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sur100Por Mariana Trejo

Crónica del Arca de Santa Cruz

Si algo caracteriza a estas tierras Patagónicas no es tanto el frío, o la nieve, sino el fuerte viento que arrasa de oeste a este limpiando todo a su paso, y que hace difícil permanecer a la interperie para observar el paisaje del valle, que junto al río es una poesía romántica en otoño, con amaneceres y ocasos encendidos, donde se respira la quietud de un lugar que pocos han pisado y que contrasta con la inmensidad desértica de la tierra que lo rodea por cientos de kilómetros. Los días anteriores transcurrieron con muchas ansias, días que pasaron lentamente, estirándose por la expectativa de que lleguen nuestros hermanos, maestros, guías, que conocemos desde hace muy poco en esta vida, pero nuestros espíritus se encienden con un fuego interno que los reconoce desde hace mucho más.

Juan Alberto Rambaldo junto a la adorable Alejandra Maceiras, y Silvana Lazzarín, una mujer sensible como pocas, guerrera de la jungla del asfalto porteño, y Platón, el perro que los acompañó durante el largo viaje. Ellos tres, seres humildes pero sabios que dejan ver un resplandor de su interior iluminando la mirada de los que se acercan, llegaron alrededor de las 17 del lunes mientras estábamos con nuestros quehaceres del día y con la oración al cielo de que lleguen bien, ya que la ruta era bastante larga y difícil. Nos estrechamos en largos abrazos ni bien bajaron del auto y una vez en casa compartimos conversamos sobre la travesía que habían recorrido en auto, atravesando Santa Fe, toda la Pampa y la mayor parte de la Patagonia, un camino difícil en esta época invernal y que les llevó cerca de 2 días de viaje.

Nos sentimos afortunados y con una responsabilidad más grande ante tal esfuerzo. Pronto nos pusimos a trabajar en los preparativos de la charla, repartir revistas, reportaje en radios, el sonido, y demás, compartimos comidas, enseñanzas y anécdotas en todo momento, y también con Perla y Sergio, y sus hijos Nahuel, Luciana y Guadalupe, hermanos de la obra. Ese lunes era la comunicación con Giorgio así que nos reunimos en nuestra casa con la desgracia de que unos minutos antes se corta la luz, por lo que estuvimos escuchando escasamente por teléfono reunidos alrededor de una vela.

sur1Llegó el gran día de la Conferencia programada para el 15 de Julio “La Justicia de Dios y el regreso de Cristo”, y entre todos los preparativos el día pasó muy rápido, estábamos esperanzados de que asistiera la gente. Sólo con un par de personas a las cuales superaban en número los jóvenes del arca, dimos comienzo a la charla, José hizo la introducción y pasamos el video, muy bien logrado que hacía poco habían hecho los hermanos de Buenos Aires. Luego tomó la palabra Juan Alberto, un maestro para nosotros, e invitó a todos a que nos acercáramos para que la reunión sea más cercana, íntima. Los jóvenes escucharon atentos sus palabras, ahondando en qué somos, para qué estamos acá, porqué es necesaria la Justicia del Padre. Los ojos de los presentes, más que nada jóvenes, delataban una sensación de esperanza y anhelo de un mundo mejor, reflexionando internamente todo aquello que había tocado nuestro corazón.

sur2Estábamos un poco decepcionados por algunas ausencias, pero felices por haber escuchado a Juan Alberto y sentir la calidez de nuestros hermanos, con los que terminada la conferencia nos reunimos para compartir una cena y concluyendo la jornada en largas charlas que fueron para nosotros valiosos momentos de compartir y fundirnos en sinceras miradas de amor y hermandad.

El jueves continuamos con actividades de difusión para la charla en Puerto San Julián, un pueblo costero de 13000 habitantes, a unos 120 km de Piedra Buena. Aprovechamos para ver el paisaje de la bahía, la playa con piedras diminutas y las embarcaciones viejas varadas en la costa que hacían al lugar una serenidad y sensación de soledad que también se adivinaba en los rostros de la poca gente que andaba en el lugar.

Cada segundo junto a ellos fueron eternas enseñanzas cósmicas, filosóficas y espirituales que surgían desde los razonamientos más mundanos de nuestro andar terrenal. Andar al lado de ellos era vivenciar todo lo que pasaba con otros ojos, como si todo brillara más, todo era más bello, más claro, el cielo estaba más cerca, y la naturaleza nos hablaba.

sur3En el camino de vuelta pudimos leer la hermosa experiencia de los hermanos de Montevideo, y en el resto del viaje de vuelta a Piedra Buena nos mantuvimos en un profundo silencio, porque indudablemente nos había conmovido el alma.

