CUARTA
PARTE
(La
Confirmación)
PORTO SANT'ELPIDIO
Con Jorge Piovanni, llegamos al Aeropuerto de Ancona,
distante a pocos kilómetros de Porto Sant'Elpidio,
en la noche del 2 de julio del '92. Para ser más
exactos, alrededor de las 22:15 horas.
Este acontecimiento era el primero de una larga serie
de episodios que de ahí en más nos tocaría
vivir.
Nuestra llegada emocionada en todo el sentido de la palabra
era igualmente el corolario de una gestión iniciada
pocos días antes por Giorgio, quien mediante comunicación
telefónica nos consignó su ferviente deseo
de que no faltara a un trascendental encuentro suyo con
Eugenio, evento al que iban a asistir numerosos hermanos,
no sólo de Italia, sino también de Paraguay
y Argentina y por cierto de Italia.
Recuerdo que conocida la noticia, felizmente todas las
gestiones en mi trabajo no hallaron escollos y todo lo
contrario, fueron recibidas por mis jefes comprensiblemente,
sin contar con toda la cooperación brindada por
la agencia de viajes a la que nos habíamos dirigido
para lograr nuestros pasajes, siendo atendidos muy solícitos
por una persona que llevaba el mismo nombre que el estigmatizado,
hecho que consideramos como un signo muy favorable para
la misión que habríamos de emprender.
No bien ganamos la sala de arribos de la terminal de Ancona,
entre las pocas personas que aguardaban el pasaje en una
de las instalaciones del salón, vimos el rostro
de Mino Grande con quien nos reuniríamos instantes
después abrazándonos fuertemente.
Mino estaba acompañado por Fabricio, un odontólogo
que formaba parte del Arca 3 de Porto Sant'Elpidio. Con
ellos pusimos proa hacia la zona en donde Giorgio nos
aguardaba impaciente. De camino, comenzó a llover
torrencialmente.
El
edificio de propiedad horizontal de Via Asti 23, en Porto
Sant'Elpidio lo conocíamos solamente por fotografías.
Nunca hubiera imaginado verme allí, a sus puertas
y presa de una ansiedad impresionante por saludar a Giorgio.
Llegamos al apartamento de Mara.
Comentarios sobre el viaje; sobre nuestra Arca. La emoción
enorme por el reencuentro.
De pronto, entró Giorgio hasta donde nos hallábamos
Jorge y yo, afectuosamente atendidos por Mara y otros
hermanos del Arca.
Giorgio nos abrazó muy fuerte, cuidando siempre
su herida en el costado. Junto a él, Lorella. La
alegría es inmensa.
-Georges... Jorge, vamos a cenar...
Gustosamente aceptamos la invitación. Imaginábamos
que pondríamos proa hacia su apartamento del piso
inferior, pero no fue así. Giorgio, nos llevó
a una pizzería cercana. Afuera no estaba lloviendo
con la misma intensidad que una hora antes. La temperatura
era agradable y el cielo comenzaba a despejarse.
Visiblemente contento de tenernos allí, junto a
él, vamos caminando hasta la pizzería distante
a pocas cuadras.
-Todos me conocen acá en Porto Sant'Elpidio, comenzó
a contarnos. Al principio me marginaban, pero ahora me
aceptan. Esta es una ciudad donde la mayor industria es
el calzado. Es una ciudad muy cara. La prostitución
es enorme y el ritmo de vida es intenso. Yo estoy aquí
hace unos ocho años. Filippo y yo nacimos en Sicilia...
Ya en la pizzería y mientras degustábamos
muzzarellas de muy diferente gusto y presentación
que las nuestras, Giorgio continúa contándonos
sobre su vida:
-Durante el servicio militar, yo hablaba por la radio
de la Obra de Eugenio. Trabajaba como zapatero en este
medio que está invadido por el sexo, el dinero,
los valores materiales. Es por eso que al comienzo, por
mis estigmas, fui marginado. Claro que después
la gente se fue acostumbrando y me dejaron en paz, sin
molestarme en absoluto.
En la conversación con Giorgio, nos fue confesando
aspectos de su vida que hasta ese momento desconocíamos.
-Mi madre, está influenciada por la Iglesia Católica,
pero al verme sangrar, cree en mí y me respeta.
