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giovaparte3 200ARGENTINA (III parte). 

Por Giovanno Bongiovanni

Nos despertamos a las 6:00 de la mañana. Cargamos la furgoneta y dos todo terreno con las bolsas de alimentos no perecederos que hemos preparado en días anteriores, sacos grandes con ropa dividida por edad y género, zapatos divididos por números, niños, adultos, hombres y mujeres, y además juguetes para regalar a los niños Un desayuno rápido para después adentrarnos en las montañas.

Pocos minutos después ya estamos en los Andes salvajes, al principio la carretera es estrecha, después se va ampliando, a nuestro alrededor no hay nada, pero es la nada más presente y majestuosa que se pueda percibir.

Las montañas dominan las mesetas y la carretera en algunos tramos es fluida, por otros parece imposible pasar. La tierra tiene varios tonos de colores. Observamos las maravillas de un día resplandeciente y un sol que pega fuerte.

Hay muchísimos minerales que nos regalan mil matices de colores. Nos paramos para sacar fotografías a los animales que encontramos, es la vez de los llamas blancos, marrones, negros y beige, tan grandes que parecen caballos. El pequeño Maurice, el chico de 12 años, hijo de Sonia nuestra voluntaria, en estas zonas ha disfrutado de un espectáculo que nunca había visto y que toda la vida había soñado con ver y vivir. Un pequeño grande aventurero que ama la supervivencia y al personaje Bear Grylls que habla de sus aventuras y de como sobrevivir en condiciones de vida extrema. Es un apasionado de este tema y lleva consigo un kit de supervivencia. Maurice adora a los animales y también conoce todas las especies del mundo, incluso los nombres más impensables. Se acerca a los llama y ellos dejan que nos acerquemos también nosotros, no están asustados pero son prudentes y nos observan, sacamos fotografías y seguimos con nuestro viaje. Aquí todos los animales viven en estado salvaje y esto nos da también una sensación de libertad estupenda, libertad de estar en un lugar que todavía nuestra sociedad no ha arruinado, un lugar dónde la naturaleza es libre de expresarse y donde los animales y loshombres viven todos juntos, sobreviviendo, respetándose.

El viaje es largo antes de ver las primeras casitas, que sólo un águila andina como Ramón puede notar. Las ve desde muy lejos y aunque tengan el mismo color de las montañas, y están construidas al reparo de las mismas, hechas de tierra y paja, difíciles de localizar, él las ve y ahí nos dirigimos con todo lo que llevamos. Yo estoy en la furgoneta delante con él y al lado su mujer Sandra. Filmo con mi celular mucha documentación nueva que quiero enseñar cuando regrese a Italia a nuestra red de colaboradores. Siempre con este estilo muy sencillo filmo en directo lo que nos decimos.

Después de una hora de viaje dentro de los Andes Salvajes llegamos donde la primera familia, bajamos y encontramos a un anciano que nos espera. Hace calor pero hace un poco de viento, tenemos jerseys y los chalecos azules con el logo de FUNIMA International.

El anciano habla muy cerrado con Ramón, consigo entenderlo porque he tenido otras ocasiones en viajes anteriores de hablar con ellos. Cuando después otros autóctonos hablarán entre ellos aún más cerrado, para mi será imposible entender. El anciano nos besa a todos en la mejilla, como es costumbre aquí, también con quien conoces por primera vez. Tiene la boca y los dientes totalmente desruídos, tiene cortes en la cara y una mano que sangra. No hace ni caso y habla tranquilamente con nosotros mientras tiene la mano un poco levantada. Es simpático, nos invita a comer a Gabriele y a mi. Nos apartamos con Claudia para hablar con él, de cómo está y de lo que necesita. Nos cuenta que lleva muchos años viviendo allí, antes vivía en otro lugar no lejos. Siempre ha vivido en esta tierra con su mujer. Observamos su casa y nos explica que está acabando el techo de la cocina. Ladrillos de tierra y paja, estiércol de animales y la madera de los cactus para hacer las puertas y el techo. Realiza pequeños utensilios con esta madera, cuencos y demás. Su mujer también es anciana y se acerca a pequeños pasos con un bastón en mano, está casi ciega y dice: "... esta vista no me ayuda para nada". Hablamos y sacamos fotos juntos, luego descargamos un poco de ropa, zapatos, agua y comida.

