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Italiano English Português Dutch Српски
erika2012cPor Erika Pais
Jesús miró a sus discípulos y les dijo:
“Dichosos vosotros los pobres, porque el reino de Dios os pertenece.
“Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis satisfechos.
“Dichosos los que ahora lloráis, porque después reiréis.
“Dichosos vosotros cuando la gente os odie, cuando os expulsen, cuando os insulten y cuando desprecien vuestro nombre como cosa mala, por causa del Hijo del hombre. Alegraos mucho, llenaos de gozo en aquel día, porque recibiréis un gran premio en el cielo; pues también maltrataron así sus antepasados a los profetas.
“Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis tenido vuestra alegría!
“¡Ay de vosotros los que ahora estáis satisfechos, porque tendréis hambre!
“¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque vais a llorar de tristeza!
“¡Ay de vosotros cuando todos os alaben, porque así hacían los antepasados de esta gente con los falsos profetas!
(Mt 5.1-12)
 
“¿Por qué me llamáis ‘Señor, Señor’ y no hacéis lo que yo os digo?
Voy a deciros a quién se parece aquel que viene a mí, y me oye y hace lo que digo: se parece a un hombre que para construir una casa cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando creció el río, el agua dio con fuerza contra la casa, pero no pudo moverla porque estaba bien construida. Pero el que me oye y no hace lo que yo digo se parece a un hombre que construyó su casa sobre la tierra, sin cimientos; y cuando el río creció y dio con fuerza contra ella, se derrumbó y quedó completamente destruida."
(Mt 7.24-27)
 
La noche era gélida y calaba los huesos, aquellos hermanos que viajábamos en la camioneta llevando comida caliente a los que dormían en las calles, hacíamos silencio entre broma y broma. Porque en nuestro interior sabíamos que solo es cuestión de karma, destino, experiencia espiritual o designio de Dios para que alguno de los que esa noche estábamos haciendo esa tarea, estuviera en el lugar de quienes ayudábamos con un plato caliente.
 
Cristo pide de nosotros, pide a cada instante, y pide con fuerza que seamos como Él, que busquemos en el prójimo las marcas de Su crucifixión, que Lo logremos ver en aquel que sufre Su propio sufrimiento en la Cruz y lo pide ininterrumpidamente. ¿Para qué llenar las arcas de personas si no somos compasivos y operantes? Una gran pregunta que muchas veces nos hemos realizado y luego de un tiempo en que a raíz del sufrimiento padecido con la desilusión del comedor Un Rayo de Luz que nos congeló en el espacio y el tiempo ella (la pregunta) nos azotó en el rostro. Fue por eso que decidimos cocinar en el arca y luego de las reuniones de los lunes salir a repartir comida a la calle, a buscar a quienes duermen bajo cartones y sobre la acera húmeda, una humedad que cala los huesos, un frío que nada logra mitigarlo.
 
