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ArchangelPrince100Por Claudio Rojas G.
Imaginemos que un padre o una madre que aman mucho a sus hijos, salen fuera de casa por un largo rato, dejandoles solos; a pesar de haberles dejado un instructivo de comportamiento, al volver después de largo tiempo, encuentran el caos total en su casa, niños destruyendo y quemando la casa, unos matándose a otros y haciendo entre sí y a varios toda clase de abominaciones y aberraciones….¡¡Qué deberían hacer los progenitores al volver a casa?....hablarles sólo de amor y misericordia, …o primero y antes de esto, poner orden y actuar en justicia?
En este contexto hay que mirar el cambio de era que se avecina y está encima de nosotros, primero entonces tiene que haber una gran purificación para limpiar el planeta de tanta maldad y abominación, esto es poner orden; y una vez purificado habiendo elevado su vibración entonces se preparará para recibir a quien marcará el comienzo de una nueva Era, donde por cierto participarán sólo los que estén en la sintonía adecuada.
Se pudiera decir que existe una exagerada "revelación privada" consistente en mensajes vanos y superficiales, donde se mezcla la verdad con el error, lo preternatural con la inspiración meramente humana, y donde no está Dios presente. Esto ha provocado que entre los fieles se suscite una actitud superficial y de cierta suficiencia al leer un determinado mensaje que viene supuestamente del Cielo. Son tantos y tantos los mensajes que se difunden por ahí que los verdaderos y auténticos de origen sobrenatural pierden su eficacia y propósito espiritual.
Nosotros tenemos la bendición del caminar de la mano del Oráculo viviente de Dios, nuestro cáliz de la comunión crística, que nos permite correr el velo y mirar la luz del Sol.
De ahí la importancia de saber discernir cuáles son aquellas manifestaciones que son realmente de origen divino y que deberán de caracterizarse, además de los signos sobrenaturales y milagros que puedan rodear a la manifestación en particular, la coincidencia con la enseñanza del evangelio y de una manera muy especial, el llamado a la oración, al arrepentimiento, a la penitencia, con atención al ayuno, y esencialmente un llamado a la participación de los sacramentos, prioritariamente a la Eucaristía, así como la fidelidad a la Iglesia, al camino verdadero que conduce al Padre y que tiene a María como Madre.
En primer lugar, conviene decir que la humanidad está sumida en tal apego a los bienes de este mundo que le ha llevado a los hombres a ser totalmente inconscientes e insensibles de lo que es y de lo que significa la vida espiritual.
Por su parte, el hombre de hoy se le ha olvidado que existe una vida sobrenatural que es mucho más palpable que esta vida terrena. Que la verdadera vida aún no comienza, y que deberá de comenzar para los que son fieles en el momento al que los hombres llamamos muerte. Este dramático olvido, ya consciente o inconscientemente, se traduce en desastrosas consecuencias, pues el hombre camina por esta vida como si todo se resolviera y finiquitara aquí abajo, sin hacer méritos para la vida eterna.
Más aún, este olvido de la vida sobrenatural está llevando a que muchas almas la pierdan para toda la eternidad, siendo esto la principal preocupación, angustia y dolor de Nuestra Madre, la Santísima Virgen.
Todo esto es como un revulsivo que nos debe llevar a detener el tiempo dentro de nuestra vida llena de pendientes, compromisos, preocupaciones, deseos, apegos y demás distracciones que se nos olvida que sólo una cosa es importante en nuestra vida terrena: salvar el alma y participar de Dios para siempre. El demonio ha sido muy hábil para anestesiar nuestra conciencia y hacerla prácticamente insensible al mundo de Dios, a lo sobrenatural y nos confunde haciéndonos creer que lo importante está aquí abajo; pero esto no es lo más grave, sino que ha sabido ofrecernos los bienes de este mundo, tales como el poder, la fama, la gloria, el dinero, el honor, etc. pero siempre anteponiéndolos al interés de Dios y arrastrándonos a ofenderlo gravemente por violar sus santos mandamientos.
Uno de los signos de nuestro tiempo es la confusión que existe en los diversos órdenes de la vida, particularmente en el ámbito de la ley moral y la ley natural, habiéndose consolidado un sinnúmero de errores filosóficos que han llevado al hombre a perder la luz de la verdad, del evangelio y del orden establecido por el Padre. Estos graves errores se vienen arrastrando desde hace varios siglos, cuando la filosofía comenzó a darle un valor exclusivo a la ciencia y particularmente a la razón, llevando consigo el establecer como único criterio de verdad la inteligencia humana. Y así fueron surgiendo desviaciones de las que hoy estamos cosechando sus amargos frutos, tales como el liberalismo, el naturalismo, el racionalismo religioso, el positivismo, el secularismo, el humanismo secular, el indiferentismo, el individualismo, el socialismo, el comunismo, el liberalismo teológico, el feminismo radical, el agnosticismo, el ateísmo, el panteísmo, y todas las ideas que se aglutinan en el movimiento conocido como la New Age. Todo esto deriva en las ideas equivocadas sobre Dios, Jesucristo, la Iglesia, el pontificado, el dogma, la moral y los sacramentos.