Una madre no puede desconfiar al ver el sufrimiento de
su hijo. Acá en Porto Sant'Elpidio tuve visiones
de la Virgen.
Al cabo de un prolongado lapso, aún deslumbrados
por la velada, asumimos con alegría, pese a nuestro
cansancio que habríamos de partir hacia Sicilia
en pocas horas.
-Ustedes se irán con los demás hermanos
del Arca en ómnibus. Creo que salen a las cinco
de la mañana. Así que vayan a dormir un
rato. Se alojarán en casa de "Mami",
a una cuadra de donde yo vivo, porque los quiero cerca.
Estoy muy feliz de verlos.
No era un cumplido. Lo decía desde lo más
profundo de su corazón.
Nos
llevaron hasta la casa de Mami, que en realidad se llama
Estefanía, una hermana del Arca 3 que con mucho
amor nos dio la bienvenida, sumándose a la alegría
de recibirnos, su esposo Roberto.
Son dos jóvenes que nos brindaron un afecto y una
hospitalidad que difícilmente olvidaremos hasta
el fin de nuestros días, como tampoco todo el cariño
y el sentimiento que nos prodigaron todos y cada uno de
los hermanos del Arca 3.
Durante los once días de permanencia en casa de
Mami y Roberto compartimos vivencias inolvidables, y con
los hermanos encuentros cargados de una espiritualidad
maravillosa, donde la alegría se manifestaba sanamente.
Precisamente, una de las veladas más inolvidables
que toda el Arca 3 vivió junto a nosotros y por
cierto junto a Giorgio y Filippo, fue cuando con Mami
y Roberto a la percusión y otros hermanos a la
guitarra y el propio Giorgio y Giuseppe Vitulli al teclado,
estuvimos hasta muy entrada la noche sumergidos en melodías
entre las cuales no estuvieron ausentes las sudamericanas
y lo que es más, el candombe uruguayo que atrevidamente
ejecuté.
Todas las vivencias con los numerosos hermanos del Arca
de Porto Sant'Elpidio, seguramente darían forma
a otro libro. En tanto no quiero profundizar más
en particularidades para no ser injusto. Solamente me
permito dar como ejemplo de ese cariño que nos
fue dispensado por toda una comunidad, a la que espero
algún día volver a abrazar, junto a mi esposa
e hijos, a Mami y Roberto, que estimo son dignos representantes
de la espléndida armonía que reinaba entre
esas gentes.
Está demás decir, que el reencuentro que
nos tocó vivir con quienes ya habían estado
en el Uruguay, como ser Mino, Renzo, Filippo, Luis y Dorita
(residentes de Porto Sant'Elpidio desde unos pocos meses),
Giuseppe, Mara, Marcos y Claudio, fue una experiencia
indescriptible y llena de amor.
HOTEL
GEMMELLARO
El viaje a Sicilia demandó aproximadamente unas
13 horas recorriendo carreteras espléndidas por
entre llamativas cadenas montañosas, tocando a
nuestro paso ciudades como Cocenza y otras localidades
en la región de Calabria.
Jorge y yo estábamos instalados en los últimos
asientos del bus y allí fuimos dormitando ocasionalmente
sin dejar de atender a quienes nos rodeaban, en fraterna
actitud de diálogo.
Cuando llegamos a la región desde donde ya podíamos
apreciar Sicilia, muy próxima a Villa Giovanni
todos en el bus lanzaron al aire una aclamación
que derivó en algarabía que se confundió
con la melodía de Giuseppe Vitulli y Giorgio: Opera
Astral 21.
El espectáculo natural ante nuestros ojos, era
reconfortante.
Finalmente en unos veinte minutos, en un transbordador
ganamos tierra siciliana, desplazándonos por Messina.
Mirando hacia el mar, divisamos el Arco Iris y nuestro
pensamiento fue uno solo: Eugenio Siragusa, el amigo del
Etna, el Contactado.
Cerca de las 20 horas, a la hora de la puesta del sol,
por caminos sinuosos y estrechos, vamos ascendiendo la
zona montañosa de Nicolosi, en las faldas del Etna.
Por último, luego de más de una docena de
horas, nuestro destino a la vista: el Hotel Gemmellaro,
al pie del Monte Rossi.
Bajar de valijas, efusivos abrazos, el reencuentro con
Luis y Dorita; ubicarnos en nuestra habitación...
