A
TODOS LOS JOVENES DEL PLANETA TIERRA
Para
vosotros, este mensaje, jóvenes de este mundo.
Para vosotros, nuestra universal y fraternal llamada;
para vosotros, que esperáis un mejor destino, hecho
de justicia, de paz, de amor y de fraternal concordia.
Para vosotros, este mensaje de universal y fraternal amor,
que deseamos sea agradable a vuestros corazones, a fin
de que podáis sentiros unidos a nuestra ansiedad,
así como la de todos los jóvenes que viven
en planetas de las distintas constelaciones. Como vosotros,
son ya conscientes de los altos valores espirituales y
materiales que predominan en la manifestación que
emana de la Suprema Inteligencia Creadora.
Para vosotros, jóvenes del planeta Tierra, que
seréis los artífices del tercer milenio,
la linfa espiritual y material de la renovación,
la fuerza irreversible de la transformación del
mal en bien, de la guerra en paz, del dolor en felicidad,
de la hipocresía en sinceridad, y de la injusticia
en justicia.
El mundo, la humanidad, nosotros y todas las criaturas
del Universo, necesitamos de vosotros, del latido juvenil
de vuestros corazones, de las visiones de vuestros espíritus
iluminados, y de las posibilidades anímicas de
vuestra naturaleza humana. También la misma Naturaleza
os llama en este período de tormentos, por todo
lo que agoniza y se apaga lentamente para siempre. Todo
en la Tierra os necesita para reponer cada cosa en su
justo sitio y dar así una cara nueva a este mundo,
que es el vuestro. También la luz del Sol se debilitaría
si faltase vuestro entusiasmo, porque sin vuestro joven
amor cada lugar de vuestro planeta se volvería
una estepa silenciosa y sin vida. Vuestros sentimientos,
llenos de dignidad espiritual, moral y social, deben demostrar,
a quienes no son aún capaces de comprender, que
la vida es alegría si recibe la luz de la Verdad,
que fue traída a la Tierra por Aquel que volverá
a vuestro planeta para daros la nueva Ley.
Afanaos, jóvenes de la Tierra, a fin de que el
mal no prevalezca. Grave y amenazadora es la masa de los
impíos, partidarios de una ciencia destructiva
y mortal. Muchos de vosotros se han convertido en instrumentos
de los impíos, que disfrutan con vuestro dolor,
con vuestra desesperación, con vuestro ciego deseo
de amar, de vivir en paz y de gozar de una libertad sana
y justa encaminada hacia la búsqueda del bien supremo
universal.
Afanaos, jóvenes hombres de la Tierra, a fin de
que el bien triunfe en el justo derecho y en el justo
deber y a fin de que el fruto del pensamiento sea el fruto
del progreso, de un progreso donde no haya sitio para
la guerra, para el odio, para la injusticia, para el dolor
y para la hipocresía.
Los jóvenes sienten, son conscientes de que en
esta sociedad las expectativas están contaminadas
y el futuro no tiene esperanza. Muchos utilizan la autoterapia,
en relación a todo tipo de droga: química,
psicológica, musical, para enmascarar el malestar,
sin poder resolverlo. Se dice que la adolescencia es una
edad que comporta un riesgo. ¡Cierto! Pero a causa
de una sociedad asesina que ofrece depresión y
angustia.
Las vibraciones mentales de vuestros jóvenes están
vinculadas a ideales comunes, aunque estén en parte
instrumentalizadas por las fuerzas oscuras del poder egoísta
que quiere dividir, en vez de unir.
Los jóvenes de vuestro planeta poseen poderes psico-físicos
que no hay que descuidar sino educar y aprovechar para
una aportación decisivamente evolutiva en todos
los campos de vuestro plano existencial. Os habíamos
también advertido que vuestra juventud ha realizado
valores genéticos conducentes a odiar al mal, a
contestar los errores y la hipocresía, a luchar
por una sana y fraterna convivencia, por un mundo de paz
y amor. Pero vuestra juventud se convertirá en
una violencia destructora irrefrenable e impetuosa, si
no avaláis, seria, sincera y responsablemente,
los anhelos de sus espíritus ascendentes hacia
aquellas fronteras de las que nosotros procedemos, para
traer a la Tierra la radiante luz del bien universal y
de la fraternidad cósmica.
