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claudio200Por Claudio Rojas
Con la primera venida de Cristo, han empezado los "últimos días o tiempos" (Hebreos 1:2; 1 Juan 2:18).

Todo cuanto existe se centra en Cristo, pues todo fue creado para Su Gloria. Es por Él por quien todo fue hecho, por lo que es necesario centrar el futuro de la humanidad en función de Cristo y de Su Palabra. Y es en el Evangelio, que recoge la vida y palabra de Jesús, que se encuentra su llamado “discurso escatológico” donde anuncia los acontecimientos que habrán de venir en el Final de los Tiempos.

Pero es en el Apocalipsis donde Jesucristo, con la autoridad de haber muerto y resucitado entre los muertos, le dice al Apóstol Juan: “Yo soy el Alfa y el Omega, el Primero y el Último, estuve muerto pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos (…) Escribe lo que has visto, lo que ya es y lo que va a suceder más tarde” (Apoc. 1, 17 - 20).

Por tanto, es en el llamado libro de la Revelación, que es precisamente lo que significa Apocalipsis, donde encontramos descrito mediante signos y símbolos el futuro que nos espera, confirmando las profecías del Antiguo Testamento de Daniel, Zacarías, Ezequiel, Isaías, Salmos, Abdías, Sofonías, Miqueas, y Amós, entre otros. Así, el vaticinio bíblico nos habla de una época breve pero extraordinaria de la historia del hombre: el Final de los Tiempos.

Este Final de los Tiempos indica el “fin del tiempo” que Dios le ha dado a las naciones para que se conviertan y lleguen al conocimiento del Evangelio; tiempo que dio inicio con la Muerte de Cristo –los últimos tiempos– y que concluye hacia el final con Su Parusía o manifestación.

En este Final de los Tiempos, y como consecuencia del pecado de la humanidad, se acrecentarán (es ya un hecho) “las guerras, el hambre, las pestes, las enfermedades”. Asimismo, con el “crecimiento de la maldad se enfriará la caridad” (Aumenta el egoísmo y el individualismo) y crecerá alarmantemente la apostasía en todo el mundo, incluyendo a la Iglesia de Cristo o comunidad de fieles, que pasará por una gran prueba que pondrá al límite la fidelidad de la fe de los cristianos y que hará que muchos huyan escandalizados. Y todo esto en medio del anuncio de la “buena nueva” que habrá llegado a todo el mundo.

Como consecuencia de todo esto, la humanidad y la Iglesia pasarán grandes tribulaciones, guerras, cataclismos, sufrimientos y señales nunca antes vistos –que aumentarán sucesiva y vertiginosamente– y que serán previos al advenimiento del llamado Anticristo, quien usurpará el lugar de Cristo en Su Segunda Venida, y que mediante falsos milagros y prodigios engañosos establecerá en el mundo una falsa paz, una falsa religión sin Dios que dirá: “La Religión somos todos y todos somos Dios” un falso orden y una solución aparente a los problemas de la humanidad.

Desde el principio, Satanás ha preparado su hora, la de su triunfo, que será por breve tiempo, “cuarenta y dos meses” (Apoc. 13, 5). No ha dejado nada al azar. Todo el llamado esoterismo –distorsión del misterio de Dios– se unirá para recibir a la encarnación del mal, al mismo demonio hecho hombre, a aquél a quien “el Dragón le dará todo su poder, su trono y su autoridad” (Apoc. 13, 2), para que Satanás, por medio de su lacayo, establezca su reinado en la tierra. Será el Anticristo el fruto maduro de la ya lejana estirpe manipulada de Satanás que inició en el Paraíso con el pecado original.

La humanidad ha sido engañada y creyendo esperar al Salvador recibirá al mismo Demonio y a él le rendirá honores y a él se sujetará. El reinado del Anticristo será desde luego un engaño por cuanto que le dará a la humanidad tres cosas que en ese tiempo serán escasas y por ende apreciadísimas por los habitantes de la tierra: paz, orden y abundancia (económica y alimenticia para todos). Pero más allá de ello, se establecerá un culto nefasto, diabólico, ocultista, donde se “llevará” al hombre a la conquista de dos preciados dones:

La inmortalidad, (sin Dios)

La divinidad (sin Dios).

