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erika100Por Erika Pais

Si hacemos una clasificación rápida y a la ligera de los diferentes tipos de Seres Humanos que forman parte de la especie nos encontraríamos con que existen Seres Humanos Pensantes, Seres Humanos Sintientes y los otros, los Seres Humanos Sentipensantes.

Y de estos existen muy pocos.

Los Sentipensantes son aquellos que tienden puentes cuando los otros ladean las riberas de los ríos. Son los que construyen caminos donde algunos ponen piedras y que reparan emociones donde los demás las destruyen.

Son aquellos que siempre estarán combatiendo cuando la guerra parece perdida, utilizando su última bala para entablillar la patita de algún pájaro herido.

Son quienes descubren los colores en los sabores, que el silencio tiene sonidos melodiosos y que los olores transforman los espíritus.

Son quienes se detienen a observar una puesta de Sol, mientras escriben contra el Poder que aprisiona a la sociedad o cavando un pozo donde plantará un árbol frutal.

Son quienes irremediablemente y absolutamente estarán al lado de los intelectuales justos, de los campesinos pobres y honestos, de la sociedad martirizada por el sistema y de los magistrados o periodistas que empuñan su pluma contra la mafia.

Hace exactamente un año que en el Paraguay, en un paraje cercano a la frontera con Brasil, más precisamente en Villa Ygatimí fueron asesinados el periodista Pablo Medina y su joven ayudante Antonia Almada.

Pablo Medina era un sentipensante que había transformado su profesión de periodista en un arma letal contra las bandas de narcotraficantes y de políticos descaradamente corruptos que chupan sin cesar la sangre de jóvenes y campesinos que habitan en la región. Y desde donde inundan el planeta entero de marihuana, muerte y destrucción.

Un periodista del diario ABC COLOR paraguayo que se había ganado el respeto y la amistad de toda la redacción de Antimafiadosmil, para la que escribía desde las tierras rojas y olvidadas de Curuguaty.

Un sentipensante al que ya le habían asesinado a dos de su hermanos.

Un periodista que se amaba a si mismo menos que a su profesión y su condición de hombre libre. Porque comprendía que la tierra que pisaba era roja sangre y que el aroma que respiraba en su amada región era el olor de la muerte, del tráfico de drogas y esperanzas.

Y estaba dispuesto a combatirlo.

Estaba dispuesto a tender un puente, a construir un camino y a reparar las emociones destruídas

“Entendemos que asumimos una posición que tiene sus riesgos. Pero hasta la vida intrascendente y opaca es riesgosa. Y correr riesgos por la libertad es algo que se acerca a lo sublime. Y es porque anhelamos ser mejores, porque deseamos trascender, porque buscamos ese más allá que mueve y motiva los avances y los logros, es que nos lanzamos a esta suerte de cruzada”

Así era nuestro compañero Pablo Medina y en honor a su persona y cerrando filas alrededor de su trascendencia, un grupo de colaboradores y periodistas de antimafiadosmil viajamos a su hermosa y martirizada tierra Curuguateña.

Se cumplía un año de su asesinato a sangre fría en manos de sicarios del clan Acosta, respondiendo a una orden del Intendente de Ypeju, Wilmar Acosta Marquez.

Al año volvíamos al lugar donde la libertad de expresión fué cerzenada y donde el color rojo de la sangre se mezclaron con el de la tierra.

Nada más ingresar en esa mini ciudad construída en el medio de la selva paraguaya, se pueden distinguir aquellos síntomas que la señalan como “zona narca”. Hoteles que adornan las calles y muchas, demasiadas y lujosas instituciones bancarias

Un contraste muy fuerte con las humildes casas y los pobres campesinos que viven allí.

Es exageradamente notorio que no son ellos quienes ponen dinero en esos bancos, ni se hospedan en esos hoteles.

No es necesario tener una carrera avanzada en el instituto policial para comprender que algo está sucediendo en la ciudad de Curuguaty y zonas aledañas.

La impunidad se viste con sus mejores ropas, construye pistas clandestinas entre los marihuanales y somete al pueblo, hace fiestas en nombre del poder y mata periodistas.

La impunidad mató a nuestro Pablo Medina.

Con autoridad moral bajamos de nuestros vehículos bajo las atentas miradas de los curiosos y no tanto, que se acercaban a obervarnos.

Bajamos nuestras cosas y nos intalamos en el hotel.

Aquel mismo hotel que el año pasado tuvo que ser desalojado de periodistas que habían ido a cubrir el asesinato de Pablo.

A los narcos no le había caído en gracia su presencia allí y los habían invitado muy “educadamente” a retirarse.

 En aquella oportunidad los periodistas abandonaron el hotel.

Esta vez nosotros habíamos decidido que no lo haríamos bajo ningún concepto.

