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eugenio2100DEL CIELO A LA TIERRA
 
HE ESCRITO EL 28 DE MARZO, JUEVES SANTO DEL ANNO DOMINI 2013:
 
UNA SEÑAL CRISTICA CLARA E INEQUÍVOCA EN EL CUERPO Y EN EL ESPÍRITU DE MI AMADO HERMANO EN CRISTO EUGENIO.
¡CREED!
¡YO CREO!
¡LEED! ¡MEDITAD Y DEDUCID!
VUESTRO GIORGIO.
 
Las Parejas (Santa Fe, Argentina)
28 de Marzo de 2013
12:28 horas
 
La visita del Maestro Jesús a un devoto discípulo suyo
 
Hoy es ya el sexto día que Eugenio lleva impresa en su frente la señal de la cruz.
Es curioso que el acontecimiento haya ocurrido en el período del equinoccio de primavera, cuando alrededor nuestro, un flujo procedente del Cosmos inunda la tierra, las flores, los árboles, los animales. He aquí uno de los fenómenos más extraordinarios de la vida: la primavera, la renovación. Algunos seres humanos se entregan, como hacen los niños, a su Padre Celeste que irradia Su Luz y Su Calor hasta cada una de nuestras células, son aquellos que desean hacer morir su naturaleza inferior abriendo las puertas a la naturaleza Superior, de modo tal que en ellos se manifieste y more la divinidad. Todos nosotros somos llamados a la renovación ya que todos somos hijos de un único Padre.
foto cruz eugenio riganello300esp
El martes 19 de Marzo, día del padre, Eugenio regresó antes del trabajo porque tenía fiebre, casi 40 grados y me pidió que viajara con mis padres hasta donde ellos viven, Mola di Bari, en la región de la Puglia, porque él tenía que recuperarse y descansar, además porque era necesario proteger a nuestros hijos, ya que ellos acababan de superar la fiebre alta. Todavía hoy no logro creer cómo puedo haber cedido ante su insistencia. Antes de salir de viaje me dijo: "-¿Y si muero?”, yo le respondí: “-Respetaré tu elección evolutiva”. Hoy, viendo la cruz que Eugenio tiene en su frente, la señal de la visitación del Maestro Jesús, relaciono las palabras que Eugenio, por inspiración, me dijo con esas mismas que Jesús dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna” y a estas palabras sumo una reflexión, simbólicamente hablando, hay que hacer morir al hombre viejo, que aún es presa de los instintos de la naturaleza inferior que es extremadamente despierta y que sabe cómo hacer para atraernos a sus circuitos, incluso mentales, pero el Sol nos dice: “¡Intentad desvincularos y yo os ayudaré!” Como enseña Omraam Mikhaël Aïvanhov, el sol hace un trabajo sobre las semillas, hasta las más pequeñas y débiles, las estimula para activarse de manera tal que rompan la coraza que tienen a su alrededor y que dejen que explote toda su genética interior y convertirse en una planta, un árbol y una flor, que a pesar de no saber cantar, tocar, o bailar, es una inspiración para los artistas; así mismo nosotros tenemos que convertirnos en flores y dejar caer todos nuestros velos kármicos, todas nuestras malas costumbres, toda forma de ego posesivo, orgullo y “endiosamiento” de nuestro yo. La semilla tiene que morir para fructificar: “Si no morís no viviréis” dice Cristo, por lo tanto el concepto de resurrección está ligado obligatoriamente al de la muerte porque no hay éxito sin sacrificio y no hay religión superior al sacrificio: aceptar morir para vivir realmente, para ser seres vivos de una vida diferente, para ser seres vivos de la vida de Dios. Dar lugar al Espíritu que encuentra la posibilidad para actuar y transformar todo, ceder el lugar al Señor, para que sea Él quien more en nosotros.
 
