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consolador400DEL CIELO A LA TIERRA


HE ESCRITO EL 7 DE JULIO 2011:

SI YO FUESE DIOS HUBIERA DICHO Y ESCRITO EL MISMO CONCEPTO QUE EL PADRE ADONAY SE HA DIGNADO DE DICTARME PARA TODOS AQUELLOS QUE TENDRAN EL VALOR DE LEER EL MENSAJE ADJUNTO.
DADO QUE NO SOY DIOS, DESPUES DE HABER LEIDO LA NOTICIA SOBRE LA VENTA DE ORGANOS DE NIÑOS, ME HE RETIRADO EN ORACION Y HE PEDIDO DE RODILLAS IMPLORANDO AL PADRE ADONAY O A SU HIJO CRISTO QUE DIRIJAN A ESTE MODESTO ESTIGMATIZADO SU MIRADA Y SOBRETODO QUE LE HAGAN ESCUCHAR SU SAGRADO VERBO.
HE AQUI LA RESPUESTA. ¡LEED! ¡MEDITAD Y DEDUCID!


 VUESTRO EN CRISTO
G. B.

Nota: Imagen sagrada del Consolador segùn la interpretaciòn del estigmatizado Giorgio Bongiovanni. En los ojos de esta imagen se entrevé: Al Padre, al Hijo y al Espìritu Santo en una ùnica persona.

DEL CIELO A LA TIERRA


LA IRA DE DIOS

MENSAJE DE ADONAY, EL PADRE DE CRISTO, A TODOS LOS ASESINOS DE LA VIDA

¡HABEIS DESAFIADO Y ESCARNECIDO MI MISERICORDIA!
¡HABEIS BLASFEMADO CONTRA EL ESPIRITU SANTO!
¡HABEIS CAUSADO ESCANDALO A LOS NIÑOS, MIS PARVULITOS DE LA VIDA, MATANDOLES SIN PIEDAD, VIOLANDOLES CON ORGASMO Y DIABOLICA BESTIALIDAD.
CON TODO TIPO DE VENENOS HABEIS TORTURADO A LA SANTA MADRE TIERRA, MI ESPOSA, GENERADORA  DE VUESTRAS ALMAS Y NODRIZA DE VUESTRAS EXISTENCIAS.
OS HABEIS CONVERTIDO EN ESTIERCOL DE SATANAS, MERCENARIOS DE SU MILICIA, HABEIS LOGRADO INCLUSO DESOBEDECER A LUCIFER, SUPERANDOLE EN FEROCIDAD, LIBIDO DIABOLICA Y ODIO CIEGO.
SI NO FUERA POR LOS ELEGIDOS Y POR TODAS AQUELLAS ALMAS LLAMADAS QUE  MI SANTO HIJO CRISTO ME HA ENCOMENDADO, ME HABRIA ARREPENTIDO DE HABER CREADO AL HOMBRE SOBRE LA TIERRA Y DE HABERLE CONFIADO EL SAGRADO DERECHO DEL LIBRE ALBEDRIO (Génesis 6, 5-7).
POR BOCA DE UNO DE MIS PROFETAS (Eugenio Siragusa) OS HABIA ANUNCIADO QUE SACUDIRIA EL AIRE, EL AGUA, LA TIERRA Y EL FUEGO. ESTA PROFECIA ESTA EN PLENO DESARROLLO Y LLEGARA EL DIA EN EL QUE EXTERMINARE A MUCHOS HABITANTES DE LA TIERRA CON TODA MI FUERZA Y MI SANTA IRA, LA CUAL SERA TAN POTENTE COMO EL DILUVIO UNIVERSAL DE BIBLICA MEMORIA, QUE EN COMPARACION, HABRA SIDO UN ACTO DE MISERICORDIA. HARE CAER DEL CIELO PIEDRAS ARDIENTES Y DE LAS VISCERAS DE LA TIERRA HARE VOMITAR SOBRE VOSOTROS SU SANGRE MORTAL.
¡MI ESPIRITU ESTA PROFUNDAMENTE DOLORIDO!
¡ME HABEIS TRAICIONADO!
HABEIS DICHO NO A LA OFERTA DE REDENCION DE MI UNIGENITO HIJO CRISTO. AHORA SE APROXIMAN EL DIA Y LA HORA DEL JUICIO UNIVERSAL.
¡NO TENDREIS PERDON!
¡NO TENDREIS MISERICORDIA!
OS ECHARE DE LA TIERRA Y OS HARE ARRASTRAROS COMO SERPIENTES EN EL OSCURO Y FRIO MUNDO DEL HADES DONDE ESTARA ESPERANDOOS LA MUERTE SEGUNDA.
ULISES-NADIE NO PODRA VISITAROS Y NINGUN ALMA PODRA LIBERAROS.
EN ESTE LUGAR DEBEREIS SUFRIR DURANTE SETECIENTOS MILLONES DE VUESTROS AÑOS, PARA DESPUES VOLVER A SER HOMBRES, UN DIA, CON UN ESPIRITU LIBRE PERO OBEDIENTE A LAS LEYES DE SU CREADOR.
¡PREPARAOS POR LO TANTO, MI DIA SE ACERCA Y JESUCRISTO, MI HIJO SAGRADO, ESTA PRONTO PARA HACER MI VOLUNTAD!
¡AY DE VOSOTROS ASESINOS DE LA VIDA!
¡AY DE VOSOTROS SACERDOTES Y TRAIDORES DE LA IGLESIA DE CRISTO!
¡AY DE VOSOTROS, PORQUE SE ACERCA VUESTRO FIN!
BIENAVENTURADOS AQUELLOS QUE HAN PERMANECIDO INTEGROS EN LA FE Y EN EL AMOR.
DE ELLOS SERA MI NUEVO REINO EN LA TIERRA. EL PARAISO PROMETIDO.
BIENAVENTURADOS.
¡PAZ!