Durante la cena, con Jorge compartimos la mesa de Giorgio
en la que también se encuentran Lorella, Francisco
y Giovanni Caccaviello del Arca de Buenos Aires, Jesús
del Arca de Paraguay, Erica del Arca de Santa Fe y Mara.
En la jornada siguiente se habrá de producir el
encuentro entre Giorgio y Eugenio, después de cuatro
años. Será, para muchos de nosotros, el
gran acontecimiento.
EUGENIO
Sábado 4 de julio del '92.
Hace un día espléndido. Desayunamos entre
hermanos que no hacen otra cosa que hablar de Papá
Eugenio. Su nombre dicho por todos los rincones del alojamiento,
con mucho respeto. Con cariño.
El tiempo transcurre y a eso de las nueve de la mañana
dos automóviles ingresan en la playa de estacionamiento
del Gemmellaro.
A prisa, el gentío y mis hermanos de las Arcas
de Sicilia, Porto Sant'Elpidio y Suiza ganan el exterior
del hotel rodeando a los dos vehículos.
Nosotros los sudamericanos, también nos sumamos
a la emoción. En medio de tantas personas, rostros
conocidos y otros por conocer, he perdido a Jorge que
se encuentra devorado por los muchos que afectuosamente
corren hasta donde está Eugenio, para saludarlo
estrechándole sus manos.
Y mis ojos buscan ansiosos el rostro de ese hombre al
que solamente había visto en fotografías.
Allí estaba. Luciendo una campera de cuerina marrón,
cubriéndole el cuerpo, y con un buzo verde que
deja entrever los cuellos de su camisa blanca.
Se mueve con agilidad a pesar de sus 73 años. Gesticula
y saluda constantemente. Hace bromas, lo que demuestra
que se trata de una persona afable. Abraza a Dorita y
está radiante.
Muy cerca suyo, están Miguela y su hijo Eli, que
muy pronto son sorprendidos por afectuosos saludos que
corresponden solícitos.
Eugenio Siragusa, está ahí, en medio de
nosotros. El más grande Contactado de los Extraterrestres,
su Celeste Embajador desde tiempos inmemoriales.
Eugenio Siragusa se halla sumergido bajo ese cálido
manto del amor, propio de almas puras convocadas allí
para ser testigos y dar testimonio, de un encuentro maravilloso,
de un encuentro esculpido en el tiempo, calificativo que
le pertenece a Mino Grande.
Con mi cámara fotográfica atiné a
registrar algunos de esos emotivos momentos.
Estaba en esos menesteres, cuando Eugenio comenzó
a caminar hacia el interior del alojamiento. Seguí
a todos y hubo un instante en que pude acercarme a él
para saludarlo.
Le extendí mi mano y atiné a decirle que
era del Uruguay, sin siquiera darle mi nombre. Correspondió
mi saludo pero fue abordado por los otros hermanos que
le anunciaron que Giorgio estaba sanguinando en una de
las habitaciones.
A paso rápido Eugenio se internó en el Gemmellaro.
SANGRANDO
FRENTE A SU PADRE
Eugenio Siragusa quien no ve a Giorgio hace cuatro años
ya está en su habitación.
Jorge y yo corremos hacia ese encuentro, porque es trascendental
por excelencia.
Giorgio está tendido en la cama, como siempre,
padeciendo la sangración de manos, pies y costado.
Su mirada busca la de su padre espiritual, quien por primera
vez asiste físicamente al divino prodigio que desde
hace tiempo ha presenciado espiritual y astralmente.
Giorgio es consolado por Eugenio, quien habla paternalmente
a su hijo predilecto:
-Ha bajado del Cielo el conductor a través del
cual la sangre derramada ha sido regenerada.
También Eugenio ha pedido que se llame a un Capitán
de Carabineros y a otros agentes para que presencien la
sanguinación de Giorgio.
Los policías ingresan a la habitación. En
actitud respetuosa el Capitán uniformado, se ubica
a los pies de la cama de Giorgio y oye atentamente la
explicación que le brinda Eugenio sobre lo que
le acontece a Giorgio.
-Este es un hombre justo, que sufre y que no se ha dejado
corromper y que nunca ha pedido dinero a nadie.
