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gabriele100Por Gabriele Monacelli

He sentido un estruendo

He sentido la tierra temblar debajo de mis pies

He sentido que a mi alrededor todo se resquebrajaba

He oído el derrumbe de edificios

He visto levantarse una nube de polvo

He visto el llanto de las personas

He visto casas destruidas

He visto iglesias desplomadas con estatuas de la Santa Madre que han quedado en pie, intactas

He visto la desesperación, el desconcierto, la rabia, las lágrimas en los ojos de la gente  

He visto personas reclamando respuestas

He visto la tenacidad de los pocos que logran reaccionar frente a todo esto

He visto el gran espíritu de solidaridad que anima a todo el País

He visto héroes en acción, de día y de noche

He visto consolar

He visto el deseo de ayudar de miles de voluntarios

He visto que sin los voluntarios todo esto sería imposible

He visto… y quiero estar para hacer mi parte, quiero estar para servir, quiero estar para vivir, quiero estar para no mirar para otro lado, quiero estar para ensuciarme las manos y para mancharme de polvo las botas, quiero estar para reclamar justicia, quiero estar porque quiero seguir el ejemplo del Maestro de todos los Maestros, Jesús Cristo, que sirvió hasta el final y que nunca dio un paso atrás.

Luego del terremoto del 24 de Agosto pasado nos contactaron, a mi colega y a mi, de la oficina técnica de la Diócesis de la ciudad de Rieti para que realizáramos controles en las estructuras de su propiedad. Nuestra actividad prevé el relevamiento de los daños producidos en aproximadamente 200 edificios, entre iglesias rectorías, sobre y todo en las zonas del epicentro, entre Amatrice y Accumoli, y de los municipios linderos. Junto a otros 3 ingenieros armamos grupos de trabajo y velozmente comenzamos a realizar estos controles. Esta actividad nos llevó alrededor de dos meses, en los trabajos de campo que hicimos nos acompañaron algunos frailes y sacerdotes. Gran parte de las Iglesias quedaron destruidas y las que quedaron en pie han sufrido daños graves. Hemos visitado pueblos arrasados por el terremoto, completamente abandonados, ya desde antes del terremoto tenían pocos habitantes y ahora solo queda el recuerdo.gabrieleegabrieled

Es impresionante el hecho de ver estas ciudades desiertas y pensar que hasta hace algunos días estaban llenos de vida, con personas que pasaban sus vacaciones veraniegas, o con las fiestas tradicionales en pleno desarrollo. La escena que más me impresionó fue la de un joven de unos treinta años que había instalado su carpa en el ingreso de su pueblo, absolutamente desierto, estaba allí acompañado únicamente por su perro a la espera no se de qué, quizás con la esperanza de poder comenzar de nuevo pronto...

Me llamó la atención que en los pueblos las construcciones que más daños han sufrido son las capillas, como si la Tierra hubiera querido darle una señal a la Iglesia. La iglesia es parte fundamental de la vida de estas personas y el hecho de verla derrumbada para ellas es como un golpe al corazón. Pudimos hablar con los párrocos y con algunos residentes, todos estaban ansiosos por poder abrir nuevamente sus estructuras para celebrar la misa, símbolo de una esperanza después de toda esa destrucción. Nos hablaron del momento en el que ocurrió el temblor, del estruendo que escucharon y de los inmediatos derrumbes... escenas impresionantes e irreales.

Mientras tanto me había ofrecido como voluntario a la Protección Civil que, junto al Consejo Nacional de Ingenieros, coordina los grupos de trabajo de técnicos para realizar el relevamiento de los daños producidos en todo el territorio a causa del sismo. De hecho luego de los temblores del 26 y del 30 de Octubre se contactaron conmigo para desempeñar mi voluntariado del 7 al 14 de Diciembre. Así fue como el 7 por la mañana me encontré con un amigo/colega con quien compartiríamos toda la semana, en Rieti, en la Sede de la Dirección de Mando y Control (Dicomac), la oficina central que en esta fase de emergencia se encuentra a cargo de la coordinación de todo el aparato de socorro y asistencia a la población.

