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visione200Visión onírica

Por Marco Marsili - 11 de marzo 2019

Durante la gran Fiesta de Primavera me encontré con un querido amigo de toda la vida con quien había compartido los grandiosos y terribles entusiasmos de la infancia y de la adolescencia. Nos saludamos con mucho cariño mientras tenía lugar una alegre fiesta – por raro que parezca - en la plaza en frente de la iglesia dedicada a San Juan Baptista. Después de saludarnos, entre cantos populares y danzas inebriantes de alegres jovencitas, el amigo me contó que encima de la montaña sagrada que domina la ciudad fue hallado un pez fósil engastado en el tronco de un abeto a los pies de la estrella cometa, que está encima del enorme árbol de Navidad compuesto por numerosas luces multicolores que en invierno domina toda la ladera del monte frente a la ciudad. Además, agregó: "El abeto hunde las raíces en la roca de la que brota el agua de manantial de un nuevo arroyo”.  Luego nos despedimos y él se fue sonriente con otro chico, y yo entré en la iglesia. 

Cerca del altar se presentó un noble anciano de barba blanca como la nieve, que me invitó a acercarme al  atril para hojear la Biblia, y con voz melodiosa me dijo: "Lee lo que está escrito dónde te digo yo". Seguí con la mirada su dedo y me puse a leer a voz alta un paso del apocalipsis como si fuera un sacerdote: 

"Entonces vi un nuevo cielo y una nueva tierra, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron y vi descender del cielo… la nueva Jerusalén… Una gran voz del cielo decía: "¡He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres! Él morará con ellos y ellos serán su pueblo y él… enjugará toda lágrima de sus ojos; ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni preocupación, porque las primeras cosas pasaron". Y el que estaba sentado en el trono dijo: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el alfa y la omega, el Principio y el Fin. Al que tuviera sed yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que vencerá heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo". 

Al término de la lectura, el noble anciano dijo: 

"Aquí tienes la explicación de las palabras de tu amigo que has escuchado: 

Tu amigo de infancia te recuerda que para entrar en el Reino de los Cielos es necesario volverse como niños. 

La Fiesta de Primavera expresa la fuerza vital de la regeneración: la Resurrección. 

La alegre fiesta con cantos y alegres jovencitas danzantes simboliza la espontaneidad pueril, la superación de las inhibiciones, de los modelos mentales y de las superestructuras psicológicas, obstáculos en el camino de la liberación. 

La iglesia de San Juan indica que las revelaciones proféticas y la ciencia espiritual son ofrecidas por la estirpe solar de Juan, tribu espiritual iniciática, familia de almas responsable del despertar y del amaestramiento de los guías de la humanidad. Además, la iglesia de San Juan recuerda que estamos en el período apocalíptico de la Parusìa y de la revelación de la gran Verdad del Tiempo de todos los tiempos, ya que Juan es el anunciador de las tribulaciones de los últimos tiempos y es el gran precursor del Retorno de Jesús Cristo sobre las nubes del cielo con gran potencia y gloria. 

El pez simboliza la Èra de los Piscis: es fósil porque la Èra de los Piscis se ha terminado. 

El abeto es el árbol cósmico que simboliza nacimiento y evolución, familia, previsión, salud, longevidad, esperanza, protección, prosperidad, bendición y los dones del oráculo. Es el árbol de los videntes y de los presagios, el árbol de la Visión, la columna hermética que une lo alto y lo bajo, la escalera divina de los profetas. Es la cuna de los chamanos donde vive el genio de la selva, es el mágico unificador de los mundos que surge del ombligo de la Tierra. La Madre que trae nuevas cosas vive en esta planta plateada por los banquetes saturnales, dispensadora de regalos que donan la sonrisa a los niños. Bajo este árbol vino a la luz el ancestral Osiris. Sagrado para las diosas lunares, el abeto recibe el rayo y canta el trueno que hace dar a luz la Creación. Sus agujas, las lágrimas de ámbar, la corteza y la oleorresina son potentes talismanes médicos. En las antiguas primaveras, hombres fuertes vestidos como Adán rendían honor al grande abeto al centro del sagrado círculo en honor a la gran Madre, para liberar las energías que renuevan la vida. ¡He aquí el estandarte de mayo!

¡He aquí el palo santo enguirnaldado con las flores perfumadas de la divina madre! ¡He aquí el atributo del dios que disuelve la ilusión, rociado con el néctar de los senos de las jóvenes mamás y con las resinas perfumadas por los soles y las lunas! He aquí el extático cirio deslumbrante de los grandes prodigios, que se ergue glorioso entre los cantos de las vírgenes de fiesta, para destilar la ambrosía seminal que sacia el abrazo de los amantes y nutre el cósmico devenir del eterno presente. He aquí el perenne Árbol de la Vida, al cual se abraza el serpiente dorado del antiguo conocimiento, que ensalza los solsticios del astro padre nuestro y celebra el retorno de la luz redentora.

Sus piñas, emblemas de la diosa de la fecundidad y simulacro del ojo espiritual, como metáforas vivientes se cierran a la tempestad y se abren al sol con un latir continuo de sístole y diástole, movimiento rítmico que revela la respiración palpitante de la todopoderosa vibración creativa. La llama de una cepa de abeto que quema el oscuro pasado dando calor a la natividad del Maestro de los maestros y los humos balsámicos que salieron de esa madera sanaron el alma del mundo; la ceniza de aquel fuego acogió como un tapete a los magos que venían de oriente a rendir homenaje a la epifania del divino niño, el Rey del universo nacido en el heno de oro del pesebre - ya que Él es la comida de los sabios, el viático de los inmortales, el pan de la vida, el pan viviente descendido del cielo, su carne es el verdadero alimento de los Elegidos: si uno come de este pan vivirá para siempre. 