Luego la razón y la experiencia nos hicieron ver que en el propio barrio donde el arca desarrolla sus actividades había muchas personas que también vivían en la calle, por lo que la operatividad cambió y empezamos a dar de comer en nuestra propia casa. Una bandeja con comida caliente, bien envuelta, un pan y cubiertos son los elementos ansiados por los que cada lunes el timbre de nuestra casa suena y cada día que pasa suena más veces y más temprano. Las reuniones de arca matizadas de sonrisas de niños que por cada plato de comida nos obsequian una flor o de frases tiradas al aire por los hombres y mujeres que también acceden a este beneficio de la comida. Y la rabia nos gana porque no deberíamos de ser nosotros a servirla, deberían de ser aquellos que nosotros votamos para velar por los ciudadanos. A medida que el tiempo pasaba, la relación con estos hijos de Dios, Amados por el Cristo pero no por el Hombre, se fue haciendo cada vez más estrecha y las respuestas de los desposeídos hacia nosotros eran una enseñanza, una prueba de fe, una enciclopedia de las más grandes del Universo, pero de las que no se leen en las universidades. Desde ofrecerse a lavarnos los vidrios, hasta juntar bandejas en la calle entre todos para que no tengamos que comprarlas nuevamente y obsequiarnos la poca ropa que poseen para que la podamos vender en nuestra feria nos conmueve el alma continuamente. Es que estos mendigos olvidados por todos se han dado cuenta que somos personas pobres como ellos, se han dado cuenta que para poder darles ese plato de comida caliente en invierno y fresco en el verano, abrimos el arca de lunes a viernes toda la tarde para vender a 20, 30 o 50 pesos ropa de segunda mano y todo aquello que la gente nos dona. Nuestra amada hermana María del Carmen, todos los días se dirige hacia allí, nuestro santuario, y acomoda todo para pedir al Cielo que podamos vender para poder dar de comer. Junto a ella se turnan Raquel, Matilde, Noel y Aroma para acompañarla y cocinar. Y ellos, los seres sin rostro, han comprendido ese esfuerzo y en un intento por colaborar nos traen sus ropitas malolientes para que las vendamos (ropa que irremediablemente termina en la basura), el pobre que no tiene nada da por sí mismo y por los de su misma situación lo “nada” que tenga. El mundo de la pobreza, un mundo para ser explorado, donde encuentras el verdadero rostro de Cristo.
 
A veces viene uno a buscar la comida para 5 y allí se va contento con su viandita en la bolsa. Y así cada día se van sumando más y más personas porque la voz se corre; allí le damos la misma comida que, si sobra (últimamente no sobra nada) nosotros también comemos, allí en 8 de octubre y Belén (vaya nombre para nuestra esquina) los tratamos como seres humanos y compartimos nuestro pan. En ese local bendecido por los pasos de Giorgio intentamos hacer aquello que nuestro Maestro haría.
 
Hace unos meses casi como una profecía tiré al aire en la reunión: “este invierno vendrá difícil, vendrán muchos más a pedir comida y habrá mucha más hambre”…el verano terminó y los platos de comida tuvieron que ser duplicados. La cocina no andaba bien y tuvimos que adquirir una nueva, el microondas hacía cortocircuito y tuvimos que reemplazarlo, un lavarropa nuevo para la ropa que nos donaban, que cada vez es más, tuvo que ser comprado y todo con el desprendimiento de algún hermano que quiso ayudar en el anonimato, todo luego pagado en pequeñas cuotas pero siempre con la Fe puesta en el Cielo de que si damos nos proveerán.
 
Y sucedió lo inevitable, ya la olla quedaba chica, ya los platos no alcanzaban para todos los timbres que sonaban y nuestra desesperación crecía porque la caja del dinero cada vez tocaba fondo más temprano. Ya llegábamos a 50 platos. En un acto de Fe (o de empuje) aseguré que no debíamos preocuparnos el Cielo proveería, porque esos pobres no son nuestros, ni del Sistema, ni del Estado, son de Él de Nuestro Maestro y Él nos los manda para que cuidemos de ellos hasta que los venga a Consolar, a buscar y regalarles el Reino de los Cielos que ya se han ganado. Los gastos se incrementan y con eso nuestra angustia, suena el teléfono, Dios nos escucha. Del otro lado la Cruz Roja Internacional nos invita a acercarnos a su local, por suerte queda a unas 30 cuadras de distancia… nos donan 50 kilos de pasta y nuestra Fe que se agiganta, “cada 10 días algo más les daremos” nos dicen y para nosotros es como que nos estén dando ese mismo plato que reciben nuestros “olvidados”, Dad y recibiréis… esas palabras resuenan en mi mente, en mi alma y me confirma una vez más Quien guía nuestros pasos. Aquel para el que nada es imposible.
 
¿Quién guío la mano de la Cruz Roja? Sabemos Quien es, ¿cómo se materializó? Misterios de Dios. Pero nuestra fe hoy ondea como una bandera al viento, vendrán otras pruebas seguro, vendrán problemas, seguro, pero allí estaremos para esperar otro llamado de Nuestro Señor.
 
Erika Pais.
Montevideo, 18 de marzo 2014.
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