Estos objetivos han estado en el plan de la estirpe de la serpiente y se ha ido acumulando por siglos a través del conocimiento arcano, esotérico, alquímico, genético que ha estado latente en el pasado y ha dejado listo el escenario para culminarlo ahora.

Son múltiples las culturas que se funden en un mismo conocimiento esotérico y que enarbolan la llamada filosofía perenne del ocultismo, y que de alguna forma difunden y utilizan las diversas enseñanzas esotéricas, expresadas de diversa manera en conocimientos y mitos de pueblos y lugares tan distantes geográficamente como Mesopotamia, China, India, Oriente Medio, Egipto, Grecia, Roma y el llamado Nuevo Mundo. En este saber se mezcla la cábala, la alquimia, la astrología, la filosofía hermética, etc. lo que viene a demostrar que todo conocimiento oculto viene de una misma fuente. La filosofía perenne ha aparecido y desaparecido bajo diferentes aspectos y ha sido expresada de incontables formas a lo largo de los tiempos.

Y es este plan esotérico el que pretende presentar los Misterios de Dios expresados bajo el poder de las tinieblas. Son las profundidades de Satanás que arrancan desde el inicio de los tiempos: la creación del hombre y su caída; la manipulación genética en el mal uso de su libertad y su alejamiento del plan original del Creador; su vinculación con la más alta magia astral; su proyecto de establecer un reino en la tierra y su plan de remedar y apropiarse de la persona de Jesucristo, como parte de toda la profecía hermética que hábilmente supo extenderse por todos los pueblos de la tierra, para llegar a su culminación precisamente en el momento de la descomunal batalla final, en la que habrá de resultar un vencedor.

Prácticamente toda la humanidad adorará al Anticristo. Dice el Apocalipsis, que “toda tribu, pueblo, lengua y nación adorará a la Bestia, a su Falso Profeta y al Dragón” –es decir, la serpiente antigua quien le dio su poder a la Bestia–, salvo aquellos “cuyos nombres están inscritos, desde la creación del mundo, en el libro de la Vida del Cordero degollado” (Ap.13, 8).

La Bestia, es decir, el Anticristo tendrá “poder sobre toda raza, lengua, pueblo y nación”, siendo principalmente los judíos quienes lo recibirán como su “mesías” esperado (Jn. 5, 43).

Su “reinado” durará 42 meses, (tres años y medio); pacto que romperá para proclamarse “dios” y “salvador del mundo” y ser adorado como tal, tiempo en el cual hará imperar los más grandes actos de tiranía, apostasía, magia negra y sacrilegio. Suprimirá el Santo Sacrificio de la Misa; perseguirá a los santos y los vencerá. Blasfemará en contra de Dios, en contra de Su Nombre y Su Morada y de los que moran en el Cielo.

Gobernará a través de 10 reyes o naciones de la Tierra y con el poder de Satanás realizará extraños fenómenos cósmicos y toda clase de prodigios extraordinarios con los demonios en el aire, y todo el mundo ocultista y de seducción estará a su servicio, promoviendo una falsa y ficticia “hermandad entre los hombres” y una supuesta divinidad interior e inmortalidad corporal. Nada ni nadie le podrá hacer daño. Tendrá el poder de violar la misma ley natural de las cosas y de los seres. Convincentemente demostrará que su linaje y estirpe tuvo participación al principio en la creación de los hombres y dará pruebas de ello. Será la gran, última y terrible tentación para la Iglesia, que estará reducida a unos pocos fieles.

Como consecuencia de la iniquidad reinante en el mundo, al igual que en los días de Noé, la humanidad conocerá el Día de la Ira de Dios y un gran castigo azotará al mundo por sus muchos pecados. Los profetas mayores del Antiguo Testamento describen este terrible castigo, donde “estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra, vacila la tierra como un beodo, se balancea por la iniquidad de sus habitantes” (Is. 24, 18 – 20).

Toda esta tribulación, dice Jesucristo, será tan grande “como no la habido desde el principio del universo ni la habrá, y si esos tiempos no fuesen acortados, hasta los mismos elegidos perecerían”. Pero al final, con el “soplo de la boca del Señor y con el resplandor de Su Parusía” – Presencia –, derrotará al Anticristo, al Falso Profeta y al Dragón que le había dado su poder a la Bestia, para ser “lanzados vivos al estanque de fuego” (2 Tes. 2, 8 y Apoc. 20, 3).

