SÉPTIMA
PARTE
(La
Maduración)
EL
MARTIR VIVIENTE
Si en las dos visitas que Giorgio concretó al Uruguay
-en octubre del '90 y en mayo del '92- la acogida popular
marcó situaciones de asombro, siendo el reflejo
de un sentimiento común, en el tercer encuentro
con el pueblo uruguayo en julio del '93, todas las más
emotivas expectativas quedaron dibujadas en miles de hombres,
mujeres y niños, constituyéndose la visita
en un verdadero acontecimiento.
Giorgio llegó al Aeropuerto de Carrasco, como tantas
otras veces, en horas de la tarde del día domingo
18.
Todos sus hermanos, acudieron a la terminal aérea.
Pancartas, alegría en cada uno de nuestros corazones
y el deseo de comprender certeramente el sentido de la
misión que daba comienzo.
Recuerdo mucho, el momento mismo en que Giorgio nos fue
abrazando, siempre sonriente, no obstante verse aún
prisionero del prodigio, que como inagotable fuente, promovía
siempre nuestra angustia.
Cada uno de nosotros vivió momentos, sin imaginar,
ni por un instante, que la visita suya habría de
resultar trascendental por excelencia no sólo para
quienes ya comenzábamos a disfrutarla, sino para
toda la humanidad.
Allí arriba, estaba ya escrito que el signo divino
de la cruz, sangrante en la frente de Giorgio, era un
hecho; pero aquí abajo, por más que el propio
italiano sentía en lo más profundo que acontecimientos
mayores habrían de suceder, no teníamos
ni la más remota idea de lo que el Cielo nos habría
de deparar.
Y fue así, que ignorantes de ese nuevo prodigio
a dibujarse en sus carnes, se inició una nutrida
agenda, en la que la prensa y los hombres y mujeres de
sentimientos nobles, fueron despertando de su letargo,
destrozando esquemas y condicionamientos de vieja data.
Fueron muchos los episodios que sinceramente, pautaron
como muy importante, la misión en desarrollo: entre
los tantos contactos con la prensa, el que más
resultó digno de destaque fue el que aconteció
en los estudios de la emisora CX22 Universal, donde se
llevó a cabo una mesa redonda en la que participaron
el sacerdote Julio Elizaga, un médico, un pastor
evangélico y un gnóstico, evento éste
que fue conducido por el periodista Néstor Giménez.
El sacerdote Elizaga, atentamente escuchó a Giorgio
y más tarde éste último, respetuosamente
asimiló todos los conceptos, de tal forma que la
oportunidad de debate no se agotó en instantes,
sino que mantuvo en vilo a toda la audiencia, la que siguió
todo el coloquio, el que se fue tornando cada vez más
interesante. Pero la nota a destacar del encuentro, queda
centrada en la entereza con la que el sacerdote y Giorgio,
debatieron sobre puntos diferentes, pero al mismo tiempo
convincentes y entrelazados, llegándose a un final
signado por la aristocracia espiritual, no obstante haber
estado encontradas ambas posiciones.
Con el correr de los días, entrevistas y encuentros
hasta que por fin el tan ansiado momento en el que se
habría de partir, junto a Giorgio a la Estancia
"La Aurora" en el Departamento de Salto, escenario
rural en el que desde tiempo atrás se registraran
avistamientos de objetos volantes.
Limitaciones materiales, laborales y el deseo específico
de Giorgio de no convertir el evento en un espectáculo,
ajeno a la metodología del Cielo, determinaron
que a Salto, solamente acudiéramos algunos pocos
integrantes del Arca.
-Jesús me ha dicho que vaya a "La Aurora",
donde recibiré un signo muy claro del Cielo. No
sé cuál será, pero lo espero...
Habló Giorgio así, con todos nosotros. Transparente
como siempre.
El llegó a Salto, en avioneta cuyo piloto fue Néstor
Hugo Santos; y el resto, estando yo entre ellos, acudimos
a ese punto del Uruguay en cuatro automóviles.
Anubis Gómez, Gonzalo Leal, Paulino Rodríguez,
Eduardo Iglesias, Enrique Alvarez, Néstor Beguiristáin,
Santiago Amigó, Adhemar Perri, Jorge Piovanni,
Juan Stratta, Adoración (Dorita) y Luis Saldaña,
Mino Grande, Emmanuel Mouriño, Mara Testaseca,
y yo conformamos la delegación.
A Giorgio Bongiovanni, por cierto, se sumaron el piloto
Santos y un grupo de hermanos del Arca de Buenos Aires
y de Santa Fe, estando entre ellos un reconocido abogado,
y Giovanni Caccaviello.
-Seguramente viviremos todos un acontecimiento muy importante,
por eso les he pedido que me acompañen.
Así habló Giorgio cuando llegamos a la gruta
del Padre Pío de Pietrelcina.
El mismo desconocía lo que acontecería;
solamente sabía que algo sumamente trascendente
habría de ocurrir.
