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cap_del_monte_01SEMANA SANTA EN CAPILLA DEL MONTE
UN BAUTISMO DE AGUA Y FUEGO
Jueves 1º de abril
El primer día de abril, en horas de la mañana, salimos hacia la ciudad de Capilla del Monte, ubicada en el corazón de las Sierras de Córdoba, para pasar allí, todos juntos, los días de la Semana Santa y para asistir el lunes siguiente al Bautismo de Raúl Bagatello. Cada vez que podemos viajar juntos a algún lugar, se puede notar la gran alegría de los que nos vamos como enorme tristeza de los que por algún motivo tienen que quedarse. Esta vez fuimos quince los que disfrutamos la suerte de poder ir  y no podíamos ocultar la alegría que ese hecho nos proporcionaba.
El día amaneció hermoso, pero era el primer día de un fin de semana largo y las rutas estaban atestadas de autos y de conductores ansiosos por llegar a sus destinos turísticos. El viaje que debía durar entre cinco y seis horas duró doce, debido a los accidentes que fuimos encontrando a lo largo de la ruta y a los cortes y desvíos que las fuerzas de seguridad habían establecido.
capilla_ines_01Esa marcha de tantas horas, muchas de ellas a paso de hombre, me permitió reflexionar sobre muchas cosas. Así, recordé con nostalgia otros días de Semana Santa compartidos con hermanos que ya no están en la Obra o que he dejado de ver. Me dolió ver el vehemente afán de los que solo querían pasar unos días de vacaciones, y que se enojaban por la demora que enfrentaban.
¿Cuándo dejamos los cristianos de recordar el profundo significado de esta fecha para toda la humanidad? ¿Cuándo dejamos de respetarla? ¿En que triste momento de nuestra historia el más grande sacrificio de amor que hemos conocido se transformó en un motivo para celebraciones paganas?
Pero también comprobé que la distancia no existe cuando el amor es verdadero. Con frecuencia las cosas grandes o verdaderamente importantes se ponen de manifiesto mediante gestos pequeños y simples. Eso fue lo que sentí cuando a poco de haber salido empezaron a llegar mensajes de textos y llamadas de los que se habían quedado, que nos avisaban de los accidentes de la ruta y para saber si estábamos todos bien . No pasó un día sin que nos hablaran, o nos escribieran pidiendo novedades nuestras y también de los hermanos que habíamos encontrado en Córdoba.
Cada uno de nosotros había tenido que superar dificultades para viajar, aún los más jóvenes como Matías, hecho que él relata en su crónica.
La misma tarde de nuestra llegada nos llamó Joel Heredia, de Neuquén, que ya estaba en Capilla del Monte y quería vernos. Había viajado acompañado por siete personas más. Esa noche, algunos fueron a cenar con ellos, y otros, muy cansados del viaje, preferimos quedarnos a descansar.
Nos alojábamos en las mismas cabañas a las que ya fuimos otras veces, ubicadas al pie de los cerros, en una zona alta que parece recostada sobre las montañas y desde el cual se puede ver el valle en el que se levanta la ciudad de Capilla del Monte. Es un lugar muy especial, en medio del árido paisaje serrano, rodeado de espinillos y flores silvestres, y que está impregnado de una energía radiante, que influye poderosamente en los sentidos, produciendo una magia que se transmite a nuestro interior y que compensa el cansancio que llevamos con nosotros como una pesada mochila de viaje.
El mismo día de nuestra llegada, a pesar del agotamiento que teníamos, solo pudimos descansar una o dos horas. El llamado de la noche fue más fuerte y salimos a recorrer los caminos que llevan a las sierras. Había luna llena y grandes nubes aparecían y desaparecían en el cielo estrellado, formando llamativas figuras. Hacía frío, mucho más del que estaba pronosticado y casi no teníamos ropa de abrigo. Al salir, el fuerte viento nos tocó la cara como una advertencia de lo que nos esperaba. Pero nadie regresó.