Todo esto será previo al advenimiento del Reino de Cristo en la Tierra, dando cumplimiento así a muchas profecías que anuncian la llegada del Rey, que viene a tomar posesión de Su Reino, “hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies, y una vez sometidas a Él todas las cosas, Él a su vez se someta a Su padre, para que Dios sea Todo en Todo” (1 Cor. 15, 25-27). Será la época de los Reyes del Rey; de los Señores del Señor que gobernarán con cetro de hierro y los hombres alcanzarán una santidad nunca antes vista en la Nueva Comunidad.

En efecto, Su Reino comenzará con un pequeño número de elegidos, que reinarán con Cristo y serán sacerdotes de Cristo. Que al inicio de Su Presencia espiritual, “los muertos en Cristo resucitarán primero”, (1Cor. 15, 23 y Apoc. 20, 4 y 6) y otros que logren ser fieles hasta Su Venida, “no morirán, sino que se transformarán, al toque de la séptima trompeta” (1Cor. 15, 51-52). Muchos misterios, los del Reino, están aún por venir y ser descubiertos.

Lo anterior es una vista muy general y no completa de todo los acontecimientos que conforman el Final de los Tiempos, pero nos permite visualizar un amplio panorama. Asimismo, y contra la opinión generalizada dentro de la fe católica de que no hay manera de saber la llegada de los tiempos, la misma Sagrada Escritura “revela” las claves del “reloj divino” para su cumplimiento. Hay dos profetas que tienen, por decirlo así, las “llaves del tiempo”: Daniel y Juan. Daniel tiene tres profecías del tiempo: “los tres tiempos y medio” (7, 25); la profecía de las “dos mil trescientas tardes y mañanas” (7, 13 – 14) y las “setenta semanas” (9, 24 – 27).

Pero a Daniel, el Señor le dice claramente: “Guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del Fin” (12, 4). Por su parte Jesucristo le dice a Juan: “No selles las palabras proféticas de este libro, porque el Tiempo está cerca” (22, 10).

Y en otro capítulo muy importante (c.10), y que pasa desapercibido para la gran mayoría, Juan tiene una visión de un Ángel poderoso envuelto en una nube y con Arco Iris sobre su cabeza y su rostro como el sol y sus pies como columnas de fuego. Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces. Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas. Y el ángel… juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas…y tú, “tienes que profetizar de nuevo, contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (10, 11).

¡Todo lo anterior para quien tenga sabiduría!

Jesucristo es la Verdad. Hoy en un mundo donde el relativismo imperante establece como norma absoluta que no hay verdades absolutas, es necesario recordarle al hombre que Jesucristo vino a dar testimonio de la Verdad. Fueron claras las palabras que Jesucristo pronunció ante el Procurador Romano:

“Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18, 37). Asimismo, Jesucristo deja en claro quién es Él y dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6).

Por tanto, todo cuanto ha dicho Jesucristo es la Verdad, y sólo lo escucharán aquellos que quieren conocer la Verdad. Ahora bien, Jesucristo es el Hijo de Dios vivo; el Unigénito del Padre; el Amén del Padre, por eso dice Jesús: “El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9). De tal forma, que toda la Verdad revelada por Dios, toda sentencia, todo conocimiento, toda sabiduría, todo misterio, todo juicio, toda ley, le ha sido concedida a Jesucristo por parte del Padre. Él es el instrumento, el camino, el mejor receptáculo de transmisión de la Voluntad y Querer del Padre Eterno.

Esto es importante dejarlo en claro con toda su firmeza y autoridad. Todos los misterios están contenidos, de una u otra forma, en la Persona y Palabra de Jesucristo. Asimismo, toda la Verdad Absoluta está contenida, de una u otra manera, a lo largo y a lo ancho de la Sagrada Escritura. Decimos de una forma o de otra para establecer que no todas las verdades están al alcance de la mayoría de los hombres, o en su caso, han sido reveladas por Dios pero no todas han sido explicitadas, incluso, aún no han sido comprendidas del todo.

