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genetica200Por Emilia Cardoso

Los primeros días de noviembre tuve la noticia de que Giorgio y su familia viajarían a Sudamérica para un encuentro de Arcas. Un viaje muy esperado por todos los que de alguna manera seguimos humildemente la obra espiritual que lleva adelante hace ya casi treinta años.

“Van a ser días intensos”- pensé. El encuentro con las Arcas de Sudamérica coincidía con muchas actividades de cierre de año. La aceleración propia de la ciudad, y tan característica de esas fechas, le daba un marco muy particular al encuentro, que para mí fue como un paréntesis, una verdadera pausa en el tiempo, en medio de la vorágine.

Encontrar a Giorgio con su mujer y compañera de lucha Sonia, y su hija Sonia Tabita, siempre es una experiencia que nos conmueve, con un mensaje que nos interpela, y obliga a plantearnos el mundo en el que vivimos y nuestra actuación en él. Quizás es un mensaje que no nos deja cómodos por momentos, nos vemos empujados a medir la coherencia de nuestros actos con aquello que decimos anhelar. Pero también nos encontramos con los conceptos sobre la vida y el universo que lleva nuestro entendimiento a nuevos horizontes, ya que “no sólo de pan vive el hombre”.

Su mensaje es siempre una invitación a existir de un modo nuevo, con la mirada que solo da el conocimiento. A pensar como pensamos, cómo vivimos, qué nos mueve a comportarnos de una u otra forma. A no dejarnos arrastrar por las grandes tendencias que ven y viven la espiritualidad reducida al ritualismo. O que encierran al ser humano en pensamientos dogmáticos. Lejos de aquello, es una invitación a romper nuestras propias estructuras, a cuestionarnos todo una y otra vez, a no vivir en “lo estanco”, porque lo estanco se pudre.

En un mundo regido por la lógica racionalista del hombre blanco que termina con todo encanto, la espiritualidad nos invita a volver a “encantarlo”, no porque ello signifique creer en héroes mitológicos o en pócimas mágicas de amor, nada de eso.

Encantar el mundo es enamorarse de él, atesorarlo. Ver en la tierra “algo más” que solo tierra. Ver en “el otro”, algo más que solo “un otro”. La pérdida de nuestro querido Juan Carlos en esos días, me recordó lo frágil de nuestra existencia, me detuvo en lo instantáneo, lo fugaz del momento, la intensidad con la que podríamos vivir. Encantar el mundo también es darle un valor mágico al minuto a minuto, a la delgada línea que separa la vida de la muerte, esa línea que es más fina de lo que pensamos.

En una sociedad que no cree en profetas, hablar de una experiencia divina es estigmatizante, más aún cuando “lo divino” se asocia al delirio, la enfermedad o la estafa comercial, que lamentablemente más de las veces vemos es verdad, porque la corrupción está presente en todos los ámbitos. Recorrer el mundo así, con el cuerpo herido, con un mensaje complejo, que incomoda, en medio de la pura incredulidad sería tortuoso si no fuera por la fuerza que las señales impresas en su cuerpo pero toda la experiencia otorga.

Acompañar esta experiencia con nuestras energías hacedoras y el cariño que le tenemos a la obra puede llevarnos de la mano a vivir lo inimaginable en nuestra cotidianidad. Sintámonos privilegiados por haber encontrado esta vía.

Estos fueron mis pensamientos los días que duró el encuentro. Quisiera abrazar a todos y augurarles un muy buen año dentro del camino que elegimos, el de volver a enamorarnos para los días que nos restan.

Emilia Cardoso

5 de enero del 2019
Arca Lily Mariposa
Rosario, Santa Fe, Argentina.

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