LA
CIENCIA HUMANA
Las incitaciones hacia una superior
meditación sobre la relatividad de los sistemas
de referencia, en que cada perfeccionamiento es humillado,
además de por la búsqueda en la oscuridad
de las micropartículas, nos llega por el contacto
con el Cosmos, el cual nos ha ofrecido las experiencias
astronáuticas de nuestros exploradores lunares.
Dejemos a un lado las ahora ya famosas fotos tomadas por
las diferentes sondas terrestres, o el encuentro de Amstrong
y sus compañeros con las naves extraterrestres
que les esperaban cerca de uno de los cráteres,
o bien los testimonios de dichas naves extraterrestres
que han seguido en vuelo a nuestros astronautas. Hablemos
mejor de la revolución nacida en la mente de la
razón humana.
El deseo y la necesidad que la nueva frontera del hombre
sea la expansión en el Cosmos, se ha acrecentado
cada vez más. ¿Pero, realmente, los fines
perseguidos han sido de conocimiento e introspección?
¿O, bien, en plan de conquista y explotación?
¡Qué enorme diferencia hay entre los dos
motivos! Es el mismo problema que científicamente
se nos plantea cuando hacemos comparaciones con una ética
o rol pseudo-teológico que no se acepta.
Biólogos y psicoanalistas niegan. ¿Pero,
de qué ciencia exacta se quisiera hablar? Es suficiente
darnos cuenta de la incompatibilidad entre la vida internamente
ligada a la dimensión atmosférica, regulada
por leyes biofísicas planetarias, y la "Vida"
en el Cosmos, gobernada por leyes astrales psicodinámicas.
De hecho, basta pensar en los entrenamientos del cuerpo
para la coordinación y orientación de los
movimientos en estado de imponderabilidad espacial. Se
produce un trastorno en el vuelo espacial, no teniendo
sentido los conceptos de verticalidad-horizontalidad,
arriba-abajo, peso-caída, y así se pierde
todo valor y significado. De aquí el problema de
espacio, que se descarga a través del sistema neurovegetativo.
Una prolongada permanencia en espacios faltos de gravitacionalidad
causaría lesiones graves e irreversibles en las
estructuras bio-físicas del cuerpo humano. Los
habitáculos que viajan y que están estacionados
fuera del ambiente gravitacional de la Tierra, deben estar
provistos de una propia fuerza gravitacional, a fin de
evitar modificaciones en los dinamismos cohesivos de la
materia orgánica e inorgánica. En la estratósfera
existe un magnetismo en estado diferente del que forma
parte del anillo magneto-esférico, del que nace
la gravitacionalidad sobre vuestro planeta. Modificando
este magnetismo estratosférico, se puede obtener
un anillo gravitacional alrededor de un cuerpo estacionado
o viajante. El movimiento tiene que ser vertiginoso. Es
muy útil recordaros a vosotros, terrestres, que
ya los antiguos griegos habían, en parte, individualizado
la importancia del movimiento vertiginoso en los fenómenos
naturales. Un buen estudioso, de nombre Descartes, había
reemprendido dicho estudio, pero lo cierto es que fue
largamente descuidado.
Hoy, puesto que el hombre está decidido a atravesar
el umbral del espacio cósmico, es necesario que
los científicos terrestres tomen en seria consideración
este fenómeno, que tiene una importancia enorme,
mejor dicho, importancia decisiva, en relación
a los medios aéreos espaciales que deberán
llevar, por primera vez, al hombre hacia los espacios
cósmicos.
El hombre de hoy conoce el calor y la luz del ambiente
en que vive y sabe muy bien que no puede exponerse a la
absorción de una energía mayor de la que
su naturaleza le consiente, sin sufrir inmediatamente
la muerte. La importancia vital que tiene la capa atmosférica,
mitigando la impresionante entrada de los glóbulos
energéticos solares a una altísima energía
que, numerosa e inimaginablemente, inciden de lleno en
la capa magneto-esférica que protege vuestro planeta,
con desconocidas acciones de rozadura y resonancia, provocan
aquella luz y aquel calor tan indispensables para la vida
humana y para todo lo que está cercano a ella,
útiles incluso para la misma atmósfera que,
a causa de todo ello, elabora y modifica los valores de
los propios elementos, lo cual debería inducir
a la ciencia aerodinámica y a la física
atómica terrestre a tomar en seria consideración
el estudio de la energía vertiginosa fluctuante.
Los científicos terrestres, seguramente, conocen
en el espacio cósmico que, aparte de la ionosfera,
existe un particular tipo de energía en un estado
de saturada pureza, organizada en su plena potencia viajante
a incalculables velocidades, y dispuesta a descargar su
titánica energía en cualquier cuerpo incidente.
Todos los satélites artificiales lanzados al espacio
por vosotros, terrestres, han sido continuamente envueltos
por una suficiente luminiscencia, durante todo el período
de rotación alrededor de vuestro planeta, y no
ciertamente por una luz refleja, como muchos creen, sino
debido a la continua adherencia de los glóbulos
solares que al incidir, edifican una causa suficiente
para que se produzca la modificación de su estructura
originaria y se provoque, además, una continua
extensión de luz y una notable energía vertiginosa.