Cuando estábamos en la Dicomac nos comunicaron que nuestro destino para realizar los controles era la Provincia de Macerata y nos dieron instrucciones sobre cómo catalogar las fichas técnicas y las fotografías. A su vez el Centro de Coordinación Regional (CCR) de Macerata nos dijeron que los dos municipios que teníamos que visitar eran los de Muccia y Pieve Torina, donde, los técnicos municipales nos esperarían en los Centros Operativos Municipales (COC) para indicarnos lo que tendríamos que hacer. Nuestra actividad preveía la clasificación de los daños presentes en edificios ordinarios como casas, negocios, etc. Nuestro control del territorio comenzó el día 8 de Diciembre, en el municipio de Muccia, un pequeño pueblo de aproximadamente 900 habitantes, en el cual el 90% de los edificios quedaron afectados y su población fue completamente evacuada hacia las ciudades de la costa, unos pocos residentes de quedaron viviendo en los container, o en las pocas construcciones que quedaron en pie. En la plaza de Muccia nos encontramos con el centro de operaciones instalado en la estructura técnica municipal, el núcleo de los Bomberos, los voluntarios de la Protección Civil, de la Orden de Malta, de la VAB (Vigilancia anti-incendios forestales) y los Carabinieri que estaban a cargo del comedor. 

gabrielecNos recibió el técnico constructor de la municipalidad, una persona competente y voluntariosa, quien junto a otros técnicos voluntarios del lugar, organizó la asistencia técnica a la población: refuerzo de los edificios en ruinas, salvataje de los bienes culturales presentes en los mismos y coordinación de los numerosos voluntarios presentes, entre los que nos encontrábamos nosotros. En pocos minutos nos organizó una decena de relevamientos que tendríamos que realizar en esa jornada y, como teníamos que entrar a la zona roja, nos asignó a un bombero para que nos escoltara. Las zonas rojas son aquellas en las que las construcciones han sufrido lesiones muy graves (generalmente son los centros históricos) a las mismas se les realiza un vallado perimetral al que se puede acceder únicamente con la autorización de los bomberos y con algunos de ellos como escolta.

Así comenzó nuestro trabajo y nuestra aventura. Me sentía emocionado por vivir todo esto y por ser útil a la población, pero estaba algo tenso porque no quería dejarme llevar demasiado por la emoción y mantenerme lo más profesional posible, pero rápidamente cambié de idea... Nos encontramos con los propietarios que nos acompañaron a lo largo de los relevamientos. Eran personas que se encontraban aturdidas e incrédulas ante todo lo ocurrido y hasta ese momento no querían resignarse. Durante el día realizamos varias visitas y pudimos ver gran parte del pueblo que había quedado destruido, con derrumbes y daños graves en los edificios, con calles cerradas y valladas, con construcciones con peligro de derrumbe, negocios, bancos, correos, la Municipalidad, todo, todo cerrado y alrededor solo silencio... prácticamente el terremoto en pocos segundos detuvo la vida de estas personas, sacó una fotografía de ese instante en el que pasó a ser el protagonista de miles de vidas. Al entrar en las casas fue eso lo que vimos, vimos cómo la vida se había detenido en ese instante... platos en los lavabos de las cocinas, camas sin hacer, sillones con el control remoto arriba del apoya brazos, armarios abiertos, ropa encima de las camas, objetos caídos de los muebles destrozados en miles de pedazos que invadían los pisos, todo congelado en ese instante.