En la habitación están también Miguela,
Eli, Luis y Lorella. Eugenio continúa hablando
hasta que el Capitán, dando señales de que
ha entendido plenamente las palabras de Eugenio, con educación
se retira de la sala. Todos nosotros le seguimos, también
Eugenio, que desciende las escaleras y sale hasta donde
el sol baña el estacionamiento.
Para comprender, desde otro ángulo toda la situación
que acabábamos de presenciar, es que consignamos
el sentir de uno de los cronistas del Arca 3, y de la
Revista "Nonsiamosoli". Dijo así:
"-Como un auténtico padre, Eugenio se dirigió
a su hijo sufriente pero con sonrisa luminosa, para bromear
con él y para dirigirle su paterno y profundo amor.
En aquel momento, tenía lugar el primer abrazo,
santificado por la tangible presencia de Dios, en medio
de los hombres, a través de Sus intérpretes
y a través de Su Luz hecha carne. Ante nuestros
ojos, discurrían las imágenes de una santa
ceremonia, que estaba hecha de afectuosos y luminosos
actos de amor y de fraterno abrazo".
FUERON
UNA SOLA COSA
La sala de la conferencia estaba atestada de personas.
En uno de los lados de la estancia, los mesas cubiertas
con un paño en verde esperanza conformaban el punto
desde donde Miguela, Eugenio y Giorgio habrían
de confraternizar en coloquio sincero con la concurrencia,
integrada por hombres, mujeres y niños.
Con orden, cada uno fue ubicándose para este encuentro
que demandaría un prolongado lapso.
Eugenio irrumpe en la sala, creciendo allí la emoción
por darle cobijo. Eugenio hace bromas. Intercambia palabras.
Todos estamos henchidos de felicidad.
Los niños encontraron justo sitio en la primera
fila. Eugenio juega y se dirige a ellos como otro niño
más. Su capacidad de trato y de cordialidad, admirablemente
marcan a la concurrencia que ese hombre, conocido por
todos, está viviendo momentos muy significativos
que con el correr de los minutos llegarán a su
punto máximo.
Miguela, Eli, Dorita, Luis, Renzo y los restantes hermanos
italianos están atentos a que de un momento a otro
haga su entrada Giorgio.
Mami y Roberto se hallan inmersos entre todos ellos. Nosotros
estamos como embriagados de emoción. sin atinar
a otra cosa que devorar espiritualmente cada segundo,
para almacenarlo muy bien en nuestro corazón.
Jorge me ha acompañado en este viaje para registrar
en video el encuentro, por eso está ubicado con
su pequeña cámara sobre una silla del fondo
de la sala, junto a Jesús del Arca del Paraguay.
Llega Giorgio y es abrazado por Eugenio que le acaricia
su rostro.
De ahí en más surgirán las interrogantes
y las respuestas serán de Eugenio, quien también
nos dirá a todos que su misión ha llegado
a su término.
-Yo he llevado ya a término esta misión
que me ha sido confiada. Apenas se manifieste la Potencia
y la Gloria de Aquel que dijo: "No os dejaré
huérfanos; volveré en medio de vosotros"
(dirigiéndose a Giorgio) porque su habitáculo
es éste, entonces sucederá lo que ha sido
dicho, escrito y trasmitido.
Eugenio continuó diciendo:
-Yo he hecho mi deber. Es difícil preparar un elemento
idóneo para servir al Padre Creador; es muy difícil,
porque no debe ser ni monje, ni debe pertenecer a ninguna
religión. Debe ser libre de todo egoísmo,
de todo poder material. Pero Ellos me dijeron: "¡Busca,
busca entre los hombres, y nosotros te ayudaremos...!".
Y de hecho, vinieron estos dos muchachos (dirigiéndose
a Giorgio y Filippo); uno tenía trece años
y el otro dieciséis. Yo les miré a la cara
y sentí como a "alguien" que me decía:
"¿Les reconoces?". Al día siguiente,
por la mañana, ya sabía quiénes serían
potencialmente. Después, nos seguimos frecuentando
durante años; Giorgio hizo el servicio militar
y empezó a divulgar la Verdad a través de
trasmisiones de radio, conferencias... Después
encontró a Durante,en un bar, que le dijo: "¡Bravo,
hijito, bravo!".
Y Giorgio, cuando salió del bar, se preguntaba
quién podría ser aquel señor anciano,
pero éste ya había desaparecido, se había
volatilizado en la nada".
