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eduardo galeano
Por Jean Georges Almendras
Poco sería decir que uno se siente conmocionado.
Poco sería decir que uno se siente abatido.
Poco sería decir que uno se siente acongojado.

Ha muerto Eduardo Galeano. Así titulan los diarios de Montevideo, el lunes 13 de abril de 2015, por la mañana. Así titulan los diarios de América del Sur. Los diarios del mundo. Así abren los informativos radiales y de televisión, en el Uruguay, en Sudamérica y en el mundo. Porque ha muerto un ciudadano del planeta. Premiado, admirado y merecidamente reconocido allende toda suerte de fronteras territoriales.

Eduardo Galeano, que ha sido un gran  protagonista de la América Latina de este siglo, revolucionándola, se ha marchado. Una enfermedad que lo tenía contra las cuerdas, desde hace tiempo, le arrebató la vida. Una vida de compromiso con los valores universales, con el hombre nuevo, con el hombre en sufrimiento, con el hombre sometido, con el hombre denostado y con el hombre luchador por las causas justas.

Desde muy joven Eduardo Galeano se aventuró a la tarea de escribir, porque era su talento signado por la sabiduría del gran cosmos. Era su destino militante. Su programa humano de despertar conciencias, a través de su pluma, alentando fervientemente a las generaciones a comprender el sentido de la vida, el sentido de la lucha social y el sentido de denunciar al poder, para desmantelar los malos vientos de la impunidad reinante en los días de dictaduras y en los  días de democracias.

No pocos ciudadanos de la América Latina, de la América Latina de las venas abiertas, sentirán –sentiremos- su ausencia, en la cotidiana batalla contra las injusticias sociales y las diferencias sociales.

Muchas almas de seres como Eduardo Galeano han desfilado por entre las bambalinas de la historia de la humanidad, de manera militante. Y muchos de esos seres ya entraron en la inmortalidad. Y en este tercer milenio que comienza, el turno para la despedida ha sido ahora el suyo. Y eso se siente. Y eso, inevitablemente nos conmociona. En lo personal y  en lo profesional.

Quienes estuvieron y están ciegos a los valores de la convivencia humana, aliándose con los valores materiales del capitalismo perverso, sin importarles si su confort quizás este edificado sobre cimientos de egoísmo, sangre y muerte, constantemente denostaron y conspiraron contra Eduardo Galeano, como en aquellos días en que residiendo él  en Buenos Aires, después del golpe militar en el Uruguay, la Triple A lo amenazó de muerte cuando era redactor de una publicación en los virulentos años del terrorismo de Estado implantado por la bota militar argentina.

Lo recuerdo a Eduardo Galeano cruzándonos por los pasillos de canal 4 –e intercambiándonos algunas palabras-  en los años 90 y comienzos del dos mil, cuando nos dejaba su voz, su figura y su don de la palabra, en el programa de Omar Gutiérrez o en otros periodísticos de la grilla televisiva de los canales montevideanos. Lo recuerdo en sus narraciones televisivas magistrales y aleccionadoras, para un ciclo de unitarios emitidos por TV ciudad, y que fuera producido en Argentina.

Más cercano en el tiempo, lo recuerdo manifestando en las puertas de la Suprema Corte de Justicia el día en que literalmente se expulsó a la Jueza Mariana Motta de las investigaciones a los militares que violentaron los Derechos Humanos; lo recuerdo, pocos días después, en otra marcha por la misma temática, en la Plaza Libertad de Montevideo.

Y mucho más cercano en el tiempo, lo recuerdo y lo tengo muy presente, dándonos a nosotros, una especial y muy sentida adhesión a la causa de los paraguayos, en ocasión de la movilización que hiciéramos en la Plaza de la Democracia de Asunción, en el mes de noviembre del pasado año 2014. “Quiero sumar mi nombre a las declaraciones de repudio a las ejecuciones de campesino y periodistas que están sembrando de horrores mi entrañable tierra paraguaya. Quienes conocemos y amamos ese país sabemos por experiencia que es el terrorismo practicado por el poder el que se enmascara para asesinar impunemente a los que defienden sus acosadas tierras y su libertad d expresión” escribió para nosotros en su adhesión para el pueblo paraguayo pocos días antes de la movilización.

