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calicejusticiaPor Erika Pais

Palabras que brotan en gotas de Sangre y llenan el viento de Verdad.

Acciones que dibujan el horizonte de nuestros amaneceres, pero no sellan el abismo de la ignorancia.

¿Qué es el Amor sin Justicia?

¿Qué es la Justicia sin Amor?

Y entre las nubes que se llevan los años que no fueron y las lágrimas que embargaron el azul profundo de la redención seguimos buscando el perdón sin dolor, la felicidad sin arriesgar y Lo escrito bajo nuestras formas caprichosas de vivir.

Y Aquel que Debe gritar, allí está, un año más, un siglo más, mil años más y los que debemos escuchar lo buscamos sin mirar, lo queremos sin aceptar, lo amamos como algo bello para adorar.

Pero él ha venido a enseñarnos el valor de la espada, a mostrarnos la vara con la que seremos medidos, nos ha traído el sabor del Amor, que tiene el aroma de la renuncia y la textura perenne de lo Justo.

Y nosotros creyendo entender decimos: “Que Venga el Padre y Su Justicia, que venga pronto” …

Pero cuando ésta se aproxima y se manifiesta en el mundo exclamamos:” Padre protégenos, aleja de nosotros el dolor…”

Queriendo transformar, quizás por ignorancia, quizás por egoísmo, quizás por el quizás, aquello que nos toca por designio Divino…

Si, porque nosotros ya no somos los mismos de antes, el Si que hemos pronunciado cimentó nuestro camino de rosas y espinas y no podremos tocar el Sol si no hemos cargado la Cruz.

Poco a poco quizás entenderemos que nuestras limitaciones son la Justicia obrando en nosotros y el dolor de la renuncia, que construye la disponibilidad, es el bastón para andar.

Y el Padre está allí en todo lo que no somos capaces de dar, lo encontraremos en nuestros miedos y más allá, nos Amará en las cosas a las que seremos capaces de renunciar, donde se borran los límites de lo humanamente posible y comienza a sonar la armonía melodiosa del Universo.

Donde nuestros sentidos se esfuman y somos inmortales, donde se evapora nuestra materia y nos abrazamos al latido de Dios, Un único latido…

Donde dejamos letras y textos, saberes y dogmas, ideas e ideologías, palabras y diretes y Somos filosofía pura, somos el Todo, Somos la Gnosis que fluye al infinito. Donde implosionamos y explotamos eternamente, una y otra vez, allí es donde somos y allí es donde nos lleva Su Justicia y donde finalmente el Padre nos espera.

El arriba, el abajo y el centro mismo es una sola cosa y nosotros somos con ellos.

Y El, una vez más Sangrará o un año más, el tiempo necesario hasta que nosotros mismo seamos el tiempo, o no, quizás el tiempo ya pasó y NOS pasó…

Poco a poco el sendero del Adiós se dibuja en el alma y lo que no dominamos nos domina…lentamente, inexorablemente, fosilizando los pensamientos, los sentimientos, el espíritu.

Poco a poco y gota a gota, El Sangró y fue llenando paso a paso, hora en hora, día en día, el viento de Verdad…de la Justa Verdad.

Una Verdad que nos involucra ancestralmente, genéticamente, místicamente, eternamente.

Hace muchísimos años, quizás más de 50 comenzó la última etapa de aquellos llamados: La Tribu de Juan.

Durante año han luchado, anunciado, sufrido, esperado este momento culmine en el que los soldados debían ir a la batalla final.

Quizás muchos de los que partieron al Padre en años anteriores están entre nosotros, nuevamente, otros estuvieron esperando para nacer justo ahora, tantos otros nacieron una y otra vez cerca de quien dirige nuestros pasos, preparándose durante centurias y quizás algunos perdieron la fe o su ansiedad o la humanidad malograda ganó un encuentro y ya no están.

La lógica Divina jamás es alcanzada cabalmente por la mente limitada encerrada en un espacio físico al que llamamos cerebro y que necesariamente opera en una dimensión, también, necesariamente material. Una máquina desde donde muchas veces parten las razones que nos manejan o nos engañan.