Los medios previstos con los que el hombre debería
experimentar los primeros vuelos en el espacio cósmico,
no son idóneos para una empresa de tal género.
Es preciso que en medio del viaje por el espacio sea impulsado
por la energía vertiginosa y que el medio y el
hombre estén siempre en el centro del vórtice,
punto invulnerable que vuestra ciencia no conoce todavía.
Si vuestra ciencia trata de alcanzar los valores positivos
de la evolución tecnológica espacial, impidiendo
la intromisión degenerativa de la utilización
bélica con sus consecuencias derivadas, tutelaremos
y facilitaremos vuestras operaciones. Pero si, desgraciadamente,
se verificase la intromisión de las fuerzas desestabilizadoras
de la potencia bélica, los problemas no os faltarían
ni nos predispondríamos a ayudaros. La conquista
del espacio debe estar animada por los más altos
valores morales, sociales, científicos y del espíritu
humano.
En el espacio se dan apretones
de manos, mientras que en la Tierra se dan puñetazos
en los ojos. Si los hombres pudieran expresar lo que realmente
sienten en lo profundo de sus corazones, no serían
solamente los astronautas quienes se abrazarían
y se estrecharían las manos, con real benevolencia
fraterna, sino todos. Pero los hombres no son libres para
poder expresar, en la práctica, este anhelo de
amor, porque hay quien separa, quien crea odio y distanciamiento,
ideológicamente: el hombre con el otro hombre,
el hermano con el otro hermano. Solamente en el espacio,
símbolo supremo de la libertad universal, libre
de coacciones y de reglas políticas y religiosas,
el hombre, con el otro hombre, se siente hermano y sin
reservas mentales. Cuando los astronautas tengan que volver
a la Tierra, será difícil reconciliar la
vida, porque no podrán expresar los instintos de
su propia libertad y del amor fraterno. Entonces, estarán
obligados a apretar los puños y ponérselos
en los ojos.
Este hombre puede hacer teorías con su matemática
filosófica que, aparte de las posibles vibraciones
vitales de los 300.000 km./seg., donde la materia se transforma
en energía, acelerando el movimiento en el espacio
recorrido, se modera el ritmo del tiempo y se sale del
confín de la dimensión-tiempo, que se convierte
en realidad. ¿Pero, cómo puede concebir
y vivir esta diferente dimensión, a través
de su propio instrumento viviente? Nosotros sabemos que,
muchas veces, nuestros astronautas han sido ayudados y
salvados por el amor de otros astronautas extraterrestres
que les seguían, mientras aún nos obstinamos,
presuntuosos, en no respetar la relación existente
entre el observador y el sistema observado, entre lo humano
corporal y lo humano consciente de las dinámicas
astrales.
La crisis del hombre moderno, que se debate entre la religión
y la ciencia, es debida a la falta de conocimiento sobre
Dios, el cual no es como muchas religiones nos han querido
dar a entender. Sólo a través de la humildad
del científico y del religioso que, previamente
hayan aceptado su propio papel de hombres en busca de
conocimiento sobre esta gran célula que es la Madre-Tierra,
insertada en el ritmo del Universo, se puede ver iluminado
el sendero por quien, en cada tiempo, ha estado cerca
tratando de hacer prevalecer en nosotros la lógica
de la inteligencia consciente, lejos de la anarquía
y del asesinato de nuestros hijos; una inteligencia que
está en el cuerpo, pero que no es del cuerpo. Decía
Einstein: "La ciencia está volviéndose
criminal".
Cualquiera puede sentir en su corazón seguir uno
u otro sendero; cada uno de nosotros tiene su propia libertad
o libre albedrío.
Todas estas explicaciones nos proponen analizar cuanto,
por obra de muchos terrestres, viene demostrado, de modo
más o menos inconsciente, en la manipulación
de la materia, con resultados mágicos o misteriosos;
por ejemplo: la voluntad-energía, que dobla con
la mirada barras de metal; curanderos que abren los tejidos
sin utilizar bisturí, o curan sólo con la
mirada a través del televisor; o alguien que materializa
objetos o productos con las manos, aunque no es todavía
como hacía Jesús, que multiplicaba panes
y peces y devolvía la vista a los ciegos. ¿Qué
nos demuestra todo esto? Que, potencialmente, poseemos
estas dotes, pero no las podemos todavía dominar.
En cualquier caso, existe una energía más
allá de nuestros conocimientos físicos-químicos,
que es la matriz de nuestra vida.
¿Por qué queda un campo. todavía
inexplorado por la medicina occidental? No es, ni siquiera,
llevado al campo de la experimentación, porque
no tiene rigor científico y es desterrado por los
postulados de la lógica fisico-química.