Esta revelación máxima de sabiduría alcanzará su plenitud precisamente al desvelarse el Misterio de Dios, cuando se culmine plenamente en la tierra el Reino de Cristo, y que ya está a las puertas. Por eso, muchos misterios que hasta ahora eran de difícil comprensión e interpretación, empiezan ahora a aclararse en la medida en que nos acercamos a su cumplimiento. Por eso Daniel dice que al Final de los Tiempos “ningún impío comprenderá nada, pero los doctos comprenderán” (12, 10).

Por tanto, si alguien quiere conocer lo que va a suceder en el futuro inmediato, y por qué sucederá, debe de consultar la fuente primigenia y original a través de las profecías de la Sagrada Escritura y particularmente las contenidas en el libro del Apocalipsis. Y como complemento de esta verdad están las Apariciones Marianas auténticas de este final de los tiempos que arrojan luz para comprender en profundidad el Apocalipsis y el Plan que Dios tiene establecido para el mundo y para el hombre desde el principio de los tiempos. Y, la siempre importante palabra del Consolador prometido (Juan 15:26) “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”.

En el tiempo anterior al regreso de Cristo, habrá guerras, revoluciones, plagas, hambre, terremotos y otros desastres naturales, apostasía, desintegración social, y persecución de los fieles. Sin embargo, eso "no es todavía el fin" (Mateo 24:6-8; Marcos 13:7-8; Lucas 21:9-11).

Falsos maestros - así como seguidores apóstatas o inmorales - han estado presentes en la Iglesia desde el comienzo.

Falsos doctores, lobos disfrazados de ovejas, surgieron de dentro de la Iglesia ya durante sus primeros días (Hechos 20:29-30). De hecho, "muchos" se habían hecho "anticristos" cuando Juan escribió su Epístola (1 Juan 2:18-19). Inmoralidad, hipocresía y sed de falsas enseñanzas también existían dentro de la Iglesia desde sus inicios, de manera tal que los escritores del Nuevo Testamento tuvieron que avisar a sus contemporáneos contra ello (2 Timoteo 3:1-5; 2 Timoteo 4:3-5; Apocalipsis 2:4-5; Apocalipsis 2:14-15; Apocalipsis 2:20-23; Apocalipsis 3:1-3; Apocalipsis 3:15-18).

Desde el comienzo, los verdaderos seguidores de Cristo han sido perseguidos.

Jesús sabía que habría persecuciones contra los fieles a lo largo de la era entre Su Ascensión y Su Regreso (Mateo 10:17-23; Mateo 10:25; Marcos 13:9-13; Lucas 21:12-19). Los autores de las Epístolas atestiguan que la persecución comenzó inmediatamente después de Pentecostés; Esteban fue el primero de los mártires (Hechos 7:55-60).

Las escrituras nos enseñan claramente lo que cuesta seguir al Señor Jesucristo.

"Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios"

(Lucas 9:59-62) "59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.

60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.

61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios."

(Filipenses 3:13) “ Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,"

"…cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee,"

(Lucas 14:33) “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”

(Mateo 19:21) “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.”

(Marcos 10:21; Lucas 18:22) “21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta:

anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”.

"No temáis, manada pequeña,…Vended lo que poseéis, y dad limosna"

(Lucas 12:32-34)

"32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

33 Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón."

(Mateo 6:19-21)

"19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón."

(Salmos 112:9) “Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre; Su poder será exaltado en gloria.”

(2 Corintios 9:8-9) "8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; 9 como está escrito:

Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre."

"el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo"

(Filipenses 3:8) “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,”

(Hebreos 12:1-2)

“1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

(Hebreos 10:34) “Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.”

(Colosenses 3:1-4) “ Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”

(Mateo 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23)

“23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”

(Mateo 10:37-38) “37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.”

(Lucas 14:25-27) “25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:

26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.”

(Mateo 19:29) "29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna."

(Marcos 10:29-30) "29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,

30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna."

(Lucas 18:29-30) "29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna."

¿Los Apóstoles?

(1 Corintios 4:11) “Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.”

(1 Corintios 9:25) "Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible."

(1 Juan 2:15-16) “15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”

Bienaventurado es el que aborrece su vida y la pierde por causa del Evangelio de Cristo.