Nos ponemos de viaje de nuevo porque todavía tenemos mucho camino y no podemos hacer tarde, tenemos poco tiempo para hablar con los autóctonos y para entregar los juguetes a los niños, siempre muy cariñosos, a los que prometemos de volver pronto.

El cariño que estas personas se intercambian con Ramón es increíble, se respira fraternidad y gratitud cada vez que abraza fuerte a grandes y pequeños. Les toma el pelo a todos, bromeando, los conoce perfectamente como si fueran su familia. Juega con los chicos, abraza a los más pequeños y los acaricia para darles todo el cariño que puede. Ramón se aparta con los adultos y los ancianos para preguntarles verdaderamente cómo están y que no les oigan los pequeñitos, una atención que Ramón ha tenido que enseñar a los adultos. Confían también en él por problemas físicos, es un curandero y todo saben que hace sanaciones.

Llegamos donde otras familias, algunas tienen pequeñas cabras que crían, los más afortunados, y algún pollo. La tierra que cultivan es tan árida que es difícil notar que un campo está cultivado si no fuera que en algunos casos hay un cerco. La leña está apilada fuera, hay matorrales y cactus; sirve para calentarse con un pequeño fuego en el centro de la habitación. El interior está hecho de tierra, no hay pavimentación y se duerme alrededor del fuego, a veces sobre colchones, a veces sobre las pieles de los animales. Cultivan plantas de coca y mastican sus hojas haciendo una bolita grande de hierba al lado de la boca. Estas hojas a ellos no les sirve para superar la Puna como a nosotros, están acostumbrados a la altitud, sino que les sirve para las punzadas del hambre y les da energía para sobrevivir. Los adultos sobre todo consuman mucho de esto. Se ve enseguida la hierba entre los dientes y se ven mucho las caries. Hay poca higiene dental. Como en realidad toda la higiene personal por falta de agua. Encontramos familias con muchos niños y lo primero que notamos es el rostro rojo por el frío y por el calor seco, cortes en la cara y en las manos. Sobre este aspecto las condiciones han mejorado mucho en los últimos años, las cremas que la Fundación les da les ayuda mucho.

Subimos y bajamos de los medios de transporte muchas veces durante toda la mañana, siempre hay niños que llegan por todas partes. Algunos no están bien, se les ve el dolor en la cara, los zapatos rotos y la ropa sucia. Les vestimos, les ponemos zapatos nuevos y les abrazamos, jugamos un poco con ellos que nos miran como si viniéramos de otro planeta. Nosotros los europeos somos físicamente muy diferentes, más altos, claros de tez y con la barba. Tenemos ropa nueva, hablamos un idioma diferente y... si no fuera por qué conocen desde hace años el trabajo de la Fundación no entenderían el porque vamos a ayudarlos. Ramón nos explica que los primeros años fue muy difícil ganar su confianza, son un pueblo muy desconfiado por cultura con los desconocidos.

A buena razón, porque todavía hoy los políticos vienen aquí a darles de comer cuando les sirve para los votos políticos y para colgar su cartel de publicidad en medio de la nada. Esta gente cuenta solo cuando le sirve a la política y cuando no les sirve para este objetivo nada. En cambio nos reciben como hermanos y nos observan sonriéndonos. Nos saludan con un abrazo, un apretón de manos y un beso, que aquí en Argentina se da al contrario con respecto de Italia y a menudo casi te besas.

Subimos mucho como altitud y la Puna se siente constantemente, a veces frenamos el paso por cansacio, luego emprendemos camino y masticamos las hojas de coca cuando lo necesitamos.

Sacamos fotografías para documentar esta realidad tan difícil, queremos compartir todo con todos cuando regresemos a Italia. A ellos no les molesta, están afascinados por la tecnología, adultos y sobre todo niños que miran los celulares y las máquinas fotográficas con estupor y atracción.

Se ven al espejo en nuestros selfie y esto los atrae mucho. Además los adultos muestran mucha gratitud y nos ponen a sus hijos en los brazos para que los vistamos o para jugar con ellos. También hay adolescentes porque no todos los chicos escapan para ir a la ciudad, un 50% se queda. También ellos nos saludan, charlamos y entregamos ropa y comida. Leo en sus ojos un poco de soledad o ganas de vivir, ganas de algo que conocen poco y que desean, un mito, el sueño de un lugar diferente donde la vida sea más fácil y con más interacciones sociales. Por esto el objetivo principal dice Ramón es mejorar la calidad de la vida de estas personas, realizar obras con el objetivo final de crear una pequeña economía, desarrollo.