Durante las visitas hablamos con los residentes que nos hicieron muchas preguntas sobre el terremoto, sobre las condiciones en las que estaban sus casas, sobre cuándo podrían regresar, o si habría que demolerlas, sobre cuándo comenzaría la reconstrucción, etc, etc. y nosotros, con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que las respuestas que querían no eran solo de carácter técnico sino también de consuelo, en las mismas buscaban la esperanza y la posibilidad de volver a empezar. Otros en cambio estaban enojados, porque era imposible que se construyera de esta forma, dejar que muera la gente de esta forma y no nos quedaba otra que darles la razón. Les explicamos que existen soluciones para evitar todo eso, que se pueden construir edificios anti sísmicos con la instalación de dispositivos específicos en los cimientos, como se hace en Japón, o en otras partes del mundo, pero lógicamente en ese caso el dinero no terminaría donde tiene que terminar, es decir que terminaría en los bolsillos de quienes después lucran con la reconstrucción.

¡El almuerzo de esa jornada estuvo animado por los Carabineros que se encargan del comedor para los evacuados de Muccia, habían preparado platos deliciosos a base de jabalí! Los colores reinantes en la sala eran el blanco, el azul y el rojo, haciendo referencia a los uniformes de los militares. Durante la comida un señor del lugar tomó el micrófono para agradecer a los Carabineros por todo lo que estaban haciendo en estos días, agradeció por los riquísimos platos que habían preparado, por el servicio que estaban prestando a la ciudad y por todo lo que hacían con su extraordinario trabajo en pos de la seguridad del País, recordando además a los agentes de escolta asesinados en los varios atentados mafiosos y los que cada día arriesgan su vida con su labor... espontáneamente surgió un aplauso y todos se pusieron de pie. Fue muy significativo ver cómo en estos momentos de dificultad la solidaridad y la humanidad de las personas sale a la luz en forma desbordante, los corazones se abren y la comunión está siempre viva. El día de trabajo terminó en el hotel, en Porto San Giorgio, en el que nos encontramos con otros colegas que también estaban realizando relevamientos de las condiciones de seguridad. Intercambiamos experiencias gracias a las cuales quedaba en evidencia la falta de organización del operativo de intervención. Nos dimos cuenta de que tendríamos que arremangarnos para poder hacer nuestra labor lo mejor posible y no prestarle mucha atención al mal funcionamiento del sistema.

La segunda jornada de controles comenzó con nuestro traslado del hotel a la Abadía de Fiastra de modo tal de poder estar más cerca del destino de nuestras visitas. A lo largo de la misma tendríamos que hacer 7 u 8 relevamientos, visitamos casas residenciales y de vacaciones, que en el momento del terremoto estaban ocupadas porque eran días festivos.

El tercer día de trabajo tuvimos el placer de contar con la compañía de un escuadrón de tres bomberos de aproximadamente mi misma edad. Con estos jóvenes nos dirigimos a una zona de Muccia y, mientras nosotros íbamos a verificar los daños de los edificios ellos se encargaban de realizar refuerzos externos a lo largo de las principales calles del pueblo, removiendo tejas y chimeneas que corrían el riesgo de caer, pusieron telones en los techos descubiertos y demolieron pequeñas porciones de paredes que estaban a punto de derrumbarse. Era impresionante ver el trabajo que hacían tenían una gran pasión y muchas ganas de ayudar. Además tenían curiosidad por saber qué era lo que hacíamos nosotros y nos hicieron varias preguntas para entender cómo funcionan las estructuras bajo la acción del sismo y cómo intervenir para que las mismas sean más seguras.

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La última visita que nos quedaba por hacer era a la casa de una pareja de jóvenes. Ellos nos acompañaron para entrar en su casa y comenzaron a recoger objetos y ropa para poder llevarse, la mujer se conmovió y nos preguntó si su casa era habitable, le dijimos que lamentablemente los daños eran muy graves por lo tanto no lo era y tampoco sabíamos cuándo podrían regresar a la misma. Nosotros también nos emocionamos, no es fácil ver cómo estas vidas han sido arrolladas por esta energía que de repente fue liberada por el terreno y cambió todo el escenario, cambió las referencias cotidianas y las exigencias básicas. Mentalmente agradecí por el camino espiritual en el que me encuentro, que me permite ver más allá de la materia y que me ayuda a ser consciente de que nada nos pertenece. En el almuerzo estuvimos junto a los bomberos y, no se como, en un determinado momento me encontré hablando con uno de ellos sobre los extraterrestres, sobre los OVNIs y sobre las esferas de luz. Él había visto algunas conferencias de Mauro Biglino y le apasionaban mucho todos estos temas, yo le hablé de los videos filmados por Antonio Urzi y de las investigaciones realizadas por Pier Giorgio Caria. Él quedó interesado y le gustaría saber aún más pero el deber me llamaba y tuvimos que seguir con nuestra ronda de trabajo.