Tenemos que comprender y decidir conscientemente morir de los obstáculos de la naturaleza inferior para resucitar y solo podemos hacerlo si lo deseamos sinceramente desde lo profundo de nuestro Ser y si nos ponemos en marcha insistentemente a través de la fuerza de voluntad, con acciones de amor altruista; el Padre decide cómo y cuando purificar nuestro pasado, nos lo quema y nos convertimos en hombres nuevos, pero son pocos aquellos que lo desean realmente, porque amamos nuestras comodidades, nuestro ego, sentimos que no le damos más valor a nuestra existencia, a nuestro YO, pero esta es solo una ilusión, una trampa para nuestra evolución.
Así fue que al atardecer salimos de viaje, con pesar, el único impulso era el de poder dejar que Eugenio descansara y por lo tanto llevarnos a los niños que son dos angelitos hiper-turbo y que ni siquiera de noche te permiten descansar. En las noches anteriores no habíamos cerrado un ojo a causa de la salud de los niños y de la mía, y Eugenio estaba exhausto, pensaba que fuera como las otras veces, en las que Eugenio, un hombre fuerte y sano, se permite solo unas pocas horas de sueño para luego volver a ser el león de siempre. Sabía perfectamente que me llamaría a la noche diciéndome: “Estoy haciendo pan, estoy lavando el suelo entre un mantra y otro”. Hablamos por teléfono durante el viaje pero en determinado momento dejó de responderme hasta que llegamos a Puglia.
 
Cuando ya habían pasado alrededor de dos horas, respondió a mis insistentes llamadas y me dijo: “Me duché y me lavé la cabeza porque me encontré en el suelo en un charco de sangre, no se quién me puede haber levantado, llevado frente al espejo y quitado la camiseta empapada de sangre”. Llamé a Fortunata, una querida amiga y hermana espiritual y me dijo que me quedara tranquila, ambas habíamos sentido fuerte en nuestro corazón que esta caída tenía un significado profundo relacionado con el período de la Pascua porque conocemos perfectamente a Eugenio, conocemos sus experiencias, sus inspiraciones al hacer una cosa en lugar de otra, sabemos que cada una de sus acciones es realizada en búsqueda de una conexión con el Cielo y que se deja guiar por la fuerza del amor de Jesús.
Al entrar a casa Fortunata quedó atónita al verlo, Eugenio se había golpeado todo el lado izquierdo lastimándose la nariz, el labio superior y la parte inferior de la nariz, la ceja y se le había hinchado el ojo a tal punto que ya se le había puesto color bordeaux, tenía 40 grados de fiebre y vomitó tres veces en gran cantidad como en señal de purificación y regeneración. Su ropa y la casa que estaban llenas de sangre describían perfectamente lo que había ocurrido. Llamó a la madre de Eugenio e hizo que lo llevaran a su casa hasta el viernes 22 de Marzo, cuando Pasqua, Alessandra y yo llegamos desde Bari para volverlo a llevar a nuestra casa porque Eugenio me había rogado: “Siento que tengo que regresar a casa el viernes”. De más está decir que los ángeles crearon magistralmente todas las condiciones necesarias para que Alessandra y Pasqua me pudieran acompañar en este viaje de 400 km.
 