Aunque existan diversos puntos de aceptación sobre
los resultados de la existencia del fenómeno, se
quiere indagar con los metros de la medida de la ciencia
tradicional, y lo que se consigue, una vez más,
es un alejamiento. Por ejemplo, la emisión del
"prana" no deriva de la voluntad, sino de la
predisposición interior del sanador y del enfermo,
lo cual es considerado como un fenómeno de dilaciones
científicas, quedando relegado más el caso
a la filosofía que a la física. Entonces,
hay ocultaciones detrás de las palabras: autosugestión
y psicoterapia. Pero el enfermo se cura y el resultado
es clínico. Quien hace de espectador, se da cuenta
de los grandes principios de la carga vital, a través
de la cual se desarrolla la fe (sintonía real con
el propio espíritu-conciencia), y que son: generosidad,
fuerza de ánimo carismática y religiosidad
emocional profunda; y así, la fe se vuelve certeza,
donde la identidad espiritual puede transformar la efectiva
identidad material:
Conoceréis la Verdad, y
la Verdad os hará libres. Intentad curar primero
el alma, porque si curáis el cuerpo y dejáis
el alma enferma, ¿cómo esperáis poder
salvar la vida? Es el alma la que primero debe curarse,
si queréis que el cuerpo se levante y florezca
de salud. El médico del cuerpo tiene que ser, también
y sobre todo, médico del alma. Os recuerdo cuanto
ha sido dicho, escrito y trasmitido: "Quien intente
salvar su propia vida, la perderá".
Hay taumaturgos que ponen en práctica
lo de hacer bello el cáliz por fuera, dejando el
interior lleno de porquería. ¡Tened cuidado
con ellos! Es mejor tener la concha menos limpia, que
tener la perla sucia y privada de luz. Estos chapuceros,
ávidos de dinero, son muy a menudo embaucadores,
partidarios de los demonios, de los que se sirven para
dar aparentes alicientes materiales. "Aquellos a
quienes he concedido los dones del espíritu, harán
cuanto yo he hecho, sin pedir nada a cambio".
Deberíamos aprender que los mecanismos del punto
en común entre ciencia y religión, no podrán
ser individualizados, si no se estudia la realidad viviente
del hombre en las tres naturalezas: cuerpo-alma-espíritu.
¿Qué ciencia ha dividido el plano físico-corporal
del psíquico-mental? ¿La medicina antropológica,
ha sido desvirtuada por la tecnología? ¡Qué
caos! La tecnología explica que las enfermedades
psíquicas son debidas a factores orgánicos,
en cuanto la mente está enferma a causa de disfunciones
bioquímicas en el sistema nervioso central, por
tanto, de naturaleza endógena. ¿Habría
que buscar el origen de la psicosis en la ultramicroscopía
de las sinopsis, o en los mediadores de las conexiones
neurónicas? ¡Cómo si el cerebro fuese
el lugar que ocupa la inteligencia, en vez de una simple
computadora, por cierto, utilizada muy mal! Es usual en
esta cultura que la acción de los alucinógenos
ayude a liberarse de los problemas llamados de incompatibilidad
social, porque no hay ni una cultura de estudio ni una
búsqueda consciente de las causas que engendran
los efectos biológicos. De hecho, la continua guerra
sobre las teorías de las ciencias neuro-psiquiátricas,
en las distintas disciplinas autónomas, no llega
a ninguna solución, sino a mitigar ciertas formas
de disfunciones bioquímicas; pero, decididamente,
las hipótesis del origen biológico de las
psicosis o enfermedades mentales, en general, están
fracasando continuamente. El mayor problema es esclarecer
el confín entre normalidad y desviación.
Los medicamentos resuelven el síntoma, adormecen,
pero no remueven la causa.
Otra curación que se propone, para algunos síndromes,
son formas de aprendizaje con reelaboración de
los problemas según nuevas perspectivas. ¿Pero,
para qué dimensión de vida?
El lavado de cerebro hace perder, de igual modo, el sendero
de la conciencia. Las causas psíquicas son debidas
a la dimensión extrabiológica del cuerpo
astral. Mientras tanto, desdichadamente, este hombre tecnológico
se ha convertido en primitivo, persiguiendo el saber para
memorizar, y no para ser consciente.
La ciencia terrestre no está todavía en
condiciones de conocer, realmente, lo que comúnmente
llama "psique", ni sabe de dónde procede,
para qué sirve y qué poderes posee.
La "psique" es segregada por el Sol, bajo forma
de una energía estructurada y organizada en el
aspecto material. Es la energía vital que anima
e instruye los valores portantes de la vida física
en todas sus manifestaciones: mineral-vegetal-animal.
El animismo de cada cosa, aunque ésta sea aparente
e inmóvil, nace de un querer organizativo, bien
definido por reglas fijas en la calidad, no en la cantidad.
Esta energía, "psique", responde a un
código programado, el cual estructura una determinada
genética. Todas las manifestaciones físicas,
tanto orgánicas como inorgánicas, son coordinadas
por esta energía, llamada por vosotros "psique".
La dimensión de lo imponderable no puede ser conocida
por el hombre, hasta que no haya entendido que él
es un efecto y no una causa, y su función consiste
en el deber que tiene de transformar cuanto le ha sido
confiado, con abnegación, en obras laboriosas,
hasta vencer a la muerte y volver a ser Angel.