(Lucas 9:24; Lucas 17:33; Mateo 16:25; Mateo 10:39)

“24 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.”

(Marcos 8:35) “35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.”

(Juan 12:25) “25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”

El Señor Jesucristo murió por nosotros y el deber de Sus seguidores es entregar sus vidas por El.

(2 Corintios 5:15) “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.”

(Gálatas 2:20) “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

(Gálatas 6:14) “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.”

(Gálatas 5:24-25) “24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”

¿Cuántos discípulos abandonaron al Señor escuchando estas duras y crudas pero verdaderas palabras?

¿Acaso es tan fácil escuchar estas palabras?

"…Palabras de vida eterna… Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?… Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él."

(Juan 6:53-66) “53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

Los fieles serán perseguidos, pero estarán apoyados por Dios durante la persecución.

Dios mantendrá a Sus fieles "conservados sin mancha" para Su llegada; Él los ha llamado y no les fallará (1 Tesalonicenses 5:23-24; Apocalipsis 3:10; Apocalipsis 7:3; Apocalipsis 12:6; Apocalipsis 12:13-16). Sin embargo, temporalmente, los malvados podrán "hacer guerra a los santos y vencerlos" (Apocalipsis 12:17; Apocalipsis 13:7). Los fieles serán "odiados de todos los pueblos por causa" del Nombre de Cristo (Mateo 24:9; Marcos 13:13; Lucas 21:17).

Las Escrituras prometen a los fieles de estos tiempos seguridad espiritual y ser preservados espiritualmente, no inmunidad contra la persecución ni, en algunos casos, contra el daño físico.

Tal como profetizó Cristo, Jerusalén cayó en manos de los paganos, el Templo fue destruido, y los Judíos de Palestina fueron dispersados como cautivos.

Jesús profetizó que Jerusalén caería ante los ejércitos paganos, que el Templo sería totalmente destruido, y que los judíos serían "deportados a todas las naciones" "hasta que el tiempo de los gentiles sea cumplido" (Mateo 23:38; Mateo 24:1-2; Mateo 24:15-22; Marcos 13:1-2; Marcos 13:14-20; Lucas 21:5-6; Lucas 21:24). Todo esto ocurrió, con la derrota de las revueltas de los años 70 dC y 133 dC ante los romanos.

Contrariamente a las creencias de algunos judíos fanáticos contemporáneos (y sus igualmente fanáticos apoyos Cristianos Evangélicos), no hay ninguna indicación en ninguna profecía ni exhortación del Nuevo Testamento, de que el Templo Judío podría o debería ser reconstruido, ni de que el sistema judío de sacrificios en el Templo pueda, o deba, ser restaurado.

Antes del Regreso de Cristo, el Evangelio será predicado al mundo entero.

Antes del Regreso de Cristo, el Evangelio será predicado al mundo entero (Mateo 24:14; Marcos 13:10).

Esto puede indicar que el Evangelio fue predicado al mundo entero "conocido", durante el Imperio Romano, antes de la caída de Jerusalén en 70 dC - pero su verdadero significado escatológico se aplica a la predicación del Evangelio al mundo entero antes del fin de la era (Apocalipsis 14:6-7).

Para ello, era lógico que se inventara la imprenta, las comunicaciones, internet, etc., pues así sería más fácil que la profecía se pueda cumplir con naturalidad.

Poco antes del Regreso de Cristo, habrá una tribulación global de una gravedad sin precedentes.

Hacia el final, los problemas con los que se encontrará la Humanidad serán globales, de una gravedad sin precedentes (Daniel 12:1; Sofonías 1:2-3; Sofonías 1:14-18; Mateo 24:21; Marcos 13:19; Lucas 21:22-23). Habrá:

Conquistadores y grandes guerras (Apocalipsis 6:2-4; Apocalipsis 11:18; Apocalipsis 16:12);

Hambre y enfermedades (Apocalipsis 6:5-8; Apocalipsis 16:2);

Desastres naturales, incluyendo terremotos, colapso ecológico, y el azote de un meteorito o cometa (Apocalipsis 8:7-11; Apocalipsis 11:18; Apocalipsis 16:3-4; Apocalipsis 16:10; Apocalipsis 16:18-21);

