NOSOTROS
Y ELLOS
La
dimensión del ser humano es limitada. Es una dimensión
elemental. ¿Hay otras dimensiones donde el ser
existe con atributos y facultades superiores a las humanas?
El ser humano, raras veces, consigue percibir cuanto realmente
le rodea y, a menudo, convive con él. Sus limitadas
capacidades auditivas y visivas le impiden individualizar
y captar cuanto en el absoluto silencio se mueve a su
alrededor. Las máximas vibraciones, concernientes
a las dimensiones superiores, pasan inadvertidas al poder
de sus limitados sentidos. No debería causar sorpresa
alguna si al hombre le ocurriese, en un momento dado,
que llega a percibir la presencia a su lado de seres y
medios, pero que no ve, no individualiza y no siente;
si, en cambio, los seres y los medios actúan con
una modificación de frecuencias, trasladándose
al plano de las frecuencias dimensionales del hombre,
entonces éste ve, individualiza y siente.
Cabe, dentro de las posibilidades de esta dimensión
superior, instaurar una sintonía directa entre
ellos y los sujetos con quienes desean entrar en contacto
visual y verbal, pudiendo dejar a otros eventuales presentes
privados de ver y de oír.
Los "OVNI", "discos volantes", pertenecen
a esta dimensión superior, con los atributos ya
mencionados. Es verdad, pues, que el hombre debe tomar
conciencia de esta realidad, a fin de que se dé
cuenta que lo ponderable y lo imponderable no son más
que aspectos dimensionales diferentes y complementarios
de una única causa.
Nuestra evolución psico-física nos concede
la posibilidad de estar muy cerca de vosotros, pero no
siendo visibles a vuestros ojos. A menudo, nos dejamos
ver y, otras veces, proyectamos nuestra imagen astral
a través de un desdoblamiento controlado por instrumentos
científicos que nuestra ciencia ha realizado. Podemos,
si lo queremos, modificar la estructura molecular de la
materia, o modificar la fuerza cohesiva de ésta,
hasta el punto de hacerla penetrable incluso por los cuerpos
sólidos. Lo que todavía no es posible para
vuestra ciencia, para nosotros es posible y, he aquí,
por qué os decimos que no os maravilléis
cuando un medio nuestro, o nosotros mismos, nos volvemos
invisibles a vuestras facultades visuales. Pero podemos,
igualmente, observaros y percibir vuestros pensamientos.
La materia es energía, puesta sobre una determinada
frecuencia vibratoria. Nosotros podemos transformar un
cuerpo orgánico o inorgánico, de sólido
a dinámico, sin perder la propia forma o la posibilidad
de volver a adquirir la figura visible originaria.
¿Por qué, según vosotros, terrestres,
la vida sobre el planeta que llamáis Marte tiene
que ser necesariamente como la vuestra? La inteligencia
o el espíritu que ha experimentado los valores
tridimensionales puede no necesitar ya más el habitáculo
material, en un planeta que ha alcanzado un plano evolutivo
cósmico más avanzado que el de la Tierra.
La materia sublimada y vuelta, en gran parte, dinámica
podría ser el nuevo instrumento de la inteligencia
o espíritu, y cumplir actividades completamente
diferentes que las de los terrestres. Su naturaleza puede
no ser visible, pero no por ello deja de existir. Vosotros,
terrestres, podéis ver todo lo que vuestro poder
visual os permite y oír todo aquello que vuestras
facultades auditivas os conceden. Sobre el planeta que
vuestra ciencia sondea, con medios adecuados a las facultades
humanas, puede haber un movimiento de vida intensa, no
perceptible por vosotros. Un día no muy lejano
os daréis cuenta de esto y estaréis obligados
a cambiar de opinión. Nosotros estamos en medio
de vosotros y, cuando lo creemos necesario, nos hacemos
sensibles a vuestros órganos sensoriales físicos.
Los fenómenos que no lográis explicaros
son, por nosotros, instruidos y manifestados, para induciros
a preguntaros, meditar, deducir y determinar las respuestas.
Es bueno que recordéis que la luz es nuestra real
estructura, el elemento que determina nuestros múltiples
poderes sobre la materia orgánica e inorgánica;
es el valor primario existencial de nuestra dimensión.
