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DANIELAM100Por Daniel Amaral

A mis queridos hermanos, les cuento que hace unos años vi una película que me gustó mucho, la vi junto a mi hija Fátima, la misma se llama “Comer, rezar y amar”. Hace unos pocos meses la volví a ver y me golpeó con fuerza adentro de mi corazón la palabra attraversiamo, es claro que está en italiano. Parte de la película se desarrolla casualmente en algunos sitios de Italia, donde esta palabra aparece con mucha frecuencia. Una palabra que indica un desafío, como es el de atravesar barreras, obstáculos, nuestros propios miedos y, por sobre todo tiene el significado de atravesar nuestras limitaciones y de esa forma atrevernos a pasar el umbral de lo estrictamente materialista, al comienzo de una conciencia más espiritual.

Justamente pienso y me siento muy convencido de que esta palabra la vivenciamos en ese viaje a Paraguay, que nos llevó a traspasar los muchos impedimentos, lógicamente se presentarán antes de nuestro arribo a la ciudad de Asunción.

Quizás esta palabra sea una excusa para poder reflexionar sobre una etapa del camino, que a partir del suceso que pudimos compartir junto a nuestros hermanos paraguayos, nos ha mostrado que hay un antes y un después.

Creo que nos dimos cuenta de lo mucho que nuestro hermano Giorgio ha atravesado en toda su vida; antes de ser estigmatizado y durante estos 25 años, pero sobre todo lo que él vive con tanta intensidad en esta ultima etapa que quedó demostrado en todos los días en los que compartimos en las trincheras de la casa de Omar Cristaldo y su familia.

Nosotros atravesamos junto a él unos momentos difíciles, nos tomó de su mano y nos indicó el camino. Un camino muy difícil, muy duro, lleno de obstáculos, trampas y tentaciones, pero que al final del mismo hay una luz que nos espera, hay un Rey que espera que demos hasta la última gota de nuestra sangre. Ese Rey no espera que nosotros seamos santos, que no tengamos ningún pecado, sino que espera que demos todo de nosotros mismos y que acompañemos hasta el último instante a su mensajero y amigo, nuestro mentor, nuestro referente, nuestro Faro, nuestro Giorgio.

Por eso mis queridos hermanos, si de verdad sentimos esta convivencia en Paraguay, si de verdad somos conscientes que no somos new age, si de verdad nos hemos dado cuenta que este es un camino sin retorno, es muy probable que lleguemos al final.

En lo que a mi concierne, nunca le prometí nada a esta obra, la obra de los Juanes, nunca le prometí nada a nuestro querido Giorgio Bongiovanni, al que antes que nada  lo considero mi amigo, después mi hermano mayor y por ende mi maestro. Y voy a ser coherente con esto, no prometo nada en esta nueva y difícil etapa. Será simplemente como el que deja el vicio del alcohol y que se dice a sí mismo “sólo por hoy”. Me gustaría cambiar un poco esta frase y decir “hasta hoy estoy”, que es muy parecido a vivir el presente, que no es más ni menos que vivir el eterno presente.

Entonces la única certeza es que todos los que estamos hasta hoy acompañamos a un soldado, a un luchador, a alguien que casi no duerme, que utiliza su computadora como si fuera una metralleta, que se desvive por buscar permanentemente las estrategias para atacar al anticristo, que no cesa, que no tiene tiempo para sí mismo, que uno de los pocos placeres para él es comer un buen plato de pasta, que ama a su familia pero casi no puede atenderla, que es en definitiva un guerrero de la luz encarnado en la tierra. Éste es sintéticamente Giorgio Bongiovanni.

Pero ahora él se desvive para que no asesinen a su amigo Nino Di Matteo, a sus escoltas y a otros fiscales y jueces que están queriendo hacer justicia y de esa forma honrar a Italia y darle al mundo un poco de dignidad. Por eso, ahora más que nunca debemos atravesar nuestros muros y desde el lugar donde nos encontremos, hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a Giorgio en esta lucha. Una lucha a brazo partido, una lucha sin descanso, en la que si queremos seguir tenemos que estar alerta permanentemente. Lo que Jesús hace dos mil años le dijo a sus discípulos, “velad”, para nosotros en este tiempo significa estar atentos, buscando a cada paso ser más y más conscientes que lo que estamos viviendo es una verdadera guerra.

Y justamente en medio de los días en los que me disponía a escribir estas líneas, ante el pedido de Giorgio para que hiciéramos algo ante la inminente posibilidad de un atentado en contra del fiscal Nino Di Matteo, lo mínimo que podíamos hacer era alguna movida frente a la embajada de Italia, en un hecho casi emblemático pero que seguramente es un puntapié inicial. Hemos ido a pedir y a exhortar que no maten al fiscal Nino Di Matteo, alegando que si pasase un atentado contra él, el responsable número uno iba a ser el propio estado italiano.

Por eso era muy importante hacer llegar una carta a la embajada italiana en el Uruguay, pararnos frente a sus puertas con una pancarta y repartir volantes explicando quién es el fiscal Nino Di Matteo y por qué su vida está en riesgo. Tarea que a la misma hora se estaba realizando en las respectivas embajadas con representación en Argentina y Paraguay, algunos días antes lo hicieron los hermanos chilenos en compañía de nuestro querido hermano paraguayo Omar Cristaldo. Entonces, queridos hermanos, nuestras vidas ya no son las mismas, hay un antes y un después de la batalla realizada en Paraguay. Attraversiamo, y no nos detengamos, el objetivo es claro, tenemos mucha información proporcionada por Eugenio Siragusa primero y desde hace 25 años por nuestro hermano Giorgio Bongiovanni. Cuántas enseñanzas, cuánta sabiduría, cuántos maravillosos hermanos han pasado por esta obra, cuántos jóvenes hay hoy cumpliendo funciones de alta responsabilidad, cuántas mujeres valerosas que son madres, amigas, hermanas, empezando por Sonia, pasando por Mamá Raquel de 81 años y jovencitas como Francesca o Emilia de 19 años, la misma Sonietta que nos ha dado una lección junto a sus amigos, con la puesta en escena de “El arte mata a la Mafia”.

En las mujeres que nombré está simplemente sintetizado lo que ellas significan, sin todas las mujeres de nuestra obra sería imposible que nosotros los hombres pudiéramos tener la fuerza suficiente para acompañar al guerrero número uno, Giorgio Bongiovanni.

Velad, velad y estad atentos, estad despiertos, ser cada día más y más operativos, estad unidos, nunca estad solos, no dejemos que el humo invisible del anticristo entre en nosotros, aprendamos a aplastar con fuerza la envidia, más y más esfuerzo para compartir con los hermanos y estemos más y más juntos; si hacemos así, nos podemos decir con firmeza, cada día en que nos levantamos, “¡hoy estoy!”. Y así emprenderemos el día conscientes, que no estamos solos, porque hay amigos, hay hermanos, hay esperanza. Por eso simplemente por eso, attraversiamo.

Daniel Amaral

20 de diciembre de 2014

Montevideo, Uruguay.

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