Descendimos de los autos y nos instalamos en el terreno
donde se encuentra la estatua del Padre Pío. Mucho
viento, y una brisa agradable bajo un sol radiante.
Giorgio caminó lentamente sobre el terreno escarpado;
se acercó hasta la gruta misma y contempló
por unos instantes la monumental estructura del sacerdote
estigmatizado. Silencioso.
Todos coincidíamos con nuestra mirada en que lo
mejor que podíamos hacer era aguardar que finalizara
ese visible momento de recogimiento. Giorgio se alejó
unos metros de la gruta y miró hacia el horizonte.
Su rostro fue bañado por los rayos solares. Estaba
allí, pero al mismo tiempo parecía estar
a distancia de ese lugar.
Pasaron los minutos. Hasta que finalmente, por una situación
baladí nos vimos obligados a abandonar el lugar.
Pero ya, por lo que todos sentimos, Giorgio se mostró
satisfecho por los minutos que transcurrieron y no se
desesperó por asumir el distanciarse de allí.
Almorzamos y permanecimos en el
Hotel Salto por un pronlogado lapso; en tanto que Giorgio,
Manú, Erica y Giovanni Caccaviello, y por cierto
que Mara, pusieron proa hasta el establecimiento "La
Aurora" propiedad de Angel Tonna.
En el casco de la estancia, Angel Tonna mantuvo un muy
significativo diálogo con Giorgio y quienes lo
acompañaban. No es factible describir paso a paso
el encuentro, para no quebrantar la intimidad del anfitrión
Tonna, pero sí es posible recordar lo dicho por
Giorgio sobre esta vivencia.
-Angel Tonna se comportó maravillosamente; abrió
su corazón y nos habló francamente de muchas
cosas que él había visto en su campo. De
seres que efectivamente han estado y están por
acá.
Al finalizar este encuentro, Giorgio abandonó la
casa de Tonna y allí mismo en la entrada del establecimiento
avistó en el horizonte, en una superficie forestal
amplia, un objeto luminoso... una astronave.
Otros ojos eran testigos del hecho. Pero para Giorgio,
estaban reservados otros sucesos de mayor trascendencia.
A sabiendas de que las próximas horas serían
decisivas en lo que concierne al sentido de la misión
en "La Aurora" Giorgio se mostró franco,
sincero, una vez más...
-Esta noche iremos a la estancia y allí acontecerá
algo más que ver una astronave, como ocurrió
hoy de tarde. Yo lo siento verdaderamente... Pero no sé
con precisión cuál será el suceso.
Jesús antes de venir a Sudamérica me ha
dicho que venga a este lugar. Yo he venido, ahora habrá
que esperar.
Y efectivamente, sobre la medianoche partimos hacia uno
de los recónditos lugares del extenso establecimiento
rural.
Hacía frío, mucho frío.
La noche estaba cerrada, avizorándose una tormenta.
Pero igualmente una caravana de cinco automóviles
se introdujo en la oscuridad quebrando por momentos el
silencio reinante.
Todos nos instalamos junto a una alambrada. Giorgio estaba
tranquilo. Nosotros estábamos ansiosos, expectantes.
De pronto Giorgio alertó:
-Allí, miren sobre el horizonte... una, y luego
allí hay una más...
En medio del oscuro manto nocturno dos y hasta tres globos
luminosos, a unos 2 ó 3 kilómetros, moviéndose
lentamente hacia arriba y hacia abajo.
Surgieron nuestros comentarios; se accionaron los equipos
de video. Yo pensé: "Verdaderamente acá
está ocurriendo algo...".
Todos interiormente buscábamos asumir el avistamiento.
Los unos silenciosamente, los otros efectuando comentarios
en voz alta.
Giorgio dijo en determinado momento:
-Hagamos silencio; busquemos dialogar con ellos... Porque
nos están diciendo algo. Démosles la atención
debida...
Cada uno habrá vivido el acontecimiento a su manera.
Yo, a la mía.
No tenía miedo, podía confirmar plenamente
que la situación era novedosa pero no me encontré
sumergido en la incertidumbre, ni en el temor.
Giorgio distaba bastante del miedo; su rostro resplandeciente,
iluminado de vez en cuando por los faros de uno de los
autos, daba la impresión de que la felicidad lo
inundaba considerablemente.
-Nos vamos... Ya hemos visto suficiente, pero todavía
acontecerá otra cosa. Esto es el comienzo.
Dejamos atrás el campo; mi primer encuentro con
un objeto volante, nuestra primer experiencia con las
naves de nuestros Hermanos Mayores.
Interiormente hubiéramos deseado un avistamiento
más desproporcionado; una gran astronave sobre
nuestras cabezas. Pero no fue así. Al menos para
nosotros pero para Giorgio todo resultó diferente.
A la mañana siguiente,
las novedades nos apabullaron.
