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el_yoEXPERIMENTAR EL YO
Nuevos comienzos, metamorfosis, juegos de identidad… La consciencia del Yo, la definición de una identidad estable es hoy más que nunca una cuestión insondable del alma humana. El contexto social en el cual vivimos y el impacto de los medios de comunicación se refieren siempre a imágenes contradictorias de identidades desenfocadas, que hacen prevalecer una tensión constante entre el ser y el deber ser, entre lo que está en nosotros y lo que está fuera de nosotros.
Este proceso de escisión parece ser acelerado en el mundo de la web en la cual navegando se termina por perderse en una mar de identidades, de avatares, de perfiles con los cuales podemos forjar nuevos Yo, falsos Yo, engañosos Yo, o Yo mejores, Yo cautivador...¿y la realidad?
Mucha parte de literatura del novecientos y contemporánea se ha puesto este interrogante, sin encontrar jamás un tema de síntesis en los meandros de la duplicidad, en la búsqueda desesperada de tantos protagonistas novelescos, que tratan de adquirir sin éxito, una forma estable de individualidad, cayendo en juegos paradójicos e historias límites que desplazan todo horizonte de espera en el lector.
La atípica historia de Gantenbein, nos conduce en esta metamorfosis de una identidad que decide ir en busca de sí, desligándose de todo modelo, de todo canon impuesto para salir de los esquemas y sumergirse en la dimensión de la libertad con un nuevo punto de vista hacia la vida y el mundo. La historia o no historia de Gantenbein está narrada por Max Frisch, uno de los máximos escritores de la literatura suiza en lengua alemana del siglo veinte, en “Mi nombre sea Gantenbein” [1].
¿Sea? Está claro que ya desde el título el lector se encuentra desencajado, inseguro sobre la personalidad del protagonista. Osaría a decir que parece estar de frente a un Mattia Pascal del otro lado de los Alpes que con sus acciones destruye toda ilusión fabuladora, dejándonos en el “juego de las partes” de Felix Elderlin que se dio por desaparecido en una muerte accidental y desde ese momento “se imagina” una nueva vida de ciego, el ciego Theo Gantenbein.
“Me imagino: Su vida en aquel momento mientras recita el papel del ciego incluso a cuatro ojos, sus relaciones con la gente, quienes no saben que son vistos, sus posibilidades sociales, sus posibilidades profesionales, despuès del hecho de que no dice nunca lo que dice, una vida como una comedia, su libertad gracias a un misterio y así sucesivamente.
Su nombre es Gantenbein”.
El “me imagino” que se repite innumerables veces en la novela, proyecta en una dimensión incierta, irreal, la dimensión donde cada hombre forja su propio “querer ser”. Y de la misma forma los personajes que se alternan en la vida de Gantenbein pueden experimentar su libertad porque
“la gente frente a un ciego no se cuidará tanto de esconderse, así él logrará conocerla mejor y surgirá una relación verdadera.
Ese encuentro suyo con Camila Huber le fortifica en su esperanza de volver a los hombres un poco más libres, más libres del miedo a que se les vea mentir. Pero sobre todo, así lo espera Gantenbein, no podemos vernos por nosotros mismos, eso es lo que es: las historias existen sólo desde el exterior...Cada hombre se inventa tarde o temprano una historia, la cual sostiene como que es su vida”.
Los hechos de Gantenbein nos dejan captar la reflexión que Frisch conduce en clave irónica entre el ser y el aparecer de las personalidades, se abren múltiples e infinitas posibilidades, identidades posibles de usar como papeles o disfraces. Frisch a tal propósito utiliza continuas metáforas teatrales. Se habla de actores y actrices y de la vida como arte de la representación.Elderlin-Gantembein dirá “¡Yo ahora me pruebo las historias como vestidos!”.
El recorrido del Yo narrador, su obstinada y aparente ceguera acompaña al lector en la observación del mundo desde un punto de vista totalmente nuevo, donde el orden es solamente algo que hace sucumbir, un mundo libre que evita “la sutil disminución de toda curiosidad” de quien se esconde “solamente detrás de las necesidades cotidianas”.
Una historia que confunde y deja estupefactos, la de Gantenbein, que ayuda a construir una consciencia crítica. De hecho Frisch pone en guardia al lector en el aceptar pasivamente la ficción y la realidad. Hay que ser capaces de separarse de la realidad y de buscar en ella a sí mismos para interpretarla y encontrar el propio camino, la propia identidad plena y armónica, pero...tener siempre alto el ingenio...porque los nuevos comienzos pueden ser infinitos, el hombre, la humanidad es potencialidad infinita.
[1] Título en idioma original de la obra: Mein Name sei Gantenbein (1934).

Barbara Drago

Funima International
Sant’Elpidio a Mare (Italia)
5 de Noviembre de 2010

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