DEL CIELO A LA TIERRA
Por boca de uno de los siervos de mi hijo Cristo

Sant’Elpidio a Mare (Italia)
7 de julio 2011. 16:30 horas
G. B.

http://www.abc.es/20110703/internacional/abci-organos-humanos-201107030158.html

ORGANOS HUMANOS A LA CARTA

Tras seis años infiltrado en las redes ilegales, el periodista norteamericano Scott Cagney publica un espeluznante relato sobre el tráfico de personas. 
Madres de alquiler en una clínica de la India. Se les mantiene vigiladas durante todo el embarazo. 
 
Se oye hablar a menudo de oscuros traficantes de órganos, de niños o incluso de adultos que desaparecen en plena calle para que sus riñones o su hígado reaparezcan «mágicamente» en otro cuerpo al otro lado del mundo. Parecen historias de terror pensadas para hacer subir la adrenalina y luego volverlas a aparcar en el cajón de lo excepcional o directamente fantástico. Hasta ahora y hasta aquí. Un periodista norteamericano, Scott Cagney, ha dedicado seis años de su vida a investigar «the red market», el mercado rojo. Y ha llegado a conclusiones espeluznantes. 
Prácticamente cada parte del cuerpo humano tiene un precio, que oscila enormemente de un mercado a otro. Una pinta (473 mililitros) de sangre se paga a 25 dólares en la India, pero puede alcanzar los 337 dólares en Estados Unidos. Entonces en la India han salido «emprendedores» que, no satisfechos con revender cara la sangre que compran barata, tratan de aumentar todavía más el margen de beneficio obteniéndola gratis. ¿Cómo? Pues en siniestras «granjas de sangre» donde mantienen a gente cautiva durante años «sangrándola» —como si la ordeñaran— entre una y tres veces a la semana. Los candidatos a alimentar estas granjas a veces han accedido a ello porque viven en la miseria y en la mayor desesperación. Otras veces han sido simplemente secuestrados en una parada de autobús. 
 
