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Por Francesca PanfiliFrancesca Panfili

A veces nos sentimos perdidos y nos parece que remamos contra torrentes inaccesibles de agua helada e inhóspitas a la búsqueda de alguien que pueda reconocerse en nuestros mismos valores y vibrar sobre las mismas cuerdas de nuestra alma.

Pasa el tiempo y a veces parece que no cambia nada. A veces llegan momentos de fuerte tentación y de duda que se alternan con el consuelo que Dios nos ofrece para realizar dentro de nosotros el valor de Su Ley.

Después de días, meses y años, el valor que Él trae al mundo se manifiesta y se hace visible en los ojos de un alma que reconoces como una parte de tu familia, un trozo de tu morada.

Hoy estamos viviendo esta maravilla que se está manifestando. Llega el tiempo de la cosecha de los frutos. Las semillas que han sido plantadas con sacrificios, amor, dedicación y confianza están brotando. Son nuestros sankalpa que se están manifestando en la realidad de esta vida que parece ser un instante de un sueño.

La alegría de la manifestación de la Ley de Dios se revela en la vida del hombre y entonces comprendo que no podré temer a Dios si intento vivir mi vida en sintonía con las indicaciones que nos ha dado en el curso de la historia. Él sabe prodigar Su justicia, Su amor y Su paz al hombre día tras día simplemente dejando que se manifieste la Ley de la vida.

Su matemáticas es perfecta, es la plenitud y al mismo tiempo la eternidad del infinito y el finito. Su pensamiento fluye sobre la inestabilidad de las cosas. Es el eco que llega de lejos por cada acción, intención, pensamiento y comportamiento que pongamos en práctica.

Es la misma ley que impregna la naturaleza y las formas de los astros. Es la matemáticas de la vida, la física del universo, la secuencia del número que se convierte en lenguaje universal.

Hoy contemplo una humilde flor de campo y en su forma sé que encuentro la infinidad de las galaxias y la geometría fractal de cada elemento que compone la armonía del cosmos.

El universo transcendente impregna lo inmanente y espiritualiza con su soplo vital toda forma de vida que vibra en esta sinfonía.

Si logro comprender el secreto de la vida, seré consciente que mi morada no está lejana sino que vibra e invade todo aquello que aparentemente parece inmóvil. De esta forma mi ser se sentirá como en casa, entre las estrellas y los infinitos mundos que viven la esencia de mi existencia.

Celebraré así la fraternidad con el cosmos que se manifiesta en la ciencia del nosotros que las leyes de Dios y de Sus profetas nos enseñan.

Seré una única cosa con el sol, seré una única cosa con las estrellas.

Mi corazón comprenderá plenamente el significado de creación y naturaleza que es hermana y amiga y encierra en sí todo aquello que se expresa en lo alto de los cielos.

Todo está impregnado de Ti, Padre. Tú también vibras en los lugares más recónditos de la creación. Eran nuestros ojos ciegos los que no Te veían y no comprendían las Leyes que nos has dado a conocer y, con el tiempo, llegar a comprender interiormente.

Ahora llega el momento en que nuestros ojos se están despertando del sopor y de la ignorancia y están preparados para asumir los secretos de la Gnosis y nuestros espíritus despiertos esperan ser invadidos por la alegría de la sabiduría para crecer en la valentía y en conciencia, para entrar en coherencia con el latido de tu corazón que es al mismo tiempo es nuestro cuando reconocemos plenamente lo que somos y vivimos según las leyes de la vida.

Es la alegría del verbo, la misma que dijo 'Antes que Abraham fuera yo soy'.

Se abren dentro de mi espirales de conocimientos sin fin, imágenes profundas de futuros conocimientos que regocijarán mi alma, un viaje en los universos infinitos de la Verdad que es el respiro de mi espíritu. Pero la vida tiene sus tiempos y el ser humano sus ritmos para realizarse interiormente, para no quemarse en el eterno fuego que envuelve de Verdad toda la inmensidad de la creación.

Celebraré la alegría de la vida como expresión de la existencia y manifestación de Dios que se revela a través de la conciencia de Sus criaturas. Pintaré la danza de los planetas sin tener miedo de imaginar los colores ilimitados de los universos. Esperaré feliz cada nueva idea que la mente divina inspire y por fin seré libre de expresar mi ser.

Veo este instante de eternidad que es la vida y me doy cuenta de que todo aquello a lo que anelo ya está ocurriendo y mi voluntad puede realizarse en todo lo que amo si sigo conscientemente el camino de lo que es verdadero y que ha previsto Aquél que siempre me ha amado y ha trazado las huellas de los pasos que recorreré hasta el alba de mi realización interior.

Es tan vital, fuerte y mágico el velo de emoción que se abre frente a mis ojos cuando veo al Hombre realizar su real identidad y dar a luz creaciones que dan sentido a la existencia.

Doy las gracias al Padre por haberme permitido acceder a la alegría de mi existir: la verdad, el conocimiento, el encuentro con el antiguo Maestro, la fraternidad universal y el amor hacia los hermanos, maestros de mi existencia que reflejan, como espejos, los límites que mi espíritu desea superar para ascender a las elevadísimas cumbres donde mora el Yo Soy.

Arduo es el camino de quien comprende con la mente las palabras del espíritu que residen en el corazón.

Qué nuestras existencias puedan ser vivificadas por la misma vida y el mismo entusiasmo que caracteriza la creación: expansión, comprensión, aceptación, humildad, coraje, amor, dación.

Qué todo el universo se refleje en nuestro existir de manera que, con la fuerza de nuestras ideas creativas, prerrogativas del Espíritu Santo que reside en nosotros, podamos realizar un día no lejano, la vida en todas sus formas y sustancias para sentirnos finalmente hermanos, hijos de una fuerza que refleja en nosotros la mente de Dios.

Francesca Panfili

18 de septiembre 2019

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