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consolador400Por Claudio Rojas G.

La verdad es que el mensaje “LA VICTORIA DEL HOMO SAPIENS SOBRE SATANÁS”a partir de la Noticia del Tráfico de órganos de niños, sin lugar a dudas produjo algo muy fuerte en mi interior, algo grande, un disparador, algo que me hizo sentarme frente al PC apenas llegué a casa, a evacuar sentimientos venidos a mí a partir de la reflexión de este mensaje, una necesidad urgente de escribir…

El hecho de que sea el mismo Satanás implorando a su Padre Dios, a quien por cierto respeta y obedece, y le pida la liberación de las cadenas que lo atan a este mundo del hombre de este época, es algo que me hace pensar que llegó el momento de la purificación del mundo, el desencadenamiento de la Ira de Dios, el desarrollo de la justicia Divina, la Gran Tribulación en definitiva…  

En la tradición judeo cristiana, Satanás, de la palabra hebrea para "adversario", es la figura principal del mundo demoníaco que es hostil a Dios y su voluntad. En el Antiguo Testamento (por ejemplo, el Libro de Job), Satanás se presenta como una personalidad distinta de la oscuridad y la acusación – un rol un tanto distinto. Una expresión más completa de su papel se presenta en el Nuevo Testamento, donde es llamado "el tentador", "el calumniador", "el enemigo", "mentiroso" y "el ángel del abismo." En conjunto, estos títulos presentan a Satanás como el que tiene el poder sobre las normas de mentiras y el engaño, acusa a la humanidad ante Dios, y se opone al propósito de Dios en el mundo (sin dejar de ser obediente a Dios).

No es que el Padre haya juzgado al hombre ahora; ya lo hizo hace mucho rato; pero el hecho de que Satanás, quien es instrumento del Padre Adonay e importantísimo para la evolución de los seres y su selección antes de que llegue el Juez Divino y la Nueva Era, ya no tolere más al hombre, podría ser acaso que le está marcando los tiempos al mismísimo Dios?.  Esto le indica, que no sólo Satanás hizo su trabajo, sino que el hombre ha llegado a tal nivel de degeneración que no tiene sentido la presencia de Satanás, sólo se espera la manifestación de su hijo el Anticristo para que se cumplan las profecías, para participar activamente en la selección final de un pequeño grupo –los elegidos- quienes sean dignos para llegar a la nueva Era, que son o serán muy pocos en relación al tamaño de la población mundial.

Se me viene a la mente que Satanás ha atacado siempre a la Iglesia Católica, más que a ninguna otra, y esto constituye la evidencia teológica de que ésa es la verdadera Iglesia de Cristo, porque es la que le molesta, como nos lo ha dicho Giorgio. Las otras Iglesias u otras doctrinas son menos atacadas o eventualmente son instrumentos del demonio para desvirtuar la enseñanza correcta.

Así también para expulsar demonios a través de los exorcismos se requiere un sacerdote católico (que sea verdadero ministro de Cristo); esto es otra evidencia teológica de cuál es la doctrina fidedigna de Jesucristo. Hay cientos de casos que lo prueban, incluso pastores protestantes o adventistas han tenido que recurrir a sacerdotes católicos para poder expulsar demonios.

Como no hacer una analogía y recordar también que un personaje maligno, quien se reunió con Giorgio hace poco tiempo, y en secreto a petición del primero, con quien es justamente quien más le molesta; de paso evidenciando teológicamente quien es un verdadero mensajero del cielo, el Juan Bautista, el Elías que había de venir, y quien es el anunciador más importante en el planeta del retorno de Jesucristo para juzgar a esta humanidad perdida en el mundo material…

Podría decir que el período de 100 años que se le entregó a Satanás para tentar con más fuerza al hombre, y que termina este año 2017, hace que de alguna manera él nos indique el fin del tiempo de misericordia y el comienzo del tiempo de la justicia de que Jesús le indicó a Sor Faustina de Kowalska.

¿QUÉ CREES QUE HARÁ EL DIOS, SEÑOR DIOS DESPUÉS DEL CLAMOR DEL PRÍNCIPE DE VUESTRO MUNDO? …nos pregunta el mensaje. Se me ocurre pensar que si Dios ya juzgó y por tanto abandonó a la mayoría de la humanidad desobediente, ignorante y apática; no ha abandonado a los elegidos, por quienes sostiene aún al mundo.  Giorgio ha dicho que debemos pedirle al Padre la justicia, pero para ello debemos ser dignos obreros de la viña del Señor, de lo contrario, no seremos escuchados. Entonces el extremo “mal” y el extremo bien están pidiendo a gritos la justicia de Dios, y la inmensa mayoría de la humanidad dormida, apática, ignorante, llena de miedo y tibia, corre el riesgo de ser vomitada de la boca del Señor.