Entre charlas y reuniones todo muy atentamente vigilado por algun que otro personaje que se veía notoriamente tenia el rol de controlarnos, concretamos los detalles y un encuentro con Gaspar Medina y Dyrsen Medina, hermano y hija de Pablo.

El aire realmente podía cortarse con un cuchillo.

En el hotel siempre había algun hombre que descaradamente se sentaba allí a mostrarse y escuchar todo lo que hablabamos y cuando alguno de nosotros entraba al hall o al salón se hacía abruptamente silencio y todos los que allí estaban depositaban sus ojos sobre nosotros.

A esa altura ya nos habían visto reunidos con los Medina, por lo que era muy fácil comprender que formábamos parte del otro equipo.

No habíamos ido allí a visitar los marihuanales, a comprar droga o a negociar autos robados.

Estábamos allí para honrar la memoria de nuestro sentipensante caído.

Existe un hilo invisible que comunica a los sentipensantes entre sí.

No importa las distancias, los colores, los olores, las regiones, los climas. Ese hilo atravieza el planeta, el universo entero y delicadamente enhebra a unos con otros para siempre y por la eternidad.

El periodismo es una profesión que hace posible que ese hilo transparente haga hablar a sus sentipensantes en un mismo lenguaje.

Entonces en la plaza 34 Curuguateños durante el homenaje al periodista caído, el guaraní, el italiano y el español fluían suavemente y entonaban un himno a la Justicia.

Memoria y Justicia, exhigían los familiares y los niños de las 4 escuelas allí presentes.

Memoria y Justicia exigían los periodistas también.

Justicia y Libertad exigían los dolidos campesinos.

Unas horas después nos encontrábamos viajando por un camino sinuoso y rojo, muy rojo y verde hacia Villa Ygatimi. Mucha tierra, polvo, pobreza, hambre y abandono se veían a los lados del camino que por más de 8 horas recorrimos con un vehículo que no estaba hecho para esa travesía.

Enormes deslaves de tierra, 45 grados de calor y entre el rojo sangre de la tierra y el verde esmeralda de la vegetación selvática paraguaya percibíamos miradas de toda índole.

Unos ojos nos miraban divertidos y entre ellos un pequeño niño desnudo corrió hacia el paso de nuestro vehículo.

Otros ojos nos miraban con odio y nos apuntaban con su mano en señal de arma de fuego.

Otros ojos dulces y famélicos nos llamaban los “periodistas de los derechos humanos”

Y allí avanzabamos como podíamos, hacia el lugar donde sonaron los disparos cegadores de vidas pero que regalaron a “nuestro”Pablo la trascendencia real y concreta que el tanto amaba.

Por las mismas rutas en las que fueron asesinados campesinos por reclamar subsidios para sus cultivos y el mismo trayecto que Pablo hacía, tanto sea para cubrir notas periodísticas por plagas en los cultivos de mandioca y soja o por el tráficos de armas y drogas, nosotros marchábamos al encuentro donde su cuerpo cayó a tierra.

De que está hecho un sentipensante?

Quizas del barro rojo de ese camino, de las flores exoticas de la selva paraguaya, de las mariposas que revoloteaban a nuestro alrededor

Qué fuerzas lo empuja una y otra vez a caminar, andar y nuevamente caminar hacia su inexorable muerte?

Quizás la alegría de Servir, quizas las de un tereré bebido en la noche bajo un manto de estrellas luminosas con el abandonado

Con que sueña un sentipensante?

Quizás con la alegría en los ojos de ese niño desnudo que corría a nuestro encuentro.

Cómo llora un sentipensante?

Quizás como ese vecino campesino con cara curtida por el sol y el trabajo, con las ropas raídas por la pobreza, sobre el memorial de Pablo y Antonia.

Un campesino delgado y gastado como la muerte pero con esas lágrimas de niño herido cayendo por su rostro racio agradeciendo que “profesionales” hayan ido allí donde los matan a tiros o hambre. Reclamando con rabia que las cosas tomen su lugar en este mundo en su guaraní natal.

Qué observa un sentipensante?

Quizas lo que observaba ese intendente cuando pidió que nos unamos a ellos para llevar adelante esa lucha, su lucha sin cuartel contra el crimen que los aprisiona. Cuando nos imploraba que volvamos y hagamos ver al mundo que los paraguayos se desangran como sus tierras.

Que conmueve a un sentipensante que trasciende?

Quizás el vernos desde arriba, desde las nubes del cielo a todos nosotros en ronda y de la mano, periodistas, campesinos, familiares, policías, políticos honestos, ateos o creyentes, rezando un Padre Nuestro con lágrimas en los ojos allí en Villa Ygatimi donde su cuerpo se hizo uno con la tierra.

Qué desea un sentipensante?

Quizás que cada vez seamos mas.

Erika Pais.

16 de octubre del 2015.

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