Caminamos un rato en silencio y la primera vez que hablamos fue para decir con sorpresa que el viento había cesado casi por completo y que solo se percibía una suave brisa. Susana empezó a decir que sentía que nos estaban siguiendo, a pesar que el silencio era absoluto. De pronto una fragancia exquisita pero desconocida, nos inundó. Susana intentó reconocerla pero no pudo hacerlo; seguía diciendo que nos miraban y nos seguían. Los perfumes fueron cambiando de aroma, uno más bello que otro, y nos acompañaron en toda la caminata. Al regresar, gran parte del cansancio había desaparecido y nos sentíamos serenos y relajados, tanto que nos fuimos a dormir rápidamente.

Viernes 2 de abril
El viernes amaneció nublado. Había llovido durante casi toda la noche y el viento seguía siendo frío. Después de almorzar los exquisitos fideos que prepararon Graciela y Susana, recibimos a los hermanos de Neuquén que vinieron a tomar café con nosotros. Nos reencontramos con Joel, Juan, Marcelo, Aníbal y conocimos a Eloísa, Silvia y Liliana  que por primera vez asistían a una reunión nuestra, y que a su vez habían conocido apenas unos días antes a Joel, que las había invitado a ir a Capilla del Monte. Me conmovió una pregunta de Liliana sobre el significado del águila. Cuando le dije que era una de las identificaciones o atributos de la Tribu de Juan me contó que desde hace bastante tiempo se le decía que debía ir al encuentro de las águilas.
capilla_ines_02A la hora de la siesta, mientras tomábamos café y conversábamos, seguía cayendo una llovizna fina, pero a eso de las cuatro de la tarde, cuando ya estábamos por salir para tomar el camino a Ongamira, un sol pálido había salido de entre las nubes.
El lugar donde atiende Raúl Bagatello estaba lleno de gente y entre ellas sobresalían los incasables hermanos que trabajan para Funima. Estaba por comenzar la charla que Raúl da el día antes al de la sanación y rápidamente nos ubicamos en el pequeño galpón que cada vez resulta más chico para la cantidad de gente que va. Raúl empezó a hablar y mientras lo hacía yo miraba a los asistentes, comprobando cuánta gente nueva había entre ellos. Había quedado al fondo, de pie por la falta de lugar, entre personas que no conocía. A poco de empezar Raúl me vio y me saludó. Eso fue suficiente para que todos los que me rodeaban, al ver que lo conocía, empezaran a hacerme preguntas sobre él, sobre su misión y acerca de lo que estaba diciendo. Me di cuenta de la necesidad que tenían de saber, la cual es cada vez más perceptible.
Las palabras de Raúl, muy enérgicas al hablar en contra de las fuerzas del Anticristo, muy terminantes acerca de la conducta que todos debemos observar y muy severas en contra del Vaticano y de los crímenes que cometió y/o encubrió, eran tomadas de muy distinta forma por las personas que iban por primera vez. Algunos, como los que me rodeaban, estaban contentos; otros directamente devolvieron, al día siguiente los números que les habían dado para la sanación, diciendo que no estaban preparados para escuchar esas cosas.
De todo el discurso de Raúl rescato, porque me parecieron muy importantes, sus referencias al camino evolutivo de la humanidad, a las leyes que lo rigen, a los errores que cometemos y a la forma en que los reparamos, a la historia iniciada hace dos mil años y que hoy está a punto de concluir, con el regreso del Cristo. Mostró la foto que había tomado el día que conversaba con el Maestro, un pequeño punto que al ser ampliado se convirtió en una lengua de fuego, similar a las que se utilizan para describir el momento en que el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles. Y terminó diciendo que el día anterior el Cristo le había dicho que en esta ocasión, Él nos iba a bautizar con fuego.
Terminada la charla, nos fuimos a cenar a Capilla del Monte. Llovía a cántaros y nos mojamos completamente para llegar al restaurante. Fue la bendición final de ese viernes santo.