Llegamos a la casa de la madre de Eugenio alrededor de las 22:00 horas y me dijo: “En todos estos días, lo único que veo ante mis ojos es el rostro de Cristo, como la imagen reproducida de la Sábana Santa y que me mira y siento el mantra Hare Krishna en mis oídos”. Lo llevamos a nuestra casa, eran alrededor de las 23:00 horas. Su rostro estaba hinchado y lleno de heridas que le causaban mucho dolor, incluso los diente le dolían a causa del gran golpe, por lo tanto para lograr que se relajara y adormeciera tomé un poco de aceite de oliva y le acaricié la frente con las palmas de las manos, comenzando desde la parte superior de la nariz hasta el nacimiento del cabello. Es extraño que haya elegido el aceite de oliva porque no lo uso casi nunca, generalmente utilizo aceites menos grasos y les agrego una gota de aceite esencial. Me di cuenta de esta rara elección porque al tomar las botellita de aceite de jojoba, o de almendras, o de árnica, u otros, las dejaba inmediátamente para ir a buscar exclusivamente el aceite de oliva. Durante la noche, mientras repasaba en mi mente la extraña escena de la búsqueda del aceite, acariciaba la frente de Eugenio esperando que se durmiera, luego me acosté a su lado para dormir yo también y alrededor de las 03:00 de la mañana, Eugenio se lamentaba por el fuego que sentía en el ojo espiritual, entonces me preocupé diciéndole: “Te acaricié la frente con aceite de oliva para lograr que te relajes ¿será posible que te haya irritado la piel? ¡Fui muy delicada y además no usé los dedos, sino las palmas de las manos!” y él daba vueltas en la cama por el ardor diciendo: “¡No, no es exterior, sino interior! ¡Siento como un Fuego! Ponme las manos en la frente” y seguía dando vueltas. Al ponerle las manos en la frente vi con mis propios ojos que se creó una fisura muy profunda, como una arruga que va desde la parte superior de la nariz hasta la frente y que es profunda al punto de penetrar en la cabeza, me puse nerviosa: “-¿Pero, te has levantado? ¿Te has caído? ¿Te has golpeado con algo?” pero era evidente que no era un trauma, una herida, un golpe, era simplemente una marca profunda, como una incisión en un material plástico, una línea perfecta como si hubiera sido hecha con una regla. Ante mis ojos y bajo mis manos, noto otras dos líneas pero horizontales, una que corta por el medio la línea vertical y la otra ligeramente abajo de esta otra que se corta en el centro para luego volver a empezar y continuar. La línea horizontal que corta el centro de la línea vertical se vuelve roja, mientras que la piel de la línea que se encuentra apenas abajo de esa se desprende mucho más fina como creando una costra ligera. Quedo atónita. Primero Alessandra y Pasqua, luego Fortunata y otros dos chicos que vinieron para escuchar la reunión a través de skype con Giorgio Bongiovanni, vieron la marca y reconocieron claramente la cruz. Giorgio nos habla de las visitaciones del Maestro Jesús, que nos visitará uno a uno, que está entre nosotros, que viaja en nuestra barca de la vida mientras estamos ocupados en nuestras cosas cotidianas, aunque Él es silente, está siempre presente. Yo me sentía aturdida y Eugenio también y hasta el lunes mantuvimos esta experiencia en nuestro corazón pero la forma de la herida se transformaba volviéndose cada vez más neta. El ardor de algo como un fuego que Eugenio sintió aquella noche sigue presente hasta el día de hoy, no logra dormir, sintiendo incluso ardor en los ojos y en todo el cuerpo. Cuando Eugenio llamó a Giorgio por teléfono le quiso contar intimamente que a pesar de sentir su cuerpo martirizado y doliente interiormente su alma vive una alegría inmensa de beatitud con la plena presencia cristica que lo sostiene y Giorgio, sonriendo, le confirmó que ¡es así! ¡Se sintió comprendido realmente por Giorgio!
 
Hasta el día de hoy vive esta experiencia sin darse cuenta de todo lo que está viviendo, se siente aturdido, dice: “Vivo un cuerpo sin cuerpo, tengo una mente sin mente, la única relación es la de vivir la presencia de Cristo continuamente, incluso cuando cierro los ojos”.
La caída, la pérdida de mucha sangre, el vómito, la fiebre muy alta (superior a 40 grados), evidentemente son manifestaciones de purificación y regeneración. Eugenio come muy poco, hace ayuno, hace 16 años que no come carne, lleva una vida muy reservada y muy dedicada a los demás, se anula a si mismo por el prójimo y a través de las prácticas de yoga y meditación se regenera interiormente pero todo eso no ha sido suficiente como para recibir la potencia y la fuerza del Maestro de los Maestros, Jesús Cristo. Eugenio me confió que se sintió arrollado por una energía tan poderosa capaz de anular completamente el cuerpo físico y mental, dejando encendida únicamente la llama del espíritu.
Con amor
Vuestra hermana
Licia Lucarelli
Arca Adonay Crotone
28 de Marzo 2013
 
La resurrección total del ser humano no ocurre de improviso, sino progresivamente. Cuando encendéis una vela, tenéis que saber que con esa llama podéis provocar un incendio, de la misma forma, cuando encendéis una célula de vuestro cuerpo o en vuestro cerebro, se puede decir que tenéis el fuego en vosotros, y si bien todas las demás células aún no están encendidas el fuego podría alcanzarlas rápidamente, precisamente como a partir de una llama se puede provocar un incendio. En Pascua, en las iglesias ortodoxas, el pope enciende un cirio y pasa la llama al cirio de su asistente y así, mientras el fuego pasa de cirio en cirio, toda la iglesia se ilumina. Bien, eso es lo que os puede ocurrir: desde el momento en que tenéis acceso a una célula, todo vuestro cuerpo puede ser encendido e iluminado, naturalmente, con la condición de que la naturaleza inferior no se oponga al proceso de regeneración. La resurrección definitiva presupone que ya ha ocurrido varias resurrecciones... por lo tanto, mis queridos hermanos y hermanas, es necesario que logréis resucitar al menos una célula porque esa será capaz de encender a las células cercanas y luego a todas las demás... y es así como la luz se propagará poco a poco en todo vuestro ser.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

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