El paso de los años, y ese inexorable final al que todos estamos destinados, cumplido el ciclo biológico, que en este caso se aceleró por un cáncer de pulmón, han hecho que Eduardo Galeano nos fuera arrebatado de entre nosotros, a la edad de 74 años. En los últimos tiempos Galeano se había llamado exclusivamente al calor de su hogar, con su esposa Helena, pero sin dejar de escribir, y prácticamente sin mantener encuentros públicos o conceder entrevistas.  Solo el 1ero de marzo pasado, y como una excepción,  recibió en su casa al presidente de los bolivianos, Evo Morales.  Un esfuerzo sobrehumano dado su estado de salud.

Ríos de tinta y miles de minutos de televisión, se habrán de destinar ahora en Galeano,  en los medios de comunicación, y serán miles las reflexiones sobre su persona y su prolífica obra de denuncia y de conciencia social, que se harán oír y se escribirán en diferentes ámbitos y en diferentes países.

La desaparición física del escritor y periodista Eduardo Galeano, nacido en Montevideo el 2 de setiembre de 1940, es la desaparición física de una parte de la voz de los pueblos sudamericanos que lucharon contra los poderosos y los responsables de violaciones a los derechos humanos, en su tierra natal y en el suelo sudamericano. Su desaparición física, entonces, enluta  la conciencia y al alma de una América Latina, todavía sufriente.

Fueron años de enfoques políticos, ensayos, narrativas y caricaturas, siempre con su estilo incisivo y directo. Fueron años de viajes, de reconocimientos a sus obras, pero  también fueron años de odios y de ataques a su pensamiento y a sus obras. Años de revolucionario empuñando sus escritos y sus libros como armas, generándose enemigos, pero también muchos amigos.

Pero en resumidas cuentas, fueron años de reencuentro con las almas que armonizaron con su esencia de hacedor de conciencia, disfrutando de su personalidad, de sus expresiones y de sus obras literarias.

Fueron años de ciudadano sencillo; de hombre amante de su compañera Helena, y de su pasión futbolera, pero siempre cargado de esa irrepetible humildad que lo alejaba constantemente de la  elite social y pacata de ese círculo propio de los ámbitos mediáticos al servicio del poder y de la hipocresía. Fueron años de trascendencia diaria y militante, en favor de la libertad de expresión, dentro de un sistema devorador de hombres y promotor de violencias.

A Eduardo Galeano se lo extrañará en el  barrio Buceo, donde residía;  se lo extrañara en el Café Brasilero de la Ciudad Vieja; y se lo extrañara en las marchas y en las contramarchas de la vida del periodista y escritor de denuncia y de compromiso, transitando a contrapelo de un sistema conservador y encajonado. Se lo extrañará por las calles montevideanas y por las avenidas y calles del mundo.  

A Eduardo Galeano lo extrañaremos todos y cada uno de nosotros, que lo leíamos, una y mil veces, enriqueciéndonos con sus conceptos y con su obra literaria, con la admiración, el respeto y la fascinación que le depara un discípulo a su maestro.

Poco sería decir que uno siente que le ha sido arrebatado el compañero de lucha que la sociedad sudamericana  más apreciaba.

Poco sería decir que su ausencia será un vacío indescriptible.

Poco sería decir que su desaparición física nos obligará a redoblar nuestras fuerzas para que sus ideales y sus pensamientos nos lleven al cambio del hombre de hoy, para transformar el mundo de hoy.

Y poco sería decir, que estarás en nosotros, revolucionándonos como siempre lo has hecho.

13 de abril 2015


Ver repercusiones de la muerte de Galeano en redes sociales:
http://www.espectador.com/sociedad/313492/repercusiones-de-la-muerte-de-galeano-en-las-redes-sociales

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