De esta manera, Giorgio continuaba frecuentándome
y yo le pilotaba, le preparaba. ¿Sabéis
lo difícil que es preparar a un mensajero que pueda
servir a Dios, al Dios de la Justicia? Es muy difícil,
porque al Dios de la Misericordia es fácil servirle
¡pero al Dios de la Justicia, no! Luego, Giorgio
fue a Porto S. Elpidio, trajo a su familia, etc. etc.;
y un día encontró a la Virgen, que le dijo:
"¡Ven a encontrarme a Fátima!".
Y Giorgio me contó haber visto a la Virgen que
le había dicho que fuera a Fátima. Aquel
día era el 2 de setiembre, San Elpidio, pero yo
no sabía que ese día se conmemoraba este
santo. ¿Extraño, eh? Entonces, él
partió hacia Fátima y yo le envié
doce rosas rojas y le dije que las llevara a la encina,
no al santuario. Luego, él vio a la Virgen, que
le dijo: "Yo te doy este signo, pero solamente tus
hermanos te creerán...". Por tanto, he aquí
la elección precisa: no le dijo "toda la humanidad";
sino "solamente tus hermanos", aquellos que
yo sabía eran portadores de la genética
GNA. Esta es una genética de la cuarta dimensión;
de hecho, actualmente, muchos se sorprenden porque el
Sol se pone en un lugar antes que en otro. ¿Pero,
por qué? Porque la Tierra se ha desplazado del
Sol unos 1.200 km. y, por tanto, está creciendo,
está aproximándose a ser adulta. Este Ser
Macrocósmico, que llamamos Tierra, está
pasando de la tercera a la cuarta dimensión y,
por tanto, tiene necesidad de una enzima epidérmica
que somos nosotros, idónea para ayudar a su futuro
crecimiento, de la cuarta a la quinta dimensión.
Y después, los hombres se convertirán en
"dioses". Esta Tierra será preservada,
ciertamente no tendrá el fin del planeta "Mallona",
porque, cuando este planeta orbitaba donde actualmente
orbita la Tierra, explotó a causa del fulminante
entre las escorias nucleares y los yacimientos de uranio
que existían en la naturaleza; explotó en
forma de cruz, causando la muerte de siete mil millones
de personas. Esta Madre Tierra será preservada,
si vuestra conciencia permanece intacta. Vosotros habéis
sido llamados para ser elegidos; ¿pero, en qué
sentido? ¿Para disfrutar de la elección
solamente? ¡Nooo! Sino para ser sal y levadura de
la nueva vida que son los niños que os han sido
confiados. Tenéis esta responsabilidad, y es una
responsabilidad muy grave.
Hubo un momento en que Giorgio y Eugenio, muy juntos,
materializaron el sentido mayor del "encuentro esculpido
en el tiempo".
Abrazados ambos, el recogimiento fue general.
Eugenio lloró acariciando la mejilla de su hijo.
Pero no fueron los dos únicos que estaban emocionados.
Otros rostros fueron bañados por las lágrimas.
Eugenio besó los estigmas de su hijo espiritual
y en el ambiente se oyó el canto del amor.
Con posterioridad a este suceso, que llenó de gozo,
nuestros corazones, Mino Grande, el cronista del Arca
3, redactó sobre el encuentro entre Giorgio y Eugenio,
de esta forma:
"Y acaece que la mano de Dios acarició y colmó
de paterno y solar amor el abrazo de los dos intérpretes
de su voluntad y se cumplió el milagro del Bautismo.
Ayer, el Bautismo de Jesús por medio de Juan Bautista
selló su habitabilidad para Cristo. Hoy, el Bautismo
de Giorgio, a través de Juan, el Apóstol
predilecto y Consolador Prometido, sancionó el
retorno de Jesús en medio de los suyos".
"El testigo de entonces se había vuelto el
intérprete consciente del Padre para dar cumplimiento
a las Sagradas Escrituras, dichas, escritas y tranmitidas
en el tiempo, porque así debía ser y así
ha sido".
"Las manos de Eugenio se posaron tiernísimamente
una sobre la cabeza y la otra sobre el corazón
de Giorgio, y acontece que de los Cielos, invisible, desciende
la luz de la angelicidad y él se vuelve habitáculo
contenedor del Maestro Jesús. El prodigio se cumplía
asistido por los discípulos de entonces, por los
seguidores de Juan Bautista, vueltos servidores de Jesús
y de Juan".
