LAS RELIGIONES

La causa de todos los cultos y religiones del mundo es única, aunque los aspectos puedan parecer diferentes. Las conclusiones nacen de un serio y profundo estudio, corroborado por experiencias claras e irrefutables.
La era de los OVNI y de cuanto se manifiesta de forma aparentemente fenoménica e incomprensible para la inteligencia humana, ha vuelto a abrir un paréntesis temporáneamente cerrado: la visita sobre la Tierra de "seres" procedentes de los espacios externos y portadores de una ciencia, más que de ciencia ficción, impensable. No se trata, ciertamente, de una nueva visita casual, sino causal.
Estos "Señores", de características multidimensionales y con un bagaje de valores morales, sociales y espirituales, muy evolucionados, no desconocen nada de lo concerniente a la formación del sistema solar, al que pertenece el planeta Tierra, y mucho menos desconocen la evolución de la especie humana, o de cuanto vive y vegeta en este planeta.
Para los hombres primitivos, estos "Señores", los cuales surcaban los cielos con "carros de fuego" o "escudos luminosos", eran "Dioses" procedentes de las estrellas; eran Seres de Luz, Maestros de vida y de verdad, Instructores, Guías, Coordinadores, Legisladores, Tutores de un orden preestablecido y Artífices de prodigiosas transformaciones. Todos estos múltiples aspectos, dieron la sensación de su deidad y de su indiscutible potencia.
Los contactos con estos "Señores", provenientes de las estrellas, suscitaron un sentido de veneración, una necesidad imperiosa de reconocimiento hacia las enseñanzas que les habían sido concedidas para instruir, del mejor modo, la existencia terrenal.
Los diferentes grupos étnicos interpretaron distintamente sus presencias y sus enseñanzas, conservando inalterable, eso sí, el concepto de su deidad y de su procedencia. ¡He aquí las religiones!
Los cultos, aún hoy, se evidencian, sin proponerse nunca redimensionar los antiguos discursos y llevarlos al plano de los conocimientos modernos, tecnológicos, y científicos, de este tiempo. Los hechos que se registran en este período de siglo están recogidos bajo la definición "OVNI", y están en un paréntesis que se vuelve a abrir; y aunque el discurso pueda parecer diferente de aquel del gran pasado y aunque contraste el valor interpretativo, la causa es la misma; la matriz es única, los aspectos idénticos. Habría que preguntarse el por qué se ha vuelto a abrir el paréntesis y qué es lo que quiere significar esta nueva visitación.
La respuesta está contenida en "los signos de los tiempos" y en los múltiples peligros que angustian y amenazan la supervivencia humana. Quien ha entendido la respuesta, trata de hacerla entender a los demás, llevando adelante un discurso claro, inconfundible y cargado de verdad, más antigua de cuanto se pueda imaginar, y de modo distinto a cuanto proponen ciertas organizaciones religiosas.
Se trata, también, de hacer que salga a la luz cuanto se ha intentado ocultar equívocamente; por ejemplo, remontándose a las traducciones de los textos bíblicos arameos, al griego y de éste, al romano: la palabra "malakh", en griego "anghelos", hubiera debido traducirse "nuntius" y no literalmente "anghelos", que no quiere decir nada.
¿"Mensajeros", entonces, de qué?

¡Digamos la verdad!
Mientras el hombre de este planeta sea instrumentalizado por la ignorancia, permanecerá desunido. También las religiones se han revestido de poder, mientras la justicia, el amor y la paz, emanados del Espíritu Omnicreante Cósmico, tienen una sola y única Ley: el bien de todos en la Luz que vivifica y santifica el espíritu viviente. El templo viviente es, entonces, toda la humanidad. El verdadero y real sacerdocio, y el único rito, consiste en amar la justicia expresada con el movimiento de las estrellas y de los universos que instruyen el inmortal y eterno Edificio Cósmico en su continuo devenir.
En la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegisto está escrito: "Es verdad, sin engaño, cierto y verdadero, que lo que está arriba es como lo que está abajo, y lo que está abajo es como lo que está arriba, para las maravillas de una única cosa". He aquí la verdad, verdad que las religiones dividen, haciendo estéril su eficacia, sus eternos e inmutables valores evolutivos. Y, por el contrario, muchos comercian con la Sabiduría de Dios y con el Amor de Cristo.
Son muchos los especuladores de la Sabiduría que Dios dispensa para iluminar a los espíritus y volverlos fecundos y conscientes de su divina naturaleza viviente. Hay muchos otros que trastocan el Celeste Amor de Cristo y hacen de El un objeto de dar y de recibir, como un vulgar comercio de Aquel que todo lo dio sin pedir nada a cambio. Todos ellos no saben la turbación que provocan hacia los espíritus anhelantes de puro, desinteresado y altruista amor.