Pero la consigna había sido dada; era creer en los milagros físicos y espirituales sobre los que fuimos testigos, directos o no de Nuestro Maestro.

Era creer en la resurrección que pudimos ver y tocar. Creer que Jesús Cristo era, es y será Aquel que nos dio la Llave, la Señal, la Certeza del origen de nuestras almas. Aquel que, por primera vez, fue el avatar de avatares, Maestro de Maestros, doblegador trascendental de la materia, El Unigénito creado y creador de la Gnosis.

“No los dejaré huérfanos” dijo…y encerró en esas palabras La Verdad mas Grande capaz de enfrentar con una fuerza letal las medias verdades con las que Yahvé nos dominaba ayudado por sus secuaces de la ilusión y nos alejaba cada vez más de nuestro Pacto Eterno con nuestro Creador Adonay.

Pero Aquel que hace nuevas todas las cosas…capaz de fulgurar nuestras almas y despertarnos a la infinidad y eternidad del Universo nos confió un Sagrado Secreto. Y es que este despertar, este viaje sin retorno a la realidad de nuestro Padre se realizaría definitivamente con Su Regreso…

Y para que Su Regreso sea posible todas las leyes debían ser cumplidas y las profecías realizadas, frente a nuestros ojos. Una tras otra, cada señal, cada detalle.

Cada Apóstol llamado encarnaría en este preciso momento para hacernos recordar aquel fatídico día en el que, a pesar de todo lo que nos fue posible vivir, que a pesar de que el Cielo bajó hacia nosotros, nuestra fe y consciencia fueron usurpadas por el miedo, la comodidad y el poder.

El miedo al poder que ostentaba sin reparo alguno el príncipe que disputaba este mundo. Quien nos absorbió transformándonos en instrumentos cómplices para cumplir con su misión y que permitamos cobardemente que el Hijo de Dios, nuestro Amigo, Hermano y Maestro fuera “asesinado" en la materia por el Hombre.

No fuimos capaces de comprender Su Amorosa Justicia Divina y fue aplicada en El, en el Mesías, la justicia falsa y servil de los hombres luciferinos, que aún hoy continúan dominándonos. Pero por Amor y nada más que por Amor, el recuerdo de Su resurrección y de su Divina Visita, luego de la Crucifixión, debía permanecer intacto en nuestra memoria para no caer nuevamente.

Y con ese sentido del Amor que solo el dolor es capaz de trasmitir nos envió al Consolador, para que nos reconozcamos como los Suyos. Y aquí nos encontramos aquellos que quisimos regresar para enmendar esa gran traición o aquellos que quisieron misionar en un acontecimiento pocas veces visto y manifestado en los Universos. Mientras tanto El Anunciador Regresó varias veces. Primero hablando el lenguaje Celeste traducido en cosmogonía, filosofía y ciencia cósmica, preparando las consciencias perennes de los discípulos y luego y por una última vez, como una Certera y Cruda Verdad manifestada con Las Señales de nuestra traición. Como sello final también regresó con la Justicia en sus labios.

Y toda lógica humana cae, debe caer, es necesario que caiga. Solo la fe y el fuego eterno nos mantiene y debe mantenernos a su lado.

El mundo no comprende que nos une y nosotros mismos somos puestos a prueba, la definitiva, la primordial.

Y ya No importa quienes fuimos, o que hicimos en otras vidas o ayer mismo, no importa cuanto comprendidos o dimos de nosotros mismos hasta ahora. El Padre tiene Su propia Vara y es una Vara muy larga y grande para medirnos, porque muy grande fue nuestra traición, pero también más grande es aún la promesa que cumplirá.

Nos permitirá conquistar el Universo entero que se traduce en el Paraíso, Tierra Prometida o Jerusalén Celeste.