"Un nuevo Bautismo de Luz para que se cumpliese,
visiblemente, aquello que eternamente es el camino de
la ascensión para los espíritus deseosos
de la deidad y del Paraíso Cósmico".
"Jesús, Juan, Elías, Enoch y muchos
Apóstoles y discípulos de Cristo estaban
presentes en la morada, de este tiempo, para establecer
un nuevo encuentro con la Inteligencia Omnicreante y para
llenar esta estancia, del Padre Glorioso, de los santísimos
prodigios que se albergan en los vehículos deificados,
por la Luz y por el Verbo, causas primigenias de todo
milagro de amor y de justicia, de redención y de
elevación, de santidad y de gnosis de unción,
y Giorgio se vuelve Jesús, y Juan le consignó
a aquellos que él había custodiado para
ser sal y levadura de la Tierra y progenitores de la generación
de los hombres-dios".
"Los ojos de Eugenio se colaron de lágrimas
y la ternura del Sol se tradujo en un abrazo de Santo
Amor que llenó la estancia en donde había
cumplido nuevo Bautismo.
Los espíritus de los presentes se inclinaron ante
la grandeza del Padre y los santísimos prodigios
que brotan del Espíritu Santo y todos nosotros
lloramos y quedamos llenos de divino encuentro".
"He ahí, se había cumplido, El había
vuelto así como había prometido, anunciado
por sus Angeles y preparado por el Genio Solar Juan, la
coronación de otro Hijo del Sol a la deidad sancionaba
la última epopeya de esta humana historia que estaba
para cerrarse; para luego abrirse en el Nuevo Tiempo que
albergará la Generación Solar y la Era de
la Justicia, del Amor, de la Paz y de la Verdad Cósmica.
Era el anuncio del acontecimiento y del retorno del Mesías
a los suyos, tangible y viviente ante los ojos y los espíritus
de aquellos que habían intervenido".
"La paloma, el Sol y la gran astronave lo estaban
testimoniando para nosotros y para los descendientes".
Emocionados todos, almorzamos en el Hotel alrededor de
las 15 horas. En la sala de conferencia nos encontramos
con Giorgio quien aún sangrante nos encaró.
Estaba con las manos y los pies sangrando; Lorella, su
esposa con humildad y mucho amor le fue cubriendo la herida
del costado, también sangrante, con un apósito.
Todos presenciamos el sufrimiento cotidiano antes de que
hiciese su entrada Eugenio.
Protegida ya la herida, Giorgio nos anunció que
su padre espiritual habría de llegar de un momento
a otro y que él nos hablaría a todos y que
estaría a nuestra disposición, pero también
nos dijo:
-Vosotros no sabéis quién es Eugenio; creo
que no os dais cuenta de quién es realmente. No
tiene importancia; un día, cada uno de vosotros,
interiormente, comprenderá quién es este
gran personaje, que para nosotros es un padre espiritual.
Cometeréis un grandísimo error, imperdonable,
si cuanto hoy él os diga, permanece sólo
en vuestra mente y en vuestro corazón, pues debe
ser puesto en práctica...
Cerca de la entrada alguien nos anuncia que Eugenio está
llegando al Gemmellaro.
Instantes después hace su entrada a la sala. En
un gesto de reconocimiento, todos aplauden, pero él
pide que no lo hagan. Eugenio se acerca a Giorgio que
está sangrando, lo abraza y lo besa y da comienzo
al coloquio que todos estamos esperando.
Una, dos, tres, cuatro y más preguntas.
Yo también formulo algunas interrogantes. Cuando
termino, Eugenio me habla:
-A la prensa, dirijo particularmente esta llamada: que
hagan honestamente su trabajo, que no añadan conceptos
que falsifiquen la verdad. Esto les ruego que haga la
prensa; que digan al pan, pan y al vino, vino. Yo tengo
confianza en la gente honesta. La prensa no debe engañar
a la gente con falsas verdades. Todos somos un poco instrumentos
del Cielo, porque habéis sido llamados... también
tú has sido llamado; no has venido aquí
por casualidad...
Al cabo de un lapso que no puedo precisar muy bien, Eugenio
puso punto final al encuentro.