“Si estas tierras tuvieran agua estarían llenas de vida” esta es la frase de Ramón observando el paisaje mientras nos paramos a comer en el centro de una meseta inmensa con todas las montañas alrededor.

Ayer Sandra y las chicas prepararon la comida para hoy, bocadillos con filete y fruta. Todos nos damos que hacer porque no queremos quedarnos mirando. Los hombres, Gabriele, Riccardo, Luigi y yo, coordinados por Ramón y Miguel descargamos las bolsas, mientras las mujeres Sonia, Claudia, Sara y Francesca distribuyen ropa y el pequeño Maurice nos ayuda a entregar y de vez en cuando se aleja para observar el paisaje, las casas y los animales.

Llega una de las últimas etapas de nuestro viaje, nos pararemos donde una familia entre las más afortunadas porque viven cerca de un lago natural, en el lago hay varios pájaros e increíbles flamencos rosas. Maurice se caerá allí dentro mientras se lanza al descubrimiento de una llanura de barro. Risadas... y como no falta ropa y zapatos le vestimos tambié a él.

Encontramos a muchas chicas jóvenes con niños, algunas embarazadas y le preguntamos a Sandra cómo pueden dar a luz sin ninguna asistencia, con poca higiene y falta de instrumental. Obviamente nos contesta "como se hacía en un tiempo, antes de la tecnología". El centro sanitario más cercano está a muchos km de aquí. Desde hace unos años algunos tienen una moto o un coche que ponen a disposición para las emergencias. Se da a luz en casa con la mujer más anciana de la familia.

Algunos niños tienen problemas más serios, algunos tienen retraso en el crecimiento, una chica con un brazo inválido, otros que han tenido accidentes. Aquí, si te pasa algo arriesgas la vida porque si no puedes trabajar ni caminar no sobrevives.

El calor a la hora de comer es muy fuerte, estamos todos en manga corta y con nuestro uniforme, el chaleco. Por la tarde tenemos que visitar a otras familias. Digo la emoción que siento a los demás chicos cuando veo en el rostro de cada niño el de mi hija. Mientras atiendo a cada uno de ellos, les llevo los zapatos y les limpio los pies antes de ponerles los zapatos, pienso en Amira. Como si fueran sus pies, como si fuera su cara que se da la vuelta de golpe con los ojos cerrados cuando el viento nos cega con violencia y nos entra tierra y polvo en los ojos. Mueven las pestañas tapándose como pueden y luego abren de nuevo los ojos. Como si estuviese acariciando su cabecita, como si fuera su cuerpo que llega tembando de frío, como si fuera su piel la que está destruída. Nosotros siempre sonreímos porque la sonrisa es la mejor respuesta, incluso cuando las cosas no van bien. Nos lo enseñan ellos. Queremos transmitir alegría y felicidad y por lo tanto sonreímos siempre y se va adelante así en esta atmosfera de amigos que se vuelven a ver después de mucho tiempo.

Volvemos a casa con todos los recuerdos que acabamos de vivir en la cabeza, las imágenes, el cuerpo quemado por el sol y muerto de frío por la temperatura que desciende por la noche.

En casa, una tisana con alguna galleta antes de descansar. Mañana es domingo y nos dedicamos a descansar. El lunes nos espera otro día intenso.

Giovanni Bongiovanni

Presidente Funima International

https://www.facebook.com/GiovanniBongiovanniFUNIMAInternational 

https://www.instagram.com/giovanni_funima/?hl=it

Adjuntos:

- La visión del holocausto y el renacimiento de las comunidades nativas (Giovanni B.)
http://www.unpuntoenelinfinito.com/cronicas-de-las-arcas-2019/8586-la-vision-del-holocausto-y-el-renacimiento-de-las-comunidades-nativas.html

- La diosa del agua y el corazón del proyecto (Argentina II parte)
http://www.unpuntoenelinfinito.com/cronicas-de-las-arcas-2019/8592-la-diosa-del-agua-y-el-corazon-del-proyecto.html 

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