Esa noche, ya en nuestra casa, cenamos y seguimos compartiendo experiencias y reflexiones hasta tarde, Ale y Juan nos brindaron su conocimiento en todo momento, mientras Silvana hacía con su pinza y mostacillas unos hermosos Rosarios que había traído para ofrecerle a la gente. Tuvimos una charla muy profunda y una experiencia propia de los seres más elevados que viajan a visitar a sus hermanos para mostrarles la luz del padre, más de cerca, unas dulces y armónicas notas que nos tocaron el plexo solar y nos hicieron vibrar hasta sentir ese amor sublime, inexplicable con palabras, incomprensible y lejano para las personas de este mundo. ¿Cómo podíamos seguir siendo los mismos si habíamos visto la luz de nuestro interior? Estaba allí guardada, casi invisible, como una estrella que está por nacer, incendiando su interior y esperando el momento para emanar su luz hacia el exterior y mostrar su verdadera naturaleza del ser. Sin dudas de que existe un Cristo que nos tutela a todos y que está allí, más cerca de lo que sur4creemos, de que allí arriba están seres Crísticos que nos guían para llegar a Él, y sin dudas de que nuestro maestro y Guía Giorgio es el cáliz que se sacrifica día a día por nuestra unión. ¿Cuántas señales necesita el mundo para despertar? ¿Cuánta sangre bendita? ¿Cuánto? Si dentro de cada uno hay todo un cosmos por descubrir, infinita felicidad si descubrimos dar al prójimo. El maestro es sabio, no le tira perlas a los cerdos, entonces debemos sentirnos afortunados, muy afortunados por pertenecer a esta tribu, la de Juan. Esa llama Crística que vi en mis hermanos, que los impulsa a dar todo por el ser más pequeño, sin prejuicios, sin dudar, esquivando y rompiendo las piedras del camino para cumplir con lo prometido al cielo y con la vista en el horizonte, como las águilas que van volando bajo el firmamento y un poco más arriba de la faz terrestre, la vida material, para observar lo que sucede allí abajo.

Nos quedamos un día más en nuestro pueblo, lo que nos permitió preparar el programa de radio del sábado que hacemos con los chicos del Arca a las 15 hs. En nuestra casa-Arca-radio. Silvana, nuestra hermana de la ciudad porteña estaba hace tiempo ya, asistiendo y apoyando a los pueblos Qom Pilagá Wichi y Nivaclé del acampe que están aún en plaza de Mayo, y tuvo la oportunidad de conocerlos más de cerca y entrevistarlos. Le hicimos una entrevista a ella y pasamos un audio donde Israel Alegre, miembro de la comunidad Qom, cuenta las terribles marginalidades de un pueblo que vive anulado por el sistema,“somos invisibles” dijo… nada más degradante y desgarrador, un grito que nos tendría que movilizar si tenemos un poco de humanidad para apoyarlos, reconocernos en ellos y gritar al mundo que se hace llamar “humanidad”, que estamos nuevamente ante un genocidio silencioso de los pueblos de estas tierras, y con ellos se está perdiendo nuestra identidad gracias al avasallante deseo de poder, dinero y enmascarado en un escenario que nos dice “igualdad intercultural”.

sur5Unos minutos después se cortó la luz y no pudimos continuar con el programa, hecho que nos hace pensar más seriamente en la necesidad de un sistema energético independiente, aprovechando los fuertes vientos del sur quizás.

A la tarde llegó Perla y su familia para despedirse, y convidarnos con unos tacos mexicanos que había preparado, nos despedimos con fuertes abrazos y al día siguiente salimos temprano hacia Santa Rosa, Juan, Alejandra, Silvana, Platón, José, nuestros niños y yo. Después de casi 1000 Km decidimos parar a dormir unas horas en Puerto Madryn, una ciudad costera de Chubut donde pudimos ver las ballenas al atardecer, ya que en esta época llegan a las costas a aparearse.

Esa noche Alejandra se sentía descompuesta, por lo que no durmió muy bien, y tampoco Silvana que la asistió con sus manos mágicas. Atribuyó aquel malestar debido a la reciente operación que había sufrido y tantas horas de viaje inmóvil.