Sábado 3 de abril
El sábado nos levantamos tarde, desayunamos y volvimos al lugar de la sanación, donde tuvimos el honor de encontrar a tantos hermanos de diferentes lugares y de compartir con todos ellos. Luego de recibir la sagrada energía espiritual, regresamos a Capilla.
Los jóvenes se fueron a andar a caballo y a recorrer los alrededores. Nosotros nos quedamos en las cabañas, descansando o disfrutando del paisaje. El aire del lugar traía una llamada interior que era cada vez más urgente y que en mi caso solo disminuyó cuando prometí que esa noche iríamos al encuentro, o que por lo menos lo harían los jóvenes, que a mi entender eran los que estaban siendo llamados, si así lo solicitaban.
Yo estaba recostada en la habitación superior de la casa ocupada por las mujeres y desde ahí escuchaba las voces y las risas de Susana y de Graciela, que estaban cocinado. Luego de comer las deliciosas pizzas que hicieron, nos pusimos a jugar a las cartas y se armó una mesa de truco. El equipo formado por Jorge Pusineri, Bruno Alod y yo, tuvo el alto privilegio de perder en forma rotunda, pero en nuestra defensa debo decir que no se nos escuchó ni la más leve queja. Los ganadores fueron Juan Aquino, Patricio Alod y Sergio Martínez, a los que debemos felicitar porque desplegaron un juego brillante.
Matías se había acostado y dormía profundamente cerca de nosotros y ni las voces, ni los gritos, ni los festejos exagerados del otro equipo, lo despertaron en ningún momento. Mientras tomábamos el último café del día, Bruno lo fue a despertar. Yo esperaba a ver que hacían y dudaba sobre si decirles que salieran a caminar, pero en ese instante vinieron a pedirme permiso para ir hasta el límite de las sierras. Sergio y Martín se ofrecieron a acompañarlos y todos juntos vivieron la experiencia que relata detalladamente Matías en su crónica.

Domingo 4 de abril, Pascua de Resurección
El domingo, luego del desayuno, algunos fueron al centro a hacer compras, mientras Juan y Jorge preparaban el fuego para hacer el asado. Los invitamos a Joel y a los demás amigos de Neuquén a almorzar con nosotros. También se nos unió Mirna, la hija de Susana, con su esposo Guillermo, y su bebé Eliseo, que viven en la ciudad de Córdoba.
El asado que hicieron Jorge y Juan merece figurar entre los mejores de toda la historia. Las ensaladas de Susana y Graciela no se quedaron atrás. Después de comer, nos quedamos de sobremesa tomando café bajo los tibios rayos del sol. Gaia, la perra que la noche anterior había guiado a Matías, Bruno, Sergio y Martín, nos acompañó en el almuerzo, junto con los dos hermosos perros de la raza pastor alemán que habitualmente recorren la zona. Nadie quería recordar que al día siguiente debíamos retornar a Rosario.
Un rato antes yo le había comentado a Joel que a media tarde íbamos a partir y a compartir el huevo de Pascua, una copa de vino y un plato de frutos secos. También los había invitado a quedarse, si es que así lo querían. Hicimos una ronda bajo los tibios rayos del sol y dispusimos la mesa con la copa y los platos. De pronto, el aire frío se apaciguó y el sol comenzó a calentar con fuerza. Cuando nos dispusimos a compartir el vino y los frutos, luego de partir el huevo de Pascua, la brisa era cálida y suave. En ese momento nos sentimos muy bien acompañados. Jorge y Juan dijeron que habían visto un ser de color azul descender desde los rayos del Sol. Patricio dijo que cerró los ojos y lo vio al Cristo, con los brazos abiertos, en los mismos rayos. Matías y yo no vimos a nadie pero sentimos que Giorgio, el Cristo y nuestra Santa Madre estaban allí, en ese momento, acompañándonos.
Los jóvenes se fueron todos juntos al centro y regresaron para la hora de la cena. Después del café fuimos a dar el último paseo por los alrededores y a despedirnos del lugar y de los hermanos que tan amorosamente nos habían acompañado durante esos cuatro días.