Muertes masivas, debido a causas humanas y naturales (Apocalipsis 6:8; Apocalipsis 9:18);

Discordia dentro de las familias, traiciones, crecimiento del odio, y la desaparición de la caridad entre la mayoría (Mateo 10:21; Mateo 24:10; Mateo 24:12; Marcos 13:12; Lucas 21:16);

Una gran persecución/tribulación de los fieles (Apocalipsis 7:14);

Estos desastres irán acompañados de un aumento de la actividad demoníaca (Apocalipsis 9:1-11, 14-19; Apocalipsis 12:12; Apocalipsis 16:13, 16).

A pesar de los castigos, la mayoría de la humanidad seguirá sin arrepentirse.

La mayor parte de la humanidad, grande y pequeña, será impenitente y desafiante en sus pecados y apostasía. Abandonarán a Dios, o Le maldecirán, en vez de volver a Él (Apocalipsis 6:15-17; Apocalipsis 9:20-21; Apocalipsis 16:9; Apocalipsis 16:10-11; Apocalipsis 16:21). En vez de seguir a los verdaderos profetas, celebrarán su muerte (Apocalipsis 11:9-10).

"Por efecto de los excesos de la iniquidad [injusticia], la caridad de los más [la mayoría] se enfriará" (Mateo 24:12). Esa tendencia será una señal de muerte espiritual, dado que el amor es la más grande de las virtudes espirituales (1 Corintios 13:13) y, sin amor, todos los talentos, conocimientos y obras no sirven de nada (1 Corintios 13:1-3).

El poder máximo del maligno en la tierra está limitado a "42 meses": un breve tiempo, que es un tiempo adicional solicitado por Satanás, después de haber tenido ya 100 años de poder según lo indicado por la Virgen de Fátima y de acuerdo a la visión del Papa León XIII en 1884.

Durante un breve tiempo, el mundo entero estará bajo el poder del demonio y sus sirvientes, representados por el dragón, la bestia, y el falso profeta o Antipapa (Apocalipsis 13:1-18). Las Escrituras especifican un tiempo limitado para el poder máximo del maligno (Apocalipsis 12:12): "un tiempo, (dos) tiempos y la mitad (de un tiempo)" (Daniel 12:7), 42 meses (Apocalipsis 11:2; Apocalipsis 13:5), o "un tiempo y (dos) tiempos y la mitad de un tiempo" (Apocalipsis 12:14), ó 1260 días (Apocalipsis 11:3; Apocalipsis 12:6).

Simbólicamente, esto representa un breve tiempo - pero también puede referirse a un tiempo de (literalmente) 42 meses y 1260 días, respectivamente.

Durante la mayor parte de la Tribulación, al poder del maligno se le opondrá estará y limitado por los Dos Testigos - hasta que sean condenados a muerte.

Los dos testigos elegidos por Dios testificarán a favor de Cristo, y contra el maligno y sus sirvientes, durante "mil doscientos sesenta días" (Apocalipsis 11:3) - hasta que su testimonio sea completo, y "la bestia que sube del abismo" (Apocalipsis 11:7) les quitará la vida.

Después de un breve y simbólico período, Dios resucitará a los dos, y los llevará al Cielo - y los que vean esto temblarán, y alabarán a Dios (Apocalipsis 11:11-13).

Este acontecimiento es la señal, para la gente sobre la Tierra, de que el poder de sus malvados gobernantes acabará.

Si la Tribulación no fuese acortada por un acto de la Misericordia de Dios, ninguno sobreviviría.

Si aquellos días no fuesen acortados por Dios "por razón de los elegidos", "nadie se salvaría" (Mateo 24:21-22; Marcos 13:18-20). Pero, como un acto de misericordia de Dios para los elegidos, la duración de las peores pruebas será acortada.

El Día del Señor vendrá de repente, tomando por sorpresa a los infieles.

El Día del Señor (que puede significar tanto la gran tribulación que precede al Regreso de Cristo como el Regreso de Cristo) vendrá de repente, por sorpresa para los que no tienen fe y no han estado vigilantes. (Mateo 24:37-41; Lucas 21:34; 1 Tesalonicenses 5:1-3; Apocalipsis 16:15). Nadie podrá escapar de la confusión de esos tiempos (Lucas 21:35; 1 Tesalonicenses 5:1-3).

