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bambini disegnano100Por Adriana Gnani
09/05/2013
El jueves pasado terminamos casi todas las primeras actividades con los niños.
A medida que los objetos tomaban forma, en base a lo que ellos mismos querían obtener, estaban más contentos y entusiastas.
Algunos niños, al no lograr realizar la decoración elegida sobre los objetos, sentían el impulso de abandonar la manualidad, y se volvían inquietos.
Y fue así que gracias a la magia de la “tata” Adriana, que intervino con su pincel mágico de amor, tratando de hacer surgir nuevamente la sonrisa en los labios de esos niños que estaban tan molestos, haciéndoles entender que no era necesaria la perfección en lo que pintaran, sino el deseo de crear, de decorar como lo sentían interiormente, más allá de que el resultado fuera distinto al de los demás.
Además, hablando simplemente, intenté explicarles que me llevaría a casa todos los objetos que habían realizado, para darles la terminación: el brillo (operación que los chicos no pueden hacer por la particularidad del material) y los pequeños retoques.
Curiosos, como lo son todos los niños, me preguntaron muchas veces cómo quedarían las manualidades una vez terminadas y les respondí: “os lo diré la próxima vez que nos veamos”.
Aunque bufando un poco aceptaron la respuesta.
Se encariñaron mucho conmigo y esto me da una enorme alegría.
Cada vez que llego al centro de asistencia, ni bien me ven, me vienen a saludar rodeándome en un único abrazo y saltando como cerbatillos.
Una vez que regresé a casa, después de haber realizado todas las actividades con el mayor de los amores hacia mis hermanos, me puse inmediátamente a terminar las manualidades, pensando en sus caritas en el momento que vieran sus pequeñas obras de arte.
Entre una terminación y otra, agregando una florcita aquí y otra por allá y cintas de colores, no me daba cuenta del tiempo que transcurría inexorable, llegando a las primeras horas de la mañana, tendría que postergar para los próximos días la conclusión del trabajo. Aprovechando de cada momento, entre una cosa y otra, logré terminar todo.
Llegó el día de la entrega de las manualidades terminadas, estaba muy ansiosa porque me imaginaba la reacción de los pequeños. Y así fue.
Estaban todos sorprendidos por lo que veían, casi incrédulos por los resultados obtenidos, había un entusiasmo muy grande e incluso las voluntarias del lugar quedaron atónitas. A mi alrededor había una explosión de sonrisas.
Yo miraba conmovida, desde todos los rincones de la habitación, la gran cantidad de manitos que una por una abrían los pequeños paquetitos, pensando que hace falta realmente muy poco para hacer vibrar de alegría a estos pequeños corazoncitos, que ignoran lo que la sociedad de allí afuera jamás les brindará: un futuro, una vida digna.
A pesar de que haya sido solo un momento, un abrir y cerrar de ojos, en ese instante los vi a todos felices y unidos en una única sonrisa.
Adriana Gnani
13 de Mayo de 2013
Para mayor información sobre el proyecto "Il Laboratorio di Oz" podéis escribir a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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