capilla_ines_03Lunes 5 de abril
El lunes por la mañana nos levantamos temprano. Antes de ir al Bautismo, previsto para las nueve, la fuimos a esperar a María Eugenia que a las ocho llegó en ómnibus desde Rosario.
La cantidad de personas era grande, a pesar de ser lunes por la mañana. Las aguas cristalinas del río cantaban al correr entre las piedras. Esperamos tranquilamente, sentados sobre la hierba, hasta después del mediodía a que nos tocara el turno. Estaba nublado y hacía mucho frío.
El agua helada mojó mis pies cuando entré al río, pero cuando incliné la cabeza y el agua corrió sobre ella, un agradable calor envolvió todo mi cuerpo y el fuego que no quema se instaló en mi corazón.
Terminado el Bautismo, Raúl hizo leer los mensajes recibidos de Giorgio y una carta que había mandado Juan Alberto. Al final nos dijo que recordáramos lo que habíamos vivido, porque quien nos había bautizado con agua había sido el Bautista, pero el Cristo lo había hecho con fuego.
Iniciamos el viaje de regreso al caer la tarde. A mitad del mismo Matías vio una nave de color amarillo rojizo, como el Sol, que se movía en el cielo. Era muy grande. Antes de que pudiera avisarle a los que viajaban con él, la nave desapareció. Casi de inmediato se durmió y tuvo un sueño en el cual se veía en medio de un campo, con alguien a su lado que no pudo identificar y vio partir a una astronave de la cual siente que había descendido momentos antes. Quien estaba a su lado le mostró siete águilas, con plumajes de distintos colores, que estaban sus-pendidas en el aire.
Fue el saludo final después de cinco días muy intensos.

Inés Lépori
Arca Lily Mariposa
Rosario, Santa Fe, Argentina, 18 de Abril de 2010



UNA CITA CON LOS HERMANOS EXTRATERRESTRES

Era el sábado 3 de abril del 2010. Varios de los integrantes del Arca Lily Mariposa estábamos en Córdoba. Habíamos viajado para pasar juntos los días de Semana Santa y para asistir al bautismo que Raúl Bagatello iba a hacer el lunes 5 de abril. Nos alojábamos en unas cómodas y acogedoras cabañas al pie del Cerro Uritorco. Estábamos ansiosos, unidos y felices por poder estar presentes en el que, según mi opinión, iba a ser uno de los bautismos más importantes de estos tiempos.
Yo había tenido dificultades para viajar, porque mis padres no me daban permiso. Se lo dije a Inés, porque ella igual me tenía anotado en la lista de los que iban. Entonces ella me preguntó: ¿a quién le pediste ir? Yo le contesté: a mi mamá. Ella sonrió y me dijo: no Matías, me estoy refiriendo al Cielo ¿a quién le pediste? Reconocí que no le había pedido a nadie. Esa noche se lo pedí al Cristo y a la mañana siguiente me dieron el permiso. Me di cuenta que casi siempre nos olvidamos de pedir lo que creemos que ya saben que necesitamos, o creemos que noes necesario hacerlo. Y durante dos días sentí a mi alrededor el perfume de jazmines que usa Inés, pero no puede interpretar su significado. Solo sé que nunca lo había sentido durante tanto tiempo seguido. También empecé a sentir que teníamos que llevar la cámara de fotos y la filmadora. Después me dijo Patricio que el sentía lo mismo, y también Bruno, pero llegado el momento nos olvidamos y no llevamos nada. Creo que tenemos mucho que aprender de lo sucedido.
El frío se hacía sentir y las estrellas, ojos de la noche, se escondían detrás de las nubes. El viento soplaba y las sierras, que cuando las miro me causan gran respeto, se mantenían firmes, como sabias ancianas de la Tierra, mostrándonos que allí están y que allí estuvieron durante siglos, presenciando millones de historias que sólo ellas pueden recordar.