El Día del Señor empezará en tiempos que parecerán "normales" para la gente, que estará "comiendo, bebiendo, tomando en matrimonio y dando en matrimonio", "comprando, vendiendo, plantando, edificando" - igual que hacía la gente al comenzar el Diluvio (Mateo 24:37-39), e igual que hacían cuando Sodoma fue destruida (Lucas 17:26-30).

2Pedro 3:10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad,…

Los fieles han de estar despiertos y vigilantes.

Los fieles, que han sido avisados, deben estar despiertos, vigilantes y serenos para discernir los signos de los tiempos y esperar el Regreso de Cristo (Mateo 24:32-33; Mateo 24:42-44; Mateo 25:1-13; Marcos 13:29; Marcos 13:33-37; Lucas 12:35-40; Lucas 12:42-46; Lucas 21:28-31; Lucas 21:34-36; 1 Tesalonicenses 5:4-6). Es porque nadie sabe "ni el día ni la hora" por lo que debemos "estar despiertos" ("velad", "estad prontos") (Mateo 24:44; Mateo 25:13).

Los que no creen y los malvados serán pillados por sorpresa y consternados cuando llegue Su Regreso; para ellos, el Día vendrá tan repentina y desastrosamente como un ladrón (Mateo 24:48-51; Lucas 21:34-35; Apocalipsis 3:3). En contraste, los fieles esperarán el Día, y lo verán como el cumplimiento de sus esperanzas.

Los fieles han de armarse con las armas del Espíritu: fe, esperanza y caridad (1 Tesalonicenses 5:7-8).

No hay nada que indique, en ningún lugar del Nuevo Testamento, que los creyentes deben tomar armas físicas contra los poderes del mal, ni que deban reunirse y usar armas de ese tipo en defensa propia.

En el tiempo del Apocalipsis, cuando los fieles están avisados, deben actuar rápidamente en obediencia a Dios (Mateo 24:16-20; Marcos 13:14-18; Lucas 17:31-32; Lucas 21:21). No deben echar la vista atrás hacia sus posesiones terrenales, ni preocuparse indebidamente por su vida; "El que procurare conservar su vida, la perderá; y el que la pierda, la hallará" (Lucas 17:33).

Cuando Cristo vuelva otra vez, "aparecerá, sin relación con el pecado, a salvar a los que le están esperan" (Hebreos 9:28). "El que perseverare hasta el fin, ése será salvo" (Mateo 24:13; Marcos 13:13; Lucas 21:17-19; Lucas 21:36).

La Tribulación pone a prueba, entrena y purifica a los fieles, a quienes Dios somete a disciplina como hijos (Proverbios 13:24; 2 Corintios 4:17; Hebreos 12:5-13; 1Pedro 1:6-7, 1Pedro 4:12-19; Apocalipsis 3:19). El tiempo del sufrimiento será breve (1 Pedro 5:10-11). Los fieles que perseveren hasta el fin serán apoyados por Dios y serán salvados (Mateo 10:22; Lucas 21:19).

La gran tribulación será breve, y los fieles recibirán un aviso suficiente de ella.

El tiempo de la gran tribulación será breve; una vez que los acontecimientos del Día del Señor comiencen, se desarrollarán rápidamente (Mateo 24:32-34; Marcos 13:28-30; Lucas 21:32).

El tiempo exacto, "el día y la hora", del Día del Señor y del Regreso de Cristo, eran entonces (en la época del ministerio de Jesús) solamente conocidas por el Padre (Mateo 24:36; Marcos 13:32; Hechos 1:6-7).

Los seguidores de Cristo recibirán un aviso suficiente para ser capaces de esperar el Regreso con fe y esperanza. Igual que Noé y Lot fueron avisados con tiempo suficiente para escapar de la destrucción, los fieles también serán avisados.

Cristo dijo "no pasará la generación ésta hasta que todo esto suceda" (Mateo 24:34). Se refiere a una era que dura un poco más de 2.000 años, entonces este es el tiempo de su regreso donde por fin él “hará las cosas nuevas”.

Claudio Rojas
29 de abril 2018

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