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diario funimaEl relato de los jóvenes de FUNIMA International Onlus

Por Giovanni Bongiovanni

Finalmente llega el día tan esperado del viaje. Nos encontramos directamente en Roma con los representantes de la sede operativa de Funima Gubbio, tres parejas con las que compartiremos este viaje: Gabriele y Claudia, Riccardo y Sara, y Luigi y Francesca. De Sant’Elpidio a Mare somos tres, yo Sonia y su hijo Maurice de 12 años quien más que todos nosotros no ve la hora de vivir esta aventura y de seguro serà también una experiencia formativa para su educación.

Para algunos chicos esta es la primera experiencia de un viaje internacional a los lugares donde nuestra organización FUNIMA International está presente junto a la asociación local Fundación Los Niños de San Juan y la emoción que sentimos ya con los preparativos es inmensa.

Funima está presente en Argentina y en la región de Salta desde el 2005, siempre colaborando con la familia Gómez. Ramón, que es el presidente de la Fundación, dirige todas las iniciativas junto a su familia, sobre todo con su esposa Sandra que le acompaña desde siempre y su hijo Leandro de 20 años que ha madurado muchisima experiencia desde jovencito al lado de su padre y hoy es un punto de referencia. Analia, la hija de 15 años, va todavía a la escuela y después de sus estudios ayuda a su madre en los quehaceres domésticos. Camila, la hija mayor, hoy es madre de dos niños (el más pequeño tiene solo dos semanas). Todos ellos nos dan la bienvenida en su casa.

El viaje ha durado alrededor de 33 horas, contando también el viaje desde Sant’Elpidio a Mare a Roma Fiumicino para tomar el avión directo a Buenos Aires y después la conexión para la ciudad de Salta, que lleva el mismo nombre de la región de la que es la capital. Horas de expectativa y conscientes de estar yendo a un lugar muy diferente del nuestro, en lo que se refiere a cultura y estilo de vida. Cada viaje te deja dentro algo, sobre todo cuando el impacto es tan fuerte, como de hecho sucede con estos lugares, con esta gente y la diferencia a nivel material con la que te encuentras. Empiezas a apreciar la sencillez y te conformas son poco, te sientes feliz en la vida cotidiana y las quejas desaparecen. Se tiene la sensación de que siempre se recibe más de estos lugares de lo que uno da. En cada viaje descubro siempre esta verdad. Transcurrimos esas horas pensando sobre todo en lo que haremos, leyendo un libro y bromeando entre nosotros mientras aprovechamos el tiempo de espera para probar algún producto local, como “empanadas” y “alfajores”.

Ricos y pobres

Una vez en Buenos Aires tenemos que ir a otro aeropuerto para ir hasta Salta, y desde la ventanilla del autobús, mirando afuera, no se puede no notar la enorme diferencia entre el centro de la capital, con edificios altísimos, y las afueras totalmente menos rica. Aquí hay casas semi destruídas, una junta a la otra. Parece una película de ciencia ficción, o un mundo post-apocalíptico, con los ricos que dividen la ciudad en dos construyendo muros para tener lejos a los contagiados y a quienes todavía no tienen el virus. Una imagen impactante que te deja mal interiormente. Estas diferencias van aumentando cuando llegamos a Salta. Si en Buenos Aires, a las 5 de la mañana ya hay 21 grados, aquí la temperatura aumenta vertiginosamente con ese calor seco que te hace olvidar el calor húmedo de nuestras costas.

En el aeropuerto de Salta nos esperan Ramón, Leandro y su amigo Miguel, un nuevo colaborador que ha puesto a disposición los vehículos para que podamos desplazarnos.

Vamos enseguida a casa de Ramón, un poco en las afueras del centro de la ciudad. Aquí está la base operativa de la Fundación Los Niños de San Juan, con una pequeña oficina montada para todas las secciones como secretaría y administración. Pero las actividades principales se desarrollan entre las montañas. Salta se encuentra más sobre el nivel del mar, pero es una ciudad normal estilo “América latina”: contrastes sociales, poco trabajo, zona más o menos rica y turística y barrios. La población a la que ofrecemos nuestra ayuda vive en el corazón de los Andes, prosiguiendo hacia el norte por una carretera que va subiendo hasta la frontera con Chile. Es justo ahí donde estamos desarrollando nuestros proyectos de ayuda a favor de las comunidades autóctonas.

