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EL YOGA, UNA DISCIPLINA  ANTIQUISIMA
Por Alessandra Spennati
Domingo 8 de mayo en Crotone en el  Hotel Costa Tiziana, la Asociación Yogananda y el Arca Adonay organizaron una jornada inspirada en la idea de unir al Yoga con la obra Cristica de la cual Giorgio Bongiovanni es portavoz. Una pequeña “delegación” de Bari viajó unos días antes para estar presentes y dar una mano.
La jornada comenzó alrededor de las 11:00 horas, cuando los participantes se reunieron y luego de los saludos y las presentaciones entre quienes no se conocían y quienes se reencontraban después de mucho tiempo, comenzó la clase impartida por Eugenio Riganello. Se respiraba una gran alegría de poder encontrarnos también en domingo para la clase, con un maravilloso sol veraniego. La clase comenzó, como es habitual, con la entonación del Om: coordinando voz y respiración, dejándonos invadir por la vibración del sonido, con los ojos cerrados, cantamos el Sagrado Sonido que es el centro de toda la tradición espiritual oriental, el mantra más sagrado que existe, el sonido primordial que ha dado origen a la creación, fuente de todos los sonidos. “Aum (pron. Om) la base de todos los sonidos; palabra universal símbolo de Dios. El Aum de los Vedas se convierte en la palabra sagrada Hum de los Tibetanos, Amin de los Musulmanes y Amén de los Egipcios, Griegos, Romanos, Judíos y Cristianos. Amén en Hebreo significa seguro, fiel. Aum es el sonido que invade todo, emanado por el Espíritu Sagrado (la Invisible Vibración Cósmica, Dios en Su aspecto de Creador); la Palabra o Verbo de la Biblia, la voz de la creación, testimonio de la Presencia Divina en cada átomo... “Estas cosas dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios” (Apocalipsis 3.14) “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él (la palabra Om) fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1, 1-3) de La eterna Búsqueda del hombre, P. Yogananda.
A través de la relajación y luego la ejecución de algunas “asana” (posiciones) y respiraciones del Pranayama, Eugenio nos guió en la clase que duró más de una hora y que terminó con la meditación de la Paz. Uniendo respiración y repetición mentalmente de la palabra Shanti, realizamos una oración para que este mundo conozca la Paz verdadera, la del Espíritu que se abandona a Cristo y a Su Padre y que sola puede darnos ese equilibrio que todos buscan desesperadamente.
El Yoga es una disciplina antiquísima, un inmenso patrimonio de sabiduría que alguien, hace miles de años, según mi opinión inspirado por fuerzas no terrenas, dejó como herencia a los hombres para que los acompañara durante el camino de la evolución hacia Dios, sabiendo perfectamente que éste es el único camino de verdadera libertad y naturalidad al cual ningún hombre puede renunciar sin morir en su naturaleza más verdadera y profunda. El del Yoga es uno de los caminos que abre las puertas del conocimiento espiritual y hace expandirse al conocimiento la flor de la Luz espiritual encerrada en nosotros así como el Creador la puso, a Su imagen.
Se practican las asana, la disciplina de la respiración y la meditación para calmar la mente y reequilibrar el cuerpo energético con el objetivo de remover los bloqueos físicos y energéticos que a lo largo de esta y otras vidas, como muros de cemento, hemos construido en nosotros, provocándonos mucho dolor, hasta que algún día, nuevamente, finalmente, la luminosa energía de nuestro Creador, vuelva a invadir cada una de las células del cuerpo hasta convertirse en una única energía que nos nutre y nos sostiene.
Pero para mí el Yoga por sobre todas las cosas es la disciplina del trabajo interior, aquello que en los libros sagrados hindúes se denominan el Yama y el Niyama, es decir, los principios éticos y de vida sin los cuales ninguna técnica tiene sentido: manifestar respeto y amor por cada ser vivo a través de las acciones, las palabras y los pensamientos, reconociendo en todo la imagen de Dios, ser sinceros y honestos con nosotros mismos y con los demás, alejar la avidez y la codicia, renunciar sinceramente a la gloria terrenal y buscar, en cambio, el desapego que es la verdadera libertad de la materia; cultivar siempre la sonrisa interior, independientemente de lo que se posea, vencer las limitaciones de la mente y del carácter, deseando fervientemente progresar en el camino espiritual a través de la humildad, el estudio de sí mismo, la reflexión, las conversaciones y la lectura de los Textos Sagrados; abandonarse a Dios, como los niños que se entregan a quien aman, llevando a cabo cada una de nuestras acciones cotidianas por Él, con dedicación y empeño, ofreciendo a Él sobre todo las acciones que más esfuerzo nos cuestan y que menos nos gustan. Es así que escucho muy fuerte el eco de las palabras de Jesucristo en los Evangelios y es así que querría intentar vivir la tradición oriental: el Yoga, no como una disciplina física, sino un lento y paciente trabajo interior de perfeccionamiento desarrollado siempre con la mente dirigida a Dios, para volvernos cada vez más divinos como Él nos quiso crear. Yogananda, que fue una persona tan maravillosamente simple y profunda en todo lo que dijo, escribió: “Cuando una persona es siempre consciente de la presencia de Dios, emana las vibraciones del alma, y cuando estás con una persona así, te sientes en presencia de Dios. Esta es la vibración que tienes que llevar a donde sea que vayas, para que quien sea que esté en contacto contigo pueda olvidarse de todo menos del poder y el amor de Dios. Trata de ser un cristal transparente a través del cual la Luz pueda reflejarse sobre todos los seres. Este tipo de vibración te da la alegría y al mismo tiempo quema todo mal. La vibración de Dios es la más inteligente de todas y produce una armonía perfecta. Cuando dejas pasar a través tuyo esta vibración todas las demás se vuelven armoniosas. Esto es lo que Jesús dijo: Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura".
Luego, en el momento del almuerzo nos reunimos todos alrededor de una gran mesa preparada para compartir la comida todos juntos. Fuera de la sala habíamos armado un stand con todo el material informativo sobre la obra de Giorgio y material sobre Yogananda, de forma tal que todos pudieran conocer las verdaderas fuentes de inspiración de esta jornada de camaradería, con el objetivo de difundir un mensaje espiritual en una tierra hermosa pero a su vez martirizada por la explotación y la violencia, una tierra muy difícil en la cual vivir.
Quiero agradecer mucho a Licia y a Eugenio por el compromiso y el Amor a pesar de las dificultades.

Un abrazo a todos
Alessandra Spennati
3 de Junio de 2011

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