En Estados Unidos se llegan a pagar 24.400 dólares por la implantación de córneas que pueden obtenerse legalmente a través de donaciones voluntarias —de hecho EE.UU. las exporta— o ilegalmente. En 2001 un cirujano chino declaró ante el Congreso estadounidense que él personalmente había vendido cientos de córneas, junto con riñones y muestras de piel, de prisioneros ejecutados en su país. 

Los paraísos del trasplante 
Obtener legalmente un trasplante de corazón puede suponer un dispendio cercano al millón de dólares y soportar una angustiosa lista de espera para acceder al órgano en sí. Ilegalmente hay quien lo consigue por 119.000 dólares. Nuevamente, el mayor suministro parece proceder de prisioneros chinos ejecutados. Lo mismo para las donaciones ilegales de hígados, que pueden resolverse por unos 157.000 dólares. Pero como se puede donar una parte del hígado y seguir viviendo, aquí los ejecutados chinos «compiten» con personas extremadamente miserables en la India y en Filipinas, que unas veces más voluntariamente, otras menos, entran en este mercado. 
¿Y qué pasa con la donación estrella, los riñones? En Estados Unidos o en Europa las listas de espera se prolongan por años y años. Pero el mercado rojo internacional es floreciente y, una vez más, extremadamente competitivo: un riñón nuevo cuesta 62.000 dólares en China pero «solo» 15.000 en la India. Se abren a su vez mercados emergentes en Indonesia, Pakistán y Kosovo, donde en 2008 empezó a funcionar una red de tráfico de este tipo de órganos investigada de cerca por Scott Cagney. 
¿Y no es enormemente peligroso investigar esto? Cagney, que cuando hablamos con él se muestra amable sin dejar de dárselas de tipo duro (¿una mezcla de periodista y de Indiana Jones?) le quita hierro al asunto, lo cual dice mucho en su favor. «He sentido más miedo cuando investigaba otras cosas, como los niños raptados por la mafia», asegura. Y es verdad que lo que más sorprende de su libro es lo inmensamente cerca que llega a su objetivo. No solo muestra fotos de las víctimas sino de sus verdugos. A veces vemos a cara descubierta al personal sanitario que realiza, o mejor sería decir que perpetra, algunas de las extracciones de órganos que luego se venderán por ahí al mejor postor. «Muchos de ellos no pertenecen a las mafias y además no tienen la sensación de estar haciendo nada malo; al contrario, incluso piensan que hacen una buena cosa, que ayudan a salvar vidas», nos comenta Cagney, entre endurecido y perplejo. 
Antes de horrorizarnos porque esas personas piensen así, tal vez habría que preguntarse hasta qué punto no pensamos así nosotros mismos. Hasta qué punto todo este tráfico no se origina en nuestra aberrante ilusión de normalidad. Ni sé cómo, hablando con Cagney, me he descubierto preguntándole: «Pero, ¿qué haría usted si una persona muy querida, su mujer o su hijo, necesitara desesperadamente un órgano, y ésta fuese la única manera de conseguirlo?». Silencio profundo. Sin duda porque acabo de colocarle la pregunta del millón de dólares, pienso satisfecha. 