Programas

Con Ramón hacemos enseguida un plan muy intenso de trabajo de las semanas que estaremos, por todas las actividades que tenemos en curso: visita al proyecto hídrico “Mama Cocha” para abastecer de agua a la comunidad Pacha Inti, visita al centro sanitario de “El Palomar” en fase de restructuración, preparación y distribución de bolsas con bienes de primera necesidad a las familias autóctonas más lejanas, visita al centro multifuncional “Las Cuevas”, participación a la reunión con los simpatizantes de la Fundación de Tucuman, visita a las familias evacuadas por las inundaciones en Santa Victoria del Este. Aquí nos paramos porque también tenemos que tener en cuenta que necesitamos un par de días para adaptarnos a esta altitud. Los lugares en los que estaremos están a una altitud entre 3.200 y 4.300 m. El aumento de la presión por falta de oxígeno puede provocar fuerte dolor de cabeza, debilidad, problemas de digestión y en el intestino, fiebre... hasta que el cuerpo se adapte a esta nueva condición. La “Puna”, así se llama, podría jugarnos malas pasadas y disminuir el ritmo de vida es la mejor prevención para poder acostumbrarnos más rápidamente en los días siguientes.

Hacia Santa Rosa de Tastil

Enseguida después de comer emprendemos viaje hacia Santa Rosa de Tastil. La base operativa en los Andes, lugar de clasificación de la distribución de los bienes de primera necesidad, de ropa y zapatos, medicinas, y todo lo que puede ser útil en los lugares cercanos donde ofrecemos asistencia. Aquí también están los dormitorios para los voluntarios operativos. Por lo tanto será también nuestra base, dónde pasaremos las noches y comeremos antes de salir.

De repente Ramón recibe una llamada inesperada pero agradable que hará que retrasemos nuestro recorrido unas 4 horas: la empresa transportadora de los tubos hídricos para el proyecto "Mama Cocha" hoy entregará parte de la mercadería. Así que vamos a la empresa para ayudar a cargar y transportar la mercadería al lugar donde serán instalados los tubos. En nuestras redes sociales encontraréis el reportaje completo, con foto y video. Cargamos unos 700 m. de tubos de grandes dimensiones que servirán para hacer llegar el agua del manantial a la cisterna desde donde después se ramificará hacia las distintas viviendas. Se hace de noche y nos queda todavía una hora y media de viaje más o menos, nosotros en nuestros veículos detrás del grande camión con remolque para llegar a nuestra destinación y descargar la mercancía. No podemos negarlo, estamos cansados. Para poner mas difíciles las cosas no hay luz para nada y solo los led de los celulares nos ayudan a ver algo.

Trabajamos a oscuras y sin herramientas para descargar estas grandes bobinas de tubos, completamente a mano. Aquí conocemos a Daniel, un chico de la comunidad, joven pero ya padre de algunos niños. Sus rasgos somáticos son muy característicos de los habitantes de la zona, indio, vestido con una camiseta de algún equipo de fútbol local, es simpático y muy trabajador, sabe manejarse muy bien de verdad. Ya es tarde cuando acabamos de descargar las 7 bobinas del camión. Saludamos al conductor del camión que será "recompensado" con la promesa de un cabrito de parte de la comunidad Pacha Inti para la fiesta de fin de año. Ramón es un persona muy amable y sabe hacerse querer por todas las personas con las que se encuentra, siempre con gestos cariñosos y fraternos. También con las autoridades de la policía de frontera que encontramos en los puestos de control. Siempre nos preguntan dónde vamos y que es lo que hacemos pero ya se conocen con Ramón y saben lo que hace la fundación. Reconozco que su trabajo es necesario. Hay un gran tráfico de cocaína en esta zona y esta carretera es una de las más utilizadas por los camioneros para pasar la frontera e ir a Chile y no es raro que aquí haya secuestros de varios kg. de coca.

El cielo de los Andes, una rara belleza

Durante el viaje miro para arriba. Aquí el cielo es espectacular. Estamos a 3.200 m. de altitud y puedo definirlo como el más bonito que yo haya visto nunca, donde la Via Lactea se ve con claridad. Las estrellas son miles de millones y son el triple de grandes, parece casi que se pueden tocar. Con Leandro sacamos fotos al cielo programando el obturador de la cámara fotográfica a 30 segundos de retraso para que entre cuánta más luz posible y para que podáis ver el cielo como lo vemos nosotros a primera vista. Las fotos son espectaculares y no veo la hora de publicarlas para que veais esta magnificencia. A partir de hoy no tendremos más conexión con el resto del mundo. Las líneas telefónicas no tienen señal en esta altitud. Hemos publicado en nuestras redes lo más posible antes de interrumpir las comunicaciones por unos días. Pero volveremos pronto. Trataremos de ser los ojos de todos los que nos sustentan cotidianamente. Ahora ya es el momento de descansar y mañana nos espera nuestro primer día en los Andes salvajes.

To be continued...

1 de noviembre de 2018

Extraído de: www.laprovinciadifermo.com

Info: www.funimainternational.org 

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