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virgen de fatimaaPor Agustín Saiz

Fátima es nuestro evangelio, la traducción desencriptada del libro del Apocalipsis a un lenguaje coloquial e infantil, la descripción del siglo 20 con toda la complejidad de sus dinámicas sociales y geopolíticas sintetizadas por el genio de la Madre para ser solo entendida por aquellos que tienen corazón de niño.

La cronología de eventos profetizados en Fátima menciona a las grandes guerras, hasta llegar a una tercera definitiva que determina la intervención extraterrestre en el planeta y el juicio final. Estos eventos se reconstruyen sobre el alma del hombre herida de muerte incapaz de reconciliarse con Dios, como en una torre de Babel que cuanto más alto más fuerte cae,  como en un fractal que una y otra vez va dando más poder y amplitud a su tragedia. En cada uno de estos ciclos, la humanidad se resquebraja para poder hacer su entrega y dejar el valor supremo del espíritu al descubierto, en un nuevo pilar en donde se emplazará  una nueva era. Entonces, de algún modo, nuestro orden personal y colectivo están comprendidos en Fátima. Cada aspecto de nuestra vida cotidiana puede ser identificado en la visión: somos hijos de Fátima, del romance cósmico de la mujer que se viste de Sol, que nos engendra anímicamente como fruto de un Amor sublime. ¿Somos capaces de captar esto: “…Si supierais cuanto los amo lloraríais de alegría…”?, es este periodo en que nuestra conciencia, nuestro yo soy, emerge acrisolado entre tanta violencia y maldad, como una flor indestructible que renace entre los escombros de una civilización.

Y ante todo esto, qué ha sido de nosotros, que cansados, probablemente, llegamos por la noche a casa, después de una jornada laboral sin sentido, y que los únicos minutos de claridad son pocos antes de volver a enajenarnos con cualquier cosa? Porque así como hemos sido llamados por la Santa Madre a despertar en estos tiempo, también existen nuestros enemigos, poderosos y majestuosos en apariencia, dispuestos a todo para derrocarnos del trono de nuestra alma, y no solo se han sucedido en linajes satánicos a lo largo de la historia, sino que en este último siglo, han desarrollado las instituciones, los Estados y la cultura que articula nuestra vida cotidiana.

Desde el proyecto Manhattan y el nacimiento de la era atómica, la casta naciente de banqueros, militares y magnates industriales norteamericanos, se ha fusionado con la antigua estirpe del dragón británico y dado lugar a la mayor fuerza de dominio que jamás ha existido sobre el planeta. (“Cuando los ángeles echaron las puertas abajo, fue como un mar de imprecaciones, de injurias, de aullidos y de lamentos. Todos tuvieron que conocer y adorar a Jesús. Y éste fue el mayor de sus suplicios. En el medio del infierno había un abismo de tinieblas. Lucifer fue precipitado en él y encadenado, y negros vapores se extendían sobre él. Es sabido que debe ser desencadenado por algún tiempo, cincuenta o sesenta años antes del año 2000 de Cristo. Otros muchos números que no me acuerdo fueron marcados. Algunos demonios deben ser sueltos antes ya para castigar y tentar al mundo (Anna Catalina Emmerich, 1823)”. Desde la década del 40’ una gigantesca infraestructura jamás vista se asienta en las nuevas instituciones trasnacionales  (CFR, ONU, FED, Banco Mundial) y comienza a articular el poder financiero, el saber científico y la fuerza militar, en una nueva ingeniería planetaria, desde la cual ahora podrán dirigir el destino del mundo con la fuerza bruta del poder atómico. Desde entonces el fuego del cielo ha descendido en más de 2000 detonaciones nucleares para someter voluntades,  dividir el mapa del mundo, crear nuevas regiones, borrar la identidad de pueblos enteros, tergiversar la historia, emplazar a Israel en medio oriente (… Y vi otra bestia que subía de la tierra; tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero y hablaba como un dragón. Ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia, y hace que la tierra y los que moran en ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia de los hombres… Ap. Cap. 13). Actualmente lo tienen todo: medios de comunicación, armas de destrucción masiva, moneda, la voluntad de la población, y a nuestras conciencias cooptadas circulando por Internet. Han trabajado mucho, con desesperación y odio; le declararon la guerra al Cielo a la vez que le temen, boicotean las ofertas que vienen de los seres extraterrestres y los desafían, atacan con cabezas nucleares a sus naves y persiguen a sus emisarios, los profetas contactados.  

Y ante todo esto, nosotros qué? En esos ratos ocasionales, mientras caminamos, o estamos en el supermercado, en la parada del bus, o antes de dormir, cuando por una ventana del apartamento miramos entristecidos el atardecer de un día perdido o en las estrellas esperanzados buscamos a Dios: Qué podemos hacer ante semejante disparidad? Porque somos nosotros, los hijos de Fátima, que podemos sentir su llamado, quienes debemos corresponder a un mensaje que no nos llega como descarte de la incapacidad de la institución Católica para hacerlo, sino que nos contempla desde el inicio y nos pone como protagonistas. Es a nosotros a quienes desde siempre estuvo dirigido y por lo tanto, estemos donde estemos en cualquier ámbito, convive con nosotros porque está en nuestro interior. No está en un papel, el mensaje somos nosotros! Y lo trasladamos inevitablemente adonde vamos. Entonces,… qué espera Dios que hagamos? Tal vez nuestros hermanos del cosmos (cuya tecnología se desarrolló desde antes del inicio de este universo) sonrían ante nuestras pretensiones y  solo esperan que volvamos a ser niños y podamos soñar otra vez. Sobre la base de un corazón puro, tal vez puedan darnos la pequeña piedra que derroque a los nuevos Goliats. Quién podrá abrir la conciencia a la realidad de estos tiempos sin que el sufrimiento nos condicione, sostenerla abierta alegremente en el gozo de Dios, a pesar de los golpes y las caídas cotidianas, sin perder la esperanza?

Todos ya sabemos la respuesta, estas palabras van dedicadas a ti, Hermano Giorgio, que nos has mostrado que el hombre sigue siendo un proyecto divino y que a lo largo de tus encarnaciones nos enseñas que la muerte no existe y que el valor del espíritu siempre triunfa. Tu sacrificio nunca fue en vano, hoy miles de nosotros, como constelaciones de estrellas arrastradas desde diferentes épocas a tu rebaño, reconociendo tu luz interior, queremos convertir nuestras vidas para pelear a tu lado y ser dignos de la Gloria de nuestro Señor.

A ti querido Giorgio, y a  todos los Hermanos, en el mes aniversario de Fátima quería dedicarles estas simples palabras de Aliento y Fuerza, para el que fuego del espíritu arda en pasión, honor y gloria al Altísimo Señor de los Cielos, Jesucristo.

En Fe.

Agustín

Campana, 25 de mayo 2016

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