Este abeto se encuentra encima de la montaña sagrada que simboliza la pirámide de la Gnosis, cuya cima adamantina es inaccesible a los viles, a los indolentes, a los necios y a los soberbios. Sólo los puros de corazón que osan subir hacia la cima encuentran la esfera de la conciencia cósmica. La cumbre de la montaña representa también el Golgota y por lo tanto la realización de la divina identidad a través del supremo sacrificio, además de la abertura del séptimo plexo, la fuente de los mil pétalos y por lo tanto la completa realización espiritual que da acceso a las dimensiones superiores. 

El enorme árbol de Navidad es la esencia de todos los secretos símbolos del Homo Novus, es la victoria de la Luz sobre las tinieblas, la victoria de las fuerzas espirituales sobre los impulsos materiales, el triunfo de Jesús Cristo sobre el príncipe de este mundo. También simboliza la genealogía de las Razas Madres de la Tierra que se han alternado hasta a hoy, hasta al Tiempo de los tiempos en el que se cumple el Séptimo Crecimiento de la especie humana. 

Las numerosas luces multicolores que dibujan el gran árbol representan a los Elegidos hijos de la Luz, resplandecientes en la oscuridad de la mundana maleza habitada por los lobos de las tentaciones; esas luces difunden los siete colores de los rayos cósmicos que alumbran el heroico viaje de las almas que recorren las duras sendas de la montaña sagrada en la oscuridad terrorífica, anhelando con valentía llegar a la cumbre desde donde la estrella encantadora irradia los arcoiris iridescentes que disipan la tiniebla de la ilusión. 

La estrella cometa es la realización de la conciencia crística, representa el círculo de los maestros universales, los señores de las estrellas, las poblaciones del cosmos y las milicias celestes al servicio de Cristo. Es el unísono de los Elegidos en simbiosis con los dioses astrales venidos sobre la Tierra para proteger y consolar aquellas almas valientes y humildes que dedican su vida a amar al prójimo como a sí mismos, preparándose para entrar en la Nueva Sociedad que surgirá de las cenizas de la anterior. 

El agua nueva que mana de la roca de la indómita Fe y del invencible Discernimiento es el agua de Vida que simboliza el límpido curso del eterno Conocimiento siempre nuevo, ofrecida a los que llegan a la mèta eterna para saciarse al manantial de las revelaciones. Simboliza el amanecer de la Èra del Acuario, tiempo en que las humanidades cósmicas esparcen sobre la Tierra el río sapiencial de las verdades perennes: agua de redención para aquellos que están en el mundo pero no son del mundo, para abrir las compuertas del reino próximo a quien bebe las corrientes que brotan del odre estelar de los cósmicos heraldos mesiánicos. 

En fin, después de que el amigo se alejó durante la Fiesta mientras tú entrabas en la iglesia, tienes que saber que quien llega a conocer los signos de los tiempos, raramente elige responder a la llamada y recorrer el camino estrecho de la verdad, por lo que atravesar el umbral del templo significa renunciar a si mismos y matar al hombre viejo para engendrar al hombre nuevo, significa ofrecer el propio libre albedrío a los dioses y olvidar el propio nombre, significa desvestirse y quedarse  desnudos, y finalmente recibir la Gnosis suprema y la corona de la vida eterna. Intuyendo la ardua grandeza de la obra, muchos se dejan vencer por los miedos y seducir por la mondanidad, caen en la trampa de las necesidades de las humanas contingencias y se hunden en la rueda kármica olvidando las señales reveladoras, como los difuntos después de haber bebido del río Lete y como los muertos que entierran a los muertos en las necrópolis de los de lugares mundanos. De esta forma, en vez de avanzar en lo divino, se retrasan en las elucubraciones del pensamiento perdiendo la razón en los laberintos de las ideologías mentirosas y de las cómodas deducciones. No tardan en preferir seguir las seductoras llamadas de las sirenas que habitan en el océano de la existencia material, llegando incluso a ser hostiles hacia esa misma verdad de la que incluso habían entrevisto las señales. 

Tú has entrado en la iglesia porque que eres parte de la Iglesia iniciática de Juan, sin embargo estás al principio del camino: la estrella cometa todavía está lejos y un largo viaje te espera. 

Ahora vé, caballero, que la certeza de la verdad sea tu armadura, la Lógica tu yelmo, el Discernimiento tu espada y la Fe tu ánimo hasta la victoria"! 

Al término de su discurso que escuché en religioso silencio, el noble anciano me dijo que cerrara los ojos y que los abriera sólo después de haber rezado el Padre Nuestro. Así hice, y cuando abrí los ojos él ya había desaparecido. Miré la Biblia y encontré estos versos de Isaías: 

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz, del que trae las buenas nuevas de gozo, del que anuncia la salvación...¡Una voz! Tus centinelas alzan la voz, a una gritan de júbilo porque verán con sus propios ojos el retorno del Señor... Prorrumpid juntos en gritos de júbilo, lugares desolados de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo...  también las naciones más lejanas verán la salvación de nuestro Dios". 

Marco Marsili 

14 de marzo 2019 

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