(Apocalipsis 3:15-19) “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Como el pasaje anterior pone en claro, la tibieza es inaceptable ante el Señor. El tibio no está ferviente por el Señor. Su corazón no está encendido de amor por Él. La opinión que sostiene por sí mismo es enteramente diferente de la opinión que el Señor tiene de él. Entonces, mientras que el Señor lo ve “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”, él se ve a sí mismo como rico, que no tiene necesidad de nada. El enfoque de su interés no es el Señor y Su opinión, sino sí mismo. “Yo soy rico, y [yo] me hecho de dinero” dice. Para el tibio, Jesucristo era probablemente su Señor, y lo confesó como tal, alguna vez en el pasado. Sin embargo, Él no es su Señor, su jefe, HOY. Su jefe hoy es más bien, sí mismo.

El hecho de que alguna vez hayamos creído, no significa que hoy sigamos en la fe. Por lo cual, no seamos relajados sino que examinémonos a nosotros mismos. ¿Seguimos hoy en la fe? ¿Es Jesucristo nuestro Señor hoy? o solo asumimos que todo está bien con Él mientras hagamos nuestras “tareas”. El Cristianismo no es una religión. Es una relación. Una relación con un Dios vivo y un Señor vivo. ¿Es Él Señor de nuestras vidas hoy o no?

El propósito de las preguntas anteriores no es para generar condenación o miedo (excepto temor de Dios), sino el hacer que nos examinemos a nosotros mismos, como las Escrituras dicen que debemos hacer. Aunque el Señor desprecia la tibieza, incluso más que la frialdad, ama al tibio y quiere cambiarlo. Quiere verlo arrepentido y volverse FERVIENTE. Es por eso que en el mismo pasaje de Apocalipsis 3 dice: “Yo reprendo y castigo a los que amo”. La reacción del Señor en contra del tibio no es la de rechazarlo sino la de castigarlo, como en Hebreos 12:11 dice: “que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza”. Sin embargo, es esa “tristeza divina” lo que produce (el) arrepentimiento (2 Corintios 7:10), que el tibio tanto necesita.

Claudio Rojas G.

24.06.2017

ANEXO:

DE COMO SATANÁS INTERVIENE PARA PROBAR A LOS ELEGIDOS

Satanás decide atacar a Job de una manera más directa y le pide a Dios que le conceda el derecho a atacar el cuerpo de Job, cosa que Dios le concede. Sin previo aviso, Job se encuentra de repente atacado por una serie de terribles furúnculos o carbunclos.

Pensemos en cómo Job se encontró lleno de furúnculos, de la cabeza a la planta de los pies. No sabía apenas qué hacer, pero se decide a esperar y soportarlo hasta el final. Al continuar la enfermedad su proceso, su esposa es una cuya fe sucumbe. Se vuelve a él y le dice: "¿Todavía te aferras a tu integridad? ¿Por qué no maldices a Dios y te mueres? Job tiene que soportar solo, pero se ha propuesto ser fiel. A continuación viene la prueba final y recibe la visita de tres de sus amigos.

Ya no estamos viendo solo a Job, sino que nos encontramos con la controversia que suscitan estos tres amigos y su discurso que ocupa una gran parte del libro. Desde su punto de vista humano (muy humano), intentan dar respuesta a la misma pregunta obsesiva: "¿Por qué afligen a los hombres tragedias que no tienen sentido?

No es que estén necesariamente equivocados en su explicación. Hay efectivamente sucesos trágicos, catástrofes, angustias, dolores y sufrimientos que son el resultado del pecado. Siempre que infrinjamos las leyes del universo de Dios, incluyendo las leyes relacionadas con la salud, se producirá una reacción física inmediata y en ocasiones violenta y de ello se derivan muchos sufrimientos, pero el problema de los argumentos presentados por sus amigos, y el mal de los mismos, está en su declaración dogmática de que esa es la única explicación posible de toda clase de sufrimientos.

