Esta página web utiliza cookies de carácter técnico propios y de terceros, para mejorar la navegación de los usuarios y para recoger información sobre el uso de la misma. Para conocer los detalles o para desactivar las cookies, puedes consultar nuestra cookie policy. Cerrando este banner, deslizando esta página o haciendo clic sobre cualquier link de la página, estarás aceptando el uso de las cookies.

Italiano English Português Dutch Српски

resurreccion200Por Claudio Rojas Guerra

Hoy día, nadie o casi nadie cree que Jesucristo haya resucitado por sí mismo y a través de él se mostrará al hombre la gloria de Dios.

¿Qué es la resurrección?

La respuesta que da la Biblia

La palabra griega que en la Biblia se traduce “resurrección” es anástasis, que se define como la “acción de ponerse de pie (levantarse) de nuevo”. Cuando se resucita a una persona es como si se la levantara; se le devuelve a la vida con la personalidad que tenía antes de morir (1 Corintios 15:12, 13).

La palabra resurrección no se puede hallar en el Antiguo Testamento, o mejor dicho, en las Escrituras Hebreas. Sin embargo, en esta parte de la Biblia sí se habla de la esperanza de la resurrección. Por ejemplo, mediante el profeta Oseas, Dios prometió: “De la mano del Seol los redimiré; de la muerte los recobraré” (Isaías 26:19; Daniel 12:2,13).

Al tercer día resucitó entre los muertos… (Credo de Nicea)

Vemos que muchos resucitaron de entre los muertos, como Lázaro, el hijo de la viuda y la hija del archisinagogo. +Más la resurrección de Cristo difiere de la resurrección de éstos en cuatro cosas.

Primero, en cuanto a la causa de la resurrección, pues los otros que resucitaron, no resucitaron por su propia virtud, sino por la de Cristo o por las preces de algún santo. Pero Cristo resucitó por su propia virtud, pues no sólo era hombre, sino también Dios; y la Divinidad del Verbo nunca se separó ni del alma ni del cuerpo. Y por eso, cuando quiso, reasumió el cuerpo al alma y el alma al cuerpo: Tengo poder para exponer mi alma y tengo poder para asumirla de nuevo (Jn 10,18). Y, aunque murió, esto no fue por debilidad o por necesidad, sino por virtud, porque fue voluntariamente. Y esto es claro, pues cuando expiró, clamó con una gran voz, cosa que no pueden hacer otros moribundos, porque mueren por debilidad. Por donde el Centurión dijo: Verdaderamente éste era Hijo de Dios (Mt 27,54). Y así como por su virtud expuso su alma, así por su virtud la recibió. Y por eso se dice que resucitó y no que fuese resucitado, como por otro: Yo me dormí y tuve un sueño profundo y me levanté (Sal 3,6).

En segundo lugar, difiere en cuanto a la vida a la que resucitó: porque Cristo (resucitó) a una vida gloriosa e incorruptible, como dice el Apóstol en Rom 6,4: Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre; más los otros (resucitaron) a la misma vida que tenían antes, como se ve por Lázaro (para Gloria de Dios) y los demás.

En tercer lugar difiere en cuanto al fruto y la eficacia, puesto que por la virtud de la resurrección de Cristo resucitan todos: Muchos cuerpos de los santos que habían muerto, resucitaron (Mt 27,52); y el Apóstol dice en 1 Cor.15, 20: Cristo, primicias de los que duermen (el sueño de la muerte), resucitó de entre los muertos. Mas piensa que Cristo llegó a la gloria por su pasión: ¿Acaso no convino que Cristo padeciera así y de este modo entrase en su gloria? (Lc. 24,26). Y atiende a que Cristo vino para enseñarnos cómo podremos llegar a la gloria: Hch. 14,21 dice: por muchas tribulaciones conviene que entremos en el Reino de Dios.

En cuarto lugar se diferencia en cuanto al tiempo, puesto que la resurrección de los demás se difiere hasta el fin del mundo, a no ser que a algunos se les conceda por privilegio, como a la Sma. Virgen y, como piadosamente se cree, a S. Juan Evangelista. Pero Cristo resucitó al tercer día. La razón de lo cual es que la resurrección y la muerte y la natividad de Cristo fueron por nuestra salvación; y por eso quiso resucitar cuando se hubiese cumplido nuestra salvación. Más si hubiese resucitado inmediatamente, no se habría creído que hubiese muerto. Y así mismo, si hubiese tardado mucho, los discípulos no habrían permanecido en la fe; y así la utilidad de su pasión habría sido nula: ¿Qué utilidad hay en mi sangre, mientras bajo a la corrupción? (Sal 29,10). Y por eso resucitó al tercer día, a fin de que se le creyese muerto y para que los discípulos no perdiesen la fe.