Con ella podemos realizar cualquier sustancia animada,
cualquier dinamismo psíquico. Vosotros sois la
resultante de una elaboración nuestra, de una forma
convertida en sustancia, vivificada, inteligente y que
se puede reproducir. Habéis sido hechos a nuestra
imagen y semejanza, en una diferente dimensión.
Los Extraterrestres no sólo conocen aquella particular
fuerza energética que asocia y disocia los elementos
cósmicos, sino que, en ciertos particulares casos
de defensa y por motivos meramente científicos,
la utilizan.
Vuestra ciencia está trabajando activamente para
la realización de esta conquista científica,
útil para los vuelos futuros en los espacios siderales,
y por una muy eficaz defensa de las masas meteóricas
errantes en el Cosmos. La ciencia terrestre es, en parte,
consciente de la razón por la cual la materia,
tanto orgánica como inorgánica, asume una
dimensionalidad asociativa en el plano manifestativo de
la vida. Es también, más que sabido, cuál
es el orden elemental por el cual los átomos y
las células actúan en la edificación
de una masa homógenea, tanto de naturaleza física-biológica
como de naturaleza astrofísica. Sobre vuestro planeta,
la materia orgánica e inorgánica obedece
a aquella Ley que instruye, de forma notoria, a través
de la laboriosa actividad del poder cohesivo de la energía
solar, aquel orden asociativo de los elementos infinitamente
pequeños en masas astronómicamente grandes.
Esta Ley varía y, en relación a la calidad
de los elementos asociados y de la velocidad de la masa
constuituida, puede asumir un menor o mayor poder adhesivo
magnético. Una masa homogénea que viaja
por el espacio asume un grave peligro para los astronautas,
sobre todo si esta masa es de tal naturaleza que es capaz
de desarrollar un extenso campo de vórtices electromagnéticos
disociativos.
En el año 1950, en el Mar del Japón, dos
cazas soviéticos armados atacaron a un cosmo-aéreo
nuestro. Uno de ellos se lanzó, definitivamente,
contra nuestro medio, disparándonos todo el arsenal
que llevaba.
Nos hemos visto obligados, contra nuestra voluntad, a
utilizar precisamente aquella particular energía
disociativa, en estos casos. En efecto, aquel caza soviético,
que era atentamente seguido por los tripulantes de un
mercante nipón, en su dramática fase de
ataque a nuestro medio, en un determinado momento, quedó
suspendido en el aire vibrando fuertemente y dscomponiéndose.
Aquella fue una durísima enseñanza que no
hubiéramos deseado que se produjera nunca, pero
nos vimos obligados para hacer compendrer a la aviación
soviética que aquel "objeto" no era terrestre
y que hacía falta dar una demostración científica
de nuestra presencia y de nuestra desaprobación
sobre las decisiones que habían sido ya tomadas
para bombardear, con armas nucleares, Corea del Norte.
Esto sirvió para hacer desistir a muchos generales
americanos de tal decisión, muy grave, que habían
ya tomado desde un primer momento.
Advertencia a los pilotos civiles y militares:
Nuestros medios espaciales pueden alcanzar velocidades
para vosotros imposibles e inconcebibles. Vuestras armas,
cualesquiera que sean, no podrán jamás afectar
la absoluta seguridad de nuestros aparatos, ni pueden
poner en peligro nuestras existencias. En cambio, es para
vosotros extremadamente peligroso, así como para
vuestros aviones, interponeros en la estela de nuestros
medios espaciales de navegación.
Sabedlo vosotros, y que lo sepan también vuestros
científicos, que nuestros aparatos viajan en el
vacío absoluto y a la velocidad de la luz, utilizando
la misma energía que permite a los cuerpos celestes,
comprendidos los planetas del Sistema Solar, permanecer
en el espacio cósmico en un perfecto estado antigravitacional,
respecto a los demás planetas.
Vosotros, todavía, y especialmente vuestros científicos,
no conocéis la titánica energía que
domina las zonas hasta hoy exploradas por vuestros satélites
artificiales. La acumulación y el uso de dicha
energía es posible para nosotros y fácil
de realizar, gracias a medios especiales que nos permiten
semejante operación, desde hace ya muchos milenios.
Además, esta energía la condensamos a nuestro
antojo y según el potencial de proyección
requerible en cada circunstancia.
Por tanto, el empuje de proyección de nuestros
medios espaciales es regulable, y nosotros lo llevamos
hasta extremos límites cuando nos encontramos con
vuestros aparatos, por estos dos principales motivos:
A) Permitir a vuestro poder visual observar, y a vuestra
inteligencia deducir.