Ese sábado, desde muy temprano, Bruno  y yo habíamos hablado de que por la noche, luego de la cena, teníamos que salir a recorrer el camino que va desde las cabañas a las sierras, ubicadas a unos 500 metros. De mi parte fue una simple conversación, de la que me olvidé hasta que, después de comer, Bruno, que había terminado la partida de cartas que estaba jugando, vino a despertarme y a decirme que debíamos salir a caminar.
Yo me había dormido cerca de donde jugaban a las cartas y soñé con símbolos cuyo significado no entendí y que me habían dejado en un estado confuso. Sin pensarlo mucho y medio dormido todavía, acepté su invitación y al levantarme de la cama, le dije que teníamos que ir a pedirle permiso a Inés, ya que era tarde y no creía que nos dejara ir. Pero sin embargo, al hablar con ella y preguntarle si podíamos ir a aquel lugar, sin dudarlo Inés nos dijo que sí, que sentía que debíamos ir, pero que no nos había dicho nada para que no nos sintiéramos obligados. Nuestro pedido había solucionado el tema. Empezó a hacernos recomendaciones para que fuéramos prudentes y al escucharlas, Martín  y Sergio , dos fieles seguidores de la Obra en Rosario, de inmediato dijeron que nos iban a acompañar, para cuidarnos.
Era la medianoche. Terminaba el sábado y empezaba el domingo. Rápidamente fuimos a buscar abrigos y linternas y yo, en tono de broma, les dije que si querían ver evidencias de extraterrestres debían darme una cámara de fotos. De inmediato me arrepentí de lo que dije, porque muchas veces mis bromas son interpretadas como actos soberbios o egocéntricos. Pero nadie lo tomó así, se rieron, me dieron una cámara y salimos rápidamente rumbo a las sierras.
La noche se había despejado y las estrellas culminaban en el cielo cordobés, mientras que la luna, con su luz blanca reflejada del sol, nos iluminaba el camino hacia las sierras. Al caminar unos pocos metros una perra apareció en el camino y empezó a seguirnos. La acariciamos y seguimos caminando con ella, riéndonos y sin saber a dónde íbamos. Fue una decisión que en ese momento no entendimos, pero ella empezó a marchar adelante nuestro y nosotros empezamos a seguirla. Mucho más tarde nos dimos cuenta que nos estaba llevando al objetivo de la caminata.
El viento comenzó a aumentar, hasta el punto que nos costaba seguir caminando. Era cada vez más fuerte y más frío, y me despertó por completo. No era un viento común y a los cuatro nos llamó la atención el cambio. A pesar del viento sentimos que nada nos iba a detener hasta llegar a Las Gemelas, los cerros que se encuentran inmediatamente al lado del Uritorco, y a las que veíamos cada vez más cerca. Hacia ese lugar nos estaba llevando nuestra guía, la perra.
Yo iba atrás de todos. No estaba apurado, ni ansioso por presenciar nada. Sentía que estábamos totalmente acompañados y protegidos, y eso para mí era suficiente. Pero como jugando saqué la cámara que me habían prestado y en cada lugar que sentía que me miraban, sin volver la cabeza y sin enfocar, sacaba una foto y, sin siquiera mirar lo que había salido, seguía caminando.
Un rato mas tarde empecé a mirar las fotos y me sorprendí al ver varias esferas pequeñas en cada foto, como de luz o energía, y sin esperar mucho se las mostré a los demás. Más tarde me enteré que esas esferas se llaman caneplas. Al ver las caneplas en mi cámara, Martín también empezó a sacar fotos al azar con su cámara, pero en estas lo único que se podía distinguir era la vegetación y la oscuridad de la noche que nos envolvía.