Jesucristo manifestó la gloria de la resurrección mostrando que había resucitado el mismo que había muerto, idéntico tanto en naturaleza y en supuesto. Idéntico en naturaleza, porque demostró que tenía verdadero cuerpo humano al permitir a los discípulos que lo palparan y vieran, cuando les dijo, en el último capítulo de Lucas (24,39): Palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne y huesos como veis que tengo yo. Lo manifestó también realizando actos propios de la naturaleza humana, comiendo y bebiendo con los discípulos, andando y hablando muchas veces con ellos. Estos actos son propios de un hombre vivo. Si bien esa comida no fue por necesidad, pues los cuerpos incorruptibles de los resucitados ya no necesitarán alimentos, porque en ellos no habrá un desgaste que haya que restablecer con el alimento. Por eso tampoco el alimento tomado por Cristo se transformó para nutrir su cuerpo, sino que quedó en la naturaleza que tenía previamente. Con todo, al comer y beber demostró que era verdadero hombre.

También mostró que era idéntico en el supuesto el que había muerto, porque les enseñó en su cuerpo las huellas de su muerte, las cicatrices de las heridas. Por eso le dice a Tomás, en Jn 20,27: Trae aquí tu dedo, mete tu mano en mi costado, «y comprueba el lugar de los clavos». En el capítulo último (24,39) de Lucas dijo a los discípulos: Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo. También fue por concesión que quedaran en su cuerpo las cicatrices de las heridas, para probar con ellas la verdad de la resurrección, porque el cuerpo resucitado incorruptible debería estar íntegro. Aunque puede decirse que también en los mártires se mostrarán las huellas de las heridas como condecoraciones por su virtud. También muestra que es el mismo según el supuesto tanto por el modo de hablar como por las acciones con que suelen ser reconocidos los hombres. Por eso lo reconocieron los discípulos en la fracción del pan, como se dice en el capítulo último de Lucas (c.24, 30-31), y él mismo les anunció que se aparecería en Galilea, donde solía tratar con ellos.

Manifestó la gloria de resucitado cuando entró donde estaban con las puertas cerradas, en Juan 20,19, y cuando se ocultó de su vista, en último capítulo de Lucas (24,31). Es propio de la gloria del cuerpo resucitado poder aparecerse a unos ojos no gloriosos cuando quiere, y no aparecerse cuando no quiere. Si hubiera mostrado del todo la peculiar condición del cuerpo resucitado, habría perjudicado la fe en la resurrección, porque la inmensidad de su gloria habría impedido reconocer que era de la misma naturaleza.

¿Cómo llevamos esto hacia nosotros ahora?

Cuando alguien fallece, los pastores o sacerdotes que supuestamente nos guían, nos tratan de consolar hablándonos de la resurrección de Jesús, quien a través de ella habría eliminado la muerte; pero a esas alturas suena como muy intangible, inalcanzable, casi una fantasía.  Esta es una de las cosas, aunque no la única, que sin duda ha alejado a los fieles de las Iglesias, porque han sido ciegos guiando ciegos.

Juan.3:36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna- es decir que podemos interpretar que eternamente resucitará en la carne o se reencarnará-; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

El que cree en mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Yo soy la resurrección (Jn. 11,25), esto es, la causa de la resurrección, y uno consigue el efecto de esta causa, creyendo en mí. Por eso dice: El que cree en mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Pues, por el hecho de creer, me posee en sí mismo: Para que Cristo more por la fe en vuestros corazones (Ef 3,17).

Jesús les dijo a los saduceos que los resucitados “ni se casan ni se dan en matrimonio” (Lc. 20:34-36). ¿Se estaba refiriendo a la resurrección terrestre? ¿es posible que Jesús se refiriera a la resurrección celestial? Examinemos sus palabras.

Veamos primero en qué circunstancias las pronunció (Lc. 20:27-33). Los saduceos, que no creían en la resurrección, trataron de entrampar a Jesús con una pregunta sobre la resurrección y el matrimonio de cuñado. * Él les respondió: “Los hijos de este sistema de cosas se casan y se dan en matrimonio, pero los que han sido considerados dignos de ganar aquel sistema de cosas y la resurrección de entre los muertos ni se casan ni se dan en matrimonio. De hecho, tampoco pueden ya morir, porque son como los ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección” (Lc. 20:34-36).

¿Por qué han dicho nuestras publicaciones que es probable que Jesús se refiriera a la resurrección terrestre? Esta conclusión se basaba principalmente en dos argumentos. El primero era que, puesto que los saduceos sin duda pensarían en una resurrección terrestre, Jesús se debió referir a ella al contestarles. El segundo era que Jesús terminó su respuesta hablando de Abrahán, Isaac y Jacob, fieles patriarcas que resucitarán aquí en la Tierra (Lc. 20:37, 38).

Sin embargo, es posible que Jesús estuviera pensando en la resurrección celestial. ¿Qué razones tenemos para llegar a esa conclusión? Analicemos dos frases claves.

“Los que han sido considerados dignos de ganar [...] la resurrección de entre los muertos.” A los ungidos fieles “se les [considera] dignos del reino de Dios” (2 Tes 1:5, 11). Han sido declarados justos, dignos de vivir para siempre, sobre la base del rescate. Por tanto, no mueren como pecadores condenados, pues Dios los considera libres de pecado (Rom. 5:1,18; 8:1). A cada uno de ellos se le llama “feliz y santo” y se le considera digno de resucitar en el cielo (Rev. 20:5, 6). En cambio, entre quienes resucitarán en la Tierra habrá “injustos” (Hech. 24:15). ¿Podría decirse que a estos “se les [considera] dignos” de resucitar?