B) Evitar, dentro de lo posible, el alargamiento del halo
energético, con el fin de anular un eventual impacto
del mismo contra vuestros aviones.
Pero, a menudo, ocurre que dirigís vuestros aviones
hacia nuestros aparatos, obligándonos a acelerar
el empuje de proyección y, por consiguiente, alargar
el halo de la energía fluctuante, de lo cual nacen
graves inconvenientes, que pueden induciros a situaciones
extremadamente peligrosas, incluso mortales. Impactar,
aunque sea con los residuos de energía, aún
en un relativo estado de condensación, dejados
por nuestros aparatos, conlleva para vuestros aparatos
la total disociación y, consecuentemente, vuestra
muerte segura. Por ello, os invitamos, con fraterno amor,
a no aventuraros inconscientemente en tales empresas,
y os exhortamos, con afecto espiritual, a alegraros con
nuestros encuentros, así como nos alegramos nosotros,
con serenidad y paz en el corazón. Siempre ha sido
válida la advertencia, divulgada a su tiempo, de
no acercaros a nuestros aparatos cuando están en
vuelo, aterrizados o inmóviles, o en movimiento
por las aguas.
Nuestras cosmonaves están siempre animadas por
energía letal para quien se aventurase a estar
a una distancia próxima. La desintegración
de la fuerza cohesiva de la materia inorgánica
se vuelve inevitable; lo mismo ocurre con la materia orgánica,
que se deshidrata.
Tened sentido de la responsabilidad y no os dejéis
llevar por una excesiva y morbosa curiosidad, hasta el
punto de dirigiros a una muerte segura. Seremos nosotros
quienes os daremos signos de seguridad para que podáis,
si lo consideramos oportuno, acercaros a un cosmo-aéreo.
Nuestras cosmo-naves son aparatos capaces de navegar por
el aire, por el agua y de atravesar la materia sólida
o densa, creando pasadizos mediante un sistema de anulación
magnético de la cohesividad, definible como antimateria.
A nuestra ciencia le es posible volver a coordinar, según
nuevos sentidos, la fuerza cohesiva solidificada, introduciendo
un mecanismo reorganizativo o asociativo, que vosotros
definís "psique" o dinamismo primario
gravitacional instructivo. Vuestra ciencia estudia estos
valores asociativos y disociativos con frecuentes errores,
con fines negativos y destructivos. Nuestras disociaciones
son escrupulosa y totalmente controladas. Hemos dicho
"disociación", no "desintegración".
A nuestra ciencia le es posible asociar, de nuevo, los
elementos divididos y volverlos penetrables, moldeables
y estructurables, según las necesidades y las exigencias
de nuestra tecnología, sea física o astral.
Desde hace tiempo, utilizamos la energía psíquica,
que vosotros terrestres no conocéis, la cual es
producida también por los soles.
Existen dos clases de energías primarias:
A) Energía coordinadora (inteligencia).
B) Energía constructora (astral-dinámica).
No menos importantes que las energías primarias,
son las energías secundarias, acumuladas en las
estructuras modificantes de los elementos, estrechamente
ligadas a la energía primaria coordinadora.
Vosotros, terrestres, podríais utilizar la energía
de vuestro Sol, sin temor alguno. ¡"Helios"
es vida!
No hagáis caso a los que dicen tonterías,
únicamente con fines e intereses especulativos.
Dedicaros solertemente a instalar, en la órbita
de vuestro planeta, transformadores de energía
solar, y así tendréis energía limpia
y todo cuanto nace y vive en la Tierra crecerá
sana y largamente.
Existen fuerzas dinámicas cohesivas diversas que
pueden ser modificadas por particulares energías,
conducidas por líneas de fuerza magnética
o psíquica. La materia orgánica obedece
a una dinámica biológica estrechamente ligada
al átomo de hidrógeno psiquizado, mientras
que la inorgánica está gobernada por flujos
y reflujos de magnetismo cohesivo modificador y por la
fuerza gravitacional. Un artículo fabricado de
materia inorgánica puede ser modificado en la forma,
si el magnetismo cohesivo es, forzadamente, descompuesto
en sus equilibrios; por ejemplo: un tanque, un avión
o una nave, pueden perder su forma y ser convertidos en
un montón de chatarra. Las micro-vibraciones descompensadoras,
invistiendo al objeto, producen en éste una progresiva
escamación, con la consiguiente pérdida
de la forma originaria y de la densidad. No es antimateria,
sino capacidad de modificar la forma de la materia. A
diferencia de la bomba de neutrones, no destruye la vida,
sino que modifica radicalmente los artefactos bélicos
y todo cuanto tiene características destructivas.
