencio te entra hondo… Bebemos una tisana y él con extrema simplicidad nos habla de sí mismo…

¿Maestro cómo se define? ¡Yo me permito llamarle maestro porque lo considero así!

Hoy me defino, una persona serena, consciente en la verdad y en la alegría.

¿Ha estudiado  mucho para alcanzar estos objetivos?

Sí, me he graduado en yoga en el Instituto Federal de Yoga en Italia (Catania), un miembro del European Yoga Alleance, mientras en el año 2009 he tomado el Master pedagógico cursado en  la Universidad centro Naturaleza de Boloña. He frecuentado por varios años cursos intensivos de yoga, cursados en la comunidad espiritual de Ananda, Asís.  He estudiado y ahora me ocupo también de masajes shiatsu y ayurveda (abhyanga).

¿De qué habla su tesis de graduación?

Mi tesis de graduación es sobre el Hatha Yoga, epílogo de un curso de formación de cuatro años de estudio de esa disciplina, cursado en la FIY- federación italiana de yoga. Tenía la necesidad de esta experiencia para completar mi formación de instructor de Yoga, a lo que he llegado, a lo largo de largos años, a una madurez espiritual. Pero consciente de tener que adecuar, en la medida de lo posible, el conocimiento cultural a la sabiduría del alma (su velocidad es diferente, la primera esta en retraso con respecto a la segunda); he pensado que era justo tener que completarme en función de una didáctica de enseñanza, porque en el momento de la comunicación intelectual, en mi rol de docente es necesario transmitir el lenguaje tradicional de la disciplina del Hatha Yoga. La federación ha hecho posible esta exigencia mía.

Su recorrido tiene comienzo… muchos años atrás…

He intentado trazar los puntos fundamentales de mi vida hasta hoy, los que me han llevado “sobre el sendero del Yoga, para llegar a la forma de vida del Yoga, viviendo cada instante en la filosofía y la verdad del Yoga”.

¿Cómo se ha acercado a esta disciplina?

Llegué, aparentemente por casualidad y no del todo consciente de lo que fuese en realidad.
Pero vamos hacia atrás en el tiempo…
Tengo recuerdos de cuando era niño en la guardería, que le huía a los sonidos muy fuertes y era áspero con los compañeros y que en cambio me detenía de frente a las imágenes de los grandes como: “Jesús, la Virgencita y otros.”
Luego los encuentros tradicionales de nuestro ambiente, sobre todo el católico, me llevaban a la experiencia de determinadas circunstancias, la catequesis, las comunidades parroquiales que despertaban en mí una particular sensibilidad. Esto era lo que me hacía estar bien.
Sí, jugaba como los otros niños pero estaba a la búsqueda, frecuentemente, de esa parte de mi ser interior que surgía cuando iba a la iglesia, al sentir los cantos de gloria a Dios e incluso durante la Eucaristía, en la cual mi corazón latía fuerte y visualizaba y percibía la presencia de Jesús…¡y me quedaba extasiado!
¡Trataba de comunicar lo que me sucedía en esas experiencias, pero no me comprendían!
Fuera de mi familia, los más grandes que yo, enseguida empezaron a llamarme el “extraño”, el “tipo con la cabeza en las nubes”, lloraba pero al mismo tiempo sentía la necesidad de ser yo mismo.
Hoy comprendo que mi grado evolutivo interior determinaba ese estado mío.

¿Ha cambiado algo hoy en la opinión de la gente?

Depende de las personas, quiero decir que las personas que me conocen a fondo me comprenden, pero todavía hoy algunos me dicen que tengo la cabeza en las nubes.
En ese momento aún hoy me quedo un poco mal, pero cuando estoy con las personas afines a mí, que las considero mis hermanos espirituales, entonces sé que ser “de esa forma”, ¡en cambio, es un regalo! Es más una de ellas, que es una hermana para mí, me ha recordado que Francisco de Asís, que considero un gran Yogui, ¡él sí que era de verdad un tipo con la cabeza en las nubes!” ¡Entonces yo siento que estoy en el camino justo!

¿Entonces, cómo continúa su camino?

