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incontro200 Por Jacopo y Alice

Parecía una jornada común, desayuno en el bar, una vuelta por el centro y almuerzo en familia, pero en realidad el 4 de enero del 2018 es una fecha que no olvidaremos. Todo comenzó en la mañana, cerca de las 10.30 hs. Recibo una llamada de Alice, mi mejor amiga.

Me pide si quiero salir con ella a la cima del monte Ingino, para hacer un paseo dentro del árbol de Navidad más Grande del Mundo. Acepto de inmediato con entusiasmo a pesar de que estuviera lloviendo.

La cita era para las 15.30 en la iglesia de San Agustin, llegamos ambas puntuales y en pocos minutos estábamos ya dentro de una de las cabinas del teleférico para admirar extasiadas el panorama, todavía ignorábamos que algo que estaba por suceder haría inolvidable la jornada.

Un viento helado acompañaba nuestra cuesta arriba hacia el Colle Eletto del Beato Ubaldo. Finalmente estamos en la cima. Son las 16 y todavía falta una hora para ascender al Arbol de Navidad. Por lo tanto decidimos de pasar ese rato en el bar de la cima, donde, a a pesar del frío me tomo un buen helado (soy goloso lo sé)

De repente una señora entra y desde la puerta vemos que las luces de neón verde que están sobre los árboles están encendidas. Es el momento de descender, arrullados por las dulces notas de las canciones navideñas que animan el paseo a lo largo de las callecitas haciendo mágina la atmósfera. Mientras estamos saliendo del bar la atención de todos cae sobre un muchacho, un tipo extraño con un perro gordo. Entra y le pregunta a la empleada del bar que calle debería hacer para regresar a la ciudad. Se le explica que el camino más corto es simple y basta con recorrer todas las 9 calles. Agradece, sale pero extrañamente va hacia el lado opuesto, hacia la basílica. Para nosotros, al contrario comienza el descenso en 45 minutos debíamos estar en la ciudad.

La atmósfera es mágica, música, luces, los últimos débiles rayos solares atardecían. Continuamos sacando fotos y haciendo videos para capturar cada momento cada sensación de aquello que lograba ofrecernos aquel mágico lugar. Llegando al cuarto callejón nos pusimos un poco frente a la cruz y a admirar el panorama, la ciudad iluminada con miles de luces y miles de colores. Busco de inmortalizar todo en el video y justo cuando lo estoy terminando, una voz desde la oscuridad nos saluda. Un poco sorprendidos y un poco por curiosidad respondemos, la persona se acerca y poco a poco logramos distinguir su rostro en la oscuridad. No está solo, tiene un perro gordo y en seguida nos damos cuenta que es el muchacho del bar. A pesar de que la situación habría podido asustarnos, nosotros estábamos serenos, más bien es el propio muchacho que nos trasmitía serenidad. El perro nos rodea y comienza a girar alrededor de nuestras piernas como si quisiera protegernos.

Comenzamos a hablar y el muchacho nos dice que a el le gustas muchos las grutas, nos pregunta como podría hacer una visita al Monte Cucco. La conversación parece extraña, pero es placentera, aquella persona misteriosa nos trasmite una serenidad increíble. Nos aconseja visitar las montañas cercanas a Castrovillari, en la que hay grutas, según él, muy bellas. Parece que en la prehistoria aquella cadena montañosa haya “explotado” creando cavernas bellisimas. La charla continúa y nos dice que este año quiere sacar la libreta para el parapente, porque volar siempre fue su gran miedo y que se ha comprometido a lograr vencerlo. Mientras tanto el perro ha dejado de girar alrededor nuestros y parecía que quisiera irse. En ese momento el muchacho misterioso se presenta, nos dice que se llama Mare y después de habernos estrechado la mano nos dice que ha sido un placer pero que debe irse porque tiene prisa.

Permanecimos estúpidos y ambos habíamos tenido la sensación de no haber hablado con uno cualquiera, sentimos dentro de nosotros que aquel chico educado y gentil que nos ha trasmitido tanta serenidad con sus palabras es un hermano, un hermano que viene del cielo. Continuamos el descenso esperando de verlo nuevamente entre las callejuelas de abajo, pero nada, no hay nadie. Eso nos convence todavía más que aquel encuentro ha sido especial, que aquella jornada post fiesta que parecía iguales a muchas otras no lo es. Hemos encontrado a Mare, un hermano del cielo

Jacopo y Alice

16 de Febrero 2018

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