Manipulamos la luz, así como vosotros manipuláis
la materia. El limitado conocimiento que poseéis
sobre la luz no os podrá conceder el saber acerca
de las capacidades prodigiosas que ésta posee.
La luz es educable, obediente, porque es el vehículo
de la Inteligencia Creante del Cosmos. El Cosmos físico
es el cuerpo, la Luz es el alma, y el Espíritu
es la inteligencia.
Es prerrogativa de quien posee el conocimiento supremo
de la Inteligencia del Espíritu Creante servirse
del poder de la luz y de sus múltiples efectos.
Nuestros medios están compuestos, en la mayor parte,
por cristales de luz materializada, con componentes psiquizados.
Una vibración regulada nos permite salir de vuestro
campo visual y, aunque nuestra identidad está presente,
no puede ser individualizada por las instrumentalizaciones
que poseéis. La luz nos permite múltiples
posibilidades de intuir, conociendo su real naturaleza.
Excepto nuestros medios de reconocimiento, nuestras grandes
astronaves se encuentran fuera de vuestro sistema solar.
Nuestras bases de apoyo son numerosas y están situadas
en casi todos los planetas o satélites del Sistema
Solar.
Los medios de reconocimiento tienen también las
propiedades de juntarse y fundirse en un único
y temporal bloque, así como también pueden
separarse cuando se considera necesario.
Imaginaos una ciudad que se pueda descomponer; un mosaico
hecho con piezas unidas temporalmente y que pueden ser
autónomas en cualquier momento. Así están
construidas nuestras ciudades cósmicas, que viajan
en el tiempo y en el espacio, así como fuera del
tiempo y del espacio. Cada componente tiene una total
independencia técnica, motriz y defensiva, además
de la organizativa para la supervivencia.
Si quisiéramos, nuestra ciencia podría construir
un pequeño mundo con material sublimado y psiquizado,
capaz de desplazarse utilizando el poder de nuestra mente.
Si esto es, para vosotros, ciencia-ficción, para
nosotros no lo es, puesto que somos herederos de la inteligencia,
de la "fuerza omnicreciente" y de la incondicional
obediencia, concedida por el total conocimiento que tenemos
acerca de esta "realidad cósmica".
Nuestra actividad operativa está vinculada a una
Ley que no puede ser violada por sentimientos egoístas,
ni puede ser suprimida por poderes de dominio involutivo
en cualquier sentido.
Somos justos y obedientes, firmes hacia la Inteligencia
que gobierna lo creado y su eterno devenir. Somos los
"jardineros" del Cosmos, los "ejecutores"
de la Suprema Voluntad de los "Arquetipos Creantes",
los "Astrales", fecundadores de la Idea Divina
o "Dioses Solares".
La llama es única, aunque los aspectos son diferentes.
¿Entendéis?
Nuestros "trazadores magnéticos" (discos
volantes, como vosotros los llamáis) se deslizan
sobre líneas, que podemos modificar en la dirección
deseada. En los espacios externos de vuestro Sistema Solar,
nuestras astronaves practican otra técnica de vuelo
muy cercana al concepto de "teletransportación".
Vuestro asombro está, en parte, justificado, al
comparar estos fenómenos con la técnica
y la ciencia aeronáutica que poseéis. Nosotros
no utilizamos carburante, sino energía atómica,
pero no para desintegrar como hacéis vosotros.
En nuestro hábitat y en nuestros medios de comunicación,
el peligro de contaminación es nulo. La energía
es limpia al 100% y la disponibilidad ilimitada. A diferencia
de vuestra actual ciencia, que se emplea poco en resolver
estos problemas primarios, nuestra ciencia se dedica continuamente
a mejorar los bienes esenciales, tratando de hacer cómoda,
segura y feliz, la existencia de la comunidad y su continuo
devenir.
Nosotros no tenemos problemas defensivos u ofensivos,
ni nos dedicamos a las cosas fútiles e inútiles.
Poseemos una ciencia, para vosotros, impensable y la utilizamos
para fines positivos, para el bien universal.