 “Tampoco pueden ya morir.” Jesús no dijo: “Ya no morirán”, sino: “Tampoco pueden ya morir”. Los ungidos que finalizan su vida en la Tierra siendo fieles son resucitados para vivir en el cielo y reciben inmortalidad, es decir, vida indestructible y sin fin (1 Cor. 15:53, 54). La muerte ya no tiene ningún poder sobre quienes experimentan la resurrección celestial. Podemos decir que ellos ascienden a una dimensión superior…En vista de lo anterior, ¿a qué conclusión llegamos? A la conclusión de que es posible que las palabras de Jesús sobre el matrimonio y la resurrección se refieran a la resurrección celestial. En ese caso, lo que dijo sería aplicable a los que resucitan para vivir en el cielo-o en los mundos invisibles-: que no se casan, que no pueden morir y que en algunos aspectos son como los ángeles, criaturas que viven en la región espiritual. Sin embargo, esta conclusión hace surgir varias preguntas.

En primer lugar, ¿por qué se referiría Jesús a la resurrección celestial al responder a los saduceos, que probablemente pensaban en una resurrección terrestre? Pues bien, Jesús no siempre respondió a sus enemigos según lo que ellos pensaban. Por ejemplo, a los judíos que le pidieron una señal les dijo: “Derriben este templo, y en tres días lo levantaré”. Jesús seguramente sabía que ellos pensarían en el edificio del templo, “pero él hablaba acerca del templo de su cuerpo” (Juan 2:18-21). Puede que Jesús no viera necesario contestarles aquella pregunta a los saduceos, quienes eran hipócritas y ni siquiera creían en la resurrección o en los ángeles ( Hech. 23:8). Más bien, tal vez quisiera revelar verdades sobre la resurrección celestial a sus discípulos, quienes eran sinceros y un día iban a recibir esa resurrección.

En segundo lugar, ¿por qué acabaría Jesús su explicación haciendo referencia a Abraham, Isaac y Jacob, los cuales serán resucitados en la Tierra? (Mateo 22:31, 32) Observemos que Jesús inició su comentario sobre esos patriarcas con las palabras “respecto a la resurrección de los muertos”. Con esa frase tal vez quiso marcar un cambio de pensamiento para pasar a hablar de la resurrección terrestre. Luego, como sabía que los saduceos aceptaban los escritos de Moisés, utilizó las palabras que Jehová le dirigió a Moisés en la zarza ardiente como prueba adicional de que la resurrección terrestre es parte del propósito divino y se cumplirá sin falta (Éx. 3:1-6).

En tercer lugar, si las palabras de Jesús sobre la resurrección y el matrimonio solo se cumplen en la resurrección celestial, ¿significa eso que quienes resuciten en la Tierra podrán casarse? La Palabra de Dios no da una respuesta directa a esta pregunta. Y es que si Jesús en verdad no hablaba de la resurrección terrestre, entonces sus palabras tampoco aclaran si podrán casarse o no quienes resuciten en la Tierra.  Esto es una evidencia de tipo empírica, de que la única resurrección terrestre es la resurrección de la conciencia.  Mateo 24:30 “ Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra”…..;  en ese caso resucitarán a la conciencia de Cristo, pero ya será demasiado tarde, por eso lamentarán, porque amargamente se darán cuenta cuán dormidos estaban y cuán equivocadas por lo mismo habían sido sus elecciones.

1 Cor 15:50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

1 Tesalonicenses 4:16

Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero.

Definitivamente, quedan más claro los conceptos en virtud de Apoc.20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

20:5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

20:6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

De aquí se desprende que los mártires de Cristo, resucitarán primero, probablemente para poder participar en la cena de las bodas del Cordero y del nuevo reino instaurado por Jesús en su regreso a la tierra.  Los “otros muertos no volvieron a vivir” o no volvieron a reencarnar después de los mil años. Entonces al parecer la primera resurrección es gloriosa, por ello la segunda muerte no tiene poder sobre aquellos; y la segunda, es la resurrección de la carne o reencarnación.

La resurrección de la carne:

1 Cor 15:35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?

36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.

37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano;

38 pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.

39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.

40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.

41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.

43-44 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

Todos estos versículos hablan con bastante claridad de la reencarnación.

La Resurrección de la conciencia:

Daniel 12:2

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el desprecio eterno.

Juan 5:28-29

No os admiréis de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio.

Claudio Rojas G.

24.11.2017

DVD - Boletines

mensajes secretos es

unalagrima2

boletineslink

Sitios amigos

220X130 mystery

ban3milenio

ILSICOMOROA

bannersitoarca

Sitios relacionados

delcielo box logofunimanuevo2015
lavida box  crop box
catania3 revelaciones box

Libros

ilritorno1 TAPA LIBRO laira
cop dererum1 humanidadtapa
books2 TAPA100
libroicontattiuniti139