Estamos en la encrucijada del fin de los tiempos y grandes acontecimientos nunca antes vistos están por suceder; mayormente serán éstos facilitadores de que un mayor número de almas se pierda, pues estamos ante una lucha no sólo entre los hombres sino también en el orden espiritual, entre la luz y las tinieblas, y esto pasa desapercibido en la inmensa mayoría de los hombres.
¡Cómo no miramos las señales que están en todos lados!!!!
Como consecuencia del pecado de los hombres, la mano todopoderosa de Dios pegará con fuerza y grandes catástrofes están por venir, que serán causantes de mucho sufrimiento. Este es necesario para poder purificar, reparar, convertir y equilibrar el fiel de la balanza de la Justicia de Dios.
Las catástrofes traerán como resultado afectaciones en el orden de la economía, carestía de alimentos y el hambre en el mundo. En un momento dado parecerá que los males en el mundo se solucionan, pero será aparente, pues luego se volverá peor que al principio. Por todo esto, la hambruna se convertirá en un verdadero jinete del Apocalipsis.
El hombre de hoy no entiende que su alejamiento a las normas y directrices del cielo atraen la ira Divina. Dios no creó al hombre para que sufriera y muriera, pero el pecado se erige como la causa de los grandes sufrimientos y dolores en el mundo, unos provocados por la mano del hombre y otros por la rebelión de la naturaleza. De ahí la necesidad de rezar también por la paz del mundo. En este tiempo serán de tal magnitud las catástrofes naturales, que "La tierra se convertirá en un lugar difícil y peligroso para la vida".
Otro sello del Apocalipsis se abrirá, el caballo amarillo, expresión de las enfermedades y pestes. Una enfermedad mundial será causa de gran mortandad. Simplemente no habrá cura, pero serán protegidos los que se han dedicado a tiempo y destiempo a edificar su aposento, su alma, pues su oración y sacrificio hará que no los toque la mano de Dios. Esta terrible enfermedad se extenderá de uno y otro lado de la tierra y no habrá descanso ni alivio, será como en los tiempos del Exodo.
En los últimos tiempos los hombres han ignorado de diversas maneras el orden establecido por el Padre, orden establecido desde el principio; así, el mal uso de la libertad humana ha hecho que la humanidad camine por senderos contrarios al querer de Dios y aún a la misma naturaleza. Desde el Génesis se establece cómo el mal se extendió por toda la tierra, y a tal punto fue el desorden que la Escritura dice que "viendo Adonay que era grande la maldad del hombre sobre la tierra... arrepintióse Adonay de haber hecho el hombre en la tierra, y se dolió en su corazón". Y fue entonces que decidió "exterminar de sobre la faz de la tierra al hombre que había creado". (6, 5-6). Así pues, de la misma manera que Dios decidió mandar el Diluvio por los abominables pecados que los hombres cometían por querer ser como Dios, se volverá a llegar a este extremo en que mediante la manipulación genética y clonación de células humanas y animales, la soberbia humana pretenderá remedar la Creación divina sin tener autoridad para ello; por lo que las consecuencias serán desastrosas para toda la humanidad, tanto físicas como morales.
La Iglesia y la humanidad serán duramente probadas. La Virgen nos ha pedido que permanezcamos firmes en el Verdadero Camino, en la Iglesia de Su Hijo, pues pronto surgirá un camino falso que pretenderá conducir erróneamente a los fieles al Padre. Pero el Camino Verdadero será aquel que proclame a María como Madre de ese Camino.
Por su parte, la humanidad pasará también por su gran prueba. Todo esto causará desasosiego espiritual y destrucción material, y Ella nos advierte que será pronto, más mañana que hoy, es decir, que lo que está ocurriendo ahora en todos los órdenes de la vida no es todavía lo que habremos de padecer. Será peor. De ahí la insistencia de que mantengamos prendido nuestro cirio, símbolo de nuestra fe y entrega, que finalmente serán las que iluminarán nuestro alrededor, a nuestros hogares y familias, a nuestra alma.
