LAS
LEYES INFRANQUEABLES
La
única puerta para la supervivencia y la ascensión
del hombre terreste, es la obediencia a la Voluntad del
Ser Macrocósmico que nos contiene. En la historia,
el influjo de la genialidad ha llevado, a menudo, los
conocimientos de las grandes enseñanzas que, dentro
de un orden más o menos doctrinal, han sido perseguidos,
con raros acontecimientos, a causa del predomio de la
naturaleza humana que, en el mejor de los casos, tiende
a hacer a Dios a su propia imagen. Se puede también
decir que varios Genios del espíritu, con su ejemplo,
han arrastrado llamaradas, olvidadas en los variopintos
caminos espinosos de las pruebas. Este hombre, así
pues, sin esperanza, se ha tergiversado con Dios y consigo
mismo. Hoy se cumple la última profecía
de redención para esta generación bimilenaria,
porque se cumple la mutación del planeta. Hoy,
el convenio de los Sabios presencia los resultados de
cada uno de nosotros. La obediencia a las Leyes es una
necesidad indispensable de poner en práctica los
reales valores espirituales del Evangelio.
Transgredir ciertas leyes innatas a vuestra naturaleza
humana, significa encontrarse con la Omnipotente Fuerza
del Espíritu Omnicreante. Desconocer los equilibrios
básicos que sostienen el normal ritmo de las cosas
creadas, quiere decir no tener conciencia ni de vuestra
identidad, ni de la real identidad de Dios. ¡No
poner en práctica cuanto os ha sido concedido por
el Genio Solar, Cristo, quiere decir estar muertos! La
redención es una conquista personal. Ser redimidos
significa la aceptación de la Ley, la práctica,
el absoluto respeto hacia los capítulos que la
componen. En relación a esta Ley, no existen compromisos
o prevaricaciones; existe, como humanamente se dice, el
error para conocer, pero no la perseverancia en el error.
La naturaleza del hombre
es trina
El cuerpo físico es vehículo del cuerpo
astral, y éste, vehículo del espiritual.
Educar el instrumento físico, quiere decir volverlo
eficiente, armónico y capaz de servir a la Obra
del Espíritu Operante en esta dimensión,
para el devenir continuo de todo aquello que es útil
en la Economía Creativa del Cosmos. En la Tierra
se conciben y alumbran cuerpos sólidos, instrumentos
físicos que nacen de la carne. En los astros, los
Genios Solares conciben y alumbran cuerpos espirituales
dinámicos-intelectivos, los cuales nacen del espíritu.
Los instrumentos físicos son indispensables a los
cuerpos espirituales, para poder existir y operar en la
dimensión material. Sólo el habitáculo
humano es idóneo para servir a un cuerpo espiritual
concebido y alumbrado por un Genio Solar que emite formas,
arquetipos de la especie humana.
Precisamente, lo que nosotros creemos que es el hombre,
sólo un instrumento de la propia conciencia, una
pequeña llama, hija de Aquel que, verdadero Padre,
espera nuestro regreso, después de haber administrado
bien el mundo inferior que nos ha sido confiado: los tres
reinos que nos alimentan y que nosotros transformamos
en obras, palabras y pensamientos. Con los Angeles extraterrestres
tenemos en común la inteligencia, el espíritu
individual.
La diferencia sustancial, entre nosotros y vosotros, consiste
en la sabia y sapiente utilización de la inteligencia
y de los reales valores espirituales. El cuerpo físico
es un instrumento que hay que educar y no agraviar y descuidar.
Educarlo, quiere decir volverlo eficiente, armónico
y capaz de servir perfectamente a la Obra del Espíritu
Operante en vuestra dimensión, para el devenir
continuo de todo aquello que es útil en la Economía
Creativa del Cosmos. El uno tiene necesidad del otro,
limpio de todas aquellas escorias producidas por la insana
metodología de vuestro desarrollo existencial.
¡La llama es única! ¡Los aspectos son
diversos! ¡La Verdad es una! ¡Las interpretaciones
son diversas! Tenéis necesidad de conocer quiénes
sois, de dónde venís. Tenéis también
necesidad de conocer el real significado de la vida, la
intención y la finalidad; si es verdad que no se
vive sólo de pan, y si es también verdad
que hay algo que os anima, que os sostiene, algo que está
en cada uno de vosotros y que aún no conocéis.
Es preciso descubrirlo y entrar en simbiosis con todo
aquello que, divina y eternamente, nos posee, si queréis
ser libres, libres de verdad. El ser físico no
es más que una navecilla bio-psíquica del
Eterno Jinete; el cuerpo es el medio, mientras el Jinete
es el espíritu. El Jinete no puede morir, aunque
lo desee.