Al día siguiente se volverán a vivir los
mismos momentos, pero sin duda el que ya transcurrió
lo conservamos en nuestro corazón hasta la eternidad.
LA
PRENSA DE SICILIA
En un periódico de Sicilia "Diario Speciale"
fue publicado un artículo cuyo autor ha sido el
periodista Armando Greco, quien también estuvo
presente en el encuentro entre Eugenio Siragusa y Giorgio
Bongiovanni. Sus impresiones sobre el acontecimiento,
se encuentran en la página 5 de la publicación.
El texto lleva como título "LOS SIGNOS SON
AHORA YA CLAROS. EL APOCALIPSIS HA EMPEZADO. El castigo
divino está sucediendo en todo el mundo."
Trascribo textualmente el artículo de Greco:
"Entre los casi quinientos invitados al encuentro
con Eugenio Siragusa y Giorgio Bongiovanni, celebrado
el 4 de julio en el Hotel Gemmellaro, de Nicolosi, había
operadores y periodistas de las más importantes
redes televisivas de España, Argentina, Uruguay,
Paraguay y de la isla de Formosa. No se había enviado
ninguna invitación a periodistas italianos. Sin
embargo, se trataba de un acontecimiento importantísimo,
que ha tenido extenso eco en América del Sur. Aquí,
entre nosotros, ha pasado en perfecto silencio.
He tenido el privilegio de haber estado presente sólo
yo, en calidad de representante italiano de la prensa,
un mérito halagador de haber sido testigo de un
acontecimiento histórico que me ha sido permitido
referir en esta columna. Después de cuarenta años
de mensajes, que los extraterrestres han enviado al mundo
a través de él, Eugenio Siragusa ha decidido
callar, ponerse a un lado para ceder el paso al joven
Giorgio Bongiovanni, que, después de haber recibido
los estigmas en las manos y en los pies, hace dos meses
ha recibido un ulterior signo divino: una herida en el
costado, debajo del corazón.
Las profundas laceraciones en la carne de Giorgio Bongiovanni,
que ha sido asegurado no provienen de fanatismo autolesivo
o histérico, sangran continuamente provocándole
un atroz dolor que le obliga mucho tiempo a estar en cama.
Sin embargo, Giorgio ha llegado a Nicolosi con los jóvenes
secuaces que han elegido vivir con él en la comunidad
o Arca, creada en Porto Sant'Elpidio (Ascoli Piceno).
Estaba también su inseparable hermano Filippo,
su mujer, su hermoso hijito y Mara, la atenta fisioterapeuta
que provee para calmarle el dolor con cautos masajes en
el dorso de las manos y de los pies.
Eugenio Siragusa ha llegado con su mujer, Miguela, y enseguida
ha hablado con los niños, hechados en el suelo,
en primera fila. El contactista de los extraterrestres
ha dirigido sus palabras de amor, no dejando de añadir
que ellos son los elegidos y deben estar atentos a los
asesinos de la vida. Siragusa ha respondido a todas las
preguntas de los periodistas extranjeros, haciendo de
intérprete su mujer, Miguela. En Sudamérica,
Eugenio y Giorgio son muy conocidos. Tienen millones de
seguidores que leen atentamente los mensajes que provienen
de Italia; mensajes que han encontrado en nuestra nación
unos pocos centenares de creyentes.
No obstante, no se pide más que seguir las huellas
de Cristo y prestar atención al tercer secreto
de Fátima, puesto que el Apocalipsis ya se ha iniciado
y el mundo se está disgregando inexorablemente.
Los tiempos ahora ya han madurado y la violencia es ya
dueña y señora por todas partes. Serán
pocos quienes entenderán los signos divinos, los
cuales servirán para protegerles de la destrucción
total, que ahora ya está cerca. Estos pocos guiarán
a una nueva sociedad, distinta de la actual, apoyada en
la armonía, en la bondad y en la justicia. Este
es, en síntesis, el credo de aquellos que se estrechan
en torno a Eugenio Siragusa y a Giorgio Bongiovanni. Este
último destinado a quedar como único guía
espiritual de aquellos hermanos que comprenden lo que
representan los signos sangrantes en su cuerpo y los varios
mensajes que son, periódicamente, divulgados al
mundo a través del periódico "Nonsiamosoli",
editado precisamente por la comunidad de Porto Sant'Elpidio.