Seguimos viaje a la mañana temprano, y ya se sentía otro clima al de Piedra Buena, frío aún pero al salir nuestro radiante sol nos calentaba de a poco. El paisaje iba cambiando la desértica estepa de Santa Cruz y Chubut por los campos habitados por el ganado, más verde y parejo, característico de La Pampa. Íbamos sin GPS, más bien fuimos por un instinto que nos llamaba y guiaba hacia dónde ir, y luego de atravesar la ruta 35, inhóspita, llegamos a Santa Rosa recibidos en casa de Pilar, donde también está su hotel “Hotel Rucalén”, donde nos hospedaron generosamente a 9 hermanos. Allí estaban sus amorosos hijos Noé, Rocío, Nicolás y Manuel, además Estela, integrante del Arca. Estábamos felices de ese encuentro, ellos nos recibieron con abrazos y sonrisas, mate y todo su afecto. La charla era el miércoles 22 así que enseguida nos pusimos a su disposición para ultimar detalles y que todo salga bien.

Estela, una mujer increíble y con una energía y alegría contagiosa, organizaba los últimos detalles, sonido, el salón y demás. Nos sentamos a cenar en casa de Pilar y conversar, como muchos otros días más, y donde a veces Jorge Pracilio llamaba por Skype para contar a Pilar la experiencia de estar junto a Giorgio en Italia. Al día siguiente fuimos al centro de la ciudad a repartir folletos y pegar algunos afiches que quedaban, Silvana, José, Pilar y nuestros niños, y pudimos ver la hermosa ciudad bajo el radiante sol, la disposición de la gente nos alegró. Volvimos felices, Pilar a realizar las 10000 tareas que orquestaba durante el día, y más que nada estábamos preocupados por Noé, el hermano mellizo de Rocío que había amanecido enfermo, y a la tarde apenas podía caminar así que tuvieron que llevarlo al hospital. Nicolás, también enfermó.  Apenas podían andar, por la fiebre y el dolor.

Nuestra estadía en Santa Rosa aconteció entre momentos fraternos de gran felicidad, y males inesperados e inexplicables que se fueron dando en el correr de los días y cada vez más fuertes. Aún así, el amor y la armonía que se había conjugado entre nosotros, que sonaba como una lejana música celestial en los ratos de silencio nos embelesaba de a ratos, y pudo más que las desventuras que querían doblegarnos. Pilar, mujer dulce y tierna, siempre atenta a servir a sus hermanos, y determinada a organizar, hacer de madre, y atendiendo a las obligaciones del hotel nos conmovió en todo momento por su entrega. Esa tarde del martes habían organizado una entrevista en la radio Fm 99.5 a Juan Alberto, por lo que fuimos a casa de Estela desde donde se haría el llamado telefónico. Quedamos muy conformes con la entrevista, la locutora del programa le hizo preguntas y fue muy profesional a juzgar de Juan.


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sur7Esa noche cenamos en casa de Estela, un cálido y amplio hogar que fue el punto de reunión y fraternidad por varios días, y donde no dejaba de invitarnos. Estela, una señora que aparenta mucha menos edad por su vitalidad, alegre, inquieta y solidaria que desde hace tiempo participa ayudando a diferentes organizaciones que dan abrigo y comida a los niños, además nos mostró los hermosos acolchados artesanales que junto a Pilar y su familia habían hecho para el mismo fin. Un alma sincera, servicial, y determinada. Además, al igual que las Druidesas de antaño, con una conexión especial con la naturaleza, y con el don de aliviar ciertos males por los que acudían muchas personas con diversas dolencias.

También conocimos a su hija, Carla, una joven maravillosa, bióloga, que hacía de payamédico en los hospitales y asilos de ancianos con el sólo propósito de mejorar la estadía de las personas en aquellos tristes lugares, a todos nos sacó una sonrisa. Nada menos podíamos esperar al ser hija de Estela, y también al contarnos de su padre, que ya no se encontraba desde hace unos años, y que nos contó era juez, y del que Carla no dejaba de encontrar rasgos en Juan Alberto, al escuchar su sabiduría, y su conocimiento espiritual. Coincidencias que no dejaron de sorprendernos.