La Justicia materializada, el Amor en la expresión completa de Su esencia misma. La magnitud del Padre en Su Creación más perfecta. La gnosis emanada y personificada en nosotros. El Honor de ser testigos y operadores protagonistas del Orden Supremo con el que se sostiene La Creación del Espíritu Santo, ejemplos vivientes que ejercitan la economía creativa, anímica y espiritual de todo lo que existe y existirá: la Ley de Causa y Efecto. El Amor perfecto, indescriptible, causa y fin. Alfa y Omega.

El Padre quiere todo, pero todo, de nosotros, debemos ser capaces de superar y deshacernos de todo vestigio humano, de todo amor primitivo, aunque hasta ahora ese es el que nos ha mantenido operantes y de pie.

El tiempo es éste y Sus Señales nos alertan, nos hablan cada día y aunque nos consuelan al mismo tiempo también nos amonestan. Y nos pone a la prueba reviviendo una y otra vez, el Sagrado pasado en el cuerpo de Su Anunciador que una vez más vino a nuestro encuentro. Mostrándose Humano y Divino al mismo tiempo.

Está en nosotros decir si si o no no. Solo así no Lo traicionaremos nuevamente. Pero si sí, significa renunciar a nosotros mismos, estar dispuestos a permanecer a su lado aunque todo sea adverso y la razón nos hable de locura. Estar a su lado significa recordar una y otra vez las razones íntimas, místicas o hasta humanas pero profundas que nos hicieron escucharlo y amarlo, porque esas serán nuestros salvavidas cuando todo parezca caerse, perdido o mentira. Cuando el Cielo haga silencio para que podamos escucharlo definitivamente dentro nuestro. Estar a su lado significa abandonar nuestras ideologías, creencias, valores, moral y abrazar Sus verdades, palabras, razones, ideas, aciertos y “aparentes errores" y no soltarlos nunca, aunque parezca fanatismo. Estar a su lado significa ser fiel hasta si es necesario traicionarnos a nosotros mismos. Porque todo ha sido dicho y escrito, como antes, como ahora. Solo la Fe nos mantendrá, la Fe en que este no es nuestro mundo y del mundo del que vivimos solo El nos puede hablar y solo El nos puede llevar de Regreso.

La fe significa estar acá o estar o del otro lado, más allá de cualquier cosa, vencer todas las leyes a las que fuimos sometidos, las físicas, las ideológicas, las sistémicas y hasta las aparentemente “espirituales” ofrecidas por los falsos profetas en bandejas de plata y que nos rijan solamente aquellas que hicieron posible nuestra creación.

Decir No No es también un acto de valentía y honestidad silenciosa, que siempre vivifica al Padre. Porque solo a los tibios El vomitara de Su boca. Porque si decimos solo Si si o No No tarde o temprano llegaremos al Padre de todas formas. Pero si decimos tibiamente si pero es condicionado a nuestros deseos y expectativas humanas o no estamos dispuestos a dejar todo pero absolutamente todo, tarde o temprano volveremos a traicionarLo. Porque traicionando al emisario traicionamos también al Emisor.

“Se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de espinas"

El tiempo de que estas palabras se cumplan es éste, el del silencio Celeste y de nuestra interna decisión. El día en que debemos manifestar en nosotros mismos el Justo Amor y recibir a cambio la corona de espinas. Que lejos de ser un reconocimiento humano adornado con luces de batidores, es sobre todo, un logro espiritual vivido internamente, en solitario y lejos del ruido que distrae.

La elección fue solo nuestra y comienza la cosecha de consecuencias. Recibamos los frutos, sean como sean y vengan como tengan que venir con honor, dignidad, entereza y sobre todo Fidelidad. Aprendiendo a recibir y vivir, primero en nosotros mismos, La Justicia que cimente al Amor.

Para que podamos decir:” Padre Recibo Tu Cruz, Mi propia Cruz, Tu Justicia Divina primero en mí, para que todo pueda cumplirse. ImitandoTe y regresando todo a su sitio, para que lo que tiene que Ser, Sea en Ti.”

Así como día a día y gota a gota hace el Servidor Fiel por nosotros. Inundando todo de la Única Verdad. Nuestra Verdad.

Erika Pais.

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