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justiciaya100Por Silvana Lazzarin
Apocalípsis 6.9
Y cuando el cordero abrió el quinto sello divise bajo el altar de los sacrificios, las almas de los que fueron degollados a causa de la palabra de Dios por haberla proclamado.
Se pusieron a gritar muy fuerte, Dominador Santo y Justo, hasta cuando estarás sin hacer justicia y pedir cuentas por nuestra sangre a los habitantes de la tierra.
Entonces, bajo entendido los ángeles les dieron a cada uno un vestido blanco diciéndoles, que esperaran todavía un poco hasta que se completara el número de sus hermanos y compañeros de servicios que deben ser matados como ellos.
Y mi visión siguió, dice San Juan, cuando el cordero abrió el sexto sello se produjo un violento terremoto, el sol se puso tan negro como un vestido de luto y la luna toda se volvió como sangre y las estrellas del cielo cayeron a la tierra.

TRÍPTICOS
justiciaya
  
Tomo una hoja, formo una S, junto los bordes y repaso. Tomo una hoja, formo una S, junto los bordes y repaso. Tomo una hoja, formo una S, junto los bordes y repaso. Siempre arriba "JUSTICIA PARA PABLO".
Tomo una hoja, formo una S, junto los bordes y repaso. "JUSTICIA YA".
Tomo una hoja, formo una S, junto los bordes y repaso. "NO A LA IMPUNIDAD".
¿Cuántas veces he visto su foto y estas trascendentes afirmaciones? ¿más de mil?
Este acto casi mecánico, me invita a observar a mi alrededor y VER, y entonces VÍ.
Vi a un ejército preparado por Giorgio, pero esta tropa no porta fusiles, solo tiene una gran voluntad y compromiso con quien nos ha instruido durante todos estos años y con aquel que estamos esperando.
 
Veo un patio extenso repleto de plantas, un árbol de naranjas y otro de limón sutil (lima) que aportan una media sombra que permite disfrutar de él durante todo el día.
 
Veo hermanos que imitan mis movimientos y me pregunto si ellos se estarán dejando transportar por las mismas emociones, por los mismos sonidos y por la cándida foto de Pablo.
 
Miro el milagro del que soy parte y del que somos parte todos los que estamos presentes en este momento, en este instante.
 
Por primera vez observo a mi Guía trabajando. Por unos días ha trasladado su trinchera a Paraguay. Observo cada uno de sus movimientos y agradezco al Cielo por poder compartir estos momentos con Él, ese hombre que al verlo, en el primer instante conmociona mi espíritu y de inmediato hace brotar la emoción de mí.
 
Veo a Sonia Alea, un ángel, siempre con su disponibilidad exquisita, servicial a cada necesidad de Giorgio.
Veo como amorosamente rasca su espalda y siento en mi corazón su ternura infinita, pues ella, tiene siempre para cada uno de nosotros, una sonrisa, un abrazo o una palabra que hace encender nuestro interior.
 
Escucho a Giorgio llamando: ¡Sonia! ¡Sonia! ¡Giovanni! ¡Bruno!
 
Veo una casa invadida, una familia que nos acoge como familia, como parte. Hilda, Omar y sus hijos han cambiado sus rutinas para recibirnos y para hacernos sentir como en casa.
 
Sigo disfrutando del encuentro dejándome llevar como al azar, al encuentro de cada  hermano, llego así a compartir una reunión con quienes me llevaron a volar por mundos lejanos e increíbles con sus crónicas. Marco y Francesca comparten con nosotros sus experiencias. Sus miradas casi de niños traspasan lo evidente, ven más allá, enfocando lo interior y haciéndome sentir cuanta pureza hay en ellos.
 
La logística está a cargo de Georges Almendras, bien cortito tiene a este batallón que está separado en grupos y dirigido por un líder.
Lo primero, doblar los trípticos. Luego se designan los grupos que  repartirán volantes, otros harán pegatinas, algunos ambas cosas. Otros están a cargo de la cocina y de lo que amorosamente se nos dará de comer durante nuestra estadía.
 
Cabe destacar que Giorgio trabaja en forma constante, lo que apura nuestro interior para que profundicemos la palabra SACRIFICIO. Comprender esto, anula cualquier posibilidad de queja por estar cansados, es más, nos impulsa a trabajar con más ganas para honrar tanto esfuerzo de parte de Él que con sus acciones vive enseñándonos.
 
Salir a la calle fue una experiencia única e inolvidable no solo por el acto de volantear sino por el hecho de compartir con hermanos de los que no conocía más que sus nombres. Interpreto que son innumerables las cosas que nos unen. Hicimos un gran equipo con Marco Antonio de Chile y Daniel de Uruguay, remarco este equipo por que juntos hemos entrado a los asentamientos de los más humildes, de los olvidados.
 
Fue como VER ejemplificado lo que es el sometimiento. Sometimiento de ideas, sometimiento de los sentimientos más primigenios. Aplastados y paradójicamente convencidos de que lo que viven es "normal". Esta visión lastimó mucho mi corazón ya que es como ver a muchos de mis compatriotas de las zonas más castigadas de mi país, Argentina.
 
Latinoamérica sigue siendo ultrajada y la sangre de los mártires sigue regando a nuestra madre tierra. Latinoamérica grita tímidamente ¡LIBERTAD! ¡REVOLUCIÓN!
 
Una tarde casi noche, llegamos "a casa" sin intuir el regalo que nos esperaba.
 