A la mañana siguiente Rocío también había enfermado, un cuadro incierto, una especie de gastroenteritis fulminante, por lo que tuvo que hacer reposo e ir al médico, y lamentablemente no pudo estar en la charla. Fuimos a limpiar el salón y prepararlo porque era el gran día, Pilar había preparado una mezcla para sahumar el ambiente. Quedó todo perfecto, la Madre Celeste nos acompañaba y Estela llevó un cuadro de Jesús que una señora amiga había pintado, la imagen era conmovedora. Todo el día se sentía fuerte la presencia de la Santa Madre, y más aún durante la charla y los días posteriores. Horacio, nuestro hermano de Las Parejas llegó, y todos nos pusimos a trabajar.

sur8Noé y Nicolás, a pesar de estar aquejados por la enfermedad, fueron a apoyar a su dulce madre y escucharon atentos las palabras de Juan Alberto. Un rato antes de ir todos al salón una grata sorpresa le llenó los ojos de alegría a Pilar y todos: había llegado Joel. Sorpresivamente, o  por un llamado interno nuestro hermano de Neuquén, un ser lleno de luz, conocedor del mundo invisible, trajo alivio para ese momento en que parecían todos caer en cama.

Comienza la charla, ya todos sentados y en el ambiente se sentía una conexión celestial, Pilar dio la presentación, humilde, con palabras sencillas las justas para presentar a Juan.

Hubo muy buena concurrencia en la charla, más que nada de mujeres, que al terminar le hicieron preguntas de todo tipo, y que nos conmovieron por las ansias que tenían de escuchar palabras de nuestro Maestro Giorgio Bongiovanni, y con muchas ansias de ponerse a trabajar. Terminó la charla y todos sentíamos una satisfacción grande, más allá de lo visible, de encontrar personas tocadas por el padre dispuestas a trabajar a favor de la vida, así que la responsabilidad se redoblaba para Pilar y los hermanos del Arca de Santa Rosa.

La charla de hecho siguió en casa de Pilar, donde los jóvenes del Arca se sentaron alrededor de Juan y entablaron una profunda conversación, todos los admirábamos felices.

sur9La luz y el amor que brillaba en esos jóvenes, hijos de Pili, Estela, nos hicieron pensar que aquel sueño de un mundo donde los valores de la paz, la justicia y el amor reinan, es posible. Brotaban lágrimas a veces, y sin hablar nos estrechábamos en abrazos consoladores. Jazz no dejaba de abrazar a todos, y Bruno quedó encantado con Rocío, bellísima y amorosa, con un toque especial por los niños que con una sonrisa doblega a cualquier ser en la tierra.

Los días siguientes fueron mágicos, llenos de sorpresas y aprendizajes, con Joel, Juan, Alejandra y todos aquellos hermanos que solo podrían estar en este mundo por misión, y no desaprovechamos ni un segundo. Aprovechamos para pasear y conocer el Monasterio de las Carmelitas Descalzas, donde vendían unas hermosas estatuillas de la Madre junto al niño Jesús, un lugar muy especial, sereno, allí sur10nos atendió una Carmelita con una luz especial en el rostro.

sur11Fuimos además al Santuario de la Virgen de Fátima, que se encuentra en una plaza de la ciudad, donde se ven en los vitrales la representación de las apariciones de la Virgen. Quedamos maravillados. También fuimos al campo de Pili y Jorge, donde nos prometimos juntarnos cuando terminen la casa alguna navidad. Sin duda Santa Rosa era un lugar especial, con una energía  diferente a otros lugares.

Nos contamos anécdotas y planeamos operatividades, escuchamos a Juan y Ale que muy bien sabían observar las posibilidades que había en cada lugar. Alejandra y Silvana también enfermaron, y pasaron muchas otras cosas, presagios en el cielo, y sucesos que no dejaron de sorprendernos y pensar en que no debemos bajar la guardia y estar atentos todo momento. Lo que allí sur12vivimos, junto a mis hermanos, diversos todos ellos, especiales, únicos, fue el amor incondicional, sin prejuicios, que nos conectó muchas veces en otros planos, y que vivimos aquí en la tierra, nuestra Madre que nos cobija y regala la dicha de ser sus hijos y respira hondo cuando somos felices con ella.

Llegó el día de volver a nuestro lugar de origen, nunca sentimos tanto esa despedida y los abrazos estiraban nuestra partida. Esos días no miramos al cielo para buscar señales, y seguramente nos observaron desde lo alto en silencio, porque aquellos días eternos dejaron prendida una llama que aún perdura y que debemos avivar, y hacer crecer en todas las direcciones junto a nuestros hermanos, hijos del Cielo. Gracias Giorgio por permitirnos conocer la esencia de esta tribu.

Gracias Maestro. Gracias Padre. Gracias Madre Santísima




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Un testigo de la verdad.

Mariana Trejo

26 de julio de 2015

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