Giorgio, como es costumbre llamó a todos para una
de las tantas sangraciones, la que en esta oportunidad
traía consigo un nuevo prodigio: el signo de la
cruz en la frente.
Sangrando de sus pies, manos y costado y del signo en
la frente, Giorgio asumió el prodigio, con la misma
entrega manifiesta en los restantes signos.
Una cruz perfecta sobre su frente.
Nos recordó el comienzo de la corona de espinas;
comprendimos la profundidad del prodigio.
Nos traumatizamos, una vez más, frente a lo explicablemente
inexplicable. Frente al sacrificio de un justo elegido
por el Cielo, para que comprendamos el mensaje claro de
las Potencias Celestes.
Más rostros bañados en lágrimas y
un mensaje concreto, del Maestro Jesús a Giorgio
Bongiovanni, quien más tarde explicó lo
ocurrido:
"MI brazo está cayendo sobre la Tierra. Así
estaba predicho por mi Madre Celeste en Fátima",
dijo Giorgio, refiriéndose a lo que Jesús
le ha dicho.
"Amor y Misericordia para los buenos y los sufrientes
y los llamados y los sedientos de Justicia. Juicio a los
asesinos de la vida. Muchas manifestaciones divinas se
verán en el Cono Sur. Tu maduración se concretará
cuando cumplas treinta y tres años en el tiempo
terrestre".
Ya en Montevideo, adonde arribó luciendo una venda
en la cabeza, Giorgio continuó hablando sobre este
prodigio:
"Este signo no es un estigma definitivo, como en
los pies, las manos o el costado. Es un signo divino que
puede desaparecer en cualquier momento y aparecer en fechas
determinadas, sangrando".
¿Y qué ocurrió con Giorgio, para
que recibiera este signo?
En oportunidades posteriores, y portando su nuevo signo
en la frente, Giorgio relató:
-Cuando me dejaron en mi habitación... solo...
Jesús me ha transportado a una astronave; la misma
que vimos sobre la medianoche. Y después de portarme
en la nave enseñándome la zona en la que
vimos el avistamiento, al despedirse me hizo la señal
de la cruz en la frente y rayos luminosos dieron consistencia
al prodigio.
Como reguero de pólvora, la noticia se propagó
por toda la ciudad y el Mensaje fue conocido por todos...
Este italiano, a quien ya veía sufrir por las heridas
que el Cielo le prodigó, ahora debía afrontar
una nueva entrega.
El sabía perfectamente ese destino...
Quizás por esa razón, en una de esas idas
y venidas a los compromisos contraídos, sentado
en el auto de Jorge, nos comentó:
-Me siento un mártir viviente. Humanamente no debería
soportar más este sufrimiento, pero yo lo acepto,
porque Jesús me lo ha pedido.
Aquello de sentirse un mártir viviente, me impactó
bastante. Fue la definición más acertada
de sí mismo, de lo que le acontece.
Fue y es el comienzo de una nueva etapa, cargada de determinaciones,
quizás no tan complacientes, pero de todas maneras
coherente y divina.
De hecho los tiempos se están
acortando; los signos en el Cielo y en la Tierra lo demuestran.
A nuestra merced están, los prodigios de los Guías
Celestes.
Giorgio Bongiovanni, por segunda vez ha recibido un signo
en sus carnes en territorio sudamericano. En el Uruguay.
Nuevamente los uruguayos han recibido la novedad con entereza
increíble; el asombro ha ganado la calle, palpándose
sin titubeos, que el mensaje de este justo, como instrumento
del Cielo, no ha caído en saco roto, contrariamente
a las especulaciones de los que aún condicionados
por la arrogancia se esmeran en desconocer los acontecimientos.
El 27 de julio del '93, Giorgio vivió una experiencia
maravillosa con el pueblo uruguayo el que masivamente
lo acogió en el Palacio Sudamérica, gritándole
su afecto y acusando recibo sincero de su mensaje.
Hasta que finalmente, luego de otros tantos encuentros
en Montevideo en el que se incluye una visita a un sector
de la población carcelaria del establecimiento
Santiago Vázquez -donde los reclusos comprendieron
íntegramente al estigmatizado abriéndose
de corazón al mensaje del Cielo que los invitó
al arrepentimiento dentro de un inusitado y fraternal
diálogo que traumatizó a todos los presentes-
Giorgio Bongiovanni se despidió de los uruguayos
en el mediodía del 29 de julio de 1993, momento
en que puso proa a la ciudad de Asunción, en Paraguay.
Allí la multitud guaraní reservó
al italiano, un cálido y ferviente recibimiento,
contactos con los hermanos del Arca, con la prensa; encuentros
con gentes de gobierno -entre ellos el ahora Vicepresidente
de Paraguay Dr. Angel Roberto Seifart- y con todo ese
pueblo que por segunda vez sentía estar más
cercano a la Verdad del Cielo a través de un hombre
que ya llevaba un andar más pausado y una misión
progresivamente más significativa y profunda para
los destinos de la humanidad.