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lotta2Por Giovanni Bongiovanni - 12 de noviembre 2018

El relato de los chicos de FUNIMA International Onlus de viaje en la Cordillera andina

Es un nuevo amanecer y nuestro viaje en la cordillera andina continúa. Ramón Gómez, presidente de la Fundación "Los niños de San Juan", lleva adelante muchísismas actividades. Tenemos una agenda muy apretada con muchas cosas que hacer como llevar el pan y el agua a las escuelas de las localidades de Las Cuevas, Santa Rosa de Tastil e Ingeniero Mauri, además de las bolsas de alimentos no perecederos para las familias que viven en estas comunidades. La majestuosidad del paisaje nos hace reflexionar continuamente sobre la magnificencia de la naturaleza y sobre como el hombre, en comparación, no es nada más que un pequeño ser insertado en este inmenso todo.

Iniciamos con la pequeña escuela de Santa a Rosa De Tastil, que dista sólo unos metros de donde estamos nosotros y la de Las Cuevas que está a 10 km. El director de la escuela nos explica que los niños que frecuentan estos institutos llegan desde muy lejos para poder tener esa mínima instrucción necesaria para darles un futuro y me doy cuenta de qué diferente es la concepción de la vida en estos lugares, empezando por el simple cálculo de las distancias. No se razona en kilómetros, sino en horas. Para llegar hasta aquí hay quien tarda media hora, quién dos horas, otros hacen autostop a los pocos coches que pasan. Y es así que me encuentro reeflexionando sobre los peligros que estos niños afrontan cotidianamente. En estas escuelas también se desarrollan otras actividades como cuidar la huerta, pequeños cursos teatrales o incluso usar el ordenador. Así se sientan las bases para que cuando sean adultos, puedan tener también un futuro laboral.

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El viaje continúa hacia las escuelas de Ingenero Mauri, cerca de la ciudad de Salta. Todas las veces los niños nos reciben con un afecto enorme y con unas sonrisas que quedan imprimidas en nuestros corazones.

Entrevistamos a Laura, la directora de la primera escuela elementar para niños de 4 a 12 años. Desea decirnos que en estos años allí no ha habido ningún suspendido y que las familias tratan de colaborar con la escuela en lo que necesita. Al mismo tiempo, nos habla de las dificultades que tienen para garantizar el desayuno, la comida para todos los niños. En este sentido la Fundacion ofrece un importante aporte pero el problema de la malnutrición todavía existe. También en esta escuela hay un problema con los medios de transporte que lamentablemente no están garantizados y los niños, si quieren continuar con los estudios, se ven obligados a recorrer varios kilómetros.

Cuando nos dirigimos a la segunda escuela, "Don Augusto Carlos Torino", nos dan la bienvenida con cantos y danzas. Aquí es una verdadera tradición y la escuela también ha ganado un concurso provincial de baile. "Estamos muy agradecidos por el trabajo que hace la Fundacion - nos dice el director - nos dedica atención y nos hace sentir importantes, también nos conforta espiritualmente... recibimos prendas de vestir y todos los lunes Ramón nos trae el pan.. ". Aquí cada día tenemos cuarenta niños y además de leer y escribir intentamos enseñarles pequeñas actividades artesanales o la elaboración con lana de las ovejas. Esta actividad es muy importate en esta zona visto que muchas familias crían estos animales para sobrevivir y para vender la carne en una pequeña tienda local.

El día continúa con la visita a algunas familias con dificultades. Llegamos a sus casas, situadas entre montañas majestuosas, muy lejos de cualquier lugar. Entre estas casas está la de Franco, un chico de 17 años que tiene distrofia muscular a quien le hemos construido el baño nuevo y le hemos llevado el agua a casa. En esta localidad el agua, aunque no es potable, llega hasta su casa. El encuentro con Franco es impactante. Puede mover solo la cabeza y antes de que la Fundación interviniera no había un baño cerca de la habitación, y para llevarlo la madre tenía que subir y bajar muchos peldaños llevándole en brazos. Creciendo, era cada vez más difícil. Haber logrado hoy disminuir la distancia ya es un cambio importante. También hay un boiler que funciona con la leña, útil para calentar el agua y también para la cocina. A Franco, que tiene dos hermanitos pequeños, le gusta dibujar y pintar más que cualquier cosa, hasta hace poco tiempo todavía podía hacerlo y nos enseña sus dibujos. Desgraciadamente, a causa de la enfermedad, ahora puede hacerlo mucho menos.

Otro momento emocionante lo vivimos cuando vamos donde Jesús. Él tiene 26 años y por desgracia, nada más nacer, se cayó de los brazos de la enfermera. Desde aquel momento tiene una disfunción cerebral y no se mueve de la cama. Hasta hace 3 años vivía en una habitación sin luz, sin ventanas, sin baño y en un lugar muy en ruinas. Hoy tiene una nueva casa, limpia, con una ventana grande. Su madre es una señora muy fuerte, una trabajadora, y muy amable. Afronta sóla todas las dificultades, cuidando a su hijo y al mismo tiempo ocupándose de las pocas ovejas que posee.

Estos dos encuentros nos tocan el alma. Todavía no logramos hablar de ello entre nosotros porque ver aquellas imágenes de sufrimiento, de vidas que ya sufren por minusvalías y aún más por la pobreza, con poca agua y comida, y en lugares ruinosos, nos ha impactado interiormente. Nos preguntamos como es posible todo esto y sin encontrar una respuesta comprendemos que lo único que hay que hacer es remangarse las mangas y ayudar lo más posible a estas personas. Sin la solidaridad de personas generosas estos jóvenes, mujeres, niños y ancianos están abandonados totalmente por la sociedad. En general el hombre ha perdido la concepción de la importancia que tiene una vida y no se escandaliza más de nada. Por suerte, mucha gente va contra la corriente y se pone manos a la obra y nosotros intentamos hacer nuestra parte. Escribo estas páginas de diario para empujar a quien nos lee a que no se conformen con una sociedad indiferente y a nuestra red de colaboradores, hombres y mujeres, les pido que sigan apoyando con constancia y empeño este proyecto de solidaridad. Ayudar a los demás y a nosotros mismos, ser felices por el bien que ofrecemos, a veces privándonos de lo que tenemos, es el regalo más grande que podemos hacernos a nosotros mismos y a ellos.

Extraído de: www.laprovinciadifermo.com  

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