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MATAR PARA SOBREVIVIR, ASI NACEN LOS NIÑOS-ASESINOS
En muchos lugares del mundo incluso poseer una ametralladora es un privilegio.
Aquél que más entendió las potencialidades militares de la primera adolescencia fue Pol Pot. El camboyano había estudiado en la universidad parisina de la Sorbona, pero probablemente ignoraba esa escuela del pensamiento que desde San Agustín a Freud instruyó un cierto grado de maldad detrás de la apariencia inocente de los niños. Pero pretendía construir al Hombre nuevo y estaba convencido de que ese enemigo irreducible del mundo decadente, pudiese nacer solamente de mentes incorruptas, como las de los jovencísimos Khmer, si eran oportunamente adoctrinados. Cuando fue conquistada Phnom Penh tuvo oportunidad de experimentar su teoría, sus resultados fueron notables. Miles de chicos analfabetos fueron transformados en los más espantosos torturadores que recuerde Asia. «Asesinaban con una naturalidad desconcertante» me contó muchos años después una camboyana expatriada en Francia, al explicarme de porqué no se repatriaría jamás: si esa generación era el futuro, el país estaba perdido.
“Naturalidad”, en este caso es una palabra problemática, en la naturaleza son rarísimos los mamíferos que practican el overkilling (matar en exceso y sin motivo, por el frenesí homicida sin razón práctica). Pero ni siquiera se puede decir que a esa edad, los guerreros de Pol Pot asesinaban por odio de clase: ¿qué podía saber de la burguesía camboyana el Khmer, sobre la que leí una carta publicada por el Phnom Penh Post? En la Camboya de Pol Pot, dirigía un “campo de reeducación”.
Un monstruo, escribía el superviviente. La había visto asesinar por una estupidez y juraba que si hubiese tenido la oportunidad, la habría estrangulado de buen gusto.
La carta terminaba diciendo, como si se tratase de un detalle, que la Khmer en la época de los acontecimientos tenía 12 años. Lo que hacía a esa jovencita volverse tan proclive a matar, probablemente no era la ideología, sino, al menos en origen, el miedo de ser asesinada ella a su vez. Quien duda es un traidor, la regla que ha transformado una generación de pequeños montañeses Khmer en una manada de asesinos sistemáticos, podría explicar la facilidad para el homicidio de los niños-soldado congoleses, de quienes habla Pietro Del Re, en su reportaje. También ellos han crecido en el vientre de una guerra caótica, en la cual los más débiles, que ya no están protegidos por las reglas morales de una sociedad ordenada, pueden convencerse fácilmente de que su única defensa reside en asesinar para no ser asesinados. Por otro lado ¿quién le presta atención a sus destinos? El Protocolo de las Naciones Unidas que prohíbe solemnemente la utilización de niños-soldado en las guerras, no es más que de esas prohibiciones sin ningún significado que llenan las estanterías del Palacio de Cristal de la ONU. Esa parte de África, con sus extraordinarias riquezas, continúa requiriendo ejércitos y traficantes de armas. Y de hecho el Congo es un Estado colapsado, descompuesto a tal punto que el niño con el kalashnikov es de todos modos afortunado, con respecto a miles de niños coetáneos, a quienes aldeas y familias enteras echan de sus casas considerándolos endemoniados, o peor, entregándoselos a exorcistas cristianos que los torturan por mucho tiempo, para que el diablo abandone sus cuerpos.
Sólo en Kinshasa, la capital del Congo, esos “niños embrujados” son unos dieciocho mil, estima la Asociación Italiana Amigos de los Niños (Ai Bi), la cual se hará cargo de 500 de ellos por medio de un programa financiado con sms solidarios (48542). Según las creencias locales los síntomas de brujería en los niños son: su presencia en correspondencia con pequeñas o grandes desgracias y comportamientos entre los más comunes, como el de hacerse pipí en la cama, o ser hiperactivos o distraídos. Basta poco para que familias pobrísimas se liberen de una boca que alimentar y un cura-exorcista encuentra un conejillo de indias para hacer prácticas.
Por GUIDO RAMPOLDI
LA REPUBBLICA 25 DE FEBRERO DE 2010

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