No se trata de fanáticos pertenecientes a una de
las muchas sectas religiosas existentes. Son personas
normalísimas que siguen el Evangelio, actuando
con aquella pureza de ánimo que Jesús predicó
hace dos mil años. Se trata, en sustancia de ver
moscas blancas en una sociedad donde rige la ley de la
jungla, donde violencia y droga son dueños incontrastables,
con la política deshonesta que ha roto los valores
humanos, enfangándolos entre tangentes y colusiones
mafiosas que han conducido a crímenes inhumanos,
frente a los cuales el Estado ha demostrado su total ineficiencia.
Eugenio Siragusa, así pues, ha cedido el paso,
como en un tiempo hizo el Bautista con Jesús. Se
ha salido con pocas palabras y con una dignidad que no
tiene comparación con un hombre normal. El testigo
ha pasado al joven Giorgio, de veintinueve años,
que dentro de cuatro años, antes de llegar a la
fatídica edad que llevó a Jesús a
difundir entre los humildes la buena nueva, está
destinado a recibir otros signos que completarán
la personificación de la criatura maravillosa llamada
Cristo.
A este tipo de discursos, tal vez nosotros, profanos,
no estamos preparados o tratamos de reaccionar escondiendo
la cabeza bajo la arena, como el avestruz, pero centenares
de señales bien precisas, de prodigios particulares,
entre los cuales están los estigmas de Giorgio
Bongiovanni, nos hacen meditar, sobre todo teniendo delante
las imágenes terribles de la guerra fraticida que
ciega a víctimas inocentes, a pocos kilómetros
de nuestra Italia. Igualmente, nos hacen pensar amargamente
las atroces imágenes televisivas de los estragos
de la mafia, ante la cual queda indefensa, en medio del
escandaloso escenario, nuestra amarga tierra, no sabiendo
a qué peligros y trastornos podrán llevarnos,
ahora que hemos visto lo indefensos que estamos, presas
de canallas irresponsables que han pisoteado aquel tenue
resplandor de humanidad que nos ha quedado.
Nos azotan, alarmantes, las últimas frases del
texto del secreto de Fátima, por nosotros publicado
hace algunos meses:
"Una gran guerra se desencadenará en la segunda
mitad del siglo veinte. Fuego y humo caerán del
cielo; las aguas de los océanos se convertirán
en vapores y la espuma se levantará trastornándo
y hundiéndolo todo. Millones y millones de hombres
perecerán de hora en hora, y aquellos que queden
con vida envidiarán a los muertos, habrá
angustia, miseria, ruinas, en todos los países.
El tiempo se acerca cada vez más y el abismo se
alarga sin esperanzas. Los buenos perecerán junto
a los malos, los grandes junto a los pequeños,
los Príncipes de las Iglesias junto a sus fieles
y los gobernantes junto a sus pueblos. Habrá muerte
por todas partes, a causa de los errores cometidos por
los insensatos y por los partidarios de Satanás,
el cual entonces, y sólo entonces, reinará
en el mundo.
Por último cuando aquellos que sobrevivan a todo
evento estén aún con vida, proclamarán
de nuevo a Dios y Su Gloria y le servirán como
en un tiempo, cuando el mundo no estaba tan pervertido".
¿Cuales serán las terribles experiencias
que, pronto, deberemos afrontar? ¿Cúal podría
ser el castigo divino reservado a nosotros por nuestras
imperfecciones? A estas preguntas no sabremos dar una
respuesta concreta. Sabemos solamente que Eugenio Siragusa
ahora ya a ultimado su cometido sin haber conseguido gran
cosa, y que Giorgio Bongiovanni pronto empezará
a hacerse oír con sus mensajes que, ciertamente,
continuarán sin comprenderse.
De hecho, ya ha sido lanzado el último aviso:el
Apocalipsis se ha iniciado y catastróficamente
se cumplirá, dentro del final de este siglo, el
tercer secreto de Fátima, durante años ocultado
a todos, por sus terribles amonestaciones.
Está en nosotros decir si continuamos comportándonos
con la usual indiferencia, o atenernos a las enseñanzas
dejadas a nosotros por Jesús.
Todo, ahora ya ha sido escrito en las angustiosas páginas
de nuestro destino.