La prueba será tan grande que "será como si el infierno se hubiera posado sobre la tierra", porque los demonios tendrán libre juego sobre la naturaleza y sobre las personas que no hayan edificado su aposento.
Una guerra involucrará varias naciones, motivados estos conflictos por varias causas: la libertad y la esclavitud, o sea, el propósito de sometimiento de los más pobres y débiles ante los poderosos; entre los que defienden la vida y los que promueven la cultura de la muerte; el odio y el egoísmo entre los hombres causantes de todo mal; y también por causas más allá de lo natural, donde el demonio utilizando a las naciones y a los hombres desencadenará una lucha contra la Iglesia.
La bandera quedará sin asta pues naciones serán conquistadas por otras, y el ruido de la guerra dejará sordos a los que ya ciegos son incapaces de ver el gran peligro que acecha. Y todo esto sucederá al amanecer del día de la verdad, pues algo desenmascarará la mentira que revelará lo que se ocultó por largo tiempo.
Dentro de las catástrofes que vendrán pronto, un fenómeno cósmico vendrá de arriba, causando desgracias, desasosiego y angustia entre los hombres.
Si nos convertimos...
Mientras los hombres no se conviertan totalmente en su corazón a Nuestro Señor, todo bien aparente en el orden material será pasajero. Habrá un tiempo breve en que parecerá que todos los males de toda índole se solucionan, pero será un engaño.
Todo mensaje del Cielo no pretende llenarnos de temor, sino de tomar conciencia de nuestra responsabilidad ante Dios por nuestros actos. En la medida de nuestra entrega todos los eventos pueden ser mitigados y acortados, y algunos suprimidos, pero esto depende de la respuesta de la humanidad. De lo contrario habremos de enfrentar todo lo que ha sido anunciado, y desafortunadamente los hechos apuntan a que la respuesta humana ha sido muy pobre.
Quien luche realmente por practicar las virtudes podrá verdaderamente superar los odios, rencores, resentimientos, en fin, todo egoísmo que es causa de conflictos y divisiones entre los pueblos y nuestras familias.
Obras son amores y no buenas razones. El riesgo de muchos hombres que se dicen ser católicos es que lo son sólo de nombre. Profesan en el mejor de los casos una fe en Cristo, en su Iglesia, en su magisterio, en la Virgen Santísima, pero no llevan a la práctica su fe más que a través de la misa dominical, las más de las veces poco atenta e incompleta. Pero la exigencia y más en estos tiempos debe ser absoluta. Hay que amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. Es decir, Dios como prioridad en nuestras vidas.
No obstante, triunfará el Amor.
Es una profecía incondicional de la victoria del amor-sacrificio. El verdadero amor no puede hacerse realidad sin sacrificio. La ecuación matemática es simple: amor es igual a sacrificio. ¿Cuánto amamos a Dios? La respuesta sería cuál es la capacidad de sacrificio que tengo por ese amor. Según la respuesta dada sabremos cuánto amor a Dios tenemos. Hoy que tanto se pondera "el amor", resulta mandatorio recordar y tener presente que el amor a Dios debe estar ligado al sacrificio, de ahí que no hay mayor amor que el que da la vida por los demás, y el mejor ejemplo es Jesucristo. Por eso Él nos dijo: "el que quiera venir en pos de Mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Otro concepto de "amor" sería sinónimo de egoísmo.
La Santísima Virgen nos promete protegernos del maligno y de todos los males que vendrán y particularmente nos promete la salvación eterna si cumplimos con todo aquello que nos pide su Hijo Jesucristo, que se reduce al fiel cumplimiento de sus mandamientos.
Dios Trino y Su creación (los cuatro elementos de la naturaleza: fuego, tierra, agua y aire) son la Plenitud eterna. La creación de Dios es sublime y santa y está llamada a quedar "liberada de la servidumbre de la corrupción", y en su momento, dar gloria a Dios; pero ahora el pecado la ha herido y se volcará, por permisión de Su Creador, en contra del hombre. Por eso "el sufrimiento será necesario, la oración y el sacrificio mandatorios". Pero en este obrar de Dios seremos protegidos si hemos recibido en nuestro corazón y en nuestra casa el amor de Dios Uno y Trino, es decir hacemos su Voluntad.
María está trabajando y su Plan de cumplirá. Surgirán los Nuevos Apóstoles y algunos dentro de un proceso místico y sobrenatural contribuirán a un fuerte impulso del crecimiento espiritual hacia la Perfección, para que este ser corruptible se transforme en incorruptible. La tierra se transformará en un paraíso creámoslo o no.
Con amor
Claudio Rojas G.
08.12.12

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