Mientras el tiempo pasaba...
Me había convertido en un chico, que gustaba mucho a las chicas, lo cual me halagaba y comencé a apreciar mucho el gusto del galanteo, que empezó a ser el centro de mi vida. A esto se le sumaba también la fuerte atracción por el deporte y mi ego se identificaba en ¡el joven atractivo! Todo esto en ese momento satisfacía mi tendencia a la libertad, ahora que soy adulto y con una cierta sabiduría que se ha despertado dentro de mí, comprendo que era el natural reclamo de armonía entre la mente y el cuerpo, guiados por el alma libre.
Todas mis actividades y mis expresiones eran intensas, pero no lograba revivir lo que había vivido cuando era niño. ¿Dónde habían ido a parar esos bellísimos momentos?
Jovencísimo, inconsciente, integrado perfectamente en la cotidianeidad, creía ser una persona feliz y satisfecha: “una atractiva mujer, una hija, trabajo, casa, éxito en cualquier campo que me pudiese interesar en ese momento, mi familia a mi lado, amigos, en resumen, ¡no me faltaba absolutamente nada!”
Pero… no había hecho las cuentas con mi gran mundo interior, que cada ser posee y corre el riesgo de ser sofocado por ignorancia.
De vez en cuando y con el tiempo más frecuentemente cada vez, ¡un tormento parecía opacar esa “felicidad”! ¿Qué estaba sucediendo? Entonces me paraba y comenzaba a preguntarme: “¿Pero es todo esto lo que se necesita tener?” No encontraba respuestas. En el entretiempo afloraban los recuerdos de esas bellísimas experiencias infantiles. Comenzó un período nuevo, empezaba a buscar nuevas situaciones y en el entretiempo el cuerpo y la mente comenzaban a reaccionar a éstos conflictos: “Psoriasis, sinusitis, ciática, hombros cerrados y curvados, con consecuentes crisis respiratorias, stress y depresión. ¡Al punto tal de llegar creer que la nueva y justa experiencia que me quedaba por buscar fuera la de llegar con el automóvil hasta el límite de una escollera, en una barranca sobre el mar y avanzar!
Una fuerza interior me llevó a bajar del auto, mirar al cielo y decir: “¡Basta!”
De ahí me encontré sucesivamente en la herboristería de una amiga e instintivamente le pedí que me vendiera incienso, que yo nunca antes había usado. Allí mismo me encontré con una persona que me preguntó en ese momento qué era de mi vida le contesté que estaba en pleno caos. Me sugirió que me interesase en otros caminos que pueden cambiar nuestros destinos y ser útiles en casos similares al mío. Emprendí el camino del Reiki, por poquísimo tiempo, pero en realidad me encontraba en el punto de descubrir el Hatha Yoga.
Así comenzó otro momento…..
¡Empecé a frecuentar las lecciones y comencé a estar sentado con las piernas cruzadas, la espalda derecha, el cuerpo inmóvil y relajado! ¡era absurdo!
Pero justo intentando asumir una postura de equilibrio, como la así llamada del árbol, me encontré torpemente en el suelo. Una situación nueva: ¿cómo?! ¡A mí, que había sido una persona tan brillante en todo! ¡Ahora me sentía tan incapaz de gobernar precisamente mi cuerpo, con esas posturas que me parecían ser tan elementales!¡Me sentí fascinado y comencé la conquista! ¡Afronté el conocimiento de otras figuras de la disciplina, pero sentía que no me bastaba el aprendizaje simplemente físico! ¡Empecé a asumirlo y a gozar de ese estado de inmovilidad, al cual se llega y la consiguiente paz!
En tanto comenzó a abrirse ese mundo interior mío, estaba actuando correctamente, para decirlo con la consciencia que tengo hoy, vivía en el Dharma, el camino justo que lleva a resultados ciertos. ¿Cuáles? Bienestar y destellos de armonía.
Desde entonces esta experiencia del compartir con los demás, como instructor de Yoga, no ha cesado nunca hasta hoy y la amo, porque me convierte en un hombre más atento, capaz de vivir la propia cotidianeidad en el equilibrio, cada vez más cercano a la armonía.
El bien y el mal si se los observa con serenidad están al servicio de la adquisición de la consciencia y por lo tanto nada es un error.
Recuerdo que comencé, estimulado por la emoción de la novedad, a vivir en la vida diaria lo que aprendía, al punto que una mañana tuve una señal que marcó el inicio de una nueva época para mi, decidí que apenas me despertase encontraría la postura de interiorización, para continuar con la respiración de Yoga completa, practicaría la secuencia del Surya Namaskara, aprendido desde hacía poco tiempo, acompañado por una relajación Savasana.
A este punto se había convertido en una nueva, sana y alegre costumbre cotidiana, debida a la eficacia tan evidente que me estimuló todavía más hacia la búsqueda de las profundidades del Yoga.
¿Qué sucedía? Simplemente se manifestaba mi real ser, cuya esencia se alimenta directamente de la Fuente Universal. La consecuencia para mí, como para todos aquellos que practican yoga con seriedad, fue la de insistir en estimular cada vez más esta búsqueda, que se convirtió en mi razón de ser.

Lo magnífico es darse cuenta de que tu propósito es solo el justo vivir y que no piensas en el resultado que sin embargo llega.

¿Por este motivo, o mejor dicho, exigencia ha cambiado su vida cotidiana?

He encontrado la capacidad de adoptar en la vida cotidiana, las distintas elecciones de vida, absolutamente necesarias, que surgen dentro lentamente dentro del hombre nuevo que hay en mí.
Una casa, en la calma de la naturaleza, más adecuada y más idónea, también para  recibir a aquellos que llegan aquí para aprender de mis conocimientos.
Comienzo a la mañana temprano con mis técnicas de meditación y llego a la profundidad del momento.
¡Luego la paz! Om Shanti…

¿El suyo es un mensaje para las personas que sufren, ya sea interiormente que exteriormente?

Espero que sea un empuje para todos aquellos, que si leen esta entrevista, encuentren un motivo para salir de su pereza y apatía y a la omisión del justo accionar, justificándose, erróneamente, por haber tenido que cumplir con los “nobles” propios deberes “sociales, familiares, hasta a veces patrióticos”... ¡un poco de ironía para despabilar de los errores comunes que para algunos se convierten en tragedias. Como por ejemplo el cáncer, los infartos, las depresiones ¡e incluso las perversiones!....

Espero que su mensaje llegue a la mayor parte de los ciudadanos de Crotone, nosotros desde la “provinciakr” lo intentamos con este escrito para que una buena parte de los crotoneses alivien sus propios sufrimientos, debidos al simple stress cotidiano.

Maria Grazia Adamo

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