¡Atentos, entonces! ¡Atentos y escuchadnos!
Nosotros sabemos lo que ocurre y lo que podría
ocurrir, si no actuáis con rapidez y bien. Dirigid
vuestras más vivas y constructivas atenciones hacia
vuestra juventud, para que el bien que ésta posee
no se trasmute en mal y para que su juvenil fuerza pueda
hacer fermentar en sus espíritus la sabiduría
así como en sus mentes la positiva sapiencia, por
un futuro cargado de feliz y sana existencia.
La violencia es un mal pernicioso e infectuoso, un "raptus"
psíquico contagioso rápidamente trasmisible
e inexorablemente creciente. En los conflictos, este "raptus"
se evidencia y se amplifica simultáneamente.
Os habíamos, a su tiempo, aconsejado que cuidaseis
seriamente a vuestra juventud, nacida y crecida en un
período no ciertamente favorable a ciertas indispensables
estabilidades y equilibrios psico-físicos, para
poder desarrollar y realizar los valores portantes de
una metamorfosis espiritual impuesta por unas reglas evolutivas.
En cambio, habéis desarrollado, en sus conciencias
sensibles, móviles contrarios, falaces, turbulentos,
volviendo estéril y vacía su nueva identidad,
aureolada por nuevos sentimientos, por conceptos más
avanzados en la forma de concebir la vida, la fraternidad
y la convivencia de unos con otros.
Con una estrategia egoísta, los habéis instrumentalizado
para fines abyectos, haciendo lentamente marchitar los
anhelos de bien, florecidos como rosas en un árido
desierto. De la insatisfacción, nacen y crecen
las reacciones, las exasperaciones, la violencia.
No tenéis nada que reprochar a vuestra juventud,
incomprendida y abandonada a merced de sí misma,
víctima de un consumismo desenfrenado y de cuanto
la sociedad del año 2.000 le ha repuesto con las
manos llenas de cinismo y de violencia.
¡Cuánta maravillosa juventud sobre la mesa
de juego del poder! Hay una escuela cotidiana de adiestramiento
que imprime en las mentes de los niños, de forma
indeleble, cómo es posible matar, cómo y
cuándo hay que actuar para huír de la justicia,
qué medios utilizar para engañar, robar
y satisfacer los deseos más insanos, más
deletéreos y más brutales. A través
de las informaciones televisivas y las revistas especializadas,
la juventud aprende el arte de ofender, violentar, matar,
en tiempos de paz y en tiempos de guerra.
La juventud languidece en las cárceles, en los
tugurios de la droga, en la violencia de la muerte y en
la trampa de quien de ella se sirve para alimentar degeneración
y todo cuanto da placer al mal propagador que corrompe
la existencia. ¡Sí, todos sabéis que
es así! ¡Sí, todos sabéis que
sobre el altar de la muerte habéis puesto los corazones
de vuestros corazones! La juventud que habéis fecundado
y nutrido, nacida y crecida con el amor que todo lo renueva,
la habéis cínicamente empujado hacia el
abismo de las más aberrantes disoluciones físicas
y psíquicas, volviéndola vacía de
amor, ciega, falta de humildad y esclava del odio, de
la perversión, de la violencia, de la disolución
moral y espiritual, alimentando así a la bestia
con todos sus locos instintos.
Habéis hecho de todo, lacerando la carne de vuestra
carne, y, sin piedad, la habéis echado como pasto
a las famélicas ideologías del hermano contra
el hermano, del hijo contra el padre, y del padre contra
el hijo.
A pesar de nuestras tempestivas y reiteradas advertencias,
cargadas de verdad, os habéis lavado las manos,
tal como lo hizo Pilatos, dejando caer en el olvido un
acto de celeste amor y habiendo podido salvar, de los
devoradores de vidas, la solidez espiritual, moral y física
de millones de jóvenes, ahora irremediablemente
perdidos en el huracán de la muerte que esta loca
sociedad apacienta como a un becerro de oro.
¡Pronto, muy pronto, os serán pedidas cuentas,
por haber escandalizado a los inocentes y por haber vuelto
amargos los frutos gratos del Creador!