¿Antes de ser "homo sapiens", qué
erais? ¿Sabíais que la inteligencia os ha
sido dada por los Hijos del Dios viviente, haciéndoos
a su imagen y semejanza? Los Hijos de Dios se enamoraron...
y he aquí, por qué sois dioses, por qué
habéis heredado su eterna genética astral
y, ciertamente, cuando hayáis desarrollado otras
capacidades, aún en estado potencial, haréis
cosas grandes, más grandes que Ellos.
Jesús dijo: "Vosotros sois dioses y cumpliréis
las obras que yo hago, incluso mayores". En el Génesis,
Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza". ¿A quién se dirigía?
Era el jefe de una expedición de Genios Creadores
de forma y sustancia, manipuladores de la genética
y de prodigiosas estructuras bio-físicas y psíquicas;
era una expedición de Señores de la Luz
con una misión bien precisa. Intérpretes
y ejecutores de la Inteligencia Omnicreante, que instruyen
y determinan el continuo Devenir del Macroser; personificadores
de la máxima Inteligencia Cósmica: Espíritu
Santo, y que presenciaron el nacimiento de una macromolécula:
el Sistema Solar. Estos Señores o Elohim coordinan
e instruyen el edificio ejecutivo de las macrocélulas
activas, determinando también el complejo y variado
grupo enzimático destinado a elaborar la energía
vital de la macromolécula, y secundando la específica
genética injertada en el zooide cósmico.
En este grupo enzimático se encuentra el hombre,
un componente con particulares prerrogativas, dotado de
un conjunto físico, psíquico y espiritual,
con características especiales respecto a todo
el numerosísimo grupo enzimático contenido
en la macrocélula. La imagen y la semejanza habrían
debido decretar el derecho de ejercitar la Ley, de ser
un mediador responsable entre la Inteligencia Omnicreante
y las cosas creadas, entre la materia y el espíritu.
El hombre tenía que haber sido el tutor de cuanto
le había sido confiado por los arquetipos, Señores
de la Creación, el coadjutor del Espíritu
Omnicreante.
El hombre, muchas veces violentando el pacto, ha transgredido
la Ley y la Voluntad del Creador. Ha separado lo que no
debía separar y ha descompuesto lo que debía
permanecer armónico, funcional, indemne ante los
factores degenerantes.
¿El hombre está malogrando su misión?
¿Podría ser recuperable, aunque el Supremo
Monarca de la Luz esté arrepentido de haberlo creado?
(Génesis 6,5). ¿Ha puesto en guardia a sus
Querubines a la espera de decidir qué hacer? Pronto
la humanidad sabrá. ¡Los signos ya están
ahí, así como las amonestaciones!
Existe un ligamen indisoluble entre los valores dinámicos
de los elementos que constituyen las estructuras vitales
de vuestro planeta y los dinamismos bio-físicos-psíquicos
que constituyen vuestras estructuras vitales.
Existe, del mismo modo, un dar y un tener que, vosotros
hombres de la Tierra, continuáis ignorando, procurando
un no dar y un no tener y, consecuentemente, un desequilibrio
de relaciones, una distonía en los derechos y en
los deberes entre lo creante y lo creado. A su tiempo,
os hemos dado señas sobre esta fundamental realidad,
especificándoos la inderogable necesidad de un
comportamiento más consciente en los dinamismos
psíquicos y en los actos que producís. Vuestra
obra positiva es determinante para la estabilidad armónica
entre los elementos derivados de las leyes y aquellos
que son consecuencia de las estructuras macrocósmicas.
La Fuerza Omnicreante está, en todo momento, presente
y gobernante. Si estuvierais en el ámbito de su
Ley y si obráis según los principios regulados
en un pacto que no deberíais además ignorar,
incluso el más feroz de los animales os lamería
las manos y conviviría con vuestra paz; los "zigos"
serían vuestros amigos y vuestros más hábiles
colaboradores para una ascensión evolutiva rápida
y feliz.
Como ha sido dicho, el hombre físico-anímico
forma parte del alma del mundo. A diferencia de cuanto
el planeta concibe y alumbra: minerales, vegetales y animales,
el hombre posee el privilegio del espíritu individual.
Los Genios Astrales han concedido al hombre, mediante
un particular injerto genético, asumir un orden
bien preciso en el proceso evolutivo de las especies menores,
también éstas empeñadas en la transformación
de la materia en energía y de la energía
en materia.