Giorgio estaba sangrando. Una gran bendición había caído sobre nosotros. Un privilegio al que pocos hermanos habían sido llamados.
Me resulta casi imposible describir el encuentro con este hombre acostado sobre sábanas blancas, derramándose, ofreciéndose. Soy testigo del sacrificio. Soy testigo aún de aquello que no puedo ver con mis ojos terrenos pero que si puedo sentir con mi alma ya que siento estar rodeada por el mismo Cielo. Por un instante, un ligero flash me hace ver el cuerpo de Cristo. Beso sus pies.
 
A pesar de mi pequeñez, siento haber sido llamada a vivir ese momento único e intransferible. Siento la benevolencia del cielo para conmigo y también la obligación que este privilegio conlleva.
 
Al salir de la habitación, observo a cada uno de mis hermanos allí presentes, todos comulgando en el más absoluto silencio, quizás sintiendo las mismas emociones o tal vez diferentes pero todos, "re-unidos" por la misma pasión.
 
Cuesta salir de un relato tan importante para pasar a otro, pero Giorgio nos ha demostrado que después de la sangración se viste, y sigue trabajando como si nada hubiera pasado.
 
El día que tanto esperábamos ha llegado y una señal en el cielo, alrededor de nuestro Padre Adonay nos consuela. La ansiedad es grande y todos intuimos que la movilización ciudadana será un éxito, o tal vez es el anhelo de que así sea.
 
Al acercase la hora del evento, comprendemos que la plaza no se llenará. En mi interior siento que a pesar de ello, el mensaje llegará a unos cuantos. La ciudad ha quedado empapelada con la foto de Pablo y la frase "No temo a las acciones de los malos. Temo al silencio de los buenos". Cincuenta mil ciudadanos recibieron el mensaje en sus propias manos a través de los volantes. Pronto, muy pronto comenzarán a recordar que un grupo de extranjeros intentamos decirles algo que ellos no fueron a escuchar. Muchos comenzarán a preguntarse si ellos podrían ser protagonistas de un cambio.
 
Sé que de la mano de Giorgio y mis hermanos hemos plantado una gran semilla, fecunda y pujante, que en forma progresiva dispara la conciencia de este pueblo. En algún momento brotará la REBELIÓN.
 
El acto comienza y los oradores aciertan en cada tema expuesto, pero el frenesí y el entusiasmo de Giorgio me enorgullece como discípula, complace mi alma y me da fuerzas para no temer, revalido mi compromiso, confirmo que el miedo paraliza y comparto la provocación que hay en sus palabras y en sus gestos, en su mirada.
 
Nada de esto me sorprende ¿acaso no somos un grupo de soldados provocando a la oscuridad? Al mirar a mis hermanos comprendo que compartimos el mismo sentimiento.
 
Llega el momento de la pequeña leona, Dyrsen. Con palabras simples describe el dolor que desde hace años envuelve a su familia. Corazones golpeados. ¡Pero esta vez es diferente, pues está rodeada por soldados de Cristo! ¡Pablo, su padre, es el disparador de la chispa que ha encendido en cada uno de nosotros, Pablo nos ha convocado y reunido desde los distintos puntos del mapa para pedir justicia y por él hemos corroborado nuestra identidad, somos la Tribu de Juan, los enemigos del anticristo!
La primera vez que vi el video de Pablo, el mismo con que se cerró el acto, lloré desgarradoramente, mi llanto salía de la profundidad de mi ser.

Cuando comienza a rodar nuevamente el video, volvió a apoderarse de mí el desgarro más profundo. Al mirar a mi lado veo una mujer visiblemente afligida por las imágenes del mismo, me doy cuenta que se trata de una familiar de Pablo. Tímidamente extiendo mi mano y le hago una caricia en su espalda. Ella reacciona a mi caricia como un animalito herido aceptando mi consuelo y apoyando su cabeza sobre mi hombro, como necesitando un efecto transmutador, ese que alivia y repone, ese que regenera y repone. Tal vez pueda parecer extraño pero sentí desde otro lugar, que yo también era un deudo de Pablo.  

De apariencia frágil, los padres de Pablo mostraban una mirada cansada y profundamente triste, ellos han quedado para siempre en mi corazón pues han entregado a esta causa, la de Cristo, a tres hijos. Solo seres de una extremada pureza pueden aceptar tan tremendo sacrificio.
 
Las emociones vividas este último día serán imborrables para mi, pues todo lo acontecido en estos últimos días marcan un antes y un después. Creo apreciar, que todos hemos sido impactados por lo compartido. En el aire se instala la nostalgia de la despedida.
Me pregunto ¿cómo se vuelve a la cotidianeidad luego de haber sido parte de un ejército? ¿Cómo volver al mundo luego de haber estado en una especie de isla con aquel que nos abre un pedacito de Cielo?
 
Creo entender que esto es un pequeño entrenamiento junto a mis hermanos, un simulacro. Entonces, ya no importa si me gustas o si te gusto, si me miras mal o no te miro. Solo importa que debemos instigar a Dios para que desate su Santa Ira, para que nos envié a Su Hijo.
 
Mientras esperamos, seamos ANUNCIADORES y REBELDES.
 
¡RESISTAMOS!
 
De este lado es del que quiero estar. Quiero ser útil en esta batalla. Le pido al Padre Adonay que me permita estar siempre a su servicio y, por sobre todo, le pido que sostenga mi mano recordándome siempre que sin Él, yo no soy nada.
 
Con amor fraterno.
Silvana Lazzarin
26 de noviembre 2014

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