La respuesta del millón y medio 
Pero hete aquí que, cuando menos me lo espero, me salta a la cara la respuesta del millón y medio: «Su pregunta parte de una premisa falsa, ¿no se da cuenta? ¿No se da cuenta de que para preguntar eso hay que considerar una opción viable, aunque sea extrema, la de disponer del cuerpo de una persona en beneficio de otra?». Touchée. Es verdad. Es como si le hubiéramos preguntado a cuánta gente estaría dispuesto a asesinar para salvar a un ser querido. 
Rápidamente Cagney nos rescata de nuestra culpabilidad y nuestra angustia haciéndonos ver que medio mundo conspira en la sombra para «ayudarnos» a ver las cosas así. A pensar en estos términos utilitarios de otros seres humanos. Por un lado tenemos avances médicos que han multiplicado—-aunque no para todos— la esperanza de vida y las posibilidades de curar muchas cosas que hasta hace poco no tenían remedio. Por otro lado tenemos millones de personas sumidas en la pobreza y el oscurantismo e incluso en culturas donde la vida humana individual tiene un valor relativo si se compara con el que tiene en Occidente. En el momento en que la oferta y la demanda coinciden, cierta ecuación monstruosa empieza a tomar forma. 
Es una monstruosidad bilateral. Por un lado están los donantes a la fuerza, por otro lado los receptores de unos órganos que, dado su turbio origen, nadie puede garantizar que estén en perfecto estado de revista. Al proceder de personas desnutridas, desvalidas y con los lógicos problemas de salud asociados a estas condiciones, puede pasar cualquier cosa. Este ha sido a veces el argumento para oponerse a que personas que cumplen condena en Estados Unidos «compren» su libertad donando órganos, como ocurrió bastante recientemente: dos hermanas con una larga condena por robo fueron indultadas a cambio de que una donara un riñón a la otra, liberando así al estado de costosas facturas por su tratamiento de diálisis. 
Los tentáculos del mercado rojo son variados, son enormes y a veces parecen o incluso son inocentes. No todo es arrancar sangre o hígados por la fuerza. Por ejemplo las favorecedoras extensiones de pelo humano con que muchas nos hemos adornado alguna vez —quien esto firma adquirió unos mechones en 2002 en Estados Unidos por alrededor de 200 dólares— proceden en muchos casos de donaciones a un templo hinduista en el sur de la India, regido por una deidad que en teoría destruye los pecados de los creyentes que le hacen ofrendas. Entonces resulta que una joven india se corta la melena para agradar a su dios, y esa melena acaba en una inconsciente cabecita occidental. Y alguien que está en medio se embolsa al cabo del año unos cuantos miles o incluso millones de dólares. 

Mayor transparencia 
Este es sólo un ejemplo, relativamente inocuo, aunque no del todo, de la colosal ignorancia en que se funda todo el invento. ¿Seguiríamos comprando extensiones de pelo si conociéramos con precisión su origen y su historia? ¿O pagando a madres de alquiler si supiéramos cómo y por qué y en qué condiciones llegan a serlo? ¿O adoptando niños sin preguntar de dónde salen? ¿O adquiriendo óvulos para tratamientos de fertilidad donados por inmigrantes sin papeles? ¿O dando por hecho que no hace ninguna falta donar sangre, porque, total, seguro que cuando nosotros la necesitemos el hospital ya la sacará de algún sitio? 
«La transparencia es la clave para atajar los abusos, es la única salvaguarda posible», afirma Scott Cagney, categórico. Empezar por saber de dónde proceden los órganos o funciones corporales parece esencial para poner orden en los mercados, en los rojos, en los negros o incluso en los blancos. 
Y es que en los mismos circuitos legales ha habido controversia sobre si es mejor pagar por las donaciones o fiarlo todo al altruismo. Ambas opciones han demostrado tener inconvenientes, lo cual lleva a menudo a tirar por el camino de en medio, no siempre con mala intención o con afán de lucro. Por ejemplo en Estados Unidos hace tiempo que funciona una red de donaciones voluntarias alternativas a la red oficial y a sus desesperantes, a veces criminales, listas de espera. Ciudadanos que un buen día deciden donar un riñón a un desconocido porque sí. Mientras no acepten dinero a cambio, es perfectamente legal. 
Otra cosa es cómo se engrana eso en una industria sanitaria donde, aunque el órgano pueda ser gratis por ley, no lo es nada de lo que le rodea: ni la conservación, ni el trasplante en sí, ni mucho menos la atención necesaria para recuperarse después de donar. «En el momento en que entra el dinero en juego, todo se corrompe o puede corromperse», sentencia Cagney. 
ANNA GRAU / NUEVA YORK   
Día 03/07/2011  

http://www.abc.es/20110703/internacional/abci-organos-humanos-201107030158.html 

 

La Ira de Dios contra Sus enemigos (Parte II)

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