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sofia1Por Sofia Capretta

Creo que nos estamos olvidando del arte de ser felices y que cuando lo somos, por miedo a que el estado de gracia sea una ilusión, condenamos a ese sentimiento a la desaparición. Como un jardinero que no confía en la semilla de una rosa a causa de su pequeñez y fragilidad y por lo tanto decide no cuidarla.

Cuando miro una rosa me doy cuenta de que las cosas del universo no están obligadas a ser bellas, sin embargo lo son. ¿Por qué nosotros no logramos alcanzar la belleza de una rosa, u olvidamos cómo se hace? Estamos demasiado concentrados en los resultados, más que en las personas, nos olvidamos de cuidarnos a nosotros mismos como seres vivos, es decir, que tenemos que estar, día tras día, un poco más vivos, capaces de alcanzar un destino inédito, sin embargo nos conformamos con atravesar hastiados la repetición de los días sin alegría. Creo que eso ocurre porque frecuentemente priorizamos lo que rodea a la vida, como aquellos que han recibido un regalo y se conforman con el envoltorio por miedo a desilusionarse. “Arte es aquello que quienes tienen talento para la vida (todos) pueden aprender y mejorar día tras día, a fin de que cada etapa sea iluminada, guiada y templada por un fuego que no se apaga, el de la pasión feliz de estar en el mundo como poetas de la vida cotidiana y no exhaustos sobrevivientes o pálidos participantes”.

Lo opuesto a la vida no es ni la infelicidad, ni el sufrimiento, sino el aburrimiento que implican. La condición de estrechez de quienes se quedan siendo semilla y no dan frutos, de quienes no se ponen en juego por amor. En ellos prevalece el miedo a sufrir sobre el deseo de vivir, el corazón se endurece, como un pájaro que tiene las alas cerradas por temor a su peso, por el miedo absurdo a tener que volar. Todo tiene que estar siempre e inmediatamente vivo, presente, instantáneamente disponible al apretar un interruptor. Ya no hay tiempo para el tiempo: las crisálidas, el embrión, la semilla, son todas realidades que tardan demasiado tiempo y que implican un gran esfuerzo para dar frutos. Nosotros queremos todo y ya, además, infinitamente. Tapamos nuestra fragilidad con una coraza tecnológica que no nos deja sentirla. En lugar de aprender el arte de ser frágiles es mejor estar a la moda, o mejor dicho, estar a la muerte.

Quienes encuentran el amor descubren qué es la misericordia, el perdón, la madurez. Por lo tanto el amor es una verdadera experiencia de salvación, hace habitable el destino y lo transforma en meta, le da un sentido de fuerza a la vida, que tal vez no es toda la felicidad que desearía el corazón humano, pero que es alimento suficiente para suplir aquello que siempre falta. Poetas son quienes albergan, reciben la vida y se esfuerzan por repararla, porque reparar lo incompleto de las cosas es arte, llevando en sus espaldas ese peso, como se hace con un niño cansado de caminar cuando ya esta cerca de la cima.

No hay artistas que no crean en la eternidad, quizás no explícitamente pero si en los hechos, porque intenta rescatar la belleza del tiempo y de la muerte por todos los medios. La creación artística es esperanza de dar vida, de ser, en contra de lo que lo impide, es la búsqueda de nos hace renacer. Y no se puede morir del todo si se ha luchado para hacer algo hermoso en el mundo, si se ha luchado para resistir a la tentación de la nada. Entonces el arte de renacer es el arte de amar porque solo quienes aman hacen cosas hermosas en el mundo. No podemos tener un destino y una meta sin un amor que tenga fe en nosotros antes que nosotros en él.  Este amor lo encontré en Dios. Creo que nuestras carencias de metas, por lo tanto de felicidad, son carencias de amor, de un amor infinito que busque, abrace y repare hoy y siempre todo límite de nuestra fragil existencia para alcanzar su cumplimiento.

Me he inspirado al leer el libro “L’arte di essere fragile” (El arte de ser frágil) y desarrollé algunas frases específicas.

Sofia Capretta

18 de Marzo de 2017

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