Un rato después nos encontramos con una cerca. Ya estábamos debajo de los cerros y el tupido bosque de espinillos nos cerró el paso. Nos detuvimos, no sabíamos qué hacer y no queríamos volver a las cabañas. Fue entonces cuando decidí preguntar internamente a los que sabía que nos estaban acompañando y cuidando ¿dónde están? Al no percibir respuesta, volví a preguntar mirando a las estrellas ¿están en el cielo? Y me respondieron: no, estamos entre la vegetación de las sierras. No lo escuché como una voz, sino como un sentimiento interno.
capilla_ines_04Recordé una foto que había visto en Internet de seres que aparecen entre la vegetación y sin pensarlo saqué una foto enfocando hacia los espinillos que estaban frente a mí. Miré la foto y a pesar de la oscuridad mi vista se posó justo en el lugar en el que se distingue una cara de un ser con cráneo alargado, ojos grandes, la nariz como metida para dentro y una pequeña boca. Sin esperar se la mostré a los demás y todos quedamos gratamente sorprendidos. Pero como somos humanos queríamos mas, y seguimos sacando fotos del mismo lugar, pero esta vez ya no había nada.
Estaba tan contento que les pedí a todos volver de inmediato a las cabañas, para mostrarles las fotos a los demás y, sin esperar mucho, empezamos a volver, con nuestra perra guía siempre por delante y mostrándonos el camino.
En cierto momento Sergio se adelantó, iba a unos 50 metros adelante nuestro, pero se detuvo y lo escuchamos hablar en voz alta. Empezamos a reírnos y a hacer chistes sobre si se había vuelto loco y hablaba solo, porque ¿con quien iba a hablar en ese lugar desierto a esas altas horas de la noche? Sin embargo para sorpresa de los que nos reíamos, realmente estaba hablando con un hombre joven, al que también saludamos y le preguntamos su nombre.
Nos dijo que se llamaba Alejandro y que era el dueño de la perra que nos había guiado, la que según nos dijo se llamaba Gaia, nombre que me llamó la atención porque es así como se llama al Planeta Tierra en varios libros espirituales. Nos contó que también tenía otra perra más chiquita y negra de la cual ninguno recordó el nombre. Conversando con El nos contó que era de Santa Fe y que se había ido a vivir a aquel lugar donde estaba construyendo una casa que pudimos entrever detrás suyo, entre la oscuridad. Le mostramos la foto y le preguntamos si a la noche veía luces en el cielo, contestándonos que en esos lugares siempre se ven luces, a cada instante.
Nos habló de una foto que había sacado una vez, en la que un duende se le había presentado en plena luz del día. Nos dijo que no podía hablar mucho porque estaba haciendo pan y que tenía que volver a controlarlo porque se le iba a quemar. Sin retenerlo más lo saludamos y seguimos nuestro camino a las cabañas. Al día siguiente volvimos a pasar por el mismo lugar y la casa parecía completamente vacía y abandonada.
La perra había desaparecido. Quisimos volver por donde habíamos venido pero no hallamos el camino y de pronto nos encontramos encerrados en lo que parecía ser un círculo de tierra totalmente redondo, del cual no podíamos salir, ya que por todos lados había una cerca que nos impedía pasar. Estábamos en medio de unas defensas de alambre que rodeaban el terreno y que antes no habíamos visto. Pero sin preocuparnos mucho ya que tiempo no nos faltaba, empezamos a buscar una salida y a dar vueltas por un lapso de tiempo que no fue igual para todos. Para Martín fueron solo 10 o 15 minutos, igual que para Sergio;  para Bruno fueron de 30 a 40 minutos los que estuvimos perdidos, al igual que para mí.
Pero en fin, nadie lo sabe con certeza. Luego de ese lapso indefinido de tiempo, encontramos por fin un camino para volver. Al llegar a las  cabañas comprobamos que eran más de las 03.00 de la madrugada, y ya todos estaban durmiendo. Fue otra de las sorpresas de la noche, ya que me parecía que no habíamos estado fuera más de una hora, hora y media a lo sumo.

Nos saludamos diciéndonos Feliz Pascua, porque ya era el domingo 4 de abril del 2010, 03:00 A.M.

Matías Guffanti
Arca Lily Mariposa
Rosario, Santa Fe, Argentina, 18 de abril del 2010

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