Cada uno de ellos presenta sus argumentos a Job en tres ocasiones.  Es decir tres argumentos cada uno, haciendo un total de nueve argumentos y cada uno de ellos repite, por así decirlo, el mismo concepto. Intentan distintos enfoques, empezando por el sarcasmo y la ironía. A continuación apelan a la honestidad de Job, para acusarle luego de haber cometido crímenes concretos o malas acciones para finalmente hacerse los ofendidos y marcharse, disgustados y enfurruñados, apelando con orgullo a la conciencia de Job para que no les insulte más. Están todo el tiempo atacando a su integridad, con el argumento de que si Dios es verdaderamente justo, entonces los justos siempre reciben bendición y los malvados siempre sufren y, por lo tanto, la persona que esté sufriendo debe ser por haber hecho algo que está mal en su vida. Ese es su argumento. Para estos hombres la explicación es una sencilla cuestión de causa y efecto y les parece bastante lógica. Es una explicación conveniente y sin complicaciones, que todo lo explica, es decir, a menos que se sea la persona que está pasando por los sufrimientos.

Para empezar Job se siente ligeramente irritado con estos amigos, pero luego se siente realmente furioso y, finalmente, sarcástico. En las primeras líneas de su respuesta, les contesta con una fina y cortante ironía: "ciertamente vosotros sois el pueblo y con vosotros morirá la sabiduría. (Job 12:2).  "Tenéis todas las respuestas, habéis resuelto todos los problemas, lo sabéis todo. ¡Así que no sirve de nada continuar hablando con vosotros! Con un amargo sarcasmo les contesta que la explicación que ellos tienen con respecto a su sufrimiento es una equivocación. Resentido, les suplica abiertamente que comprendan. Les dice que no tiene ningún pecado que confesar porque no es consciente de haber ofendido a Dios de ninguna manera. Es más, ya no puede creer en la justicia porque los argumentos de ellos, según los cuales los malos siempre sufren, no son ciertos y les hace ver que son muchas las personas que son malvadas, notoriamente malvadas, y están prosperando y floreciendo, llevando una vida fácil y no les está pasando nada horrible.

Además, les dice, no sabe qué más hacer porque Dios no le escucha y no tiene ni siquiera la oportunidad de exponer su caso ante él y se queja de que Dios se oculta de él y que no le puede hallar. Al final Job acaba chillando a estos amigos en su estado de confusión, de perplejidad, de ira, de dolor y de frustración. Dice que le teme a ese Dios, que no es el Dios al que él ha conocido. No sabe lo que le ha pasado a ese querido y antiguo amigo en el que siempre podía confiar. Se ha producido un sorprendente cambio en la actitud adoptada por Job ahora que le están pasando todas estas cosas tan espantosas y ya no sabe qué pensar ni qué decir.

Lo glorioso acerca de este amado hombre es que a lo largo de todo el libro es completa y absolutamente honesto. Confuso, perplejo y desconcertado por lo que le está pasando, sencillamente expresa sus pensamientos y se niega a admitir aquellas cosas que no puede aceptar: "¡todas estas respuestas oportunas no ayudan para nada! En su desesperación, expresa de diversas maneras el clamor definitivo del espíritu humano. De este discurso de Job surgen algunos versículos maravillosos. Habiendo desnudado su alma, clama una y otra vez, expresando las más profundas expresiones del corazón humano. En el capítulo 9 dice acerca de Dios:

"Porque él no es hombre como yo para que le responda, y para que juntos vengamos a juicio."

"Ojalá hubiese un árbitro entre nosotros, ojalá que hubiese un mediador entre nosotros que pudiera poner su mano sobre ambos." (Job 9:32, 33)

Ese es el clamor de un corazón que reconoce que Dios es superior, más grande, más rico y más santo que el hombre y que al hombre le es imposible alcanzarle. Es el clamor que pide un mediador que se coloque entre ambos.

"He aquí que también ahora mi testigo está en los cielos; en las alturas está mi defensor." (Job 16:19)

Un poco antes había pedido un mediador: "Oh, si hubiera un árbitro entre nosotros para que mediase entre yo y Dios. Y ahora dice, por causa de su desesperación: "ahora me doy cuenta de que el único que puede argumentar mi caso adecuadamente por mí, es Dios mismo. Si cualquier causa mía ha de tener una justa representación ante Dios, será el mismo Dios quien tenga que hacerlo.

En otro clamor angustioso, en la que queda patente esta nota de tremenda intensidad:

"¡Oh, que mis palabras fuesen escritas! ¡Oh, que fuesen grabadas en un libro! ¡Que con cincel de hierro y de plomo fuesen cinceladas en la roca para siempre!" (Job 19:23, 24)

Está oración se hizo realidad en la constancia que ha quedado en el libro de Job. Entonces brilla, por fin, un rayo de luz en medio de las tinieblas:

"Pero yo sé que mi Redentor vive y que al final se levantará sobre el polvo. Y después que haya deshecho esta mi piel, ¡en mi carne he de ver a Dios, a quien yo mismo he de ver! Lo verán mis ojos y no los de otro." (Job 19:25, 26)

De la más sombría y profunda angustia que siente este hombre surge este clamor, que encuentra su cumplimiento en la venida de Jesucristo, que vino como mediador. Vino para asegurar al hombre que habría de vivir de nuevo, para colocarse entre el hombre y Dios. Vino en su propia carne a la tierra para que el hombre pudiera verle cara a cara.