El hombre debería ser el principal artífice
de la ascensión espiritual y astral de los tres
reinos en continua evolución. ¿Pero, es
así realmente? ¿El hombre desarrolla conscientemente
éste su cometido? El debería ser el principal
tutor de los equilibrios cosmo-físicos y cosmo-dinámicos
que gobiernan este "ser macrocósmico"
que se llama planeta Tierra. El hombre es, en realidad,
el genio del alma de la Tierra y de cuanto ésta
concibe y alumbra con su cósmica naturaleza y en
virtud del Generador de la Luz Creante. Su insubordinación
hacia Quien le ha hecho a su propia imagen y semejanza
para un fin bien preciso e inequívoco, ha hecho
emerger una incompatibilidad que la Inteligencia Omnicreante
Cósmica ya no puede tolerar más. Los Genios
Astrales, creadores de formas y sustancias, proponen al
hombre un serio y responsable arrepentimiento, ¡antes
de que sea demasiado tarde! Estos Genios Solares podrían,
en el momento en que lo estimasen oportuno, reestructurar
el portante de la genética que ha concedido al
hombre-origen el "ego-sum" y las prerrogativas
astrales. La Economía Creativa Cósmica tiene
sus exigencias y sus muy válidos medios para impedir
qu el planeta Tierra tenga que sufrir un colapso a causa
de la irresponsable e inconsciente forma de obrar de la
especie humana.
El hombre no quiere darse cuenta de lo que realmente es,
y del por qué ha sido hecho tal como es. Cree todavía
ser un resultado casual y huye del concepto de que él
pueda ser un resultado casual, querido e instruido por
quien posee la facultad de manipular la luz, los elementos
primarios y las múltiples genéticas existentes
en las diferentes dimensiones del edificio creativo del
Cosmos, en la energía primaria y en sus múltiples
aspectos dinámicos, magnéticos, en parte
contenidos en los astros y en los soles de todas las galaxias.
El hombre permanece estático, dentro de los muros
de su ciudadela cerrada, temeroso, incrédulo e
incapaz de recibir cuanto sucede fuera de estos muros.
Ignora que existe algo en qué dirigir la atención,
que existe la causa de todos los efectos que acontecen
bajo sus limitados sentidos, que existe el principio de
todo lo manifestado en el tiempo y en el espacio, que
existe el orden y la ley del devenir, del mutar y del
ser siempre, del Todo visible e invisible.
En este "todo" está el hombre, está
su función, está su contribución,
una contribución aún no consciente ni relizada,
investida de su real naturaleza divina. No ha sido por
casualidad el haber sido hecho a imagen y semejanza de
su Creador, sino un designio programado y nacido de la
Idea Creativa para un fin bien preciso. Este fin debe
realizarse, aunque el hombre se resista y patalee como
un potro salvaje. Un día, quizás mañana,
el hombre se verá obligado a saltar los muros de
su ciudadela; entonces verá, oirá y se dará
cuenta de la verdad que ha anhelado siempre, en cada momento,
en cada instante de su vida terrena. ¡Entonces,
será libre, libre de verdad! Entonces, se sentirá
parte inseparable del "todo", será como
una gota del océano, consciente de ser una sola
cosa con la extensa inmensidad.
Es un gravísimo error creer y enseñar a
creer que el Omnipotente Señor y Creador no se
pueda volver intolerante. Se equivocan aquellos que creen
que este Dios pueda ser indiferente, reacio a castigar
con severidad a quien, perseverndo en el mal, obstaculiza
sus Divinos Designios y compromete la armonía de
las cosas creadas por su inefable y eterno Amor.
Existen Potencias Celestes visibles e invisibles que,
además de encarnar conscientemente su Luz, llevan
consigo el Poder de su Justicia, de su Amor y de su Paz.
En el pasado, su presencia no fue nunca ignorada, porque
sabían quiénes eran, de dónde venían
y por qué visitaban, en períodos alternos,
a los seres vivientes en el planeta Tierra. Conocían
incluso la íntima estructura espiritual de su real
identidad y les llamaban con los nombres de "Querubines,
Serafines y Tronos". No eran títulos sin significado.
¡todo lo contrario! El significado venía
evidenciado, clarísima y prácticamente,
por su angelical magnificencia, por sus indudables poderes
físicos, psíquicos y espirituales, más
que técnicos y científicos, y con valores
multidimensionales. Eran los pioneros de la Inteligencia
Omnicreante (Espíritu Santo). Eran los Genios Solares,
los Astrales, los Elohim, los fautores del Ser Inteligente,
los directores y coadjutores del Supremo, del Omnipotente,
que preside el Edificio Divino del Espíritu Cósmico.
Fueron y son los indiscutidos consejeros de un numerosísimo
grupo de redimidos, reunidos en un único reino
paradisíaco. Son Ellos, en fin, quienes coordinan,
iluminan y guían las milicias angelicales dispuestas
a servir al prójimo allá donde haya necesidad,
allá donde el Señor ordena. Entre Ellos
hay seres como nosotros, físicamente semejantes
a nosotros, con particulares prerrogativas que les permiten
posibilidades todavía impensables para el hombre.
La aceptación de la redención les ha vuelto
libres del mal, puesto que están iluminados por
la Luz que vivifica y santifica. Han conocido y puesto
en práctica la Verdad que hace libres, acercándose
a la real naturaleza del Omnipotente Creador.