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El ritmo laboral era muy vertiginoso porque a las 17:00 hs ya era de de noche y teníamos que aprovechar cada instante de luz para realizar los relevamientos. Todas las tardes, al término de los mismos teníamos que ordenar las fichas técnicas, catalogar las fotos y completar los documentos con los resúmenes de cada caso para presentar en la Municipalidad, por lo tanto nuestro trabajo nunca terminaba antes de las 19:00 hs y la velada enseguida llegaba a su fin. Al volver al hotel nos dábamos una ducha, íbamos a cenar y nos acostábamos temprano.

Así llegó otra jornada de controles y nos encontramos con nuevas miradas, nuevas historias, nuevas personas que nos acompañaron a sus casas derrumbadas y abandonadas, los temblores no cesaban, había al menos uno cada dos horas, entonces permanecíamos el menor tiempo posible en el interior de los edificios, en dos oportunidades nos tocó esperar que pasara el temblor para poder salir pero gracias a Dios no pasó nada. Pasábamos casi todo el tiempo hablando con los propietarios para explicarles las causas de los daños y cómo sería posible volver a dejar sus casas en condiciones habitables. Ya era el cuarto día de relevamientos y me puse a hablar con mi colega sobre la enorme ayuda que nos daban los voluntarios, nos dimos cuenta de que gran parte de la asistencia a la población estaba a cargo suyo y sin ellos la operatividad que veíamos habría sido imposible.

El Domingo 11 de Diciembre era nuestro último día de trabajo en el Municipio de Muccia, desde el lunes hasta el miércoles le tocaba el turno al Municipio de Pieve Torina. El lunes por la mañana llegamos al centro operativo municipal de Pieve Torina y allí también nos estaba esperando el técnico constructor asignado por la Municipalidad. La situación de esta ciudad era similar a la de la anterior: en la misma vivían 1200 habitantes, habían muchos edificios derrumbados y la población había sido evacuada y llevada a las ciudades costeras. Durante los controles que realizamos nos encontramos con diferentes situaciones, vimos a personas ancianas que tenían el espíritu de veinteañeros y uno de ellas nos invitó para que regresemos pronto, ni bien arreglara su casa nos ofrecería una cena, otro señor nos agradeció muchísimo por nuestro servicio y nos regaló vino. Nos dirigimos a hacer otro relevamiento, de un restaurant en el que nos estaban esperando su administrador y los propietarios. Hacía poco que el edificio había sido restaurado y el terremoto causó muchos daños por lo tanto lo catalogamos como inhabitable, el administrador había invertido mucho dinero y ahora estaba muy triste por el futuro de su actividad. Los propietarios estaban resignados, tenían otro restaurant en Ussita que también había sido declarado inhabitable. Habían pasado días enteros trabajando en otros restaurants como voluntarios para ayudar a sus colegas. Intentamos consolarlos diciéndoles que pronto podrían volver a abrir sus instalaciones pero comprendíamos que no era una situación fácil para afrontar, ni para vivir.