Pero de repente el Señor mismo responde a Job. En una furia como un torbellino llega a él y le dice: "¿Job, quieres discutir? Has estado diciendo que quieres algunas respuestas a tus preguntas, que me he estado ocultando y que no he querido discutir contigo. ¿Quieres argumentar tu caso? Está bien. Primero permíteme poner a prueba tu capacidad. Tengo aquí una lista de cuarenta preguntas que me gustaría hacerte, para ver si estás capacitado para entender los problemas. Estos son problemas muy sencillos, preguntas muy fáciles, y si puedes responder a estos conceptos rudimentarios entonces tal vez puedas discutir conmigo las cuestiones que tienes en tu corazón.

En los capítulo 38 a 40, nos encontramos con los más asombrosos pasajes de toda la Biblia. Dios lleva a Job en una gira por la naturaleza y le hace una pregunta tras otra acerca de la capacidad de Job para tratar este o el otro tema de la naturaleza. Estos capítulos nos muestran gradualmente una imagen de un universo inmensamente complejo e intrincadamente entrelazado, siendo preciso poseer una mente sobrehumana para dirigir estas actividades, para mantener el equilibrio y para responder a todos los interrogantes que le está pidiendo el Señor a Job que responda.

Al final de la abrumadora muestra de la sabiduría de Dios, Job cae sobre su rostro y le dice:

"De oídas había oído de ti, pero ahora mis ojos te ven y me arrepiento en polvo y ceniza." (Job 42:5, 6)

El argumento esencial de Dios es que la vida es demasiado compleja como para hallar respuestas sencillas. Si usted exige que Dios le dé respuestas fáciles a problemas sumamente complicados, le está usted pidiendo que haga más de lo que puede usted entender. Él está diciendo sencillamente que solo Dios puede tratar adecuadamente las respuestas a esta clase de interrogantes. Por lo tanto, el hombre ha de adoptar la postura de confiar en él y no discutir con Dios, que ha mostrado de la manera más asombrosa su habilidad para resolver estas complicadas situaciones al mismo tiempo que mantiene la vida humana y la vida del mundo entero, con todas sus tremendamente involucradas complejidades, en un equilibro precioso.

Job, abrumado por el inmenso poder, la sabiduría y la majestad de Dios, cae sobre su rostro, se arrepiente y aprende la lección que Dios quiere que aprenda. Solo Dios tiene derecho a usar al hombre para llevar a cabo los propósitos que él desee. En otras palabras, Dios no existe para el hombre, sino éste para Dios y Dios no es un botones de hotel glorificado al que le podemos chasquear los dedos y que venga corriendo a preguntar: "¿puedo tomar nota de su pedido? Somos nosotros los que existimos para él.

Nosotros somos los instrumentos de Dios para que él pueda llevar a cabo sus propósitos, algunos de los cuales son tan tremendamente complicados que no podemos ni mucho menos entenderlos. Hay muchas interrogantes que no pueden ser sencillamente contestadas porque nuestra mente no es adecuada para entenderlo.

La última parte del libro es una preciosa imagen de lo que Santiago llama las tiernas misericordias de Dios con Job (San. 5:11) Dios le dice a Job: "ahora quiero que ores por tus amigos, estos tres buenos hombres, tan obstinados, tan seguros de tener todas las respuestas, con tan buenas intenciones, tan sinceros y dedicados, pero que han metido la pata hasta el fondo. Ora por ellos, Job.

Entonces Dios le dijo a Job: "¿cuántas ovejas tenías? a lo que Job le contestó: "siete mil. Dios le dijo: "Está bien, te daré catorce mil. ¿Cuántos bueyes tenías? Y Job respondió: "quinientos. Dios le contestó: "te daré mil. ¿Cuántos camellos tenías? "Tres mil le contesta Job. "Está bien, Job, tendrás seis mil camellos. ¿Cuántos hijos e hijas? "Siete hijos y tres hijas. "Está bien, pues tendrás otros siete hijos y otras tres hijas. El doble. Siete hijos y tres hijas en gloria y siete hijos y tres hijas en la tierra. Dios le restableció el doble a Job y vivió el resto de su vida recibiendo bendición y felicidad.

Claudio Rojas

25 Junio 2017

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