El martes a la hora de almuerzo fuimos a saludar a nuestros amigos, los bomberos de Muccia, y nuevamente tuve la oportunidd de hablar con uno de ellos, con quien estaba interesado en la visita extraterrestre. Hablamos de por qué y cómo nos visitan, le hablé sobre las esferas de luz y de los pequeños avistamientos de los cuales había sido testigo, conversamos sobre las diferentes formas de contacto que utilizan para comunicarse con nosotros los terrestres y de su futura manifestación a nivel mundial. Intercambiamos nuestros datos personales y nos saludamos, al día siguiente yo  regresaría a mi casa y él también a la suya, en Novara pero recién el jueves próximo.

Estos tres días de servicio en Pieve Torina también pasaron volando. El Miércoles 14 hicimos las últimas visitas en dicho Municipio y nos dirigimos hacia Macerata donde tendríamos que entregar las fichas técnicas y las fotos de los relevamientos. Al llegar a la oficina tuvimos que esperar hasta las 14:00 para poder presentar la documentación, mientras tanto compramos algo para comer y nos sentamos en medio de un parque a almorzar. Estábamos allí, en el centro de un jardín verde, el sol brillaba a lo alto, la temperatura era agradable y comimos un poco de cous cous con verduras, detrás nuestro había un chico de color que hacía footing... esta escena me inspiró una conciencia universal, pensé en la hermandad de los pueblos, en las distintas culturas que aman al planeta, en las diferentes formas de vida en el Cosmos con las que próximamente entraremos en contacto. Mi pensamiento se proyectó hacia el hecho de que somos tan pequeños frente a la Creación, somos casi insignificantes en la inmensidad universal y sin embargo somos tan arrogantes y presuntuosos. El escenario de destrucción del terremoto se podría evitar perfectamente, los cientos de personas que perdieron la vida podrían haberse salvado y podríamos vivir en armonía con estas manifestaciones de la naturaleza, que siempre han ocurrido en nuestro País y que hasta el día de hoy nos asombra que se sigan presentando. En pocos segundos nuestras vidas pueden cambiar por completo y hay que volver a empezar. El terremoto le cambió la vida a muchas personas y sus parámetros vitales ahora son diferentes. La naturaleza pasó a ser protagonista del vivir cotidiano en forma directa e incisiva diciendo “aquí estoy”.

Transcurrí esta semana al servicio de la gente que estaba atravesando un drama, que también había pasado a ser el mío, porque si queremos evitar todo esto cada uno de nosotros tiene que hacer su parte. Un fuerte sentimiento de servicio me impulsó a hacer todo esto y no niego que tuve que luchar en contra de todas mis miserias humanas, en contra de mis estructuras mentales y de mis límites. Al entrar en esos edificios destruidos abrí los ojos y vi, intenté entablar una empatía con las personas y leer en su interior. Me di cuenta de que soy pobre, soy pobre en la fe y también comprendí que mi vida está basada en parámetros frágiles. Tendríamos que entrenarnos cotidianamente a dejar de depender de la materia porque no es más que una ilusión momentánea, tenemos que cambiar nuestros puntos de referencia, nuestras bases de apoyo y elevar nuestra conciencia hacia nuestra dimensión espiritual, alimentar nuestra evolución espiritual. En pocos segundos la materia nos puede llegar a abandonar y lo que queda no puede ser aferrado, tocado, somos nosotros, es nuestro espíritu, son nuestras cualidades, es nuestra verdadera esencia a la que le tenemos que obedecer. He visto gente desesperada porque había perdido todo y nosotros no nos demás cuenta de que, en realidad, no ha perdido nada, porque sigue con vida, con excelente salud, con fuerzas y con mucha ayuda por parte de sus amigos, parientes y voluntarios. Todo se puede llegar a reconstruir y puede durar eternamente si en los cimientos y en las estructuras ponemos nuestra unión, nuestros talentos, nuestra pasión por la vida, nuestro espíritu de servicio, nuestra disponibilidad para ayudarnos unos a otros y abrir nuestro corazón para escuchar a los demás dejando de lado egoísmos, bloqueos e individualismos.

A vuestro servicio, con amor

Gabriele

21.12.2016

 

Algunas fotos de los daños…

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